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¿Existen los seres queridos? ¿O simplemente son necesarios y útiles?
Porque la humana mezquindad con su espantosa hipocresía auto sugestionable ve amor y cariño donde hay cobardía necesidad y soledad.
De haber existido Jesucristo, se hubiera azotado y crucificado él solito antes de hacer ningún truco de convertir una cebolla en jamón ibérico de bellota.
La bondad, felicidad y dicha se encuentran en lo más profundo del marisco.
El amor es eso que se chupa de los dedos.
Y la dignidad esa cáscara que se desecha.

A la hora de morir la mascarilla da bonus extra para la entrada al cielo, es lo que se desprende de que tanto pusilánime se la calce en el hocico con una fe inquebrantable.
Deberían relajarse un poco, ya que los hijos de puta tardan mucho (demasiado) en morir, destacan por ejemplo: presidentes, reyes, generalísimos, ministros y policías; así que sin problema se pueden acumular muchos bonus, aunque no se cubran los morros a jornada completa.
Y es que ser hijo de puta, además, te da derecho a todo tipo de subvenciones.
Y paraísos para todo aquel que se lo ha ganado con fanatismo teológico/fascista.

Se puede considerar a cierta edad, en ciertos momentos o circunstancias que morir es un acto de piedad.
Los pésames indiscriminados deberían evitarse para no causar risas inoportunas.

Quién iba a decir que unos perros darían al traste con la estafa de las pruebas o test para detectar el coronavirus… Los extorsionadores del gobierno fascista español deberán estar cagándose en sus muelas, la cantidad de timos que ya no podrán cometer. Pobres…
El chucho te aplica el hocico en los genitales y en un segundo sabes si eres positivo o negativo de coronavirus, maricón o tortillera. Las ladillas, por muy poco inteligente que seas, nadie te tiene que decir si las tienes o no, lumbrera.
Precioso.

Claro…
Si sales a pasear por la calle, podrás ver como los españoles con sus bozales, de repente caen enfermos o muertos por coronavirus. Y los que sobreviven se vuelven vampiros.
La prensa del nuevo y normal fascismo español del coronavirus y sus cuentos infantiles, son ya una tradición, como el yugo y las flechas o la película de Agustina de Aragón en tiempos franquistas.

El premio gordo de la lotería de navidad salió y todo quisqui a quien no le ha tocado es partícipe, a través del telediario, de la alegría de los gilipollas injustamente afortunados que gritan muy felices, histéricos y ya borrachos.
Llamadme envidioso si os place, no reniego de ello. Me importa lo mismo ser envidioso que a la gran mayoría del populacho ser cobarde y manso.
Yo digo que lo que me toca, no me causa ningún tipo de alegría; aunque la premiada sea la abuela de Caperucita Roja a la que el lobo devoró sus cuatro extremidades y necesita dinero para el puto trasplante.
Tanto es así, que aunque gastara dinero en la lotería, preferiría que no me tocara para que nadie pudiera pensar de mí lo que pienso de los suertudos.
La empatía es una hoja de papel de periódico impresa con las cantidades de contagios y muertes por coronavirus, con la cual me limpio el culo si no hay algo más suave.
Que por cierto, en Cataluña la mafia fascista de los caciques autonómicos ha decretado para celebrar la lotería, una serie de medidas de represión mucho más fuertes y severas para que los catalanes se enteren de una vez por todas, que el fascismo del gobierno catalán es mucho más fuerte y efectivo que el de los Caudillos Sánchez e Iglesias.

No acabo de verme yo en una sesión de terapia de grupo diciendo:

– ¡Hola, me llamo Iconoclasta! Y me meo fuera de la taza del inodoro, borracho o no.

Y el rebaño respondiendo a coro:

– ¡Hola Iconoclasta! Nosotros también nos meamos fuera.

Les debería responder:

-Vosotros tampoco sois muy listos a pesar de ser veteranos en la terapia de grupo ¿verdad, lumbreras?

Y llorarían avergonzados en sus sillas plegables.

Es una ilusión que me gustaría hacer realidad cuando veo algunas películas.

Lo malo de ser perfecto es que por lo visto, te pierdes muchos trozos divertidos de la vida.

Lo cierto es que ya tengo suficiente terapia de grupo de mierda todos los días cuando doy el primer paso en la calle.

El coronavirus es muy listo y consigue hacer un túnel molecular en el celofán que envuelve la cajetilla de cigarrillos para colonizar los filtros y así, a través de la boca y sus cosas, comerse a bocados los pulmones del fumador que ahora tiene que soportar además de la publicidad idiota anti tabaco, la del coronavirus que está tan de moda y omnipresente como dios, gracias a los nuevos gobernantes fascistas soltando sus mentiras y amenazas diarias por la televisión y en todos los medios de comunicación, que para eso los han comprado.

Resulta que ahora, el coronavirus se ha dedicado a entrenarse como un marine y atiborrarse de anabolizantes para hacerse superfuerte, un auténtico Terminator venido de un futuro.
Una mierda ha mutado.
Lo que ha ocurrido simplemente, es que las democracias que han sido saqueadas y convertidas al fascismo (España la más mala, Inglaterra, Italia, Francia, etc…) con la imposición de su prisión y represión (hipócritamente llamadas confinamiento) y mascarilla obligatoria para la población; han mermado el sistema inmunológico de aquellos que han obedecido con fe ciega y religiosa en el uso de la mascarilla, empobreciendo así la respiración y por tanto los pulmones. Con el uso absoluto e indiscriminado de la mascarilla han privado al organismo de los elementos necesarios, como los antibióticos naturales, la necesaria y equilibrada humedad en el aire, el aporte de microorganismos esenciales que forman parte del aire respirable; y han añadido una respiración viciada y tóxica de un dióxido en cantidades mucho mayores de las que el organismo puede expulsar o metabolizar.
En definitiva, los nuevos y normales líderes fascistas o nuevos dictadores del coronavirus, han jodido el sistema inmunológico de la chusma crédula.
Y así es como el coronavirus ha infectado a la población con una facilidad que meses atrás no tenía: le han dejado las puertas abiertas a un virus que es el mismo, en una población débil y deprimida por los fascismos insurgentes.
La histeria que las propagandas de las dictaduras han creado en los sectores más cobardes de la población (con ese pánico paralizante que se les puede ver en la calle al caminar); ha alterado su sistema nervioso, y por tanto, otra vez de nuevo: golpe al sistema inmunológico.
Una de dos:
-Las nuevas dictaduras fascistas surgidas como otra infección más junto con el coronavirus son terrible y peligrosamente ignorantes, para la libertad y la salud.
-Es un acto deliberado del nuevo y normal fascismo para acabar definitivamente con cualquier libertad e instaurar un totalitarismo asesino, con certificado de falso paternalismo; atacando con pánico a una población decadente que ha olvidado la dignidad y la ha cambiado por un teléfono móvil por el que los dictadores les dicen qué hacer, qué decir, qué pensar y cuándo follar.
No hay mucho más que decir, ya empieza a ser aburrido y vulgar. Incluso infantil.

Existo cuando respiro violento, cuando pulsa un latido hostil en la sien.
No puedo ni debo renunciar del animal que soy; por ello quemo la vida y digo que la paz es para los muertos.
A menudo me arrepiento de ello; pero no puedo ni debo renunciar de lo que soy; por ello quemo la vida.
Y quemo la vida.
Otra vez…
Y la vida arde.
Las cenizas ahogan y hacen la sangre espesa.
Todos rotos, todos destrozados.
El arrepentimiento pulsa una muerte ¿Está en la sien la muerte?
Todos quemados.
Los sueños todos… Por favor…
A menudo me arrepiento de ello; pero no puedo ni debo… la vida quemada… La paz es muerte…
A menudo me arrep… Soy un enfermo de podridas venas.
Un chute de aspirina de la buena…
Un caballo salvaje que trota en las venas y piafa en el corazón gélido.
Los muertos no hablan y sus labios suturados duelen; pero no debería ¿O sí?
El cerebro hierve en el cráneo y no hay control, no hay coherencia. No hay paz.
No es nieve, son las cenizas de las ilusiones.
El arrepentimiento llega tarde, cuando hay paz y no hay retorno.
Qué desolación…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.