Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

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Hay una vieja y buena película con un fascinante título: Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto.
Y he pensado como se vería el café, el último. El que no llegaré a tomar.
Y ser el protagonista de una película en la que el café se enfriará solo, triste y sin cumplir su misión en su ardiente y corta vida.
Y como quiero ser ingenioso yo también, lo he titulado: Cómo tomarse un café si ya estás muerto. RIP.
Y ya.
Bye…

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Es mentira, no es el kilómetro 5,5. Es el puto kilómetro 3 millones.
Parezco el Iconoclasta Errante.
Si fuera el Judío, al menos tendría diamantes.

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«NO FUMARÁS».
Y una mierda.

La dureza comporta fragilidad. Es un sarcasmo de la física y la vida.
Siempre podría ser peor, podría llover uranio.

Musicalidad de agua, sangre y café.

Si fuera pintor, no sabría como plasmar la musicalidad del rumor de un río, el pequeño matiz del agua que rompe contra una pequeña piedra. Contra cientos de piedras.

El invierno es un solo de agua. Los árboles casi muertos, no tienen hojas con las que acompañar con su rumor la cadencia de la melodía cristalina.

Y la música es fría e íntima.

Quisiera ser pintor y encontrar la forma de dar sonido a mi obra.

Quisiera ser escritor y saber describir pequeños y bellos micro mundos en mi sórdido asteroide muerto.

Quisiera que mi sangre cantara la melodía del invierno. No necesitaría pintar ni escribir.

Mi sangre rompiendo contra las piedras, fluir…

Quisiera ser pintor y hundir el pincel en mis venas para dar una apocalíptica musicalidad a mi obra.

Un pintor de sangre gorda, de palabras trazadas en bellezas efímeras como bocanadas de amor y humor que deshilachan solas, como un morir dulce.

Un morir pronto…

Un morir caliente como un café de inusitada belleza.

Pintar el sonido del café que vierten unos sensuales labios en mi boca.

Y que no sea café, que sea su vida caliente y doliente.

Doliente… Quien ama la vida, le duele. Irremediablemente.

Por ser imperfecta y a veces, maravillosamente imprevisible.

Quisiera ser el pintor de la música de la imperfecta vida.

 

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Iconoclasta

El club de los corazones palpitantes

Buenos días

Dafne Fernández

En Telegramas de Iconoclasta.

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Y es inevitable que piense, que cuando mi cuerpo se quede vacío e inservible; si será digno de posterizarse como una lata Campbell’s de Warhol.
No será digno, porque la muerte lo marchita todo. No existen coloridos cadáveres.
Siempre es bueno saber cómo no seré al estar muerto.
Y sinceramente, aunque me maquillaran bien, la lata de refresco es mucho más decorativa y vanguardista.