“LA CRISIS DEL CORONAVIRUS. Delirios y psicosis, entre los efectos del coronavirus en el cerebro. Su mujer se comportaba de manera extraña. Se ponía y quitaba el abrigo de forma repetitiva. Decía ver leones y monos en casa y aseguraba que alguien la perseguía. Incluso se mostró agresiva con su familia y el personal médico. Solo mejoró tras tratarla con haloperidol y risperidona, dos medicamentos antipsicóticos. Es un caso extremo, pero es parte de lo que el coronavirus le está haciendo al cerebro de algunas de las personas a las que infecta.” (El País, 8/8/2020)
Pues no sé, eso de los monos, los leones y lo de quitarse y ponerse el abrigo debería ser dramático y preocupante; pero no podía parar de reír leyéndolo. Y seguro que no cuenta los detalles sórdidos: lo que creía que los monos le hacían sexualmente. Dentro de poco, encontraremos gente comiendo pasto en la montaña y diciendo “¡Beeee!”. O metiéndose cosas en el ano en un parque infantil ocupado por niños zombi. Pero lo que más esperanza me da, es que las tías buenas (véase foto) en lugar de jugar al quita-pon con el abrigo, se desnuden y salgan a la calle mostrándose esplendorosa y masturbatoriamente obscenas en su bella locura. Monos y leones en la casa… ¿Seguro que era por el coronavirus? Es que en esta época de miedo e histeria colectiva se achaca cualquier cosa graciosa o no al coronavirus. Por otra parte, las noticias que se fabrican para tener a la población atemorizada, le quita la gracia de que la locura de los leones y los monos sea real. Los gobiernos del nuevo fascismo y anormalidad feliz del coronavirus, sin duda alguna han aconsejado publicar esta mierda a su prensa sobornada, como hacen habitualmente. Aunque sea mentira, sigo riendo. Imaginar a una loca así de tebeo, hace la mierda fascista más llevadera.
Es que no es noticia. Cualquiera con un mínimo de cerebro ya conocía que la playa no se puede negociar. Es de todos sabido que a la chusma la encierras en casa diciéndole “quédate en casa y no vayas a trabajar”, que se lo tome como una festividad, sintiéndose feliz, a salvo y obediente. Pero si le prohíbes que vaya a la playa, te dirá que una mierda; por mucho coronavirus que flote en el aire, en el agua o en la cerveza que se están tragando. La playa no se perdona, aunque llueva mierda. Eso del “ejemplar comportamiento ciudadano”, los caudillos Sánchez e Iglesias y su corte de negligentes y cobardes, pueden metérselo por el culo y no sacarlo hasta reventar.
Super Patán Simón tiene dificultades para controlar a la chusma familiar y sus comilonas (qué mala es la envidia). Y también tiene un serio problema con su papel de héroe encumbrado por el régimen español dictatorial de Sánchez e Iglesias, ya que si la peña se cura, él se queda sin ese estupendo trabajo de no hacer nada y contar unas cuantas mentiras durante unos minutos al día. Seguro que está pensando, que además de los campos de concentración para contagiados por el coronavirus, también está haciendo tratos con los veterinarios para sacar un buen precio y una buena mordida por implantar el chip perruno a todo español para tenerlo debidamente controlado. Cobardía e incapacidad y falta de formación, es lo habitual en los que gobiernan y mandan en todos los gobiernos de todos los países, solo que como España es diferente, han querido superar el absurdo y la caricatura de los Simpson. Lo que necesita España, es que al ejecutivo en pleno se le practique una lobotomía coral. La imbecilidad y la cobardía no se les curará; pero los dejará vegetales para que no sigan jodiéndolo todo.
El vacío que dejan los humanos cuando no existen o están, es fascinante: sus posibilidades Se crean mundos extraños que barren toda la vulgaridad de tantos siglos y siglos de su presencia ensuciadora. Los mundos que sueño cuando ellos no están, son extraños, son angustiosos, son hermosos, o son decididamente temibles. Pero amo ese vacío y cada una de las luces y formas que puede crear. Tal vez una epidemia haya conseguido hacer realidad un mundo que siempre he soñado, donde la injerencia ajena en mi pensamiento sea igual a cero. No soy un ingenuo de mierda, durará poco, yo busco los lugares y los momentos de vacío humano, diríase que no tengo otra cosa que hacer. Es una forma de asear el planeta. Y ser hiriente se me da bien de una forma natural.
Adora mi pene, un tótem entre mis piernas que se tensa con un dolor tan placentero que ciega mi intelecto, si es que alguna vez lo he tenido.
Podría hablar del amor y de la belleza que destila tu piel. De que la mía emite frecuencias armónicas cuando estás tan cerca como para sentir tu respiración; pero sería inocuo, poco eficaz.
Un puño se cierra en torno al tótem y no sirve para nada, no alivia la tensión cuando te tengo cerca.
No hay ternura alguna en ese puño.
Y mis testículos hierven pesados de deseos.
No quiero amistad ni complicidades. Eso lo veo todos los días. Vulgaridad y frustración. Banalidades de un deseo que nunca se hace realidad.
No puedo hablar cuando ríes y tus pechos se agitan o simplemente cuando te humedeces con la lengua los labios. ¿Tú sabes? ¿Puedes imaginar lo que es tener al dios polla aquí dentro? Duele y me saca de quicio cuando se endurece, cuando la gota que destila por el meato para meterse en ti se hace fría, siento la imperiosa necesidad de tu coño cálido.
Te gritaría puta por lo que me estás haciendo. Te abofetearía porque encuentras maravilloso que este tótem se erija para ti. No soy tierno, coño, no soy una mierda de enamorado.
Yo sólo quiero clavarte este ídolo y que llores, que te sientas inundada y reventada por el ser supremo que está aquí, pegado entre mis putas piernas.
Deseo estar cerca de ti, pegado a ti, dentro de ti. Jodiéndote con este tótem cárnico estrangulado por sus propias venas que laten feroz y vorazmente por tu coño. Sin decir que te amo. Sin respetar un solo centímetro de tu piel.
Soy primitivo, inusual. Carezco de sensibilidad y de paciencia.
Ya es tarde.
Mi pene es la prueba misma de la brutalidad, de la ausencia total de inocencia y ternura. No puedo ser delicado con este trozo de carne que golpeo con el puño y no cede en su presión. ¿Ves en mí a un hombre tierno y casi adolescente que te mira con timidez? Tendrías que mojar las bragas con sólo mirar mis ojos inyectados de pura lujuria.
Es imposible evadirse de la carne de tus labios y no besarlos con una sed abrumadora. Sorberlos, morderlos, aplastarlos, lamerlos…
Y quieres que hablemos, conocernos.
Hostia puta.
Sería idiota no decirte que mi pene palpita y busca la humedad de tu ansiada boca. Sería imbécil no confesar lo que gritan mis ojos; lo evidente de esta erección que me colapsa esclavizándome a ti.
Sería idiota callar mi deseo de meter la mano por dentro de tus bragas y atenazar tu sexo hasta que no sepamos distinguir de quien es la piel que está gozando.
No tienes que amarme, ni abrazarme. Ni lo necesito ni lo quiero; no sueño con tu paz ni con tu felicidad. Te quiero arrastrar a mi infierno, condenarte conmigo por puro deseo. Me importa una mierda el ingenio y la inteligencia.
Me da igual tu sufrimiento.
No quiero joderte para que seas madre, no quiero ser padre. Sólo quiero ser el que te folla y te llena de babas. No soy natural, soy la depravación de la naturaleza; no busco reproducción y tener pequeñas pollas y coños babeando a mi alrededor. No soy egocéntrico, no busco eternizar mi tótem creando más generaciones de dioses polla.
Te elevo a rango de diosa.
Tú diosa hembra y yo dios macho. El ídolo estará junto a ti, y dentro de ti; serás la diosa puta con el tótem clavado. Posarás con las piernas abiertas ante la humanidad y yo la obscenidad, metido en ti.
La virgen puta…
¿No te excita? Curar a enfermos y locos con tu rostro gozando de un placer absolutamente carnal; en absoluto espiritual.
Jadear como una perra ante ellos cuando te embista.
Mi pene, este puto trozo de carne que parece llevarse toda la sangre que alimenta mi cuerpo y mi alma, es la bestia que debe joder a la Diosa. El milagro del coño ungido con la leche que no da vida. El milagro obsceno de la anti-creación, de la prueba viva de que no hay fecundidad, sólo lujuria desatada.
Abrázalo, guíalo a tu santa raja y oprímelo hasta que escupa la vida, hasta que el pelele que esté unido a él grite tu nombre sacro y llore ante un placer que pudiera haber buscado durante miles de años de sexual existencia.
Adora esta puta polla y métetela tan adentro que te sientas preñada de vicio y lujuria.
Te exijo que seas la diosa caliente e insaciable donde plantar este tótem que me arrastra como un perro oliendo tu vulva.
Sé tan perra y tan degenerada como yo; ésta es mi voluntad.
Estoy cansado del amor y de la sensibilidad y de los deseos de follar vestidos de gala, disfrazados de arte y literatura.
Tú sabes del ansia, sé que tu sexo se humedece y sientes el rubor subir directamente del coño a tus mejillas. Tú sabes lo que provocas; déjame sacrificarme a ti, un sacrificio de total entrega.
Soy un mierda, nada más.
Cuando te la haya metido y tu raja se haga brillante y se deslice el semen por ella, ya no estaré. No te amo.
Trátame como a un animal sin cerebro, como a un glande al que escupirás con displicencia.
Adora el tótem como un indígena sin cerebro adora a su muñeco de caña o calabaza.
Sé idiota y sólo coño.
No quiero mirar (adorar) tu rostro, es una trampa, algo que me inmoviliza.
Todo degenera, y el amor es sólo escrupuloso deseo, la imbecilidad del hombre que se cree sensible.
Un ángel con la polla tiesa y anudada bajo la toga celestial, eso es el puto hombre enamorado.
Sí, sensible como estos burdos pelos de mis cojones.
Y ahora, coge de una puta vez mi polla, llévatela a la boca y acaríciate, que cuando te la meta grites desesperada la aberración del sexo convulso. Condúceme a ti, oblígame a que caiga y me deslice por tu viscoso deseo de diosa.
—¿Te gustan los niños? —Alba repitió la pregunta llevando la mirada del vaso de cerveza a los ojos ausentes de su acompañante.
La segunda cita iba a peor, se encontraba en una hamburguesería llena de niños y adolescentes, de padres y abuelos; había sido una mala idea de la rubia que se sentaba a su lado en el estrecho banco tapizado de plástico rojo burdel. Le sudaban las pelotas.
El local estaba abarrotado de seres prescindibles y molestos.
Daniel la miraba fijamente, tan fijamente que la hacía sentirse violenta.
—Sí, adoro a los niños —respondió el hombre sin ninguna convicción, bajando los ojos a su refresco—. Precioso.
Alba se lamentó de su mala suerte, otra cita infructuosa; estaba cansada de salidos y tímidos. ¿Es que no hay nadie relajado y natural? Este parecía ir de atormentado.
Y sin embargo, su vagina era un charco. No sabía si se había meado o era una humedad extraña e invasiva.
Sintió de pronto una mano atenazando su sexo bajo la mesa. Y los ojos del hombre se hicieron oscuros.
Y le robaron el sonido al mundo.
El dedo hurgó en la vulva y sus piernas se abrieron sin que les diera permiso.
—Jode a la virgen puta —susurró Alba con voz desfallecida y repentinamente somnolienta en el oído del dios polla.
Niños y adultos inmovilizaron sus bocadillos y bebidas en el aire observando con atención a la mujer elevar las piernas sobre la mesa y al hombre moviendo la mano entre ellas.
La clientela guardó silencio e inmovilidad, dejando que Alba gimiera sus orgasmos y Daniel le gruñera al oído obscenidades para que se corriera. Luego la penetró encima de la mesa, ensuciándose ambos de cerveza, patatas y hamburguesas.
El semen fluyó pesado entre la cópula de los sexos dilatados y empapados, entre jadeos y blasfemias.
Un crío rompió a llorar asustado.
Y los clientes volvieron a seguir devorando y bebiendo su consumición como si nada hubiera ocurrido.
Daniel, sin mediar palabra, salió del local dejando a Alba sola, recuperando la respiración e intentando subirse las bragas bajo la falda en el estrecho asiento; no pudo, las metió en el bolso.
Se sintió embarazada, sentía el semen hervir en su útero.
No le gustaban especialmente los niños; pero había algo dentro de ella, repentino o inevitable. Se sentía confusa…
Recorrió con el dedo las crestas de los labios vaginales empapados de esperma y se lo llevó a la boca.
“Qué puta soy”, pensaba vanidosamente, dirigiéndose a la salida del local.
El niño seguía llorando, se detuvo ante la mesa donde sus padres intentaban calmarlo:
– Es solo mayonesa, nada más -le susurró mostrándole el índice que se había llevado a la boca.
El niño sonrió.
Y ella también.
A la salida de la hamburguesería, con satisfecha lujuria dejó caer un minúsculo feto de su vagina, como un pequeño trozo de hamburguesa.
Y todos esos enchufados para conseguir que grandes empresas como Nissan se vayan de España y dejen a miles de trabajadores en el paro. ¿Cuánto cuestan los asesores que necesita un presidente sin carácter y sin formación para gobernar? Los enchufados tienen que cobrar una buena pasta, cuando se llaman asesores es porque cobran como si fueran inteligentes. España no cambiará nunca. Estos “sabios” sumados a la colosal nómina de funcionarios hace a un país miserable de por vida. Supongo que lo único que han calculado son las nóminas que se han ahorrado por la muerte por “coronavirus” de tantos pensionistas. Y han calculado con timo porque solo cien asesores, van a cobrar lo mismo que quince mil pensionistas muertos. No necesito sabios de mierda para saber lo que ocurre.
Una mierda se ha suspendido el estado de alarma por coronavirus. Millones de jetas cubiertas por mascarillas de papel y trapo lo niegan. Ahora con un eufemismo ofensivo para cualquier inteligencia por mínima que fuera y la hubiera, al estado de miedo y represión (sobre todo en España) lo llaman: “nueva normalidad”, una normalidad de mierda. Solo buscan eternizar su dictadura a través del miedo que inoculan a la ignorante chusma votante y crédula. Es la nueva normalidad real: la dictadura de los hipócritas, mezquinos y oportunistas políticos de las redes sociales. Han conseguido inocular un miedo tan visceral entre el rebaño, y de una forma tan infantil; que es kafkiano que tantos borregos tengan esa ciega fe en ellos y no sean capaces de ver la realidad. La cobardía y la infantilidad de los adultos es asfixiante.
Nunca, por mucho que llore, por mucho que parezca estar sufriendo; nunca dejes que un gato blanco lama los restos de las natillas de chocolate que has comido. Porque parecerá el gato de un mecánico por mucho tiempo, ya que no tendrás ganas de limpiarlo. Pero por otra parte, no puedes estar escuchando sus maullidos durante horas. Pinches gatos…