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Una simple llamada de amor

Publicado: 16 septiembre, 2015 en Amor cabrón
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Drakhonhé

Fue una maravillosa simpleza. Tan fácil…

Ese día sonó el teléfono, era ella: su amada.

Y su amor tenía la voz triste y apagada.

Estaba indeciblemente sola, parecia cansada.

Y sintió un miedo infinito por ella y la impotencia de no estar allí acunándola, meciendo su tristeza entre los brazos.

Su voz le entró como si un cuchillo rasgara su carne y tocara alguna entraña.

Le dijo con urgencia, con una pasión doliente y desesperada que la amaba, que la esperaba, que la deseaba, que su cuerpo hermoso lo excitaba. Le dijo que quería meter la mano entre sus piernas y ver qué ocurría en su sexo y en su rostro, en su boca…

Ni ella misma imaginaba lo amada que era en esos momentos.

El portento de amar creó sonrisas e ilusiones donde había hastío.

Ella lo sintió y él también.

Se sintieron.

Por favor… Qué emoción.

Y ambos anotaron ese día y esa hora con una aguja de tinta blanca en el corazón.

Ella sonrió mientras él cerraba el puño con fuerza, dando gracias a no sabía quién por haber sido capaz de hacerla feliz por unos minutos.

Qué alegría más sencilla, rápida… Qué sorpresivo fue el placaje del amor contra la tristeza.

Así trabajan los amantes, rompiendo distancias y tiempos con intempestivas confidencias en días que no pueden prever.

Aunque se rompan un poco los corazones y las ansias de los no besos caigan como cristales rotos sobre ellos cuando no pueden decirse todo ese amor.

Ella expulsa el humo de un cigarro hacia el cielo y él también en otro lugar, en otro sol.

Estarán bien hasta el siguiente ataque de necesidad.

Amar es una maravillosa tortura solo para corazones fuertes, para los que desprecian el dolor. Están locos los amantes.

Pobres… Como seres mitológicos que no son. Son solo humanos.

Adiós.

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Iconoclasta

http://vocessubversivas.com/2015/09/15/espeleologia-del-deseo-de-pablo-lopez/

¡Merde! (que diría un francés).
Ahora sí que se han acabado las vacaciones… ¡Dita sea..!
La jefa (Marlyn Centeno) ha hecho de las suyas de nuevo: Con un texto mío ha creado una página que basta mirarla (sin necesidad de leer) para quedar satisfecho con diseño e imagen.
Genial, me encanta, no me he acordado de leer lo que he escrito, pero me ha bastado hacer correr la barra para ver la presentación.
Me da una rabia… Estas cosas demuestran de una forma elegante la torpeza del torpe.
Gracias, jefa.

Un campo de energía

Entre tú y yo hay un campo de fuerza que no permite el paso de los besos.
Tu humedad se escurre entre los muslos desangelados y mis erecciones son un puntero que indica la dirección hacia lo inalcanzable y lo imposible.
A pesar de que existes y estás en algún lugar.
Hermosa y amada hasta la agonía.
Somos reflejos atrapados en espejos enfrentados.
Fluidos que se escurren por una infranqueable pared de nada y labios aplastados contra un cristal.
Palabras sin sonido que parecen morir apenas nacen de los labios.
«Te amo, mi vida».
Y las palabras se convierten en ceniza que cae sobre mi pecho y tu mirada triste al otro lado me retuerce las entrañas. Tu tristeza es mi tormento.
Almas apresadas a las que nadie presta atención, porque nuestra atmósfera es sorda e incompatible con la de ellos, los otros.
Tus manos se apoyan en lo infranqueable y lanzas miradas de socorro que me doblan con una náusea.
Figuras mudas que nadie ayuda…
Yo no recuerdo haber hecho algo especialmente malo.
Tal vez es tu condena la que me arrastra.
¡Mentira! Intento bromear para no llorar como un crío. No puedes haber hecho algo malo. No puedo aceptar esa idea, es inconcebible.
A menos que poseer la voluntad de un hombre sea delito.
Algo así puedo imaginar, que sin pretenderlo, hayas usurpado el trabajo de Dios al hacer de mi alguien que te adora.
Y ahora pago las culpas por ser alguien que pende de ti, arrastrado por tu pensamiento y el deseo por tu piel.
Alguien hizo ciencia-agonía de la ciencia-ficción.
Somos dos amantes apresados cada uno en un capítulo de una novela del futuro.
No puedo abrazarte ni besarte. No puedo consolarte.
Solo escribir y buscar el método, el sortilegio para romper esta condena.
Asesinar al autor.
Este maldito campo de energía…

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Iconoclasta

El precio del amor

Publicado: 28 agosto, 2015 en Amor cabrón
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El precio del amor

Amar es dedicación absoluta,
ergo tiempo.

Y el tiempo es el bien más preciado
dicen los que saben, los que triunfan.
Y si eres egoísta las cuentas no salen.
Y sientes que pierdes más que ganas.
Y amar es un mal negocio.

Ergo el tiempo es más fuerte que el amor,
y el amor se muere de decepción
asfixiado por el vertiginoso torrente
de la tragedia de la arena de un reloj.
Y no es justo.
Pero… ¿Qué lo es?

Y toma el pequeño reloj de arena
y cristal cruel
entre sus dedos de uñas granates
como sangre oscura
y el reflejo de los carnosos labios
de terciopelo negro,
para observar la ampolla del tiempo
y el rostro cuasi sepulto en la arena
sobre el que llueven unos últimos granos
sobre los claros y húmedos ojos
que lloran sin comprender aún
la atroz usura del tiempo
parpadeando barro de amor.

Y las cuentas comienzan a cuadrar.

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Iconoclasta

Telegrafistas sin tiempo def

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Son breves momentos de amor y apresuradas palabras de alegría escritas en un morse eléctrico y rápido.
Fulgurantes trallazos de ternura electromagnética.
Son antiguos telegrafistas que en pleno siglo XXI, lanzan besos en código morse. Apenas hay tiempo, pobres…

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Urgentes besos e ilusionados abrazos antes del trabajo, antes de comer, antes de la cena, antes de dormir, antes de todo…
Instantes que pueden hacer hermoso el día de una forma rotunda y sorprendente.
Como si existieran los milagros.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Durante una convalecencia se cuentan dolores de uno y otro con besos y alegría. Tecleando los pulsadores para enviar todo el amor posible en el menor tiempo.
No saben ni ellos mismo como lo hacen, no entienden como se puede transmitir tanto cariño y ternura tan velozmente.
Los enamorados baten extraños y absurdos récords secretos.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Telegrafistas que ganan tiempo no escribiendo de ansias incumplidas e inconsolables.
Telegramas de ilusión y besos, rápidos y eficaces, sin tiempo para las melancolías.
La melancolía atacará con dureza luego, cuando el martillo del telégrafo quede en reposo en la oscuridad de la oficina de correos. Cuando estén solos y el tiempo no amenace la dicha del encuentro eléctrico.
Los telegrafistas enamorados imaginarán luego, en su aislamiento entre la multitud, los besos carnales, la humedad de las pieles acaloradas y cenar juntos en el mismo lugar sin despedidas con puntos y rayas.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Esperarán impacientes un año, un día del dragón que vuele llevando en sus garras palabras palpables de tinta y papel que den consuelo a la melancolía que a veces les detiene peligrosa y dolorosamente el corazón. En cualquier momento.
Que esas palabras combatan el vacío de las manos cuando los telégrafos dejan de sonar su morse de amor. Cuando la quietud de los martillos del telégrafo deja vía libre a tristezas, distancias, tiempos, esperanzas y alegrías. Cuando queda demasiado tiempo para que la realidad les aplaste el ánimo y esbocen una sonrisa cansada que nadie entiende.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Por ello cuando el morse habla solo hay alegrías, amor y ternuras. Rápidos e inequívocos mensajes cortos: «Te quiero – Stop – Te pienso – Stop – Eres una mujer impresionante – Stop – Eres bárbaro – Stop…
Stop, stop, stop…»

¿Cómo es posible querer tanto en tan poco tiempo y con tan pocas palabras?
Porque el amor corre veloz como la luz, como la electricidad que lleva un código morse de amor y esperanzas.
Dragones de plata, hojas de papel embebidas en tinta de amor y pulsaciones electromagnéticas que dan vida al corazón…

Se quieren – stop – Sonríen cuando deberían llorar – stop – Combaten el tiempo a sabiendas que pierden – stop – Triunfan amando cada día robando tiempo al tiempo – stop.

Fin de la transmisión.

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Iconoclasta

Ven conmigo

Publicado: 15 agosto, 2015 en Amor cabrón
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Ven conmigo def

Ven conmigo,
ven conmigo.
Estoy tan muerto…
Es una mañana fresca
nos prometeremos el necesario calor.
Una serena e incontenida pasión.

Ven conmigo
ven conmigo…
Para que caminar no pese
porque eres vida que falta,
fantasía e irresistible realidad
el palpable y desesperante deseo.

Ven conmigo,
ven conmigo…
Quiero hablar en susurros secretos
con íntimas sonrisas sin sentido
en la cena más hermosa
y las sábanas plenas de ti.

Ven conmigo
ven conmigo…
Eres creación y cuerpo
refugio de mis tristes albas,
carne brutal que desafía mis venas.
Desbordas mis lágrimas agotadas.

Ven conmigo,
ven conmigo.
Estoy tan muerto…
Eras razón de mi tristeza
ahora no me queda ni eso
ven conmigo ahora que existes,
no puedo
no quiero morir ahora que estás.

Ven conmigo,
Ven conmigo.
Por favor…

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Iconoclasta

Él pabellón de los enamorados

Hay un ala especial en el manicomio: el pabellón de los enamorados.
Somos los enfermos más ridículos del mundo.
Dicen que amar no es locura, es virtud, es necesidad; pero somos la práctica demostración de que el amor tiene sus leyendas.
La enfermedad comienza al convertir el amor en sueño o fantasía, en esforzarse en otorgarle toda esa importancia que lo constituye como un elemento necesario en la atmósfera para poder respirar.
Ahí radica el problema, porque hacer sueño del amor es despertar y sufrir la paranoia de que es una pompa de jabón estallando en el aire.
El amor es demasiado volátil, voluble…
Te despiertas aterrorizado ante la posibilidad que el amor sea el sueño que muere al despertar. Requiere convencerse de que es táctil y suplicas palabras de amor a quien amas.
Y quien amas, se asusta de toda esa paranoia.
Dime que no me faltarás nunca, mi bella diosa de la locura…
El amor requiere no despertar jamás, estar en ese limbo de romanticismo y sexo. Porque si un día faltara, faltaría el aire.
Si un día no está ocurre esto: la cordura es la que estalla en el aire.
En el pabellón de los enamorados los locos observamos inmóviles durante horas el aire a través de las ventanas enrejadas, buscando el amor en forma de amebas translúcidas, que es el ideal de espejismo para algo tan sutil y tan efímero como es el amor.
El amor no se entiende sin lo carnal y el sexo se convierte en devoto, sagrado, puro, pornógrafo, cruel, humillante, sucio, sangriento… Según la paranoia de cada cual.
Demasiado sexo, demasiado complejo, el amor lo complica todo.
O tal vez sea que complicamos el amor. No podría asegurar nada, al fin y al cabo estoy loco.
Al sexo le basta con ser brutal en su pasión.
Ojalá lo pudiera decir siempre y no solo bajo el efecto de los medicamentos.
No debí convertir el amor en una representación teatral; pero mi vida, mi rostro es el ejemplo que figura en las enciclopedias como mediocridad tipo.
Soy aquello que nadie jamás debe ser.
Tuve la ilusión de que el amor me haría especial.
Me dosifican drogas para no soñar con el amor. Y sueño que soy lo que veo en el espejo, algo anodino, algo banal que no importa.
Me despierto con la certeza de ser un mierda y todo está perfectamente controlado para no desangrar toda esa miseria que soy con una cuchilla, o colgarla por el cuello de un cinturón, o de una sábana en una tubería. No me dejan intimidad ni libertad para salir de aquí en una camilla con ruedas hacia la morgue.
Los sueños son efímeros, ergo el amor lo es.
Y por ende la cordura.
Todas estas consecuencias, hacen la vida desesperadamente larga.
¿Cómo no estar loco? Es una condena, un filo constante en el cuello ante la posibilidad de morir asfixiado porque faltas en el aire.
No puede ser… Fue un sueño. No te corté la cabeza, para tenerte siempre cerca de mí y besarte al despertar. Fue una pesadilla, no fue real.
Yo no follé tu cuerpo sin cabeza. ¿Cómo pueden pensarlo?
Toda aquella sangre que inundó mi boca al besar la tuya…
Aquella erección brutal…
El sueño a veces se hace pesadilla.
Es la pesadilla de ellos, los que no tienen amor.
Los enfermos del pabellón de los psicópatas asesinos son los seres más patéticos del mundo cuando no pueden bañarse en sangre.
Los celadores del pabellón de los enamorados no nos dejan suicidarnos, pero nos lastiman los genitales con cigarrillos y nos dicen que no es real, que es un sueño.
Y ríen, y ríen, y ríen, y ríen…
Y sueño que beso tu lengua púrpura sin sangre sosteniendo tu cabeza entre mis manos, cuando la brasa del cigarrillo crepita en la piel de mi glande y ellos ríen.
Pero no duele porque te sueño, porque te amo.

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Iconoclasta

El devastador amor

Publicado: 5 agosto, 2015 en Amor cabrón, Manuscritos
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En Los manuscritos del Iconoclasta.

Cero

Publicado: 26 julio, 2015 en Amor cabrón, Ciencia ficción
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Cero
Te levantas y esperas a ponerte el pantalón hasta que baje la erección y meas primero.
Se calienta el café y sabes que estás fumando porque te das cuenta que te escuecen los ojos y lloras también por eso.
Te sientas con el café y el pecho sucio de ceniza que en algún momento arrastraste.
Saludas a quien amas con discreción, como buenamente puedes sin perder el control.
E intentas no coger la pluma y escribir de inconsolables distancias y que amar tiene la irónica y paradójica virtud de dejarte solo.
Irremediable y dramáticamente solo.
Está descorazonadoramente lejos…
Así que te colocas el traje espacial, te sientas horizontalmente en la nave y despegas.
En el espacio solo oyes tu propio pensamiento y concluyes que eso no es bueno porque amplifica la soledad.
Es triste.
Los asteroides que golpean peligrosamente el fuselaje son trozos de Dios, que estalló por hacer las cosas mal.
Y viajando hacia el amor piensas en la relatividad del tiempo.
Y que el amor muere de viejo mientras viajas silenciosa e inmóvilmente en esa inmensidad fría y letal.
Estás de acuerdo con el botón de autodestrucción, tiene sentido.
Diez, nueve…
La cuenta es breve y pronto serás un trozo de hombre que intentó luchar contra lo que Dios hizo mal.
No puedes vivir más que a quien amas, es cobardía. No es una opción respirar si ella no está.
Y así arreglas lo mejor que puedes cosas estropeadas y relatividades insalvables.
…cero.

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Iconoclasta

La fuerza del amor y la muerte

Acercarse tanto al agotamiento le quita dramatismo a la muerte.
Amarte tanto hace la muerte insoportable.
Ante estas dos variables, alguien podría con candidez, achacar a la muerte un carácter voluble o relativo.
Es un error de cobardía pretender dar imagen y criterio a la muerte.
La muerte es absoluta, se define con claridad y no se presta a ambigüedades en cualquier espacio o tiempo.
Son los humanos los volubles, relativos, cambiantes, escritores…
Solo pretendía, cielo, decirte que mi amor es como la muerte: inalterable, definitivo.
Sé que no es agradable la conclusión ni el planteamiento; pero quiero ser absoluto expresándome. Soy inamovible amándote, ría o muera.
Tampoco pretendo llamar tu atención, es que cuando me siento absolutamente dolorido y cansado, eres mi reposo.
Mi isla en este mundo árido y tormentoso en dolores y sudores.
No te amo por cobardía o por interés.
Te amo y punto.

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Iconoclasta

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