Posts etiquetados ‘Amor cabrón’

la-ira-de-amar
Tengo un problema.
Seré más preciso: la humanidad tiene un problema conmigo.
Cuando ella no está cerca de mí, cuando no la puedo tocar, cuando no la oigo respirar, cuando no veo sus letras; mi tristeza y melancolía crean una ira que me llevaría a cortar de un tajo la yugular de Jesucristo si hubiera existido, si hubiera resucitado y si hiciera su segunda venida.
No soy un ser que sufre y llora en silencio, quédamente en un rincón oscuro.
Soy violencia, soy cancerígeno, portador de muerte y dolor.
Sin consideraciones de quien muere, si es culpable, inocente, hermoso, espantoso, rico o miserable.
Yo digo que la tristeza con sangre, dolor y miedo se paga.
La de alguien desconocido y la mía que aparece como vetas en el semen que escupe el meato dilatado de mi glande cuando me masturbo furioso porque no es su mano ni su boca la que se apodera de mi rabo.
Pienso en su coño y en sus labios, en sus palabras tiernas y en las obscenas.
Y no hay nada en el mundo que pueda superarla, no existe nada ni nadie a quien valga la pena sonreír si ella no está a mi lado.
Cierro los puños con fuerza y soy un ser primitivo que caza y folla. Que devora a los de su propia especie si es necesario.
Si así lo deseo, simplemente.
Cuando la ira de su ausencia me hace babear fiero, hostil…
La ira tiene el fin último de liberar espacio en el planeta.
Y cuantos más mueran, más cerca estoy de ella.
¿Quién es el idiota que dijo que el amor a los seres humanos hace mejores?
Bueno, me queda poco de humano, tal vez sea acertada la ñoña sentencia con los mediocres.
Los mediocres enamorados son como primerizas madrazas embarazadas.
Donde alguien ve felicidad por el hijo que va a nacer, yo veo una seria amenaza a mi libertad, a la exuberante obscenidad con la que ella me trata.
Porque no quiero un hijo que me quite tiempo con ella.
No quiero un hijo que provoque su ternura y la convierta en una madre tierna y cariñosa.
Devoraría a mi propio hijo si interfiriera entre su coño y yo.
Quiero su vagina húmeda goteando en mi boca. Quiero ser yo que el que irrite sus pezones mamándoselos con hambre lujuriosa.
Con la polla tiesa rozándole los muslos.
El mundo está mal cuando ella no está para apaciguar mi ánimo hambriento.
No soy un romántico que sufre, soy un romántico genocida.
Pulsaría tres botones rojos para asegurarme de que no quedara nadie en toda la faz de la tierra.
Solo su mamada salvaría la humanidad.
No tengo lágrimas, no nací para llorar, no nací para sufrir y abrazarme a mí mismo desesperado.
Soy la patada en la sien, en la boca, soy el puño en el vientre, soy una navaja veloz, un filo indoloro y desangrante. Soy las manos que rompen un cuello, que estrangulan el paso de aire. Que arrancan los pulmones.
Soy odio en estado puro.
Soy quien la tiene más gorda.
Mi alma es negra como las montañas en noches de luna muerta.
Mi amor es desgarrador y solo existe por ella.
No tiene sentido nada de lo que me rodea sin ella.
Mi existencia no tenía razón alguna hasta que a ella la parieron y la encontré.
Si la perdiera… No quiero imaginar el dolor que se desataría en el planeta hasta que consiguieran darme caza.
No existiría hombre, mujer, niño o bestia a la que no descuartizara.
Aún así soy demasiado bueno: mi ira es por amor.
Los mediocres hacen lo mismo por dinero, o por un ascenso social en su entorno de mierda.
Aunque no lo digan.
¿Ves, amor? Merecen morir todos si tú no estás para hacer mi mundo perfecto.
No te lloraré jamás, pero extenderé miedo, dolor y muerte hasta que me extingan.
Te lo juro.
Mi padre ya no existe por ti, por tu ausencia. Resbalo en la sangre que aún mana de su garganta, de su vientre abierto a puñaladas.
Te brindo su vida como prueba de amor.
Ha llegado de su paseo diario, con toda su vejez doblándole la espalda. Cuando ha abierto la puerta, no eras tú.
La sangre aún corre rauda por mis venas y el corazón es un pistón que hará reventar alguna vena de mi cerebro.
Si muero será por amor, por muchos seres que asesine.
¿Lo sabes, verdad?
Sé que te excita.
Hasta pronto, mi amor.

 

ic666-firma

Iconoclasta

ardiendo-en-hielo

Las orillas están blancas por el hielo y la hierba cruje con cada paso.
No existe frío tan feroz que anule mi pensamiento animal y encelado.
Estás presente y ardiente en el desierto y en los glaciares.
De mi boca y nariz sale humo aunque no fumo y siento frío en los mismísimos ojos.
Saco la polla para mear y pienso en la calidez de tu piel, en la acogedora y viscosa humedad de tu coño.
Y aquí, en este frío páramo se me pone dura entre los dedos, y no puedo hacer otra cosa que tirar sin piedad del prepucio y descubrir el glande congestionado de sangre, deseoso de fundirse en tu vagina. Del meato cuelga un obsceno filamento espeso. Es el hambre de ti, y lo sabes, mi puta…
Es el absoluto deseo de metértela sin piedad, sin cuidado. Cuasi cruelmente.
Quiero follarte en este helor y observar fascinado tu clítoris duro, asomando desafiante entre los labios que abriré con mis dedos toscos. Esa bestia que tienes entre las piernas calentará mis fríos y presurosos dedos muertos sin ti. Antes de que te invada con mi bálano y tome posesión absoluta de tu coño y tu voluntad.
No quiero mear, solo masajear el pene. Que este vaho que sale de mi boca, cubra tus pezones duros y las enloquecedoras areolas se ericen por la amenazadora caricia de mis dientes.
Ya no hace frío, has fundido con fuego mi pensamiento y mi corazón que lanza chorros de sangre hirviendo a mi pornográfico pene.
El semen brota y convulsiona mi vientre. Se confunde con el hielo y mi gruñido de placer hace detonar en el aire las alas de los cuervos en un estampido casi diabólico.
Las desnudas ramas del árbol en el que estaban posados, parecen gemir temblorosas al cielo, rogando no ver la obscenidad que cometo.
Es indistinto el lugar, el clima o el tiempo.
Te la metería en cualquier paraje, en una gruta oscura, de día y de noche, en un prado verde o en la puta Antártida.
Tú no sabes de tu poder sobre mí…
La última gota de leche cae en mi bota.
En mi mente perturbada suenan tus gemidos incesantemente.
Y estrangulo con el puño la polla para aliviar tu omnipresente presión.
Enciendo un cigarro cuando mi pene aún cabecea el orgasmo, dejando que se enfríe mientras ardo en el infierno de un invierno sin ti.
ic666-firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

los-martires-del-amor-madrid-agosto-2010-nikon-reflex
Un llanto en soledad,
una sonrisa invertida,
un muestrario de sueños desleídos,
un abrazo vacío,
un beso árido…

¿No es maravilloso el amor, que a pesar de todas esas tristezas, acunamos como el mayor de los bienes?
Pobres enamorados, no pueden concebirse a sí mismos como lo que son: un error del planeta.
Distintos, desiguales, inadaptados…
Los que se han propuesto no aprender nada de nadie.

Caminan sin avanzar por un desierto polvoriento tapizado de banalidades secas, muertas.
Extraños mártires y ermitaños de corazón contrito y sexos húmedos y ardientes.

¿Es que no veis que aceleráis vuestro fin, locos valientes?
Porque el dolor de lo imposible os mata, aunque lo inalcanzable queráis vestir de esperanza.
Alguien os dirá que a lo mejor en un futuro…
Y el futuro os lo pasáis por el culo, lo que cuenta es el dolor, la angustia y la necesidad del presente. Porque en el futuro estaremos muertos.

El amor que os hace superiores, bestiales, impíos.
Hay seres que se deshilachan de hambre y sed, de dolor y enfermedad, de pobreza y frío.
Y no cuentan, no preocupan en vuestra mente.
Porque el dolor de amar supera a los demás dolores. Y está bien, que cada cual arrastre su mierda de cruz.
Y su felicidad es más intensa que la de cualquier otra sonrisa, sea de niño o de viejo.

Los mártires del amor son sinceridad en estado puro.
Porque el amor es un bien preciado y no se puede dar a cualquiera, aunque se esté muriendo.

Habéis escogido el camino de la pasión, quemar la vida rápidamente en una carrera contra lo imposible.
Y es que el amor es una quimera. Cuando por fin se abraza, empieza a esfumarse, a difuminarse con la vulgaridad de todos los días.

Y vuelta a empezar, mártires. Os convencéis de que debe existir el amor duradero, inviolable, sellado hasta la muerte.
Y no es así, pobres locos; e iniciáis de nuevo una carrera contra el tiempo, contra el vuestro; sucios de las cenizas del amor que se ha marchitado en apenas unas semanas.
Una carrera contra la humanidad que destruye todo asomo de amor con su adocenamiento y anonimato masivo.

El amor solo reside en vuestra mente, es un combustible que os da energía; y es tan solo la zanahoria que cuelga delante del burro.
Esa es la verdad, es la pena.
Aún así, vale la pena buscar, husmear el aire y seguir la pista que pensáis es definitiva.
Al fin y al cabo, no hay otra cosa que hacer mientras se muere.
Os deseo suerte, me caéis bien, fracasados.

 

ic666-firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Primero una cosa luego otra

No es que no quiera, es que no puedo hacer dos cosas a la vez. Me falta masa encefálica. Soy monocanal.
No soy listo.
Soy eficaz en cada cosa, en cada momento.
No quiero hacer varias cosas a la vez como quien optimiza el tiempo. Tengo tiempo y absoluto desprecio a su paso. Hay cicatrices que lo demuestran.
No importa lo que queda de vida, solo me importa el momento preciso.
He visto peces muriendo, boquear en la arena. No hacían otra cosa, no se despedían de nadie. La muerte estaba fija en sus ojos vacíos.
Primero te jodo, gozo, gimes, me arañas, abres tus putas piernas deseadas y te inmovilizo el coño con labios, dientes, lengua. Succiono, te desesperas y aprietas mi cabeza con tus manos para que me ahogue en tu flujo impío.
Sin una sola palabra que interfiera en los gemidos y jadeos.
Metértela y amenazar tus pezones con mis dientes feroces.
Dejar hilos de baba prendidos entre tus labios y los míos.
Acariciar suave tu coño anegado de mi leche. Sin mirarnos.
No puedo amarte y follarte, sería hacer las cosas a medias.
Soy un animal con poca razón, es mi naturaleza.
Luego, con la respiración ya normalizada, sin el bum-bum del corazón en la garganta, te abrazaré. Te diré sonriendo de amor: «Cómo te amo, puta mía».
Y sonreirás y me morderás el labio con travesura lujuriosa. Yo diré: «¡Ay!». Y felinamente relamerás tus labios.
Te volveré a decir que todo está bien. Que es donde debemos y como debemos estar.
Holgazanearás en la cama y yo calentaré pizza.
Hablaremos tranquilos, planeando para los próximos instantes salir al cine y cenar o pasear. Y besarte sorpresivamente cuando vamos de la mano. Apresar tu coño en la oscuridad del cine, y tú soportar no gemir entre el público.
Eso será en las próximas horas, o tal vez no, porque contigo todo plan se desbarata de una forma maravillosa.
Y yo no soy lo suficientemente listo para evitarlo.
Solo sé que ambos pensamos en las bestias del deseo que duermen ronroneando plácidamente dentro de algún lugar de nosotros.
Primero te jodo, luego te amo y fundo mi vida con la tuya. No importa el orden, solo importa hacer una sola cosa bien. No caer en la mediocridad.
Artistas que no respirarán tranquilos hasta culminar la obra. Exclusividad para el presente.
Si te estoy amando, no puedo violarte, no puedo tomarte en el ritual animal más primigenio, más voraz.
Dijéramos que tu coño y tu alma son planetas en direcciones opuestas.
Y que mi cerebro no es eficaz.

 

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

1

El impreciso amor, la desesperante imprecisión de puño y letra.

En Los manuscritos del Iconoclasta.

Cansados

Publicado: 9 noviembre, 2015 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Cansados

Llega a casa y se deja caer en el sillón, al lado de su hombre.
Se besan.
—Estoy cansada.
Ha subido el vestido por encima de las rodillas para dar consuelo a las piernas que parecen arder. Y apoya la cabeza en el brazo del hombre dejando ir un suspiro de liberación por una jornada de trabajo tan cansina como la de ayer.
Él piensa en el insoportable calor, en las suaves piernas de su mujer y en su polla que se desarrolla libre dentro del pantalón ante el contacto de la cálida piel.
Lleva la mano por debajo del vestido, hacia los muslos firmes de la fatiga.
Ella dice «no» con cierta desidia.
Él mete los dedos por el elástico del tanga, en la ingle izquierda y acaricia sutilmente los labios, despacio, sin invadir.
Ella dice «no» y separa las piernas.
El separa mínimamente los labios y ella se tensa al sentir el clítoris emerger.
Ella dice «no» y sus manos toman suavemente el brazo que mueve la mano en su coño, para asegurarse de que no cese de tocarla.
Él se baja la cintura elástica del pantalón y muestra su pene erecto.
«Me duele» le dice.
Ella lo aferra con fuerza y abre las piernas, los abductores de las ingles se tensan. Le ofrece su sexo indefenso.
«Te voy a arrancar el cansancio por el coño», le dice el hombre al oído, en un susurro.
Y un dedo aplasta su clítoris desesperadamente.
Toma una profunda bocanada de aire con los pezones erizados. Su mano agita, sin pretenderlo, el pene húmedo y resbaladizo.
Y siente los espasmos que produce la sangre que lo llena. Es paroxismo puro entre sus dedos y en su mente.
La mano se cierra fuerte entre sus muslos acaparando la vagina completamente, y se acomoda a esa cosa recia que la oprime empujando con la cadera.
No se da cuenta que ha cerrado con tanta fuerza el puño en el pene, que lo estrangula y el glande luce púrpura por la congestión sanguínea. Él gime muy cerca de su oído.
Ella también. Gime porque su vagina parece un volcán estallando y vaciándola de energía en un prolongado orgasmo. Su puño cerrado en el pene de su hombre es un frenético temblor.
Ella susurra:
«¿Por qué siempre cuando te digo que estoy cansada?»
Él responde en secreto:
«Porque tu voluntad está deliciosamente débil»
Ella dice con picardía haciendo cosquillas en su oído:
«No estoy cansada, amor».
Libera y presiona, ahora sí, el pene con un ritmo uniforme.
Él apenas puede susurrar entrecortadamente:
«Déjame ser perverso, malo. Me imagino abusar de ti indefensa»
Ella sonríe y deja caer su cabello sobre el pubis del hombre, sobre su pene.
Antes de cerrar los labios en el palpitante glande, dice:
«Estoy derrotada, amor»
Lleva la otra mano a los testículos y se los masajea sin cuidado mientras eyacula salpicando su mentón, el cabello. El semen corre perezoso entre sus dedos. Siente en su mejilla los espasmos del vientre.
Y piensa con una sonrisa en las voluptuosas mentiras que combaten y conjuran las asépticas verdades diarias.
«No te quiero» dice ella.
«Yo tampoco» responde él.
Y sin darse apenas cuenta se quedan dormitando muy juntos, relajando las aceleradas respiraciones y el ritmo cardíaco.
No están cansados de un puto día de trabajo.
Quién lo diría…

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

El demiurgo
«…bueno, entonces agradezcamos al demiurgo por el reencuentro.
Y ahora sí me voy convenciendo que nunca es tarde para lograr lo que se quiere»

Nunca es tarde. Aún muerto buscaré la forma de lamer tu pensamiento y tus palabras, sólida e inextricablemente unidas a la piel y la carne que deseo .
No hay concepto de amor sin tu pensamiento, sin cada palabra que dices en el momento preciso, con la pasión segura, con la firmeza absoluta.
No basta la carne, lo quiero todo.
Podría haber agradecido a un dios el reencuentro, pero no sería específica, sería demasiado fácil. E infantil.
Y ella puede ser cualquier cosa, pero infantil sería una idea desconcertante, absurda.
El demiurgo en su connotación y en su fonética provoca una turbación atávica en la razón, hace banal al dios conceptual y universal.
Su idea es absolutamente efectiva y acertada, es tan inteligente la muy amada…
El demiurgo… El creador y administrador de un caos o el universo. Como si un idiota (dios usual) creara algo verdaderamente complicado y otro ente (el demiurgo) tuviera que dedicar su tiempo a darle coherencia y orden.
El demiurgo es más que un dios: la parte imbécil de la divinidad, la que crea cosas y seres por aburrimiento, con despreocupada crueldad. Y luego retoca.
Ergo, usa la inteligencia, se da cuenta de lo que mucho que se ha equivocado.
Cosa que explica tantas miserias: a veces sufre accesos de ira contra sí mismo.
A mí me ocurre.
El demiurgo es creador y responsable, un dios es solo un idiota con suerte.
Hay filósofos que llegan a la conclusión de que el demiurgo es el pensamiento humano y otros que es la maldad; pero lo cierto es que no hay maldad en el pensamiento humano, solo una falta de eficiencia intelectual.
Semánticamente dios y demiurgo es lo mismo: creadores.
La semántica me la paso por el culo, hay palabras que llevan encerradas sutiles y subliminales imágenes en su redacción y dicción. Lo culto es tentacular, no se conforma con la versión para dummys.
Me gusta creer en el demiurgo. Y en los centauros si ella los nombrara.
Agradecer al demiurgo el reencuentro…
Como si el demiurgo no tuviera cosas mejores que hacer.
Ella es el demiurgo y si es maldad, beberé maldad entre sus piernas, la sorberé de sus pechos y de sus labios.
Y la he imaginado desnuda, hermosa. Potente ordenando las cosas del universo, poniéndome frente a ella, donde debo, donde quiero estar.
Solo sé que es más inteligente que yo, y es privilegio para un ser de mis características, de mi cultivada brutalidad.
En cualquier caso, sea cuestión de azar o de la voluntad de una entidad divina y oscura, en este reencuentro yo gano y ella no tiene fortuna como yo.
Yo gano su amor, su pensamiento («no dejes de pensarme» me dice y yo siento que me hago jugo de vanidad), su belleza y su piel.
Ella solo gana algo como yo.
Pobre demiurgo cegato.
Necesita lentes.
Urgentemente.
Haré lo posible para que me adore desbocadamente, para que se sienta absolutamente amada, tanto que sentirá que soy lo mejor que ha creado. No tengo escrúpulos, creo en la mentira porque la verdad es mediocridad, desencanto y tedio; es absolutamente innecesaria mentarla. Las verdades existen para ser ignoradas, para estrellarme contra un muro pensando que no puedo morir. Es mi capricho y la verdad no tiene poder de convicción.
Quien sepa de la vida no necesita averiguar verdades, solo usarlas o desecharlas a su conveniencia. Los hay que nacemos enseñados y los hay inseguros que necesitan cantar sus verdades continua e hipócritamente, o buscarlas husmeando y envidiando vidas y espacios ajenos.
Las verdades son para los niños, los hombres solo buscamos el demiurgo y su cegata voluntad para lamer sus ingles deslizándose sin pausa hacia el eje de simetría de sus muslos.
Ordenando el universo a lengüetazos lentos y arrastrados.
Dejando mi vida en sus manos, que le dé sentido, que me haga útil.

ic666 firma
Iconoclasta

Perdóname

Publicado: 23 octubre, 2015 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Perdóname

No llores, mi amor.

No cuando no puedo darte el calor de mi piel.

¿Te das cuenta de lo hermosa que te hace tu tragedia? ¿Te das cuenta de mi angustia por las lágrimas que se bebe la tierra sin que corran por mi pecho?

No llores si no puedo envolverte, ten piedad…

No muestres tu tristeza a este mundo de mierda.

¡Qué valiente eres!

Confieso que tu llanto es mi paz. Me construye como tu hombre, porque no existe nada tan íntimo que asistir a tu tristeza en la madrugada.

Todo irá bien, cielo.

Perdóname por verte tan hermosa, tan mujer cuando la tristeza te abruma.

Perdóname por amar tus lágrimas.

Amarte me hace egoísta y tu llanto pone a prueba mi decencia.

Temo amarte más, porque descubrirá lo más bajo de mí, lo que yo mismo me niego.

Llora en mí, hazme saber que soy tu consuelo, tu fortaleza.

Llora…

Perdóname, amor.
f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

Psicoamantes

Publicado: 15 octubre, 2015 en Amor cabrón
Etiquetas:, ,

Psicoamantes def

Psicópatas del amor que se dan a tumba abierta sabiendo que va a doler el aterrizaje en la realidad. Psicópatas malditos que se matan con duros golpes de melancolía a sí mismos, imaginando serenos cafés compartidos en albas y ocasos, soñando conversaciones íntimas en lugares donde solo existen ellos.

Imprudentes afirman ser; es cierto, lo son con el mundo y consigo mismos. Escriben lo que aman para que el amor y el deseo se hagan táctiles pagando con sangre y lágrimas. Están malditos con su habilidad para cifrar en el papel eróticas cábalas y enigmas que se esconden en el pecho y entre las piernas.
Los sentimientos más profundos… Desesperanzadores…

Se despeñan en sus intimidades y la cuerda se deshilacha en el borde de la razón.
«Voy a morir un poco, aún tengo vida para ello» y escriben lo que aman dejando que la pluma se alimente de sus venas.
Y por una cuestión de estadísticas, de improbabilidades y escasez, lo que se ama es extraño, es exótico y está en otra galaxia, está en otro lugar, está en otras manos.

Psicópatas porque la realidad les golpea con un dolor que es suicidio, con una cadencia de muerte lenta. Con las voluntades últimas gemidas en un cadalso que nadie ve y que a sus cuellos se ciñe con una risa maliciosa.
Sostienen su vida con las ingles encendidas, con el corazón arrítmico, con un sexo que no acaba de dar consuelo con su explosivo orgasmo psicótico; un derrame de semen, unas braguitas manchadas, dientes que muerden los propios labios y unos pechos dolorosamente erectos.
Apenas pueden llevar su psicosis en secreto, es agotadora la locura consciente.
La insania cultivada, los dedos crispados y el pensamiento vectorial directamente acelerado a un único ser. Es una pesada carga.
Que se jodan, por locos.

Cabrones, cabrones… Cómo sufrís…
Deberían morir, algo los debería matar como única esperanza mitológica de resolución a un amor que a veces colapsa los pulmones y cuesta dios y ayuda aspirar el bendito aire.
Se crean y recrean sus propios e íntimos tótems para hacer altares que nadie pueda descifrar, para que los dolores se queden en un dije apresados.
Relicarios de amor y amantes templarios en tiempos electrónicos.
Estáis locos, hijos de puta, sois un alarde de auto-tortura en un mierdamundo, en una mierdarealidad.
Escribas que se apresuran a realizar papiros que les sobrevivan de conversaciones secretas y sueños.
Estáis fuera de tiempo, locos hijos de puta.

Me enciende el coraje ese denuedo vuestro por preservar el calvario de amar.

Dan vueltas al café y no diluyen el azúcar, se están diluyendo a sí mismos en otras dimensiones. Un día, durante esos tristes y solitarios cafés de tinta y papel, se esfumarán en el aire, saldrán de la mediocre dimensión y sus moléculas se reintegrarán en la dimensión que ellos buscan y se buscan.
Psicópatas, psicoamantes… Sois unos hijoputas, porque hacéis del mundo un muladar con esa exclusividad íntima. Tan secreta, tan doliente…
Con esa constancia por odiar todo lo que os rodea que no sea vuestro amante.

Lo que temo, es que un día, podáis matarnos a todos con la fuerza de ese amor psicótico, provocando masacres sísmicas que alteren la forma de la tierra, de las galaxias y del finito universo.

Tal vez un día tomen café en una mesa llena de papeles escritos, viejos y apenas legibles, en un lugar donde camareros inmóviles dejan escapar escarabajos por sus bocas congeladas y sostienen una bandeja en sus manos embalsamadas desde eones.
Sois terroríficos, psicoamantes.
Me dais miedo…
Y un poco de pena.

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

Un estigma de amor

Publicado: 11 octubre, 2015 en Amor cabrón
Etiquetas:

Un estigma de amor def

No sé como ha ocurrido, escribía de ti y he visto el corte en la piel y he chupado la sangre.

Escribía las ganas que tengo de confesarte al oído lo que te amo, que el tiempo es un tren arrollador y mi pie se ha quedado aprisionado en el raíl por donde circulas con total y absoluta belleza a mil millones de latidos por hora.

Y se ha abierto la piel…

La pluma no corta y no usaba instrumentos cortantes.

Solo puedo concluir que amarte abre mis carnes, literalmente.

Te llamaré para contarte esta confidencia y me sonrías, quiero sangrar si es necesario para oír como ríes, mi bella.

Me desangraría feliz oyéndote sonreír.

Los estigmas del amor son inescrutables e incontrolables.

Dime otra vez que me quieres, que sonríes todo el día cuando me oyes, hazme hombre.

Hazme sangrar, no te preocupe eso, tengo abundancia de sangre, mi amor.

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta