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Dos años que han pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Dos años de un dulce morir.

El tiempo es así de hijo de puta: si estás dos veces bien, pasa cuatro veces más rápido; pero si vive en una pesadilla en lo que todo es gris, los segundos se convierten en minutos y las horas en días.

No sé que pensar, puede ser que mi esposa sea extraterrestre y tenga un arma especial para regular la velocidad del tiempo y yo sea su sujeto de experimentación. Me somete a su tiempo.

Ella rige con su belleza y voluptuosidad el ritmo de mi vida.

Hace girar las manecillas de mi reloj a velocidad de escape de la atmósfera, en una aceleración que acorta el tiempo, que me lanza veloz hacia mi tumba con una velocidad sin freno.

Mi semen en el espacio es una ráfaga láctea que se mueve a la velocidad de los cometas. Mis cojones me duelen cuando eyaculo así, y quiero que duelan. Necesito el dolor del amor.

Y no me importa envejecer más rápidamente, es algo, un precio que pago gustoso.

¿Pero qué haré cuando al morir, en el último hálito de mi vida, sea consciente que mi tiempo a su lado se ha acabado?

¿Es posible que Yahveh insufle, como a Adán, en mi nariz la vida para que pueda seguir con ella? Jodiéndola y cagándome en él, el creador; con el placentero dolor que hace que mis cojones parezcan comprimirse sobre si mismos al derramar mi leche sacra en su coño insondable.

Dios no existe, solo ella. Son elucubraciones de mi mente enferma, como la de todos los creyentes que tienen miedo a morir.

Yo tengo miedo a dejar de follarla. Soy más valiente.

Tengo mucho miedo de que esa fracción de segundo, ese paso impreciso entre el último latido y la muerte íntegra, se convierta en otra vida, en una mierda de vida.

Los segundos, cuando mi amor está ausente, pasan obsesivamente lentos.

Tengo miedo del momento en que será definitivo. ¿Seré un no-muerto durante siglos? Porque el corazón tardará en detenerse mil putos años sin ella.

No quiero morir lentamente, no he de tener tiempo a pensar que con la muerte, dejaré de estar con ella para siempre.

No me queda más que pedirle a cosas en las que no creo, que tengan piedad de mí y en el momento de palmarla, mi cerebro estalle y sea incapaz de razonar. Que no sepa que voy a estar sin ella.

¡Dos años…! ¡Qué rápidos!

Me han parecido tres meses, es vertiginoso amarla.

Aferrarse a ella no es solución, todo lo contrario. Acelera el proceso de mi partida, de mi deterioro, de mi decadencia, de mi vejez. Ergo muero más rápido.

Es una paradoja que me enloquece.

Un problema preocupante; por decir poco, por decir lo mínimo.

No tengo opción: soy un suicida y se la meto aunque pierda un año de vida. Me derramo en su coño al precio de una vejez prematura.

Abrazo y me follo a mi muerteamor desgarrando sus labios (los de arriba y los de abajo) con la rabia de mi deseo.

Y ahora he de seguir muriendo rápidamente, ella está conmigo y el futuro está aquí, mirándome con un saco de muerte en su espalda. Con una soledad cósmica, si no muero lo suficientemente rápido.

No necesito artes adivinatorias para saber mi futuro, necesito un tiro certero en el paladar.

Que alguien, llegado el momento, destroce con un martillo o con un disparo a bocajarro mi cerebro cuando mi semen rezume por su coño, porque ese será el único momento en el que no pensaré que me quedaré sin ella al morir. No pienso que me voy a morir cuando de su vagina mana mi leche.

No quiero un purgatorio de una eterna fracción de segundo alojado en el último latido de mi corazón.

No quiero pensar, solo quiero amarla a costa del tiempo, de mi vida.

Para Aragón, mis segundos más veloces, mi tiempo sin freno.

Iconoclasta

La confusión es un arrebato. Es el preámbulo de algún fin.

Una cortina de humo que crean algunos para no enfrentarse a la verdad.

No hay detalles anodinos, no hay azar. Follar no es una cuestión aleatoria, es una decisión. Cuando el amante folla con un extraño, no es accidente, no es un tropiezo.

Crean su propia indecisión como una esperanza: “No es así, son casualidades; no puede ser… Debo estar deprimido. Me ama y amo”.

Es un velo que apenas puede ocultar un fin doloroso.

Los amores siempre duelen al romperse; aunque ya no se les pueda llamar amor.

Duele el tiempo que se ha dedicado a amar, todo ese esfuerzo… Los sueños compartidos que apenas han conseguido materializarse.

Bastan cinco segundos (¿o son minutos? el tiempo es extraño, demasiado largo) para adquirir la certeza de que la confusión es solo la agonía del amor.

Para algunos basta entonces una milésima de segundo para entender certeramente cada gesto, cada palabra que queda retenida entre los labios. Y todo es tan claro que la verdad se convierte en descanso. El fin de la agonía.

Entierran todo ese confuso amor en algún rincón de la cabeza para evitar la vergüenza del fracaso y el tiempo perdido. Si hay valentía, porque no es habitual abandonar lo que un día se amó antes de que el pensamiento se haya convertido en una masa ingente de porquería. Pero para esto hay que nacer.

Los confusos llegan a morir sin querer ver la realidad.

El cuerpo les responde con sueño (¿depresión lo llaman?) porque es la forma de anestesiar la frustración. El sueño nos esconde de la desoladora certeza, confunde la realidad: el engaño, el error, el hastío. Es mejor soñar para el cobarde; porque es huida, un escape, una droga que da paz. Se puede afirmar sin temor a equivocarse, que cuando el amante siente tremendos deseos de dormir, es porque está perdido en su cobardía, en su pretendida “confusión”.

A la larga el sueño cura; pero es vida malgastada. Es mejor puro caballo en vena, por lo menos la vida acaba dulcemente dejando una piel marchita y tóxica. Es más digno que una piel triste y sin tono.

Tras la confusión, si el cobarde sobrevive, llega la verdad y con ella el insomnio.

Es mejor cargarse de café y tabaco y pasar toda la gama de vergüenzas y desengaños lo antes posible. Cosa que el confuso no hará jamás. Llorará y rezará porque no sea verdad lo que está ocurriendo a su alrededor y dentro de él.

La verdad nunca debe pronunciarse porque es increíble, nadie desea aceptarla aunque la haya exigido.

Decir la verdad, pronunciarla en voz alta es un desgaste que no conduce a nada, porque el mal está hecho.

Sin embargo, es inevitable herir y herirse.

Insisten en sentirse confusos, en el auto engaño.

“Son cosas por las que hay que pasar si se decide vivir con pasión”. Y una mierda, es un pensamiento de consuelo idiota.

Deberían estar anatemizadas las fotos felices. O se deberían hacer fotos en los momentos más tristes para no engañarse cuando el tiempo pasa. Mantener vivas la vergüenza y la derrota.

Tendemos a idealizar los recuerdos y no es bueno. Hay que enterrar las ilusiones erróneas con paletadas de verdad.

Si amar es difícil, desamar es un canto a la desesperación.

Y la experiencia solo ayuda cuando insensibiliza.

La muerte es una buena opción cuando la confusión dura más tiempo del recomendable. El suicidio o el asesinato son un fin justo para los confusos: los cobardes.

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Las estrellas parpadean, desaparecen y en su lugar brilla otra con nueva intensidad y tonalidad. Tal vez sean las nubes que se desplazan. Jirones de nubes y gases venenosos en el espacio.

El cielo es caótico a sus ojos.

Se lleva la mano al cuello porque le duele. Mirar el firmamento nocturno aporta analgesia. Le calma a pesar de todo.

No sabe de estrellas, para él se agrupan de forma caótica. Tras un rato de observar la aglutinación de astros, llega a la conclusión de que el universo y él tienen algo en común: la confusión.

Son confusas las estrellas como confuso lo es su pensamiento. Cada estrella es un átomo, un detalle. Y cada una de sus emociones y recuerdos también son átomos de esperanza, amor, fracaso y dolor. Millonésimas partes de un todo que no se deja visualizar completamente.

Quisiera cerrar los ojos y dormir, descansar de tanta confusión. Tanta incertidumbre. Tiene sueño y el cuello palpita con un dolor sordo.

Podría mirar hacia adentro y observar todo el conjunto en lugar de tomar detalles sueltos; pero prefiere seguir confundido, no quiere certezas. Mientras hay confusión hay esperanza.

Mientras hay sangre el corazón bombea y mientras hay oxígeno, los astronautas respiran en su nave rumbo a ninguna parte, a cualquier punto de ese piojoso y caótico universo.

Él no se mueve, no avanza está confuso y atado a ese caos de su mente.

Dicen que hay que ver las estrellas a una buena distancia. Hay galaxias de una belleza inhumana que si se observan demasiado lejos no son más que un cúmulo de puntos. Si se ve demasiado cerca, ves piedras; pero a la distancia adecuada, puede ser un Ojo de Dios o la cabeza de Pegaso.

Él no es el cielo y tiene el cuello dolorido. El firmamento no siente dolor, no está enfermo ni sangra. Solo es colosal y tal vez su propia medida lo haga sentirse comprimido, demasiado lleno. Demasiadas estrellas…

Es natural, ser poderoso no es todo ventajas y felicidad.

A él le bastaría mirarse en un simple espejo y podría observar lo que fue, lo que es y lo que será. Si tuviera valor de hacerlo.

El cielo es confuso por su naturaleza infinita. Y no es que sea confusión, es simplemente que ni el mismo universo puede abarcarse a si mismo.

Él está confuso por miedo, como muchos de los que están enamorados de alguien que ya no les corresponde.

El cielo y él no se parecen en nada. No se puede aplicar cobardía al firmamento y él es cobarde de un modo patológico. Ni siquiera es complicado, es un hombre vulgar con sus dos brazos, dos piernas y una cabeza.

Un detalle fuera de lugar no es confusión. Una sonrisa que nada tiene que ver con él, un llanto fuera de lugar, largos silencios, penas inexplicables. El olor de una colonia extraña en su piel. Eso no es confusión, son certezas.

Apesta ese amor, no debería haber dudas.

Es hora de abandonar el barco, es hora de afrontar lo inevitable.

Le falta valor para reconocer que el amor es un polluelo que se muere de frío y hambre abandonado por dos en un nido de espinas.

Ella es valiente y no permite que haya confusión; está cansada de su esperanza sin sentido. Le cuenta la verdad cientos de veces: ya no lo quiere, hace tiempo que no lo soporta.

Él responde que se puede arreglar, que no todo está perdido. Insiste en sentirse confuso: si folló con otro, es porque algo no hizo bien. El cobarde asume culpas para no quedarse solo, no tiene dignidad. No quiere reconocer que ya no es amado.

Busca razones y formas de arreglar el desgarro; pero ahora mira cobarde al cielo nocturno buscando un compañero de frustración y soledad.

Sangra y está confundido…

Ni tan siquiera el profundo corte del cuello, le arranca de su cobardía.

La cortina de humo que es la pretendida confusión no se deshace en jirones como el humo. Hay que cortarla y ella es más valiente que él. No solo dejó de quererlo, ahora siente aburrimiento de estar cerca de su cuerpo, sin rozarlo.

No puede soportar más esa vacilación cobarde, y tras haberle dado un gran tajo en el lado izquierdo del cuello, ha tirado el cuchillo al suelo. Cierra la puerta del salón porque no quiere escucharlo más. Él camina tambaleándose por el jardín para desangrarse de su confusión en la hamaca mirando al cielo.

Y envía un mensaje a quien ama de verdad: te extraño, te necesito ya. Espera unos segundos casi con impaciencia, acunando el teléfono en sus manos como si fuera un amuleto de amor. Su hombre, el que ama, le responde que la espera. Que se encontrarán en unos minutos.

La confusión y el cobarde morirán en el jardín, no le importa el cadáver, no importa si un día lo amó. Solo mantiene el teléfono en sus manos esperando que su amor le envíe un mensaje.

Ha sido clara y directa y cuando las palabras no bastan, hay que matar.

Él siente frío por la ausencia de sangre y porque a la hora de morir la verdad se extiende como una sábana al sol de un fulguroso blanco. Un blanco frío como el hielo.

Ella sale de casa sin un solo asomo de dudas para encontrarse con quien ama. El pasaporte y la maleta son sólidos en sus manos: certezas, verdades y realidades. No hay confusión.

Solo queda un cobarde amortajado por la verdad en el jardín.

Iconoclasta

Un salto al vacío

Publicado: 18 septiembre, 2012 en Reflexiones
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¿Qué te parece un salto al vacío sin soltar tu mano, sin dejar de morder tus labios? No sabemos dónde acabaremos; pero si fuera un mal lugar no importaría.

Tampoco importaría que fuera un paraíso.

Importa que tu calor se transmita por cada una de las terminaciones nerviosas de mi cuerpo.

Contigo no importa el lugar, mi reina.

Solo importa el tiempo que ya me corre deprisa. Y cada día hace mi piel más negra, más escamada. Me hace más tullido.

No importa el esfuerzo, ni el hambre o la sed.

Importa solo el ahora contigo.

Coge mi mano y saltemos, mi amor. Es hora de conquistar otros mundos, otros tiempos presentes. Porque para los futuros no estoy seguro de tener tiempo.

Hay cocaína con vidrio molido en un estante de la cocina para que nuestro salto sea sangriento: héroes que vuelan dejando una hemoglobínica estela en un cielo azul de mierda.

Podemos extender nuestros brazos de venas marchitas…

Clávame la jeringuilla con la esperanzadora heroína en la vena gorda que desaparece al llegar al glande.

Yo la clavaré en la arteria que surca tu pecho en una curva sinuosa que parece desaparecer bajo tu pezón.

Es urgente que saltemos en el ahora . Tú y yo, y los recuerdos deshechos.

Esperar es morir.

Es hora de conquistar otros mundos, otros ahora.

Pegaso correrá por nuestras venas creando universos fractales, caleidoscopios de tus pechos goteando mi baba.

No habrá dolor, ni soledad, ni muerte.

Solo descubrimiento. Y estaremos aferrados de las manos. No puede ocurrir nada malo.

Una gota de sangre que cae de tu nariz a mi pubis y se enreda entre el vello. Llévate mi polla a la boca. Salta, mi amor…

Este ahora lo conocemos, ya está todo descubierto. Es un marco demasiado vulgar para nosotros.

Un decorado raído.

Lo difícil pasó. El mundo se ha hecho pequeño.

Tú haces lo que me rodea minúsculo y las catedrales tornas en horizontales casas de muñecas. En tumbas sin nombre…

Tu ausencia era lo que hacía infranqueables las distancias.

Hay una pipa con cristales azules para prender y que devaste los pulmones entre sueños craquelados. No importa el color. Importa tu calor, tu presencia.

No dudes un segundo, no sueltes mi mano cuando salte al vacío y sígueme. No caeremos, estaremos, continuaremos. Seguiremos siendo.

Y por muy asolado que esté el paraje, crearemos vida que manará de tu sexo derramando mi semen.

Y ahora, soberana de mi vida, es hora de caer arriba o abajo, a izquierda o derecha.

La muerte y el dolor quedaron atrás en nuestras soledades.

Un émbolo nos lanzará al vacío, una sangre correrá venenosa y narcótica creando mundos que no es posible conocer sin el Gran Salto.

Solo es un paso y comenzaremos la vasta tarea de colonización y polinización de nuevos mundos.

Nuestra biblia es mi pene tatuado con un código de barras que dice “eres mi puta”. Tu clítoris dilatado por mi boca infame, insaciable… Tu coño ungido y pleno de mí… Somos pornógrafos evangelizadores. Apóstatas de la sociedad que nos pudre de monotonía y tradición.

Somos invencibles, lo hemos demostrado.

Solo queda romperse juntos y así unirnos más, fundirnos, mezclarnos. Ser caos entre piel, saliva y semen.

Una raya blanca directa al cerebro, como un rayo de esperma en tu monte de Venus…

Y tampoco sería doloroso. Vencimos el tormento de kilómetros de mar y tierra. Y no nos mató, nos hicimos dioses.

Vencimos.

Es hora de saltar, cielo.

Con todo el valor, con toda la pasión.

Con todo el veneno necesario para destruir toda esta puta y jodida realidad que nos han metido como una cochina puñalada.

Esnifa en mi polla la raya que nos lanzará al universo y yo clavaré en mis ojos toda la heroína necesaria para deshacer todo lo que nos rodea.

Salta al vacío conmigo, aquí no hay nada para nosotros.

Iconoclasta

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Esperan un abrazo, un beso, un ánimo; pero es difícil encontrar el instante porque no abunda, aún así les gusta la vida: son los optimistas.

Hay múltiples variables para que todo salga mal. Y esperan, ansían, desean de forma incansable.

No hay mucho que decir de ellos, su vida está bien. Es lo habitual.

“Dios proveerá” acabarán diciendo si algo les falta.

Dios me tiene metida su sagrada polla en el culo.

Hay errores que son inevitables. Sorpresas que no era posible prever.

Morir es más fuerte que amar, dicen los pesimistas.

Afirmo.

Y joder es el único placer que experimentan, cuando el semen ha corrido o la vagina se ha derramado, no queda ningún mal recuerdo porque siempre suele acabar igual: con unos gemidos de placer y la respiración agitada.

El semen se enfría tan rápido… Tantos niños muertos se secan en las sábanas…

Follar es suficiente; es bueno. Mejor que vivir.

Mejor que un puto partido de fútbol.

Porque cuando las sorpresas y los errores tienen más masa que la presión atmosférica en nuestros hombros, se dan cuenta los consternados que la montaña de fallos es enorme, insalvable. Los pesimistas cuentan con muchos años a sus espaldas y saben lo que dicen.

Y así, de una forma natural, coloquial y afable se preguntan: ¿cuándo coño voy a morir?

Follar no arregla nada, solo retrasa lo inevitable.

No es que tengan prisa por morir, simplemente están desesperados y la vida no es para tanto, no vale la pena respirar tanta amargura; hace los años eternos.

La muerte es un coño húmedo y abierto, listo para penetrar, para hundirse en él.

Cuando no hay sexo, hay masturbación. Los dedos se encargan de lo que el cerebro no puede dar o suministrar: algo de placer.

Es mentira lo que dicen vuestros padres y abuelos, hacerse pajas no estropea la vista. La hace más clara y ágil.

También tienen sus recursos los pesimistas y un buen cómic para esperar a que alguna enfermedad llegue.

Morir es la salida de emergencia. Es alarmante en un principio, cuando se dan cuenta que están pensando en la muerte como solución; pero cuando esa idea ha germinado, ya se han hecho todo lo valientes que se puede ser y es imposible detenerse ante el arrebato de muerte. Y desean en silencio que algo falle en su organismo: un tumor, pulmones podridos, un corazón con una brecha…

Se callan los dolores, y deciden no ir al médico. Dicen estar bien con un esputo de sangre entre los labios. Nadie quiere seguir viviendo con ese cúmulo de errores demasiado tiempo (los optimistas sí, porque piensan que los errores tienen solución se pueden subsanar, no piensan en la vergüenza). “La vida es una mierda y luego te mueres”, es correcto, está bien expresado; pero el detalle que no revela el dicho, es que te mueres cuando has sufrido lo indecible. Te mueres cuando estás cansado de todo.

Es mejor morir feliz.

Morir de un ictus lamiendo un coño, por ejemplo, es una idea romántica; podría ser incluso optimista. No se ha de perder la esperanza de mierda.

Hay tómbolas que rifan un peluche y los idiotas se matan por conseguir un Snoopy mal hecho. Las esperanzas suelen ser banales.

Se murmuran jaculatorias al cáncer y a la infección, al coágulo que hay tras un dolor de cabeza, riñones muertos, cirrosis…

Morir es más fuerte que amar.

Es más fuerte que mi polla dura.

Cualquier tumor, cualquier hígado podrido, da menos miedo que la presión de la vida para los pesimistas. Ellos entienden de eso y saben que tras una cucharada de mierda, llega otra y otra y otra y otra…

El pene corrupto de un leproso que no sirve más que para mear, no espera nada más que se le desprenda del cuerpo.

A veces ocurren cosas buenas; pero cuando se desea la muerte, tiene más fuerza que el amor. Y por una simple cuestión de convicción y sabiduría, desean la muerte aunque estén follando. Están locos los pesimistas.

Con amor todo se supera: error.

Con el amor se comparten las miserias; pero la felicidad se va tiñendo de negro y la muerte es el verdadero amante que se busca.

Y cuando el corazón se desboca por amor, yo pesimista, pido que al mismo tiempo se infarte. Que se parta por la mitad y morir con la polla tiesa.

Se desea con más fuerza morir que amar.

Morir es insuperable, es sublime; porque te libera del tormento de amar y frustrar. Una vez el amante se ha desengañado, el amor ya no tiene fuerza alguna para mantener con vida al amante que ha defraudado.

Estas cosas pasan continuamente; pero pocos tienen la suerte de morir en el momento adecuado.

La muerte libera, más años de vida solo consiguen empeorarlo todo. Y al final la vamos a palmar; vale la pena ahorrarse unos disgustos.

El pesimista no puede permitirse el lujo de suicidarse porque es traición a los que te aman. El pesimista espera la muerte, se dice que con su mala suerte, un tumor en sus cojones hará metástasis para luego subir al cerebro. Algo así, porque si algo sabe el pesimista, es que no va a tener una vida feliz.

Lo único feliz será el final: la muerte, el descanso, el reposo del guerrero.

Morir está bien, suicidarse daña a otros. Y el pesimista ama, suele tener la desgracia de amar; es su mala suerte.

Los suicidados suelen ser cadáveres maltratados o que huelen mal. Morir entre vómitos de enfermedad tampoco es como para tirar cohetes; pero siempre dirán los optimistas: luchó como un león por la vida.

Y una mierda.

Morir es más fuerte que amar (oración agnóstica, atea y anti-vida para tipos con demasiados años, con demasiados errores que recordar).

No hay nada que relaje tanto como imaginarse muerto.

También relajan los balnearios y los baños de barro húmedo; pero no estoy de humor para ensalzar sus cualidades psico-terapeúticas.

No se puede entender el deseo o la indiferencia a la muerte hasta que la vida te ha apretado demasiado las tuercas. Y cuando eso ocurre, el organismo tiende a infectarse, pudrirse, mutar, hablamos solos…

Ser pesimista no es alegre; pero da una valentía cuasi suicida, cosa que es ética en estos tiempos.

Cuando un pesimista folla, se pregunta que otra porquería le espera tras el orgasmo. Y evocar la muerte se convierte en la sonrisa tranquila. Hay más esperanzas de morir que de vivir más tiempo. A veces los pesimistas tienen suerte, aunque no se lo crean.

Puede que a un pesimista le toque la lotería y aún así deseará morir rodeado de toda clase de comodidades. Los pesimistas no se venden por nada, cuando la vida te ha enseñado sus sucias tetas, ya no hay dinero para comprar la suficiente esperanza.

La única mamada que te apetece es la que la muerte realiza arrancándote el aire de los pulmones.

Y mientras esperamos la solución y el descanso, es bueno no dejar de fumar, no bajar jamás la guardia. Hay que inyectar todo lo malo que se pueda en el organismo para que llegue pronto la muerte.

Antes de sufrir más, si es posible.

La muerte es más fuerte que el amor.

Más fuerte que la vida misma.

Es hora de morir, no más retrasos, plis.

Iconoclasta

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El amor no se busca

Publicado: 21 abril, 2012 en Amor cabrón
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No hay forma alguna de encontrar el amor. No se debe buscar, es un animal astuto que huye cuando se da cuenta de que es perseguido.

Es una bestia tímida con un poder desmesurado que no controla. Es oro envuelto en brea. Una cosa oculta que explota radiando y arrasando los corazones sin ninguna piedad.

El amor es azar de desesperados. Aleatoriamente agresivo.

Solo hay que sentarse en un banco en el páramo y ser solitario. Aparentar estar bien, no necesitar nada; será entonces cuando el amor llegará huyendo de una jauría de cazadores porcinos que lo persiguen con cuchillos y ratas con collares de diamantes. Marranos envidiosos que destruyen todo aquello que no tienen y ambicionan. Son religiosos y usureros, son millonarios y son políticos.

El amor no se busca, te encuentra, te invade, te enferma.

El amor se metió en mis huesos huyendo de esos podridos cerebros llenos de leyes, tradiciones y oraciones. Fue como un fuerte dolor de cabeza y un vacío que me contraía el estómago provocando una arcada.

Estaba perdido. Los cerdos nos perseguirían para apresarnos, arrancarnos el corazón y robarnos el amor. Así que intentaba ser ciego a su belleza, a su voz de una cadencia desesperante de deseo y sensualidad. Y callé. Me negué a reconocer que la amaba y encerré todas las ilusiones en el desván herrumbroso de mi mente. Amar es peligroso y te esclaviza; pero fui cobarde de vivir y morir sin ella y el amor me infectó completamente.

Por otra parte duró poco mi resistencia a sus anticuerpos y además de dejarme enfermar decidí amarla con voluntad suicida. Y estuvo bien.

No puedo decir que fue lo mejor que ocurrió en mi vida, porque ellos, los envidiosos y frustrados nos acosan a los que tenemos contacto con lo sublime. He de ser discreto y secreto.

¡Shhh…! No corráis la voz.

La repito cada día hasta casi convencerme, la dedico a los marranos que rigen con sus leyes y oraciones los países y los colegios:

ORACIÓN FALSA PARA ENGAÑAR A LOS FARISEOS.

No la amo, no estoy enamorado.

Solo deseo que me haga una buena mamada sin pagar.

Correrme en sus tetas.

Escupir en su coño y sorber lo que se desliza de su vulva.

Quiero que se folle a otro mientras me masturbo. La quiero para joder sus agujeros, para anular su pensamiento y despreciar su mirada. Ella es solo un recipiente de mi esperma. Un desahogo a mi instinto sexual. A mi erección dura y mojada.

Le tiro dos billetes de veinte pesos a la cara cuando me levanto de la cama, para que sepa lo que vale para mí.

Y cuando siento que el asco y el vómito me doblan ante esta brutal y blasfema plegaria contra mi diosa; en un cuarto a oscuras o asfixiándome en un pantano de arenas movedizas musito con un dolor inmenso en mi corazón:

ORACIÓN DE CONTRICCIÓN ENTRE MI AMADA Y YO.

Te quiero más que a mi puta vida.

Follarte no es mi placer, mi placer solo se alimenta de tus gemidos. Mi semen se derrama solo ante tu violenta contracción del orgasmo. Si escupo mi blanca alma, es por ti.

Podría pasar mi vida sin eyacular una sola vez si no estás tú.

No puedo vivir sin ti.

Mi polla es un monumento erigido a ti.

Mi leche solo adquiere importancia sobre tu piel; en lo profundo de tu coño.

Mi pensamiento es absolutamente tuyo.

Hay cosas peores…

Hay quien no conoce el amor, aunque no estoy seguro de que pueda ser peor. Mi dependencia de ti me roba el libre albedrío, no puedo elegir.

El amor es una soga de seda que estrangula el ánimo, y quiero morir asfixiado entre tus brazos.

Y así, engañando con esta oración al mundo, afirmando que el amor es pura prostitución, voy amando indecente y clandestinamente sin que los envidiosos me jodan demasiado. Y sobre todo, que no la jodan a ella. Su coño es mío y es mío su pensamiento y es mi esclava y yo soy un mierda que enloquece cuando no está.

Es importante no alardear de estar enamorado, es importante saber que vivimos en un mundo hostil a nuestro bienestar y que cuando mejor estamos, más fuertes son los ataques de los cochinos de dos patas.

SALMO DEL ABANDONADO (conjuro-escudo contra los envidiosos):

No amo ni a dios, no quiero la compañía de nadie. Deseo morirme.

Soy infeliz y pobre, no follo ni se me pone dura.

Vivo odiando, temiendo y recelando.

Hijos de puta, no os fijéis en mí, no tengo nada que envidiéis, salvo mi valor. Y esto último es algo que no os interesa demasiado.

Porque no tenéis la más mínima clase. Os conozco, os identifico y sé exactamente que haréis a cada momento, sois económicamente potentes, influyentes; pero vuestro cerebro es de la calidad de mis excrementos. Sois previsibles como el movimiento de un peluche barato. Vuestros hijos no tienen más valor que un condón usado que se engancha a la suela del zapato.

SALMO DE ABSOLUTA RENDICIÓN AL MORIR EL DÍA (cuando la noche profunda ha cerrado los ojos de todos esos que deseo ver muertos):

Te he amado a cada segundo, y aunque duermo a tu lado cada día, no basta.

Entendería la vida completa y feliz si fuéramos fusión, si viviera y pensara dentro de ti, en ti, contigo.

Amarte es la indecencia de abusar de cada abertura de tu cuerpo, de llenarte toda con todos mis recursos.

Si ellos murieran, si el amor no fuera perseguido y castigado, el día sería nuestra noche eterna. Te amo a cada momento, tan secretamente por el día, como obscenamente intenso por la noche cuando la luz no delata el amor.

Iconoclasta

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Mi alma egoísta

Publicado: 4 abril, 2012 en Amor cabrón
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Hay algo que no funciona correctamente, mi tiempo se acaba; como siempreen la puta vida lo bueno es breve.

Le voy a pedir que acepte el compromiso de morir conmigo.

La necesito hasta en la muerte.

Aún así, el tiempo pasa rápido, debo hacer algo al respecto; algún trato con el diablo si existiera; mi alma que se pudra en el infierno, no importa. Lo que quiero es más tiempo para follarla y otras cosas, le podría arrancar al puerco Satanás unos años más con mi alma. Eso espero; porque mi alma es fuerte, es dura como el acero; demasiado para esos seres celestiales de algodón de mierda blanca. Y quiero la lujuria de su cuerpo, el calor de sus labios y sus palabras en mis oídos antes que la paz eterna.

Que se metan la paz en el culo.

No es una cuestión de cobardía no querer morir. Es egoísmo puro. Lo fácil es estar con mi amada; lo difícil es dejar este mundo solo.

Vivir con ella no es un sacramento, no es norma. No tengo elección: no puedo vivir sin mi amor.

Así que hablemos de la muerte.

Le llevo años de ventaja, es algo que me obsesiona. Me molesta que la muerte me deje sin ella.

Soy muy valiente, muy despegado de la vida y cínico. Pero me voy antes y no me gusta. Necesito toda la eternidad a su lado. ¿Cuánto me das por mi alma egoísta, Satanás?

Tampoco puedo proponerle que se venga conmigo. Debería asesinarla y luego suicidarme; pero no tengocojones más que a acariciarla y perderme en la indecente suavidad de sus pechos, de su vagina anegada que unta mis dedos de ella misma.

La amo demasiado para hacerle daño. ¿Qué coño pasa…? ¿Por qué es todo tan complejo?

No veo solución.

No sé si el diablo tenga a bien darme un par de años más y durante los cuales, tal vez en un accidente muramos los dos juntos.

Amarte me hace egoísta y peligroso.

Es una reacción normal dado mi carácter. Te quiero exclusivamente a todas horas. Exijo todo el tiempo del mundo.

Te ofrezco mi culo Satanás y yo beso el tuyo por ella.

No me gusta perder.

No entiendo el amor si no estoy a su lado, no me es posible ser feliz amando porque la vida sin ella se acaba. Es un problema difícil de resolver. Cuando se ama nunca hay suficiente tiempo.

Ella hace lo que puede, es omnipresente en mi pensamiento; pero eso no basta.

Tenemos que conocer juntos muchas más cosas y los días pasan rápidos como los besos.

No hay suficientes besos y no existen días enteros. La semana es una sucesión de medios días. Todo corre demasiado rápido a su lado.

Soy una mecha rápida. Demasiado rápida.

Que Satanás me ayude, es el único que puede hacer la contra al Puto Dios Misericordioso de mis huevos peludos.

No tengo más remedio que blasfemar ante la ira, ante mi rabia que hace descolgarse hilos de baba hostil de mis belfos.

Que alguien maldiga este amor, que nos haga malditos y eternos, esta es mi solución. Es mi utopía.

Mi indecente y egoísta utopía.

Iconoclasta

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Romper el silencio

Publicado: 30 noviembre, 2011 en Reflexiones
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Sorbo un café con el cigarro entre los dedos y Tchaikovsky suena dando ritmo al delicioso silencio.

La pluma se desliza en el papel derramando ideas, orquestando emociones como un virtuoso director.

Hay espectaculares momentos de hermosa intimidad. Para llegar a esto, lo imprescindible es amar y ser amado; solo así es posible escribir con serenidad.

Tal vez este estado es lo que llaman plenitud; sin embargo no me siento pleno. No es algo que se dé en mí esporádicamente: estar en el lugar y momento adecuados es mi privilegio habitual, mi día a día.

Es mi estado natural.

Lo terrorífico era antes, lo tortuoso era no sentirse a gusto con Tchaikovsky. Ni con mi buena estilográfica.

Es el momento de trazar unas letras de armonía esperando que llegue mi amada a desbaratar el silencio.

Solo podría aguantar unas pocas horas más sin ella. No soy resistente, no soy paciente más que para un corto tiempo pactado. Cuando su ausencia se prolonga más allá de mi paciencia, la música se distorsiona y me irrita. Los violines son un chirrido de alta frecuencia que arrasa mis oídos y evapora el silencio para agitar mi ánimo con los sonidos de banales vidas ajenas a mí, a nosotros. Sonidos de deprimente cotidianidad.

Y todo está mal y voy a morir pronto.

No importa la lógica, la razón queda fuera de mi alcance cuando la necesito, cuando la añoro. Todo el amor pesa, todas las ansias destrozan mi paz.

El paso del tiempo es una lija para el alma cuando amas y esperas.

Desesperas…

Pero no es el momento, ahora no.

Ahora me pregunto como ingeniármelas para hacer algo bello. Aún que la paz está conmigo y siento en mis labios el calor de los suyos.

Estas cosas se resuelven solas cuando se ama, la belleza está en cada rincón, en cada momento. Solo hay que prestar atención para encontrar la obra maestra de cada día; hermosa, efímera y profunda como un mar.

El sonido de la pluma rasgando en la cuartilla se eleva por encima de la música (qué bellos son los Cantos Canarios que obligan a mis ojos vencerse ante los violines). El sutil golpeteo al trazar tildes, comas y puntos. El crujido del papel…

Bendito universo…

Hay quien siente un placer especial por el pan caliente a la mañana, por el agua fría en la cara al mediodía. Yo solo quiero mi papel, mi crujiente y melódico papel lleno de amor y emociones. Necesito pasar las cuartillas que se acumulan a mi diestra. Su sonido es la banda sonora de mis días como ella es mi reposo.

Solo por ella escribo de amor y sosiego. El amor aglutina la música, la tinta, el papel y el silencio.

Pronto vendrá, ya queda poco.

Tic-tac…

¡Joder, ya debería estar aquí!

Tic-tac…

La vida es una mierda. Lleva casi media hora fuera de casa.

Tic-tac…

Las personas mueren desesperadas de soledad. Esas cosas ocurren.

Tic-tac…

Ya me está dando por culo esta puta música.

Tic-tac…

No te preocupes cielo. Es broma, aún disfruto del concierto de música y letras que cada día te dedico.

Tic-tac…

Pero no tardes, ven pronto.

Hay un hombre que pende de ti.

Tic-tac…

Sé que vendrás, nunca me abandonaste hace años. El médico miente por envidia.

Tic-tac…

La succinilcolina que me inyecta el enfermero en el brazo es como tú: rompe mi silencio con dulzura. Todo está bien.

Tic-tac…

Tengo sueño, mi amor. Es hora de dormir. Has tardado más de lo habitual.

 

Tic-tac…

Afloja las correas cuando llegues, cielo. Me hieren la piel y sangro.

 

Iconoclasta

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Sin cerebro

Publicado: 24 noviembre, 2011 en Amor cabrón
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Si meto la mano entre sus piernas, consigo sacar la esencia de la vida, que es la de su coño, lo más profundo. Su viscosidad es lo que limpia mis manos de la basura que me infecta. Frotar mi bálano con mis manos empapadas de ella es un masaje cardíaco que me parte el podrido el corazón.

De su coño mana mi paz y mi descanso.

Mis pulmones se abrasan anegados de su cálida agua.

De su vagina mana el jugo que despierta mi hambre y provoca mi salvaje erección. Su vida líquida se desliza entre los pliegues de unos labios gruesos y da brillo al clítoris que es mi órgano de placer. Mi glande está sujeto a su puto centro del inhumano orgasmo.

Salvaje…

Hundo mis dedos en su coño y mi sangre abandona el cerebro. Se va directa a mi polla.

Donde quiero que esté.

Donde la necesito.

No quiero ni necesito sangre en mi cabeza cuando ella está.

Una polla en lugar de cerebro ¿por qué no? Mi puto cerebro no sirve para nada si ella no está, solo es una molestia durante la vigilia, un cine durante el sueño. Una película pornográfica de tres dimensiones donde no puedo respirar porque mi boca y mi nariz están tan metidos en su coño que me crecen agallas.

A veces pienso que eyacula, que de su vagina sale un esperma suave que me ciega los ojos. Bombeo en contra, bombeo dentro de ella para quedarme seco, para dejarle todo mi amor untado en lo más íntimo.

Tampoco necesito corazón, lo que bombea la sangre por mi cuerpo son sus dedos presionando mi pijo. “Hazme daño” le digo. Que maltrate mi puto cerebro, mi infecto pensamiento. Porque no soy nada ni quiero serlo. Soy la lefa que se desliza de su boca, simplemente.

Y clava sus uñas en las venas de mi pensamiento, en mi pene.

Soy una eyaculación que se queda prendida en sus muslos, como un escupitajo a la decencia. Un vómito de amor que se derrama entre su puño cerrado, que salpica su pelo.

Mi cerebro es mi polla, y está en su coño. No puedo saberlo cuando el orgasmo es una lanzadera a la mismísima cara del Sagrado Corazón que se supone está en el cielo.

Mi pensamiento imbécil está en el techo, o bajo tierra; o en un enorme vertedero de basura, no soy romántico. Mi anclaje a la realidad son mis dientes clavados en sus pezones duros y oscuros como la sangre de una menstruación.

No, no quiero cerebro, no quiero pensamiento.

Mi pensamiento gotea de mi pijo amoratado, mi cerebro está licuado en semen y deseo. No hay nada, ni ideas, ni frustraciones, ni ilusiones. No hay inteligencia, ni lógica. La moralidad radica en lo más profundo de su vagina. La ética está metida en su coño, ahí la buscaré. Solo existe en mí la firme voluntad de hundir mi pijo en ella y empalarla. Que pague caro el convertirme en un ser vacío.

Y el vacío duele por la veloz contracción de mis cojones impulsando un esperma hirviendo impactando en su coño.

Su coño derramando semen cuando se levanta da descanso a mi polla.

A mi cerebro.

Es lo mismo.

No necesito cerebro cuando mi polla la tiene ella.

Iconoclasta

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El coño de una madre

Publicado: 22 noviembre, 2011 en Reflexiones
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Madre que un día me diste la vida, dame ahora tu amor con una mamada, sabes que soy pobre que no puedo pagar una puta. Madre, si me diste la vida, dame el placer.

No tengo trabajo, no puedo desahogarme con otra mujer.

Da igual que tuviera trabajo y fuera el hombre más rico del mundo, desearía correrme en tu arrugada faz. Me diste tanto cariño…

Te amo más que a mi puta vida.

Madre, deja que te la meta.

Padre es ciego, está muriendo con el cuerpo cortado a trozos, allá donde su dulce sangre pudre las extremidades.

Madre, tú que un día besaste mi pene infantil, bésalo ahora que está duro y erecto. Me masturbo continuamente con la foto en la que me besabas mi pilila de bebé. Dame consuelo, acaba lo que un día comenzaste. Yo te devolveré la leche que tú un día me diste.

¿Por qué no ahora? Padre va a morir, a padre solo le falta que se le gangrene el cuello para que le corten la cabeza. Tal vez ni tenga pene, mea con sonda.

Madre, te noto triste, creo que necesitas de mí como yo necesito de ti.

Padre no te la mete. No te la meterá y si no te das prisa, morirás con el coño taponado de telarañas y vejez.

Recuerdo los pelos de tu coño salir por entre las bragas y con ello mis primeros deseos, mis primeras erecciones.

Mi primera eyaculación era la imagen de tu vagina abierta lavándote en el bidé, el espejo reflejaba cada oscuro pliegue de tu vulva inmensa. Mi pene despertó a la vida contigo.

Te amo tanto madre…

Deja que me hunda en ti, que vuelva a tu útero penetrándote.

Sé que padre no te da ya placer, te he visto en la cocina pensativa y estrujándote el coño con la mano crispada de deseo. Sé que te devora el ánimo la fantasía de tu sexo reventado por un bálano incansable; lo noto en tu mirada aguada, en tus expresiones amargadas.

Hace unas semanas dejaste que por demasiado tiempo mi mano reposara en tus pechos. Hasta que azorada te levantaste caliente y temerosa de no poder evitar llevar mi mano entre tus piernas.

Reconozco la vejez en tus pechos, los siento blandos y sin forma; me recuerdan a los de la abuela. Ella me tocaba, ella clavó sus desdentadas encías en la polla y me aspiró toda la leche que había en mis huevos muchas veces; me doblaba en dos de placer besando su coño reseco.

Tu anciana madre era la boca y el coño que daba consuelo a mi adolescente deseo por ti.

A los doce años, en su oscura habitación llena de fotografías en blanco y negro de gente antigua, abuela me llevó al interior de su coño bajando con fuerza el prieto escroto de mi pene rasgándolo. Y sangrando se la metí. Ella dijo sentir añoranza de los tiempos en los que menstruaba al ver su arrugada vagina de vello ralo sucia de sangre. Me dibujó una caricia en la frente con sus dedos pringados de semen. La dentadura postiza estaba sumergida en un vaso de agua turbia y yo me reflejaba en él con la boca temblorosa.

El olor rancio de la vejez y la podredumbre me excitaba.

Yo le dije que te amaba, que te necesitaba. Sonreía afable jugueteando con su clítoris minúsculo y metió su impía lengua en mi boca dejando su apestoso aliento infectando mi imaginación y llevándome a otra enloquecedora erección. “La follarás, conozco a mi hija y sé que la tendrás. Nuestros coños son iguales, son voraces. No podemos vivir sin una polla que nos joda”.

Abuela era afable. Era la mejor abuela que un crío pudiera imaginar.

Madre, estoy caliente, y tú te retuerces de deseo. Deja que lama tu coño, que te quite la mugre acumulada de años sin follar. Que te arranque la frustración de ver como a tu hombre, cada cierto tiempo le cortan un pedazo. Deja de ser lazarillo de un ciego sin polla. Deja que te enseñe lo que es gemir con un rabo resbaladizo enterrado entre tus piernas.

Yo te daré el descanso, y el placerque no has tenido en años y que se te ha enquistado en el coño como una verruga vieja.

Lameré tu verruga como la abuela limpió con su lengua la sangre de mi pijo aún primerizo.

Fóllame ante padre que está ciego, abre las telarañas de tu beato coño cansado de dar tanto por los demás y deja que la putidad se meta en tu cuerpo y erice tus oscurecidos pezones.

Madre, hace dos años en el velatorio de la abuela, cuando ya no había nadie ante el cadáver y ante la madrugada; acaricié el coño de tu madre. Su coño frío lleno de muerte, seco como el bacalao. Y se le abrieron los ojos cuando metí los dedos en sus gélidas entrañas. Pensaba en ti, pensaba en tu coño aún cálido.

No esperemos a que padre muera, no es incompatible tu trabajo de lazarillo. Te puedo lamer el coño y amordazar tu boca para que el placer que subirá a tus labios, no alarme a lo que queda de padre.

Seré discreto metiéndotela.

Padre nunca supo follar, lo sé cuando recuerdo tus manos nerviosas limpiar con vehemencia mis imberbes genitales. Recuerdo tu llanto en la soledad con las manos entre las piernas.

Madre, padre muere triste por ser un inútil. Padre muere a cortado a trozos como castigo a su falta de hombría.

Yo te amo y te deseo, debería ser yo tu marido. Deseo ser la polla en tu vejez, el suspiro de placer que exhalen tus viejos pulmones en el fin de todo.

Permite que sienta tus artríticas articulaciones crujir en el sagrado momento en el que te corras.

Con todo amor:

Tu hijo que te adora.

————

El marido dormitaba.

El ciego no se percató de las brutales caricias que su anciana mujer se infligía en el sexo leyendo la carta de su hijo.

Tomó el teléfono, marcó el número de su hijo y le dijo: “Sí, mi amor”.

Su pecho sobresalía por encima del sujetador color carne hasta descansar en el vientre, su pezón no tenía capacidad para endurecerse; pero estaba empapado de su propia saliva y aún deformado como un pequeño pene por las fuertes succiones. Lo devolvió a su lugar y se subió las bragas cubriendo su sexo poblado de vello cano.

Por primera vez en toda una vida su rostro se mostró risueño, casi joven.

Alguien llamó a la puerta y llevó al hombre sin piernas empujando la silla de ruedas al cuarto de invitados. Cerró la puerta a la miseria.

Observó el retrato de su madre y pensó: “Vieja puta, que bien te lo guardaste”.

Cuando abrió la puerta, su hijo entró y la abrazó sosteniéndose sobre la única pierna que tenía y una muleta.

Su beso resultó dulce como la sangre que su padre le heredó.

Iconoclasta

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Castigando la lascivia

Publicado: 11 noviembre, 2011 en Amor cabrón
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Contiene entre las uñas la lujuria.

Busca un placer que nadie otorga y sus pechos están henchidos de la más dolorosa sed.

Ojalá mi glande fuera herido por sus uñas de negra laca, que mi pene sea aplastado y herniado por esos pechos heridos.

Que mi lengua de paz a sus pezones erizados de púas de lascivia.

Que mi semen sea la lujuria incontenida.

Que sus pechos maltratados formen el canal de la más incontenible lujuria blanca.

Oscuros pezones, blanco semen… Un damero pornográfico.

Iconoclasta

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