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La electricidad se me ha dado bien, como las técnicas de fluidos obscenos; de una forma innata.
Será por ese instinto natural, que me hice electricista. Y vi en la electricidad la vida y el amor que contiene.
Cargas eléctricas desplazándose por los átomos de todos los seres y todas las cosas…
De ahí a conocerte y follarte viajando a velocidades lumínicas electrizando el aire, se hizo consecuencia lógica. Como violarte, joderte, invadirte, robarte el alma si pudiera, mientras duermes, mientras el hombre que no quieres duerme a tu lado y te corres conmigo convirtiéndolo en un simple cenicero. Amar nos hace voraces y crueles ¿no es la más maravillosa sinceridad?
Violarte furioso por la dependencia que creas en mí, tu absoluto dominio que me lleva a pensarte en todo momento, en todo lugar.
Me has hecho esclavo; pero tu coño, tu piel, tus ojos y tus labios son míos. Y me clavo en ti todas las noches con la furia del deseo desatado, a duras penas contralado.
Con el que no quieres durmiendo en la misma cama… El cornudo duerme mientras jodo a su hembra.
No podía ser más perfecto.
Respiras con jadeos contenidos, luchando por el silencio y no ser oída por el que apenas existe, el que nunca quisiste.
Y que ahora detestas ¿verdad, cielo?
Un día lo carbonizaré para que no esté ya nunca junto a ti.
¿Será que amarte tanto me llevó a evolucionar miles de años por delante de la humana mediocridad? Soy un hombre de un futuro milenario.
¿Eso has hecho de mí, mi puta hermosa? Derramaría cera caliente por tus ingles para castigar a mi puta amada, que es mi puta vida.
Sé que es locura; pero no me interesa la cordura. Solo quiero ser eléctrico follándote. Y follarte es poseerte. Es el fin que justifica el semen derramado en tu monte de Venus negando la reproducción.
Así que acelero mi cerebro y creo un rayo que electriza el aire para viajar a la velocidad de la luz y cruzar el mar rompiéndolo. Llego hasta tu nuca y soy un beso tierno que dice “He llegado, mi amor”. Soy una corriente que invade tu sistema nervioso y erizando tu piel, llego a tus labios que se entreabren, se muerden a si mismos, salivan abundantemente y dejan tu lengua indefensa a la mía eléctrica y voraz.
Me divido en otra corriente que baja por tu cuello, besando las venas que laten furiosas estrangulándote amenazadora y suavemente por una casi incontenible ansia.
Acaricio tus clavículas milímetro a milímetro con inquietos rayos que mortifican la piel enviando señales a tu coño, que se humedece.
Mi cerebro enamorado, genera más voltaje y una chispa surge en cada uno de tus pechos, anidándose con fuerza en cada pezón, endureciéndolos como vidrios. Y quieres pellizcarlos, consolar esa tensión. No lo puedo permitir, mi puta hermosa. Tienes que sufrir el calvario al que tú me sometiste.
Así tu saliva mana cuello abajo por el mentón y las comisuras de la boca. Las uñas apresan la sábana, mientras los pezones parecen a punto de estallar por la presión.
Y los succiono, no entiendo lo que dicen tus gemidos, no importa… Te hacen brutal, abandonada al placer. Si vieras como se aplastan y se agitan los pezones castigados por mi lengua voltaica e invisible…
Creo un nuevo ramal que baja veloz por el abdomen y me detengo para escupir en tu ombligo y chapotear en él con la lengua, hasta que rebosa para crear un río que baja tibio hacia el vientre, se desliza por el monte de Venus y amenaza ya por derramarse por el vértice de tu coño, en el que un poco más abajo late la perla del placer, dura, brillante, lamible…
Aplico la tensión necesaria, tengo ya electrizados tus labios, los pezones y ahora ataco directamente el clítoris. Con un espasmo del vientre sincronizas la pelvis con las frecuencias que maltratan el clítoris. Eres una diosa perfecta jodiendo. No puedes evitar esa sensualidad avasalladora, por fuerte que sea la corriente. Eres invenciblemente obscena.
Dos corrientes más avanzamos por cada una de las ingles. Forzamos a que se separen los muslos, a pesar de que ya lo hubieras hecho antes, estás ansiosa… La vulva se desflora y los labios se despegan rompiendo tenues filamentos de baba sexual. Y sientes el aire fresco como una lengua, se nota en como te palpita el coño.
Me duele la cabeza; pero he de generar una diferencia de potencial más fuerte, a la medida de tu coño dios.
Me formo en un pene radiante que te embiste sin cuidado, que llena tu vagina y con cada embestida, arrastra adentro y afuera esos labios de carne elástica y húmeda dando a mi rabo venoso el placer que tanto he buscado. Por el que me desintegro por ti.
Tus nalgas se agitan violentas e impúdicas y veo entre tus dedos liberados como duelen los pezones erizados por la brusquedad de la penetración.
Aumento la presión en la misma medida que la leche se abre paso entre los conductos seminales que duelen mortificándome.
Desearía que masajearas los cojones pesados y contraídos, me duelen tanto, tan plenos…
Muy zorra, elevas con maestría la pelvis, dirigiendo mi rabo hacia esa pequeña zona de mayor densidad en la vagina, como un secreto… Como un tesoro.
Y golpeo en ella con fuerza, guiado por ti; para ser catapultada al orgasmo susurrando: “Me corro, me corro”.
Mis eléctricos dientes, clavados en tus pezones, yo clavado en ti y tus piernas haciendo presa en mí, exprimiéndome sin piedad. La baba orgásmica mana de tu coño para hacer un charco en la sábana…
Es un cuadro de una pornografía rampante, hermosa. Lujuriosa…
Codifico una frecuencia en tu oído, una lengua te susurra: “Te amo. Te amo, mi vida. Mi puta, mi puta, mi puta…”.
Y cuando en mi soledad adquiero conciencia de mi carne, extiendo perezosamente el semen derramado en mi vientre, por mi polla aun latiendo por espasmos que son ecos de un placer aún caliente.
Y susurro al aire: “Hasta la noche, mi amor. Duerme, mi diosa, duerme…”.
Mi eléctrico amor.

Iconoclasta

Las ilusiones

Las ilusiones no son como la energía, hay cosas que se destruyen sin más, no se transforman. No habrá una forma de energía volando por el espacio con el estigma de nuestra ilusión convirtiéndola en una ameba de otro sueño.
Lamento ser aguafiestas, pero el dolor, la frustración, el desasosiego y el rencor de los sueños rotos no pueden calmarse con los restos deshilachados de las ilusiones, porque no queda ni rastro de ellas.
Los físicos son ingenuos, son fantasiosos, tal vez deberían experimentar el dolor. Ese optimismo hace daño…
Las lágrimas no son energía transformada, es una reacción alérgica a la pena.
Dicen que quien llora no mea. No me gusta esa vulgaridad, no me gusta sacar mi pene y ver que es un animal triste, que es algo que expele suciedad nada más.
La ilusión lo pone duro en su boca, en sus pezones, entre sus piernas, dentro de su coño, en su vientre soltando su carga de amor cremoso; en su piel para que contraste lo blanco con su tono tostado.
Y si el sueño se rompe, no hay transformación alguna, el hueco que deja la ilusión lo llena el desánimo, la ira.
Mi ira salvadora que impide que llore en rincones oscuros a salvo de la luz delatora.
A salvo de miradas viciosas que me observan masturbarme en un llanto. Expeliendo un semen calmo, que escurre por mis muslos y se enfría más rápido que un cadáver.
Las ilusiones tienen la propiedad de autodestruirse sin dejar rastro. No volarán como cometas, esos símbolos que indican que el sueño de la libertad está sujeto a un hilo que se puede romper y arrastrarnos para destrozarnos inevitablemente contra la tierra de nuevo.
¿Alguien ha visto el humo de las ilusiones incineradas? ¿Una piel reseca en el suelo de lo que era un sueño?
No hay transformación, tiene que haber un vacío que se alimenta de esos sueños, tal vez con el tiempo se convertirá en un agujero negro donde nada se transforma y todo es devorado, como un intestino ciego.
Es igual, que se desintegren, tenemos más ilusiones por crear.
Mira mi erección, es mi sueño, eres tú.
Otra vez.
Intransformable, inviolable, inmutable. Esta ilusión se desintegrará, jamás degenerará con una transformación. Se esfumará pura, no se convertirá en un resto que apeste, que ridiculice lo que un día fue.
La idiosincrasia de las ilusiones, es que no se convierten en mierda. Desaparecen y se crean otras, sin vicios, sin dobleces. Sin que haya cambiado su composición química.
Estamos locos, mi amor, todo se transforma a nuestro alrededor y nosotros lo hacemos desaparecer.
Somos derrochadores, si lo supieran los verdes…
Somos prestidigitadores de las ilusiones, solo que no hacemos de un pañuelo una paloma; lo desintegramos y el público aplaude angustiado ante la tragedia de una ilusión evaporada.
Somos crueles soñando y dilapidando ilusiones, cuando todos las atesoran como si fuera la única que han podido y podrán tener.
Y sonreímos a los angustiados esperando la nueva , la próxima que será despedazada también para desaparecer.
Tal vez eso nos haga vivir como dioses creadores que crean y destruyen.
Y nuestra capacidad para escapar de las leyes físicas, las leyes terrenas.
Mira mi mano, mi amor, otra ilusión creada para ti. Otra ilusión para vivir hasta que desaparezca.
Y sin embargo, hay una excepción: tú. Eres mi sueño eterno que nunca desparecerá.

ic666 firma
Iconoclasta

Desintegración

Desaparecer, no ser, no estar… No hablo de morir, aún no hay suficientes células convencidas de que es la hora. Yo quiero otra cosa, quiero desintegrarme; o sea, desaparecer temporalmente con cierta elegancia.
Y me refiero a este aquí, a este ahora y a mi cuerpo.
Nada tiene una solución por partes, ha de ser completo, todo a la vez. Más rápido que un infarto, más que una bala. Ha de ser a la velocidad de la luz.
Es que el tiempo pasa y me muero.
El cuerpo no se puede abandonar, en ese cerebro está todo lo que quiero, lo que espero, lo que imagino.
Y estas manos tan grandes son para tocarte mejor…
El aquí son unos cables anudados en mis testículos y eso no me deja saltar sin sentir un dolor que no puedo dominar. Pienso que mis cojones no son importantes, no acaba de convencerme la paternidad, porque no soy buena persona, no tengo nada que aportar a un hijo. Con el pene me basta; pero el sistema nervioso no acaba de estar convencido y transmite el miedo al dolor testicular que es el tópico de los tópicos. Me siento como un globo con cordel en manos de un niño que se ha bebido el café de mamá y de papá.
El ahora es una esquizofrenia, una sucesión de visiones terroríficamente desoladoras en su claridad, en su estabilidad: el sol sale siempre por el este, siempre quema mi cerebro al mediodía y por fin se va a tomar por culo por el oeste, tan tranquilo después de haberme hecho sudar para absolutamente nada.
No hay saltos en el tiempo a pesar de haber leído de ellos con ilusión.
Queda desintegrarse, disgregarse o diluirse en el aire, sin morir. Con el organismo intacto.
Lo cierto es que todo se desintegra, el amor, la ilusión, el dolor, el desánimo.
Y luego se integra otra vez, como una broma de mal gusto. Y vuelvo a caminar por senderos de gloria y mierda, sin importar cuantos cientos de veces lo hice.
La gloria está bien, la mierda es el problema principal.
Esas desintegraciones tienen el valor de lo cotidiano, más de lo mismo. Eso son repeticiones simplemente, no se debería abusar de metáforas y eufemismos, hace a la gente idiota.
El truco de la desintegración de todo yo, el aquí y el ahora, es que lleva implícita la integración. Y entonces, una simple hipótesis como una conversación entre solitarios que desean encontrarse o que proyectan cosas de vida y amor, se puede hacer realidad gracias a la posterior integración.
Hablando claro, te integras con esa mujer que deseas y amas . Y la tocas, la abrazas, la besas, la ríes, la tienes… Nos tenemos.
No es difícil de entender, estaría bien dejar de ser solo yo mismo y decir: La hostia… Esa cara hermosa ya está integrada en mí y yo en ella. Ya no soy solo yo mismo.
Programas tu desintegrador marca ACME para ser parte de ella, y te encuentras en otro lugar con ella entre los brazos, como deseabas; pero ya de verdad. Ella ya no está angustiosamente sola, y yo por fin estoy solo con ella. No es difícil de entender el concepto de desintegrarse para integrarse.
No soy un suicida facilón. Tengo planes…
Claro, que soy muy zorro yo y eludo la cuestión de que ella no quiera integrarse conmigo, si no con George Clooney. No pienso decepcionarme yo mismo, tengo mis inquietudes y soy orgulloso.
Y hermoso.
La gracia, es que si te desintegras y falla la integración por algún imprevisto, siempre te aguarda una sorpresa y puedes aparecer en brazos de un orangután que te acepte con todo su instinto reproductivo íntegro y activo y acabes sacándole chinches en los ratos de no reproducción, reventándolas con los dientes.
Al menos sería diferente, cualquier cosa antes que perder el tiempo en monotonías.
Porque no me preocupa la soledad, me preocupa no estar integrado y que todo sea un montón de posibilidades que nunca se hacen posibles. De acuerdo, para esas posibilidades imposibles y dolorosas, también hay venas que abrir. Es un campo inexplorado para mí; pero comporta un dolor, los tendones no se cortan gratis. Requieren el sacrificio de un grito y un dolor cuando se retraen carne adentro.
Hay cosas que no es necesario experimentar para saberlas.
Estoy cansado de dolor. Y cortar venas no soluciona el aquí, ni el ahora. Volvemos a la premisa del principio: ha de ser todo a la vez. Todo al mismo tiempo. Es una ley física que me acabo de sacar ahora de los cojones.
La locura nos convierte en físicos cuánticos sin pudor ni rubor.
La desintegración debe ser indolora. Es lógico pensar que si desintegras nervios y sesos, el dolor no llegará cuando sale de las uñas que se doblan o cuando un clavo las raja, las levanta y queda la carne viva expuesta al aire y expandiéndose, como si la carne hubiera esperado toda la vida ansiosamente que la uña se partiera para poder subir de volumen como una magdalena en el horno. Las uñas me han dado los mayores dolores, las tengo demasiado blandas y malditas. Hay médicos que han girado la cara al ver una de mis uñas reventada.
También me he quemado con la sopa, la lengua escaldada jode lo suyo, pero no como las uñas.
Y no hablemos de cuando cae la tapa de un piano que no tengo y me pilla los dedos, entonces sí que… Joder, se me va la olla.
¿Se entiende porque no debe haber dolor? El dolor te aparta del amor, te aparta de la ilusión. Sacrifica conceptos importantes a cambio de la búsqueda de un simple analgésico.
Me impide soñar con la desintegración.
A veces me río del dolor, para que se joda, para que vea que no me vence.
Estoy en ello, guapísima, ya verás como consigo desintegrarme y aparecer frente a ti íntegro e integrado con una mano en tus pechos de una forma accidental, lo juro.
Al final, soy mucho más sencillo que mi divagar loco, no deseo grandes cosas. Me conformaría con no llorar por dentro. Es angustioso sentir que algo dentro de ti se hace agua y te sujetas el vientre para evitar derramarte a ti mismo. Y no puedes contenerte, te escurres de ansias desesperanzadas entre tus propios dedos.
La verdad es que todo se desintegra a mi alrededor, menos yo.
Solo me queda el cinismo para evitar unas lágrimas de derrota.

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Iconoclasta