Es el momento ideal de leer esta novela. Es sumamente edificante ¡Ja!; pero sobre todo decente y dura como un mazo. Sin sonrisas facilonas de idiotas, sin mensajes de adolescentes adiestrados en la superación heroica. Sin magias ni milagros. Solo para adultos, adultos que sean capaces en estos tiempos ignorantes, de leer algo serio como el filo que corta la carne. Bravo por Camus y su ahora, tan acertada lectura. La muerte sin ornamentos es de agradecer. Moriréis todos… ¡Buuuu…!😛😛😛😛
Lo peor que te puede ocurrir al hacer una foto es que te salga un imbécil en ella, en algún rincón o margen cuando la examinas ampliada. Es tan deprimente y árido tener que trabajar con clonador y borrador para eliminar al cerdo…
Los visores de las cámaras fotográficas deberían ser de ochocientas pulgadas, como los televisores que ansía la chusma para ver sus aberraciones favoritas.
Son tantas que forman muros de belleza impenetrable. Son tantas que hacen una tierna amenaza para las almas endurecidas. Y siento agua correr en las tripas. Son tantas que preciso tu singular belleza para equilibrar mi vida. Y el sonido de tu voz lo necesito tanto… Para aplacar el silencio narcótico de las bellas flores.
Son tantas y aún así, no consiguen llenar el vacío que dejas alrededor de mí cuando no estás. Son tantas, cielo, que siento el vértigo de la primavera arrolladora arrastrando mi alma aún fría a un lugar ignoto. Han florecido para decirme: “Ya puedes marchar, todo está bien, descansa, descansa, descansa…”. Te invitan a morir y son tantas… ¿Cómo no obedecer? Y si son peligrosas ¿qué hago? ¿cómo puedo apartar la vista de ellas? Sería como si durante unos minutos dejara de pensar en ti. Sería la nada, yo. Reconozco que durante un segundo, sus belleza ha dado consuelo a tu ausencia, cielo. Pasado el segundo, he sentido el peso de tu lejanía y he maldecido las flores bellas. Sabes que son tus palabras y tu mirada lo que hace bellas todas las cosas ¿verdad? Son tantas que necesito abrazarme a tu cintura y desfallecer en ti, ante la cálida serenidad de los pequeños seres flor. Son tantas y tan pequeñas… Son tantas que encuentro lógicas las muchas alergias. Son tantas y no tienen miedo a morir. Son más valientes que yo. Son tantas y jamás podrían llegar a amarte tanto como yo. Algún defecto debían de tener ¿verdad, amor?
Y ahora que a la chusma le han privado de sus amadas e incruentas manifestaciones socio-festivas semanales, les han quitado las fallas, se van a cancelar partidos de fútbol y viajes ¿Qué harán? ¿Qué pasará con las grandes manadas estabuladas que trashuman en masa hacia la playa los fines de semana? ¿Se sumará al coronavirus una gran y liberadora epidemia de depresiones y sus necesarios suicidios? Si es así ¿cuándo? Esta impaciencia mía es un sinvivir. El coronavirus debería llamarse “La peste de las redes sociales (PRESO)”, porque aunque no se propaga por internet, tiene la misma velocidad de contagio que la imbecilidad, la ignorancia y la mentira en las redes sociales (incluidas las grandes congregaciones de ganado en eventos culturales, políticos o sociales de mierda). Es precioso cuando todo cuadra.
Y es que si me están tocando los cojones (irritándolos) a todas putas horas con el coronavirus, yo también tengo lo mío que denigrar. Y además con donaire, verbigracia, gracejo e ingenio.
Gracias al coronavirus, las grandes manadas humanas de manifestantes que estaban fuera control, ahora miran con ojos aterrados a sus pastores pidiendo salvación. Esas ratas cobardes que se han apresurado a acaparar grandes cantidades de comida en los supermercados… Gracias también a las redes sociales y la inmediatez de la potente información carroñera, podemos admirar en todo su esplendor, y en streaming, la mezquina cobardía humana acaparadora. Es tan fascinante ver a todos esos avariciosos cobardes roedores de dos patas, como ver las tan cacareadas y raras lunas de sangre; esas que dicen que se forman cada mucho tiempo, y sin embargo en las noticias aparece alguna cada dos meses.
La puta ¿nace o se hace? Por analogía, la/el/política/o ¿nace o se hace? Otra analogía, el cerdo ¿nace o se hace? Siento haber metido a las putas en esto, las adoro.
Ante la rápida propagación del corona(beer)virus, se han convocado masivas manifestaciones en todo el mundo para condenarlo con el lema: «No te temo, yo no me lavo las manos».
Finalizarán los actos con una cadena de besos y abrazos de paz y amor entre los participantes.
Sigo pensando que esto del coronavirus es muy oportuno. Al poder y a los supermillonarios les ha proporcionado la excusa ideal para declarar otra crisis económica y robarle el dinero a los trabajadores y así, acaparar más poder y riqueza con el beneplácito del silencio de los corderos temerosos del carajovirus.
Y no deja de tener cierta apariencia de oráculo aciago, al estar próximas las fiestas religiosas de la semana santa.
En las fallas de Valencia arderán como en la edad media montañas de cadáveres. Soy único imaginando películas distópicas.
Afortunadamente los solitarios están razonablemente a salvo de las epidemias globales.
Tal vez el coronavirus sea también una buena herramienta de la naturaleza, para que los valientes solitarios dejen su mensaje genético con más fuerza.
El coronavirus tiene un remedio eficaz al igual que todas las enfermedades contagiosas: mantener una distancia digna e higiénica de otros seres humanos. La soledad, además de hermosa, es profiláctica.