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La humana no es la única especie imbécil del planeta.
Cada vez que tocan las campanas de la iglesia, las aves que reposan o anidan en el campanario o muy cerca, salen en desbandada. Asustadas y cabreadas se las oye decir entre blasfemias sonrojantes para un melindroso: “Joder con las putas campanas, se las podrían meter en el culo”.
Pero al cabo de un rato vuelven, ya no se acuerdan de que es un lugar molesto.
La chusma humana actúa igual. La estafan, sodomizan, engañan, y esclavizan; pero vuelven a votar a los mismos hijos de puta en los mismos lugares.
Pájaros bobos con plumas, sin plumas y con soriasis…
No hay suficientes depredadores para hacer de la humanidad algo mejor, no hay selección natural.
A menos que una epidemia deje estériles a todas las hembras y machos y se extingan graciosamente.
Bueno, yo ya nací y viví y concluyo que soy inmejorable.
Y sinceramente, me importa una mierda si los pájaros bobos evolucionan, involucionan o se hacen sonrosados, de cuatro patas y un pequeño rabo rizado que no llega a cubrirles el culo que, agitan nerviosamente en una charca llena de su propia mierda (estos arranques bucólicos míos…).

Es que me encuentro con cada caso patológico… Y lo peor es que en este medio rural, apenas hay gente. Está visto que tengo imán para la miseria humana.
Paseaba yo feliz oliendo el apestoso aire cargado de aromas putrefactos de estiércol y me crucé ante un gordo sentado en uno de los bancos de madera con las piernas estiradas invadiendo parte del angosto camino, con gorra Salomon sudada hasta el desagrado, fumando con vanidad y dejando caer la ceniza sobre su poderoso pecho. A su lado había una bici y el velocímetro indicaba que había alcanzado los 46 Km/h.
Y resulta que la velocidad está limitada a 20 putos Km/h. Por dios…
La envid… La indignación por esa falta de civismo me impulsó a ser héroe con la esperanza de que hubiera cerca algún policía hembra y me la chupara por ser tan buen ciudadano.

-Perdona. Eso no está bien. ¿No sabes que es peligrosa esa velocidad en una vía peatonal?
Miró al cielo tomando paciencia y contestome:
-¿»Cuála» velocidad? Estoy sentado.
-La que indica el velocímetro de tu bici.
-Vale, te juro que no lo haré nunca más.
Me sentí bien, era una respuesta correcta.
Mientras le santiguaba díjele:
-Ego te absolvo, cabronazo.
Se encogió de hombros, dio una aparatosa calada al cigarrillo y lanzó la colilla sin querer entre mis pies.
Emprendí mi camino de nuevo un poco defraudado porque ninguna policía estaba allí para practicarme una felación de recompensa ciudadana.
El ciclista debió hablarle a un cuervo que se oía graznar por allí, a mis espaldas oí que decía con aburrimiento:
-Hijo puta…

Claro y Roma debe pedir perdón por sus invasiones a España, Francia, Turquía, Austria, Viena, Gran Bretaña…
Los griegos deben disculparse por dejar suelto alegremente a Alejandro Magno (el ambiguo sexual) por haber invadido Egipto, Siria, Gaza…
Y el mundo Árabe también debe disculparse con España por haberla ocupado durante 800 años.
Lo que ocurre verdaderamente es que los políticos se cansan de “trabajar” y como no hay nadie que les pueda sancionar con empleo y sueldo, se dedican a divagar desidiosamente sobre conquistadores y soñar que ellos llevan una corona de laurel en el tarro, como los césares.
Hay que trabajar más, sobre todo cuando se tiene un país hecho una mierda y es considerado como la representación máxima de una dictadura longeva y la corrupción como forma de vida y pago cotidiano.
No hay que perder el tiempo en tonterías.
Hay un exceso de desidia, eso es todo.

Soy un fetichista; pero no de esos que se meten cosas en el culo y luego se embadurnan el pecho con los excrementos de su puta o los de su septuagenaria madre.
Mis indecencias son pulcras.

Como todo buen «demócrata de mierda», metiéndose en cuestiones que no le importan.
Porque si una mujer aborta o no, nadie debe cuestionarlo, nadie debe meterse en la vida de nadie, cojones.
Estos subnormales no aprenden.
Lo que ocurre con una persona, solo atañe a la persona.
Gilipollas fasciosos…

Son tan pequeños…
Con sus ojos cerrados (si los tuvieran), y sus piernecitas semiflexionadas parecen muñequitos de un roscón de reyes.
Muñequitos flotantes en sus frascos de formol.
Al que le falta un brazo se llama Raúl (concluyeron que algunos de sus órganos internos no se habían desarrollado).
El de la cabeza deforme, dividida en dos partes asimétricas es Jordi.
Y de la columna partida (si agito el frasco, se puede ver como asoma un trozo de columna vertebral a través de la espalda) es Borja.
Son mis hijos muertos abortados para evitar sufrimientos, seguramente poco tiempo antes de que murieran por si mismos.
Los salvé de ser incinerados pagando a los encargados de los deshechos biológicos de los hospitales donde no nacieron. Me los entregaban en bolsas amarillas cerradas con una brida y dentro de una bolsa de supermercado.
Mi naturaleza crea seres deformes, mujer que dejo preñada crea un monstruo, un tarado.
Mi polla escupe mierda, por así decirlo.
Sacando el polvo a los frascos de conservas de legumbres donde flotan, siento cierta pena de no haberlos conocido, cómo serían sus sonrisas; pero dudo que sonrieran.
Hubiera sido un padre que tendría que haber oído sus lamentos y la absoluta vergüenza de tener hijos aptos para nada. O abrir una feria ambulante de monstruos.
Al final, los hubiera acuchillado y ahora estaría en la cárcel. O no, soy bastante más inteligente que cualquier policía, que cualquier ser humano.
Cuando desde la ventana incide un preciso rayo de luz en sus frascos, se iluminan en color dorado y parecen pequeñas divinidades que duermen plácidamente; podrían despertar de un momento a otro con una sonrisa piadosa hacia su padre.
Sé que la culpa es mía; pero sentí un odio peligroso hacia sus madres y me divorcié de ellas. No sin antes darles una buena paliza, claro.
Úteros de mierda…
Y en mis cojones la podredumbre y la miseria.
A lo mejor soy uno de esos hijos míos que flotan en formol.
Solo que por dentro, con mi capacidad motriz intacta y la tara es mi pensamiento y mis testículos ponzoñosos.
Toda esta amargura que contengo bajo un rostro impasible día tras día.
Ni siquiera cuando acudo al banco de esperma para donar me siento mejor.
Si un día llegara a saber qué mujer va a parir/abortar/escupir mi próximo hijo flotante, acudiría al hospital en el momento adecuado. Los hermanos deben estar juntos.
Los amo, esos pequeños fetos, o niños a medio formar, representan la inocencia absoluta y la práctica demostración de que hay razones por las que algunos humanos no pueden crear descendencia.
La naturaleza no es sabia, es solo cruel.
Y mis pequeños hijos flotantes, pequeñas y mártires divinidades de un mundo extraño.

Iconoclasta

“En boca cerrada no entran moscas”.
No es una metáfora de listillos de taberna y sabios beodos. Es literal.
Se podría decir que Yo y las moscas compartimos el mismo gusto por los lugares.
Precioso…. Soy deprimentemente singular.

Hoy es un día de esos que deseo con vehemencia que ocurra alguna catástrofe nuclear o sísmica para que quite de en medio a tanto gilipollas sin equilibrio y con un exceso de torpeza. Y al igual que Napoleón, piensan de mierda que el mundo es suyo.
Es que no saben ir en bici (es obvio, sacan la lengua al pedalear), y además llevan el perro atado al manillar con una larga correa, ocupando toda la pista. Así que su deficiente coordinación motriz, unida a un perro que es más inteligente que ellos, crea situaciones de peligro y en las que nadie se puede escandalizar si les gritas con efusión: GilipollasHijosdeputa.
Si se cruzaran con otro tan idiota como ellos, se matarían; que es lo que viene ocurriendo en los accidentes de tráfico con coches y motos, solo que no llevan al perro atado al retrovisor correteando de un lugar a otro.
Conclusión: está tan sincronizada la estupidez y vulgaridad de la chusma que, coinciden todos con absoluta precisión en tiempo y lugar.
Estoy abandonado…
(Y de entre todas esas decenas de imbéciles, aparece el listillo de turno con patines, con perro y del que no tengo nada que objetar porque lo hace putamente correcto.
Joder, con lo que me gusta denigrar a la peña…)

En Telegramas de Iconoclasta.