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En Telegramas de Iconoclasta.

Minea: una querida amiga y colega.
Yo he puesto la voz, el lujo son sus palabras.

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

No puedes obviar mi organismo cuando te hablo enamorado.
Detrás, encima, debajo y delante de un «te amo», hay una palpitación en las venas de mi pene que lo expande hasta casi el dolor.
Por cada beso hay un glande cada vez más humedecido.
No te enamores solo de mi pensamiento, porque me mutilas, me dejas incompleto. Me humilla.
Ámame con la plena conciencia de que estoy terriblemente excitado.
Y que corazón y pene laten ambos enloquecidos por penetrar tu alma y tu coño.
Pudiera resultar vulgar esta manifestación; pero créeme, en absoluto lo es.

A veces pienso que la ley de Murphy no hace realmente referencia a la tostada, la mantequilla y la alfombra donde caen ambas cosas.
Creo que se mordió la lengua pensando en la eyaculación, que el semen siempre traza una trayectoria errática y va a caer donde más molesta.
Odio los eufemismos cobardones.

¿Oyes ese viento? Ulula salvaje entre las grietas de las paredes, entre los resquicios de puertas y ventanas. Nada lo puede frenar…
Es nocturno.
Cualquier humano sentiría miedo, yo no…
Trae ancestrales aromas de intemperie, de peligro.
Evoca la bestia que soy, la que no nació en el lugar y momento adecuado.

Quiero ser desconocido.
Oculto e ignorado.
Que nadie sepa lo que te amo. Que nadie imagine que eres deseada por mi cuerpo y mi alma hasta la obscenidad y la paranoia.
Porque los hay mejores que yo, y si te pierdo, me muero.
Y me da igual morir; pero no así, sin ti.
Podría llorar con solo pensarlo.
No hay nadie mejor que yo, te lo juro, solo tienen suerte. No hay nadie mejor que yo amándote.
Es mi íntima vanidad este deseo titánico por tu piel y por tu pensamiento todo.
Los fuertes y tenaces no tenemos suerte, perdemos y ganamos a pulso, abatidos por el cansancio, con los párpados escaldados por el sudor. Nos mordemos los labios de deseo.
Y los puños.
No es de extrañar esta sonrisa un poco torcida y sangrienta.
No soy inteligente, pero amarte así, no es de tontos.
Tú puedes decir que soy idiota y nadie nos molestará. La chusma está tranquila si no siente la mordedura de la envidia.
No soy vanidoso, no quiero lucirte como un premio. Ocúltame.
No le digas a nadie que eres para mí un ser de otra dimensión. No le cuentes a nadie que el café humea íntimamente para nosotros en la mesa todas las mañanas. Su aroma es el inquebrantable testimonio de que la noche nos ha cubierto y la mañana nos ilumina juntos de nuevo.
No le digas a nadie que te amo con esta importancia casi agónica. Porque irán a por mí y no tengo tiempo para pelear, no quiero hacerlo. Toda la vida he peleado, y si me sobran fuerzas, es para quererte.
No quiero perder más tiempo, me lo he ganado todo. Te he ganado palabra a palabra, segundo a segundo, beso a beso, silencio a silencio…
Esperando, esperando, esperando…
Es mi turno de amar tenaz y serenamente.
Secretamente.
Yo estaré tras un árbol admirándote, esperando que no haya nadie en la calle para besarte toda; a traición y con alevosía, por la espalda con mis brazos apresando tu vientre.
Con una erección entre tus nalgas, así de obsceno, así de hombre, así de loco.
Así te amo.
Déjame ser la bestia solitaria en el día que te ama secretamente bajo el sol y con descaro en la oscuridad o bajo la luz artificial del hogar.
Déjame ser la fiera que te asaltará en lugares despoblados, en los momentos en el que la humanidad dormita o celebra sus inutilidades, miedos y frustraciones.
Estoy a salvo de esas cosas contigo, amándote. Soy tu androide aparcado en el armario de las escobas, esperándote.
Mantenme oculto y secreto, mi amor.
Es por mi bien, es por mi tranquilidad.
Que nada ni nadie me robe un instante para amarte.
Perdona que te cargue con esta responsabilidad.

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Iconoclasta

Corazones de hierro.