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La dignidad no tiene precio, es la razón por la que se vende a cambio de una adulación y unas copas en los sectores sociales más mediocres, banales y humildes. Esta prostitución es inconsciente para ellos, es su forma de vida, no conocen otra; de la misma forma que los perros se saludan olisqueándose los culos.
Y está bien, porque de alguna forma se ha de procrear la especie humana, ya que no existe suficiente materia gris para todos.
Está bien, me confieso indigno; pero no lo arregla.

Salgo a fumar a la calle cuando es de noche y el viento sopla fuerte, cuando llega veloz arrastrando la gelidez de la cima del volcán nevado. Al oeste… Aunque poco me importa de donde viene ese viento helado. Del infierno o del paraíso, del mar o de una cloaca.
Ese aire arranca de mi boca el humo en una fracción de segundo, como si me lo robara de los labios. No hay una voluta-ameba flotando ingrávida, haciendo pantalla de mis recuerdos o emociones.
Enfría la piel y el pensamiento.
Veloz, rugiente…
No se desvanecen las emociones lentamente, es una amputación rápida como un escalofrío incontenible.
Los ojos se entornan porque hasta las lágrimas se lleva el viento.
Si las hubiera… Pero el viento no lo sabe.
Se lleva las emociones que la piel retiene.
El corazón palpita rápido y por algún misterio que no me interesa investigar, me la pone dura.
Excepto eso entre mis piernas libre de calzones, no hay presión. Es vacío, es liberación.
El viento me convierte en un guerrero solitario en un páramo de familias, amistades, de sus voces y ruidos de platos en las cocinas.
Quedamos yo, la luna, el viento y alguien que me mira desde su ventana bien cerrada con notoria curiosidad, preguntándose por mi salud mental.
Mi hijo lejos, mi hijo hombre ya. Lo hice bien con él… A salvo del viento helado.
Me tranquiliza.
Tal vez, cuando tenga más edad haga lo mismo que yo, tiene mis genes. No es motivo de gozo para él.
Aspiro otra bocanada de humo, potente y nociva. Ideas y emociones se ralentizan dando prioridad a las defensas térmicas del organismo.
Solo queda una lucha contra el temblor de las extremidades y llevar el cigarrillo certero a los labios. Como luchan las flores cerradas por no ser arrancadas de sus tallos.
Lanzo la colilla y el viento la arrastra creando chispas que mueren apenas las ves.
Y está bien, tristes recuerdos y emociones se van tras ella, dejándome vacío, dejándome en paz.
Al entrar en la casa el calor me acoge con ternura y las intensas pupilas de las gatas, me observan serenas como si fuera de ellas, de su naturaleza. Como si no fuera hombre.
La piel se templa con una calidez de renovación. Solo queda el frío en las fosas nasales, como una melancolía. Un lugar donde abrazarse uno mismo.
Solo queda esperar, una serena espera.
Lo nuevo… Lo desconocido… Buscar, luchar, cazar, amar, doler…
El frío ha arrastrado lo muerto, como un bautismo arrastra una culpa convenientemente inventada.
Bendito frío.
Y bendito el calor que de nuevo me llena.
Bendito el tabaco que me hace épico y loco.
Maldita la realidad que me hace vulgar…


Iconoclasta

Tras una velada nocturna acompañado por mis amigos, mi santa e Iconoclastito, mi hijo que ya tiene trece años. Hemos charlado animadamente sobre las putas, las mujeres de útero alegre y las que gozan de una galopante libertad sexual.
Y es gozoso que existan estas mujeres, porque tienes sexo fácil y cómodo todos los días con la más ligera insinuación.
Pero durante el debate ha salido a discusión la higiene. Cosa que algunas llevan más o menos mal y otras peor.
No es cuestión de mala fe, pero si sois mujeres de útero risueño con frondosa melena larga o tupida, erótica, sensual y llamativa; sea lacia o rizada, tendréis que entender que cuando os laváis esa preciosa cabellera, el jabón se queda en la cabeza y no llega al coño, creándose así un caldo de cultivo coñoniano donde se desarrollan hasta cangrejos carnívoros.
Un consolador envuelto con un buen estropajo, sería una baqueta eficaz para limpiar vuestro útero feliz (como las cajitas del macdonals). Con ello mantendréis una economía más sana en el hogar al evitar gastar en antibióticos cada dos meses con vuestro marido que tiene que tragarse las infecciones de otros y las vuestras.
Y también la industria de los condones saldrá beneficiada, ya que no será necesario fabricar condones del grosor del neumático de un Ferrari Testarrosa.
Así que tercera llamada: más jabón al coño que al cabello. Que últimamente los condones que pruebo salen con pellizcos y siento cosas duras ahí dentro.
Feliz sexo, mis úteros felices.

La fuerza bruta sirve para imponer la razón entre otras cosas; pero la fuerza bruta la aplican seres erróneos. Seres ignorantes.
La inteligencia no debería ser tan tímida, sus golpes podrían ser útiles y mortíferos.

Hay seres que crean escenas inusitadamente deliciosas y te transportan a un lugar y un tiempo que parecen cinematografía. Cualquier parecido con la realidad es real.
Hay tardes hermosas para la imaginación. A veces se tiene suerte. Gracias.

«-Ahí ya ves, no me gusta el humo. Pero me gusta el vino, no para emborracharse, pero me gusta poner música y tomarme una copa mientras tarareo y preparo algo.
-Está bien, me bajaré a la calle a fumar. Captado.
-Quizás con que te vayas más cerquita de la ventana o al balcón, aquí tengo balcón.»

Que corra el tiempo, raudo y veloz. Sin pausa y sin piedad. Porque lo inmóvil, lo conocido y lo pasado es muerte del ánimo. No importa la hora, solo importa que el segundero avance, que no se detenga y me deje prisionero en un tiempo de mierda.

Cuando se incorporó de la cama, de su coño cayeron cuarenta monedas de un centavo entre restos de semen.
Los metió en su monedero, se puso el tanga con la etiqueta por fuera y se chupó los dedos.
En el coche, conduciendo hacia el trabajo se sentía inquieta. Levantó una de sus caídas nalgas y en el asiento había otra moneda mojada. La limpió con la boca y pensó que tenía que tatuarse en el vientre que solo acepta billetes. Eso sí, con un diseño original y delicado.
Y se tatuó un cerdito alcancía en su enorme y notorio monte de Venus para aprovechar la raja.
Se fotografió el coño, lo publicó y se sintió amada por todos, dichosa.
Pero el coño le picaba cosa mala, y se lamentó de que nada le salía bien. Así que lo publicó.
El coño le siguió picando pero se reía… Y al cabo de un rato, dejó de rascárselo.
Las redes sociales son antibióticos baratos para seres baratos.

En Telegramas de Iconoclasta.

No existe la bondad, solo la maldad en mayor o menor grado.
Así como solo existe lo malo y lo peor.
No es amargura, es una risa sarcástica.
Vieja como el tiempo.

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656