Posts etiquetados ‘Iconoclasta’
Erótica laboral en Realidades truncadas
Publicado: 28 octubre, 2013 en ReflexionesEtiquetas:fotografía, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Realidades truncadas, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
La dinámica de fluidos
Publicado: 28 octubre, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Es maravillosa y apasionante esta rama de la física.
Es alucinante la fascinante viscosidad, la elasticidad, la cálida humedad, el olor fuerte de macho territorial que anuncia la cópula, la inteligencia instintiva del hilo de humor sexual que se desprende del glande dulcemente para pegarse a su clítoris desflorado, arrastrándome obscenamente a su coño. Tirando de mí, haciéndome bestia.
Aunque fuera ciego, no me perdería.
Nadie escribe de la baba que nos conduce a la lujuria y se pega en las piernas al caminar desnudo.
La dinámica de fluidos se olvidó en algún momento del mejor fluido, del más importante. Más que el agua.
Río en Puebla
Publicado: 28 octubre, 2013 en ReflexionesEtiquetas:fotografía, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Realidades truncadas, Ultrajant
Un tamal y un atole
Publicado: 25 octubre, 2013 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, atole, comida, dolor, emociones, gris, Iconoclasta, indiferencia, Pablo López Albadalejo, pena, soledad, tamal, Ultrajant
Un tipo camina lentamente mirando el suelo y lo que no hay en él. Un tamalero pedaleando en su triciclo amarillo con sombrilla azul, parece luchar contra la monocromía de la calle de gris asfalto roto, paredes despintadas y charcos eternos de agua que hacen espejo para las nubes de plomo. Se detiene junto al hombre que refleja en su rostro la gama de grises del mundo y el cielo.
-Buenos días, mi jefe. Tengo ricos tamales de rajas de pena y asco, con dolores pulsantes en las sienes.
– ¿Y para qué quiero eso? No tengo esposa a quien regalárselo para el desayuno. Es que me meo…
-Es mejor que esa indiferencia que le pesa en los hombros, güero. El dolor y la pena dan intensidad y color a la vida, es mejor lo malo que la nada.
-Ya he tenido de todo eso, tamalero. Me ha costado mucho tiempo y desengaños ser neutro. Me va bien la vida con la indiferencia, me gusta más. Yo elijo.
-Cómpreme aunque sea uno de frustración con salsa roja, es el último que me queda.
-No. No me apetece, ya he tenido bastantes emociones a lo largo de mi vida. Soy mayor. Sé lo que digo y tú no tienes ni puta idea de nada.
– ¡Qué triste acabar así!
-Mira tamalero, lo triste es amasar cada día toda esa basura para hacer alimento con ella. No sigas convenciéndote de que la mierda es buena. Has fracasado y de ello haces un manjar, no tienes nada que contar más que la vulgaridad tuya de cada día.
-Es usted muy duro hablando, mi jefe, se nota que no es de aquí. ¿De dónde viene?
-Ni lo sé, ni me importa.
– Está bien, güerito, me tendré que comer este tamal y además solo.
-Tampoco me importa, tamalero. Cuando tengas de mole dulce, mi indiferencia y yo te compraremos uno en torta.
– ¡Ándele, mi jefe!
-Vete a la mierda con tus penosos tamales, falso romántico.
-Si es que un pesito cuesta mucho de ganar y quería vender antes los que se pasan más pronto. Todas las emociones mueren rápidas. Tengo uno de mole como a usted le gusta.
-Pues dámelo y déjame en paz.
-Parece que va a llover, mi jefe.
-Me suda la polla, los hay que van a morir y no importa.
-Tenga… ¿Quiere un vasito de atole?
– ¿También está hecho con penas de mierda?
-No, mi jefe, es puro maíz endulzado con piloncillo, leche y cacao. Si le digo la verdad, como el atole lo hago yo, no quiero mancharme las manos con dolores; porque de alegrías apenas hay ingredientes y van muy caros. Es mi mujer la que hace los tamales y el champurrado, que está aromatizado con enfermedad y pobreza.
-Dame un vaso; pero es que tomar maíz con maíz es lo mismo que hacerse una torta rellena de torta.
-Tiene razón, pero es barato… Acá entre nos, güero: la vida no es intensa, es siempre más de lo mismo. Tamal tras tamal, atole tras atole. Voy aprendiendo, mi jefe. Lo del dolor y la pena es pura publicidad, no le voy a engañar.
-Es tan gris este atole como yo me pensaba, precioso. No me gustan los colores banales. Me largo, no tengo nada que hacer y no quiero estar aquí más tiempo.
-Adiós, mi jefe. Cuando sea viejo, quiero ser como usted.
– ¿Y qué importa? Tal vez mueras antes.
-Estamos muertos los dos, mi jefe.
-Lo sé, está bien. Adiós.
![]()
Iconoclasta
Países y culturas que limpiar
Publicado: 24 octubre, 2013 en ReflexionesEtiquetas:asesinato, Crítica social, deficientes mentales, ensayo, Iconoclasta, noticias, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, religión, tribus, Ultrajant
Noticia del jueves, 24/10/2013:
En un aldea de Afganistán, a principios de esta semana han aparecido los cuerpos decapitados de una pareja de novios; tanto él, como ella, no tenían aún veinte años.
Lo hicieron los propios familiares, seguramente asesorados por algún sacerdote, porque es pecado tener relaciones sin estar casados.
Por supuesto, los cuerpos no los han enterrado porque han cometido ese pecado atroz y no se lo merecen.
Un yemení, seguramente no será castigado tras quemar a su hija porque la sorprendió chateando con un chico por el móvil.
Solo en países poblados por retrasados mentales se dan este tipo de casos.
Al igual que los pueblos caníbales o antropófagos (simios casi humanos con tal deficiencia mental que les es imposible usar la inteligencia para cazar animales más inteligentes que ellos y por lo tanto se tienen que comer a sus paisanos porque es lo fácil), los musulmanes radicales como afganos y yemenís (y hay la hostia puta de países iguales a ellos), son pueblos que están llamados a ser sometidos por razas mucho más superiores a ellos, en inteligencia, fuerza y valor.
Es bueno que se maten entre ellos y que los drones (los aviones dirigidos por control remoto) funcionen tan bien, porque para liquidar a una nación o pueblo de tarados, es mejor hacerlo con poco dinero.
Se necesitan limpiezas étnicas selectivas, bien llevadas, con justicia. No sería nada reprobable, lanzar bombas en esos países hasta que no quede nada y a los supervivientes, que se les ponga a trabajar como esclavos en alguna granja de cerdos o pollos. Vamos, que solo limpien mierda.
Si los habitantes de estos países y tribus se extendieran, se podrían cruzar con razas más inteligentes (medianamente inteligentes como mucho) y estropear la genética. Todos estos musulmanes radicales (al igual que los pueblos caníbales), se han desarrollado en una endogamia milenaria.
Han follado tanto padres con hijas, entre hermanos, entre hijo y madre, entre abuelos, tíos, primos y sobrinos, que sus cerebros son un mousse de mierda. Hasta tal punto, que comen donde cagan (cosa que ningún animal hace). Una cosa es la diversidad cultural, y otra tener que soportar que existan monos y los llamen humanos, consumiendo agua, comida, cagando y ensuciando.
Hay pueblos y culturas llamadas a la extinción porque ocupan espacio y recursos que podrían beneficiar a otras gentes. Las razas superiores tienen un deber y éste consiste en hacer una selección natural, ya que estos simios no tienen más predadores naturales que ellos mismos; pero se follan a sus madres y vuelta a nacer idiotas. Es un bucle sin fin.
Una vez sometidos los monos, se usan los recursos naturales que sus patéticos cerebros no han sido capaces de entender.
La historia demuestra que es el único camino para que la raza humana alcance y se mantenga en una buena clasificación en el planeta entre el resto de seres vivos.
Cualquier otra consideración es tirar margaritas a los cerdos.
![]()
Iconoclasta
Lo que no tengo, lo que no debo
Publicado: 24 octubre, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
No le debo nada a nadie, todo lo que no he ganado ha sido sin ayuda.
Mis padres muy buena gente, los quiero mucho y bla, bla, bla… Todo eso que se dice; pero tampoco les debo nada.
Hasta mi enfermedad ha sido desarrollada celosamente por mí.
No ha habido ayuda jamás, ni la he pedido. Soy mi propia ONG.
Así que me suda la polla el hambre y la fatiga de la humanidad. Ya tengo bastante con mis miserias.
No debería pagar impuestos por la nada que tengo.
Que los jodan a todos.
Eso sí, tengo muchas colillas, cuando las encuentren curioseando en las bolsas de basura, que hagan lo que les dé la gana con ellas. Total… Están quemadas como yo.
Soy lo que rima con joya de gracioso que soy.
Bendiciones de mierda.
Recuerdos cadáveres
Publicado: 23 octubre, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
La nostalgia es un veneno triste que no deseo, no necesito. No quiero oír canciones y luchar contra la pena, contra recuerdos que no volverán. No quiero ver fotografías que reviven a los muertos a pesar de estarlo.
Muertos…
Los recuerdos son cadáveres y sirenas que llevan directamente al Mar de las Penas, me hacen navegar bordeando el Arrecife de las Imposibilidades.
No quiero eso.
Entiendo la necesidad de Ulises por unas cadenas, por muy bellos que sean los cadáveres.
Hay un riesgo de no volver, de acabar en recuerdo.
Los cadáveres no deberían inmiscuirse en la vida, tuvieron su tiempo. Y sin embargo, parece que la vanidad no muere, ni el egoísmo. Ni la avaricia de querer más usurpando un lugar que no les corresponde.
Parece ser que nada ni nadie cambia con la muerte, es decepcionante.
Cuartel general de la locura
Publicado: 21 octubre, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
La barbitúrica soledad.
Publicado: 19 octubre, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
La soledad es mi droga más adictiva.
Cuanto más la vivo, más quiero y más necesito.
Es algo que va en contra de las necesidades humanas. Y todo lo que va en contra de la humanidad, va a mi favor de una forma natural.
A pesar de esto, no me engaño, son ellos los que me apartan de su lado.
Ser odioso también tiene sus recompensas.
De «El árbol humano», de Iconoclasta.
Publicado: 18 octubre, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
En aquel trozo de montaña, todo salía mal y a medida que aquellos árboles que formaban una familia de dos, crecían y maduraban, la pesadilla se hacía más real. Lo absurdo y lo patético se había propuesto invadir la cotidianidad nuestra de cada día.




