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La segunda vez en menos de dos años que el Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista Español del Coronavirus amenaza con una crisis económica sin precedentes, tanto es así, que anuncia que “reunirá a todos los agentes sociales por su gravedad”.
Es el segundo acto de la estafa del coronavirus.
La geopolítica del neonazismo del coronavirus:

  1. El decreto es poder divino.
  2. La obediencia lleva a la esclavitud.
  3. El miedo al abuso de poder.
  4. La inmovilidad a la ruina del pueblo.
  5. El control de las masas al tratamiento veterinario y castración del pueblo.
  6. La adoración a los líderes político-religiosos fascistas, es analfabetismo funcional y decadencia de raza.
  7. La fe lleva a la muerte por decreto.
  8. La muerte del poder fascista, es la que sufre el pueblo.
  9. Quien aplaude otorga y es mezquino.
  10. Las crisis son el parásito y virus social que el neonazismo inocula en la población como una garrapata.

Cuando verdaderamente disfrutas de la naturaleza es cuando dejas de fotografiarla a cada instante. Entonces le prestas la atención seria que se merece.
Y llegas a ese estado porque ya formas parte de ella y no es un hecho extraordinario vivirla.
En definitiva, uno de los síntomas de que ya perteneces al medio natural es cuando dejas de fotografiarlo todo como si fuera el último día y eliges lo realmente bello o curioso tras la observación.
Por ejemplo: la corteza que está arrancando y comiéndose del árbol el caballo ¿es narcótica y está enganchado a ella? ¿Flipa con ser Pegaso o un ñoño unicornio? ¿Debería rascarla y luego traficar con ella vendiéndola como crecepelo de la risa? Un poco de dinero extra no viene nunca mal, es para ayuda humanitaria, lo juro.
No te fijas en el caballo, si no en lo que hace, masca o esnifa. Incluso sientes ganas de ir a arrancar unas cortezas y masticarlas por si hubiera suerte.
Por otra parte, cuando has escuchado la potencia de la coz de un caballo, ni se te ocurre pensar en selfis molonas y tiernas.

Se debe sopesar por precaución (nada ocurre por casualidad) y porque es deber de todo ser humano inteligente y libre, desconfiar de los dictadores que ahora gobiernan con las tablas de los diez mandamientos del coronavirus: la misma conspiración nazi planetaria (de las antiguas democracias occidentales que existían dos años atrás, en marzo 2020) que ha creado la pandemia del coronavirus, prosigue con el segundo acto: la guerra entre Rusia y Ucrania. Que posiblemente virará a guerra mundial en un tercer acto. Una vez ensayado el control de las masas y sabiendo de su cobardía, obediencia y fe en los estafadores políticos es el momento de la exterminación más o menos selectiva de gran parte de la población.
Las poblaciones, a medida que sean alimentadas con imágenes y memes de la guerra, entrarán en tal estado de pánico que no se darán cuenta de que estarán en un campo de batalla. Han llegado allá sin una sola queja y con el bozal a cielo abierto aún en el hocico (como sería el caso del ejército militar español, por ejemplo).
Estarán recogiendo sus intestinos del suelo para metérselos dentro y aún repetirán la oración de: “¡Qué va! Hoy día no puede haber una guerra. A nadie le interesa una guerra”.
Puede que veamos pronto selfis de usuarios felices de patas amputadas en instagram y videos de evisceración por granada en tiktok, decorados con emojis tristes. Es la previsibilidad de la decadencia humana.
¿Putin es diminutivo de puto? ¿Es una divertida casualidad o una realidad obscena?

El amor es una dulce desintegración. Se desgastan las pieles, los labios y el alma misma con el íntimo roce de los amantes, a veces sereno, a veces embravecido.
Lo que resulta realmente extraño es que los amantes sigan existiendo a pesar de la eternidad que acumulan en su sensual y carnal desgaste.
¡Qué valientes! ¡Qué recios!
Qué locos los amantes que como a los arrecifes, las olas del amor erosionan.
Y el mundo se desmorona a su alrededor sin que les importe.

En algún momento algo se rompió y no quedó de todo más que un hilo deshilachado. Con aquellas venas desgarradas pendiendo del corazón en mi mano, dije: la vida es una mierda made in Tailandia.
Y se me escapaba como una tos una risa sincera y lúcida.

Es una auténtica lección de savoir faire geopolítico del nuevo eje oriental, enemigo del occidental.
Porque a un Occidente/Europa socialmente humillada, acobardada y arruinada por el coronavirus, solo le faltaba para quebrarse definitivamente a nivel social, absorber a cinco millones de refugiados como traca final al coronavirus. Cinco millones de personas pueden desestabilizar de muchas formas (aunque no sea su propósito) a los países que acojan semejante cantidad de inmigrantes/refugiados.
El grupo asiático u oriental formado por China y Rusia (ya hablaremos de Corea del Norte y Turquía a no tardar) ha actuado de forma impecable disparando a la base social.
La Tercera Guerra Mundial no la provoca esta vez un loco pervertido y maníaco depresivo como Hitler, esta guerra mundial que se prepara será mucho más inteligente matando y arruinando (o intentándolo, es demasiado pronto para atisbar quien gana o pierde, siempre ocurren azares) a las decadentes naciones occidentales y su demostrada cobardía e infantilismo durante casi dos años, ante una gripe que ha aterrorizado tanto a su población que ha llevado a que se abandonaran incluso, las obligaciones naturales como el sustento propio.
Putin es un muñeco chino.

Pasear entre las montañas siempre te depara alguna agradable sorpresa.
De vez en cuando te encuentras con un perro que te sorprende: “Hostia puta, es grande como una vaca”.
Pareciera que me mira demasiado fijamente, como un poco hostil y pienso en los capotes, los toreros, banderilleros, picadores y los animalistas. No sé porque, es un perro.
De cualquier forma me digo: “Como me gruña le pego una patada en los huevos al perrito”.
Pero nada, es un buen perro que cuando paso por su lado (el que me deja, es condenadamente grande), ni siquiera me mira. Son tan antipáticos cuando quieren…
Eso sí, es muy buen escalador. Ha desaparecido entre la espesura del bosque y cuesta arriba. A mí no se me hubiera ocurrido subir por ahí por temor a verme cayendo durante horas como Homer Simpson por un precipicio, en uno de sus ya clásicos e imprescindibles episodios de la estupidez y la torpeza.
Este Marlboro me sabe raro…

Hay curas (muy pocos, exóticos más concretamente) que están hartos del neonazismo impuesto con el coronavirus y aún así mantienen un ingenioso e hiriente humor sarcástico.
Está bien que alguno disienta del favoritismo del Vaticano hacia los actuales (es vieja la tradición) líderes nazis que han gobernado sus países con acoso, segregación, humillación, muerte y ruina gracias al coronavirus que, les ha enviado unas tablas de mandamientos fascistas que han exhibido sin rubor pisoteando sus cacareados “estados de derecho” de mierda.

Y es que después de tanta represión, acosos, encarcelamientos, segregación, ruina y respiración podrida, es normal que la peña quiera fumarse un cigarrillo de la risa tras casi dos años de ruina y humillación, no puede hacer daño.
Los dictadores han de conocer también cuando han llegado al límite para que la cuerda no mate definitivamente a los que los mantienen con su trabajo (el que lo tenga) y sus nóminas míseras, en el poder.