No es necesario ser epidemiólogo para llegar a esta conclusión sobre la pandemia del coronavirus, basta el sentido común y moderar la intensa cobardía de una población y gobierno decadentes hasta el vómito. Es la primera noticia en la que se critica con fundamento médico el confinamiento, al fascismo se le ha debido pasar por alto censurarla.
A pesar de la belleza del bosque en otoño no puedo evitar una tristeza que me impregna con suavidad y ternura con la llegada del sueño invernal y sus colores. Es una despedida, un mensaje cifrado en amarillos verdosos, dorados, marrones, rojos, bronces y por fin el gris de los árboles-esqueletos que dibujan líneas quebradas en los cielos blancos. Dicen los colores en su espectacular tristeza: “Hasta luego, compañero. Si los dos sobreviviéramos…”. Las hojas caerán muertas de los majestuosos árboles que se convertirán en no muertos de grises claros gélidos. Lo que hace dos semanas era verde ha comenzado a amarillear; ahora vira al dorado y dentro de unos días, será rojo y marrón. Y un poco más allá, cuando el frío forma nubes con la respiración será el gris de las cortezas lo que domine el bosque. Los rumores de las frondosas copas, se convertirán en crujidos con el viento. Y así sin darme cuenta, pienso en otoños; porque en los años no hay bellos mensajes de colores de agonía y miedo. Los años son pura banalidad, una invención de los seres que perdieron su lugar en la naturaleza. Mis otoños no son dignos, solo soy un espía del bosque. Yo tengo una guarida caliente y alimentos inagotables. Juego sucio a ojos del bosque, aunque nunca quise hacerlo. Me deberían fusilar…
Hay que ser muy imbécil para, después de haber escuchado las mentiras de las noticias del régimen fascista español, y además haber colaborado en su invención; escribir semejante artículo. Los que estaban enfermos de diabetes, de diarrea, diarrea mental, diarrea cobarde, del corazón, del hígado, de los riñones, los que tenían dolor de cabeza, caries y los que se masturbaban compulsivamente mirando al indigente Fernando Simón dar el parte diario de muertos e infectados en la tele; todos se contagiaban. Y los que tienen el cerebro seco como el redactor de esta noticia, también se contagiará junto con el sida por tanto dar por culo con estupideces.
En el budismo hay esa falta de entusiasmo que no puedo asumir. Pretende ser todo muy medido y reflexionado. Mal carácter el mío para semejante control. No quiero ni puedo controlar mis emociones. No hay en mis días tiempo para meditar, y para mayor inri, escribir es volcar todas las emociones posibles. Me he dedicado a cultivar los reflejos y la rapidez del pensamiento, aceptando el alto grado de errores que ello conlleva. Sé que es más elegante y eficaz la disciplina budista; pero al igual que para cantar se precisa una buena voz, para el control de las emociones se precisa un cerebro especial y, otra vez, demasiado tiempo. Si he de reír o llorar en el momento adecuado, que así sea. Quiero los grandes contrastes, arrancárselos a puñetazos a la vida. Y no pretendo el saber ni ser comprensivo con mis semejantes, es como correr tras el viento. Adoro mi naturaleza animal que va de la agresividad a la compasión, del amor al odio, del grito al silencio, del conocimiento a la irracionalidad.
Los no nacidos me preocupan un poco. Pareciera que esperan su turno, y mientras tanto, pienso que tienen frío. Pobrecitos… No son como los muertos. Son como yo esperando que un día difiera del otro. Siento pena por ellos, porque esperamos cosas imposibles. Me sentiría mejor si los no nacidos fueran simplemente muertos. Sin esperas, sin fríos. Yo tengo suerte, más que ellos. Moriré, algo definitivo por fin. Pobrecitos los no nacidos, intentando respirar en el Océano de la Ambigüedad.
Lo que afirma este director es pura chusmología*. Como la población española ya está muy aterrada con el asunto del coronavirus, van a edulcorar el cine de terror para que no se traumaticen esas almas cándidas que son los votantes y ciudadanos bien integrados que sienten una fe ciega por sus amos fascistas y su represión de libertad y economía. Aquellos cabestros que accedan a pasar dos horas en un cine con una puta mascarilla, podrán ver una nueva secuela del aburridísimo Joker (también interpretado por Phoenix), donde llora atormentado por los asesinatos que ha o pudo haber cometido, porque al fin y al cabo es un deficiente mental y confunde cagar con mear. O al mismísimo Michael Myers llorar en brazos de una tetuda y sorbiendo mocos, lamentarse de que su familia no tenía dinero para hacerle el cambio de sexo y de ahí su odio hacia todo bicho humano viviente. La tetuda, que es lesbiana, se enamora perdidamente emocionada del psicópata y frustrado transexual Michael en una preciosa noche de Halloween. Y así, (como todo en la puta nueva normalidad del fascismo español del coronavirus) todas las películas de mierda en las salas de cine españolas. Hay que cuidar que el miedo de la chusma española se mantenga en límites aceptables para que no se caguen encima porque habrá escasez de pañales también. Es lo peor que podía pasar, que jodieran el cine en favor de la miedosa chusma y en detrimento de la inteligencia.
*Chusmología: estudio de la chusma (conjunto de habitantes de una ciudad, con fe plena en sus gobiernos, obedientes y crédulos de que su voto ha servido para algo), su crianza, estabulación y castración.
Baja veloz por el irregular camino que corre entre prados, montañas y bosques, como si fuera fácil. A veces extiende los brazos como alas y me pregunto si despegará. Y no sé si sonríe por su habilidad, por el goce del aire fresco que la hace más bella si cabe, o simplemente por la música que escucha. Tal vez, sin más, se sienta preciosa en el planeta y todo lo demás es accesorio. Me fascina que siempre patina o camina deliciosamente sola, no precisa a nadie a su lado para ser una con el mundo. Y sola se sienta en un banco más allá del mío para descansar con una sonrisa latente en el rostro. Si no fuera tan viejo, diría que la amo. Solo puedo decir que la admiro cauta y secretamente. Porque en el aspecto de la libertad y la independencia, de la maravillosa soledad; somos iguales. Es importante encontrar seres así de extraños en la vida, aunque no sepas nada más de ellos. Incluso es preferible no saber nada para que no pueda dañarse la bonita percepción de su soledad. En un mundo pletórico de convenientes compañías la chica de los patines es un trallazo, una veloz estela de libertad entre montañas. Lo cierto es que si fuera joven tampoco me atrevería a amarla, se dice que la miel no está hecha para la boca del asno. Estoy de acuerdo con la vieja expresión, excepto en la miel, que no me gusta. Soy carnívoro. Y ella es deliciosamente carnal. Una carne que en efecto, no está hecha para la boca del burro viejo. No me preocupa, ya he amado demasiado.