Lo que ocurre con la follable Ayuso, es que al reunirse con el Caudillo Sánchez, se ha visto iluminada por un fascismo en estado puro y le ha gustado. Se ha infectado de hijoputismo y ahora, excitada y húmeda, quiere ejercer igual o superior poder dictatorial robando más libertades a más gente. Ya lo he dicho muchas veces, los caciques del fascismo español, conocidos como presidentes autonómicos, son la más radical cara del fascismo; como suele ocurrir, mucho más virulentos que sus amos o jefes de estado. España se ha convertido en un nicho de imbéciles fascistas en el estado más puro. Cualquier imbécil se ha dado cuenta ya a estas alturas que, robar libertades, acosar a la población e imponer a todas horas y en todo lugar el bozal de perro o mascarilla; no ha servido para frenar la epidemia. Lo que ha hecho la dictadura fascista española es arruinar, atemorizar a una población decadente, cobarde y servil debilitando su sistema inmunológico con esa prisión que llaman confinamiento; y provocar una nueva subida de contagios y enfermos de coronavirus. Y es que una de las grandes amenazas de cualquier sistema fascista, sea comunista o capitalista, es la ignorancia. La ignorancia combinada con la ambición, la corrupción y el adoctrinamiento de la mentira, es el verdadero virus. Esa ignorancia de políticos y funcionarios españoles, es lo que ha causado “los nuevos rebrotes”, hijo putas. No los que salen a pasear por la calle, hijoputas.
Lo que me encanta de este asunto del coronavirus, es que son los dueños de los perros los que llevan el bozal. Talmente como si el perro los paseara a ellos. De hecho es así, ellos, los perros, saben mejor que hacer y como comportarse. Digo yo que estarán alucinando pepinillos en vinagre, como si les hubiera bendecido una justicia divina colocando el bozal en la jeta de sus amos. A veces algo tiene un final feliz.
Va a llover y es bueno. Aunque no sea un buen detergente, la lluvia consigue arrastrar con cierto alivio la horrible pátina de cobardía y mezquindad que me salpica desde los otros, los ajenos. Los que no quiero, los que desprecio, los que odio. Que mal cáncer los mate, ese que una mascarilla no puede evitar. Va a llover y no será lluvia radiactiva, ni tan siquiera ácida. La humanidad tiene una suerte que no se merece, como la de los idiotas. Lloverá pronto porque los colores del planeta son mates y saturados. El verano está muriendo, todo concuerda. Es perfecto, aunque no del todo satisfactorio. Imagino millones de humanos mirando al cielo con el cuello y la boca abierta, inmovilizada por una enfermedad neurológica, por envenenamiento o por clavos en la quijada. E imagino la lluvia ahogándolos, lenta y temible. Ellos lloran sin posibilidad de salvación y a medida que sus pulmones se anegan escupen el agua que les vuelve a entrar, y así hasta morir. A medida que se aproximan las pesadas nubes, mi humor mejora. Debería haber un día mundial de la lluvia justiciera y reparadora. Y que a los muertos no se les ponga nombre. Lo que nace anodino, anodino es su cadáver.
Vamos a ver, que nadie se asuste o sienta una pena injustificada llevados por el amarillismo y populismo de la noticia. Quien ha sido un cerdo de joven, cuando llega a viejo, es el triple de cerdo, más malo. Los ancianos, por una simple cuestión de edad, no están exentos de ser unos auténticos hijos de puta, ni transmitir lástima gratuitamente. Posiblemente la vieja de la noticia tuviera una buena carga vírica de hijoputería y mezquindad y le dieron lo que se merecía. O sea, que las empleadas debían estar hasta el coño de la tipa. También sé que hay jóvenes despreciables; pero en lo que se refiere a esta noticia; no voy a cometer la ingenuidad de creerlo por un video de mierda adjunto, que seguramente estará amañado para crear esa misma noticia en estos tiempos de cobardía coronavírica. El respeto no se gana por edad, se gana por decencia.
Es vergonzoso que los padres, en lugar de ánimo, valor y determinación; inculquen a sus hijos cobardía, pereza y servilismo. ¿Qué pensarían aquellos monos de los que descendemos, si un humano de esta repugnante sociedad, se negara a buscar comida por miedo a los leones, lobos y otras bestias? La decadencia es tan grande que encuentro necesaria la extinción humana, es indigno pertenecer a esta especie. Con toda probabilidad, los decadentes endogámicos cagados de miedo, creen que quedándose en casa el coronavirus se irá aburrido a otra galaxia, o a otro país. Porque España, está visto, es el número uno de los países cobardes y mezquinos. Justo por eso, es el más venenoso para la salud; por su cobardía y desidia. El coronavirus se quedará como una enfermedad endémica más, como la gripe, la malaria, la lepra, el ébola… Ser tan cobarde y enseñar a los hijos a ser igual debería estar castigado con castigos corporales y esterilización. La decadencia de esta mezquina sociedad alimenta mi violencia misántropa hasta límites cada vez más difíciles de controlar. Que metan a sus hijos encerrados en bolsas selladas al vacío, no te jode. O tal vez quieran un profesor por domicilio. Ridículos analfabetos palurdos…
El gobierno español de los caudillos Sánchez e Iglesias, junto a sus afectos responsables y sus caciques (presidentes autonómicos); deberían ser acusados y juzgados de secuestro de las libertades más básicas, delito contra la salud pública y genocidio. Además del personal médico, sanitario y del ejército y policía que actuó con complicidad. Y por supuesto, los medios de comunicación y la prensa española, encargados de crear y mantener el pánico y la histeria entre la población con mentiras y desinformación. El fascismo español se defiende de su negligencia y la inutilidad de los cuatro meses de prisión y acoso al ciudadano, alegando que la culpa de los rebrotes es por causa de la juventud y sus botellones. Pero fue la prisión a la que sometió a la población la que debilitó el organismo de los habitantes durante esos cuatro meses de inmovilidad forzada con severa coacción. Millones de personas se estresaron, se creyeron enfermas y no respiraron aire libre ni realizaron sus actividades diarias. Quedaron estabulados como animales de granja durante casi dieciséis semanas. Y su organismo quedó débil e indefenso. Y esos cuatro meses fueron premeditación y alevosía del nuevo fascismo español. Cuando por fin el acaudillado gobierno español instauró La Nueva Normalidad Española, impuso el uso indiscriminado y salvaje de la mascarilla a todas horas y en todo lugar; negando a la población que pudiera respirar correcta y decentemente y por ello, provocando un fulgurante rebrote de contagiados de coronavirus (verdaderos y falsos más que verdaderos). La mascarilla impide que a los pulmones llegue la necesaria flora y fauna microbiana; y por lo tanto, a la sangre. Por si eso fuera poco, la mascarilla empobrece el aire, contaminándolo con el propio anhídrido carbónico que normalmente se espira; si no obligaran bajo amenaza policial a llevar semejante bozal. El gobierno español y sus afectos son los únicos responsables de los “rebrotes” ante su continuo acoso al ciudadano; pero sobre todo, los presidentes autonómicos se han convertido en los talibanes del fascismo del coronavirus, actuando contra las libertades de una forma mucho más radical y fanática. Por otro lado, si la cobardía fuera delito, el gobierno de La Nueva Normalidad Española debería ser condenado a muerte. No, no son los jóvenes, ni los niños los que propagan el virus. El gobierno, sus ministros, sus generales, sus policías y sus médicos tienen la absoluta responsabilidad del deterioro de la salud pública. Y por supuesto, deberían ser acusados de genocidio: negaron el acceso al tratamiento médico y la cirugía de mucha gente grave, sobre todo vieja; que sin duda estaba padeciendo afecciones mucho más graves que el coronavirus (es lógico así que no se realizaran autopsias que los pudiera delatar como asesinos). Por el gran número de muertos, se les puede acusar de genocidio sin ninguna duda. Así como a los altos funcionarios del ejército, policía y sanidad que actuaron con complicidad para llevar a cabo semejante masacre. Que nadie se engañe: que el gobierno de La Nueva Normalidad Española sea juzgado de secuestro y detención ilegal, delito contra la salud pública y genocidio; no podría ocurrir jamás. Ya que el mismísimo poder legislativo, autorizó semejantes crímenes. Abreviando: perro no come perro. Pero lo importante para la propia dignidad, seguridad y salud, es identificar correctamente el timo y a los delincuentes. Porque de justicia jamás la ha habido ni la habrá. La ley es lo más lejano de la justicia. Es incluso un escupitajo a la justicia. Porque ahora, debería ser todo tan honrado y sencillo como: quien tenga miedo, que use la mascarilla y quien no, que lo dejen tranquilo y respeten su libertad. Así los cobardes estarán “protegidos” y los decentes libres. Pero un solo valiente deja en evidencia a millones de cobardes, y la envidia es el peor virus que existe.
Pues lo tenemos crudo los libres pensadores, porque si el comité fascista español, imita también a la dictadura china (como ha hecho robando la libertad a los ciudadanos españoles con la excusa de una epidemia); habrá que ir cerrando voluntariamente blogs para que no te peguen un tiro en la nuca y tiren tu cadáver en el Valle de los Caídos o en cualquier cuneta elegida al azar.
Si eres tan idiota de meterte en el cine a pasar dos horas con una mascarilla, el riesgo es que te llamen estúpido, amén de salir con el cerebro seco como arena de playa. En una barbacoa, si te arrimas demasiado, corres el riesgo de quemarte los órganos genitales. Y de todas formas te has de sacar la mascarilla para comer ¿no? ¿Entonces a qué viene tanto remilgo, imbécil? Si has sido tan idiota como para hacerte una prueba de coronavirus y da positivo y tu pareja está más sana que un pedo; es que tu pareja no te ha puesto los cuernos como tú has hecho (o ha sido más inteligente), salido cobardica. Si tienes miedo al coronavirus, ni folles, ni respires, ni vayas a una barbacoa, ni al cine a ver el ladrillo de Joker o algo de la misma clase de pseudo filosofía for dummys. Tonto del culo. Más idiotas y nacen de plástico. Dan ganas de castigarlos de cara a la pared con un supositorio de madera astillada.
El cobarde se hace generación tras generación gracias a una genética endogámica producto de las grandes concentraciones ganaderas de humanos en las granjas-ciudades. Y a una muy bien planificada estrategia para crear generaciones de gran ignorancia y nula visión de la historia. Un miedo paranoico al esfuerzo físico, ha hecho del español, uno de los cabestros mejor valorados del mundo por su docilidad y obediencia. Si a la cobardía le sumamos la inevitable mezquindad, puedes vomitar. El miedo a la cafeína o a la leche entera era solo un aviso de la mucha cobardía que habita en la península ibérica, España más concretamente.
Claro que sí, cuanto menos tiempo estén aprendiendo en el colegio, más cabestros se crean. Y así, gente muy joven, crece y se desarrolla en la ignorancia, la cobardía, el terror al esfuerzo y en la obediencia ciega o fe en sus amos y protectores que forman el nuevo fascismo de la nueva normalidad española. Está visto que en tiempos de epidemia crecen los cretinos como hongos en los pies.