Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

Yo Divino

Una luz cenital se derrama por mi viejo, curtido y bello rostro.
Señalándome, eligiéndome y haciéndome singular en este planeta al que no pertenezco, soy un error.
Me hace Divino a los ojos de los mortales.
Solo es concebible Dios cuando soy consciente de Mi propia existencia.
Cuando la Divina luz me baña.
Entonces creo en las liturgias y otros ritos supersticiosos.
No he venido a salvaros, solo a mirar.
Otro día hablaré de las tablas de unos mandamientos que me dejó caer un rayo en una tarde de tormenta (con zarzas ardiendo y todo el atrezzo), cuando subía la montaña en bici y ahora las uso como cenicero.

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La madurez mental se alcanza cuando se reconocen todas las imposibilidades de cumplir los anhelos.
Y aún así, a pesar de todos esos fracasos; eres capaz de masturbarte satisfactoriamente.

Follar escribir

¿Y si escribir es mejor que follar? Si llegara a creer lo que invento, follaría con mujeres muertas hace decenios. Es amoral evocar muertos para follarlos.
Es una consecuencia de mi amoralidad. Me he propuesto ser indecente, no es azar.
Tal vez ni siquiera retiraría los ojos del papel.
Me bastarían para correrme unas palabras.
Escribir con los dedos resbaladizos pringados de semen.
Encender un cigarrillo que crepita mojado por los hijos que no nacerán.
No es una locura, es un pensamiento cuidadosamente escogido. Fríamente razonado.
Si escribiera palabras con sangre, no se coagularían jamás. Palpitarían orgánicamente (como su coño cuando lo cubre mi mano) en el papel llenas de vida y sufrimiento por las venas que no las cobijan.
Hay un punto de inevitable crueldad cuando escribo.
Es bueno. La locura niega la mediocridad.

Realidades y virtualidad

Conversaba con una amiga y lanzó una cuestión: ¿Imaginas cómo sería si confundiéramos entre la realidad verdadera o una virtual? ¿Cómo podríamos diferenciarlas?
Lo hermoso de esta cuestión es el lado romántico; donde ausencias y secretos contados a grandes distancias, imprimen un sello onírico donde el pensamiento acepta posibilidades imaginarias que la realidad impide con saña y crueldad. Es una necesidad para desarrollar el amor. Siempre ha sido narcótico amar.
Sin embargo, profundicé y pensé: ¿Quién puede tener problemas con ello?
(Me es inconcebible: yo escribo y creo pesadillas, amores, obscenidades… No quedo atrapado en ellas, ni en mis introspecciones destructivas).
La realidad virtual no existe, no como sueño, no como imaginación, no como posibilidad.
Y razono que se trata de la eterna lucha entre lo objetivo y subjetivo. Dos realidades que se confunden a menudo.
Lo «virtual» es una cuestión semántica adaptada a la tecnología.
La realidad virtual consiste en identificarse en un mundo artificial, desarrollar las propias emociones y sentimientos en un lugar que otros han fabricado. Y vivir ese mundo consciente y voluntariamente por un tiempo prefijado por el fabricante.
La realidad subjetiva es involuntaria y se forma con los deseos, miedos y carencias propias durante la vigilia, la vida cotidiana.
No es virtualidad, es idealización, conveniencia inconsciente.
Hay colores de cabellos y ojos que cambian según quien y en que momento los observe.
La realidad objetiva, hace de un ladrillo, lo que es: un ladrillo.
Algo mensurable y táctil, sin errores de concepción ideológica.
Y la imaginación podría hacer del ladrillo una obra de arte. ¿Sería posible creerse la propia mentira y usar el ladrillo como elemento decorativo en la mesita de noche? No, se quedaría en puro esnobismo. Algo insostenible para una mente bien formada.
La realidad virtual es un juego fácil y limitado. Un pasatiempo en el que no existe el quebranto emocional e irreal de un sueño.
Lo preocupante sería creer que nuestro sueño fuera la realidad, si eso es posible. Porque cuando agonizamos de angustia en un sueño, o cuando estamos en un éxtasis paradisíaco; despertamos. Y unas veces nos encontramos tirados en el fango de la realidad y otras, nos alegramos de encontrarnos en ella.
El despertar y adquirir conciencia es un paro de emergencia que evita la locura, el colapso del cerebro.
Lo que sí es cierto, es que un sueño puede condicionar nuestro pensamiento consciente durante un tiempo, la duración de esa perturbación depende de la intensidad de lo soñado.
Y vuelvo a pensar: ¿Quién puede tener problemas con ello? ¿Quién puede confundir objetividad, subjetividad, virtualidad o sueño?
Son preguntas retóricas, porque conozco las respuestas:
La inteligencia, la imaginación y la capacidad intelectual de analizar lo que ocurre en nuestra mente o en la periferia, solo está presente en una ínfima parte de individuos.
La humanidad en general, se nutre emocionalmente de una corriente empática como la que se transmite por las antenas de las hormigas u otros insectos.
Hay una importante inmadurez en la razón humana, de tal magnitud que es posible que necesiten que alguien les diga lo que es real o irreal.
Y comprendo el verdadero alcance y profundidad de la cuestión que lanzó mi amiga: la estulticia humana.
Es como si por algún defecto debido a una evolución inacabada o errónea, el ser humano tuviera un cerebro demasiado grande que hace de su vida una sucesión de confusiones e imágenes injustificadas. No puede gestionar todos los datos sensoriales que recibe.
El problema, no es la realidad; el problema es la imbecilidad.
El problema es que morir les da miedo.
Sí. Deberían hacerse muchos videos para enseñar a la humanidad lo que es real, que aprendan a reconocer sus propias mentiras y alucinaciones que ellos mismos crean desde el instante mismo en que se miran al espejo para lavarse los dientes y ven, incomprensiblemente, un ser superior.
Y subir a yutup y otras redes sociales todos esos videos. Divino…
No me engaño, sería una obra ineficaz para combatir la inmadura ingenuidad humana, no lo entenderían, les causaría más confusión.
Y por otra parte, vivo en un mundo de idiotas, no necesito ni quiero que la raza humana mejore. Me importa poco el altruismo o la esperanza de un mundo mejor. Esto es solo un ensayo, un ejercicio filosófico.
Puedo seguir viviendo entre idiotas lo que me queda de vida.
Estoy acostumbrado.
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Si dios hubiera sido inventado en tiempos recientes, lo hubieran fabricado en Latinoamérica.
Y su representación sería un cuerpo decapitado colgando de un puente de carretera de mala muerte.
Y le hubieran cantado narcosalmos y narcoraciones.
Y la Narcobiblia sería La Narcopalabra.
Narcoamén.

Viejos matrimonios

No. Lo malo no es el divorcio.
Es bueno. Es salvación.
Lo malo de un matrimonio es el tiempo, la gran cantidad de años de mediocridad que acumulan los cónyuges para convertirse en asistentes sociales el uno del otro en la vejez.
La cobardía y la molicie generan pactos más largos que la venta del alma al diablo.

Nacer para matar

No son las mismas palabras las que se escriben en un escritorio, que las que se escriben en la naturaleza.
No es el mismo pensamiento el que se desarrolla entre paredes que el que se desarrolla en lo profundo de un bosque.
Entre paredes tienes el control de cada palabra, de cada pensamiento hostil, porque estás rodeado y preso de razones, sonidos y presencias ajenas.
Interferencias.
Pero en plena naturaleza hay momentos en el que pierdes el control del cerebro y te olvidas de la hostilidad.
Te das cuenta en un preocupante ataque de ingenuidad, que en medio de tantos árboles y vida, no hay nada que odiar.
Y sonriendo aplasto un ser vivo que repta tranquilo por el sendero; sin saña, sin ninguna razón.
Concluyo que matar o morir, no es tragedia, son simples consecuencias de haber nacido.
Vuelvo al escritorio y siento con cierto desánimo, que no hay nada que matar con serenidad.
Es hora de odiar.

 

Eden Adams

En Telegramas de Iconoclasta.

ratas por águilas

El águila vuela alto, más que ninguna ave, con las alas muy extendidas, orgullosamente visible.
Alardea que está por encima de todos y elige quien vive y quien muere.
No es extraño que sea símbolo de muchos países, escudos y banderas.
Solo que los humanos no tienen esa belleza, estilo, ni dignidad.
Los emblemas con águilas deberían sustituirse por animales más acertados y coherentes con la naturaleza humana.
Hay ratas muy bonitas. O zarigüeyas.
Son especies acertadas.
Los cerdos, bien, pero el color es demasiado llamativo.

La poda o la joda. Abril 2017. Samsung
Con los árboles tan mutilados por la poda, pienso en amputaciones y filos quirúrgicos. En el dolor y los analgésicos. En cirujanos y jardineros mediocres. Desganados.
El dolor ajeno se conjura con indiferencia.
No es perfecto; pero consuela a los cobardes.
Es tarde para la indiferencia, lo sé todo.
¿Acaso os gustaría que os cortaran las uñas al nivel de la articulación de una falange?
El dolor no se poda.
La poda es el dolor.
Las podas todas.
Y la tristeza de estar vacíos.