Es que esas tetas son de infarto, y esa cara que ha tenido a bien de no cubrirse con el bozal. Su actitud soberbia, voluptuosa la hace prácticamente follable aunque tenga que pagar. Es la virgen María personificada; pero en versión playmate del año del fascismo español del coronavirus (lástima de bozal de la papada, es lo único que objetar). Y el tarado del articulista o pseudo periodista hablando del estado de alarma fascista y su bofia fascista y sus multas. Ser idiota, vale; pero además ser maricón ante semejante diosa, es algo que no se puede indultar. Es que me he enamorado del pibón, en el fondo soy un romántico.
Hay momentos en los que Jade está ida, ausente. Y es tal la potencia de su ancestral pensamiento de licántropo que siento el aire denso y a la vez sereno. Me fascina Jade Negro, su alma. Su belleza despreocupada. Jamás le preguntaré que piensa, puedo intuirlo. Y porque no nos gusta que nos lo pregunten. Tenemos nuestros secretos. Nunca pensamos en una cosa, siempre hay una vorágine de imágenes, palabras, sonidos y emociones superpuestas. Simplemente están ahí girando, y a veces no podemos quitar la vista de ellas. Si nos preguntan en que pensamos mentimos, o callamos respondiendo “en nada”. ¡Se le satura la belleza cuando está a solas consigo misma! Su propio silencio la envuelve, la acaricia, la ama… Escribiendo estas líneas en la libreta, me habla. –¡Ico! –Dime Jade. –¿En qué piensas? –ríe divertida, con astucia. –¡Puta! –le respondo con toda mi risa, con todo mi cariño. Y nos reímos los dos. ¡Qué genialidad la de Jade! Mientras ella lee mis palabras, le preparo un café porque se lo merece. Más que yo.
Es todo silencio, como en el mismísimo espacio. Cuando la muerte ronda cerca, los seres callan muy astutos su existencia. Memento mori. El viento es una azada invisible que tienta la vida del árbol, que silencioso y aterrorizado resiste sus afilados embates. Y yo espero silente, lejos. Porque sé que no resistiré el golpe cortador de vida. No soy un árbol. Memento mori. No me quedan hojas. Lo perdí todo…
Salir cuando los humanos se resguardan del frío y la lluvia, a veces tiene premio. Y te encuentras un hermoso juguete por el camino, una cría de salamandra que se queda inmóvil como un juguetito abandonado. Te preguntas si estas pequeñas joyas que, al igual que las flores más bellas, fueron creadas por la casualidad; si tuvo a bien calcular la elección del color, la plasticidad y la ternura que produce algo tan pequeño y bello, a pesar de ser producto del azar. Es una antítesis, no puede haber voluntad en el azar, pero cuando algo es perfecto, el cínico piensa donde está la trampa. Se encuentra a un metro escaso del bosque denso y húmedo, seguro que llegará. Suerte con la vida, micromachine bonita.
La fotografía en blanco y negro es una bella metafísica de la mediocridad. Una gama de grisentería que hace de los colores más apagados un misterio y a los más radiantes roba su protagonismo y vanidad. Tal vez el blanco y negro, además de su facilidad para revelar por cualquier aficionado en los tiempos anteriores a la foto digital; tiene su encanto en que es una visión extraña del mundo, más simple; pero hace de las texturas las grandes actrices estelares. Lo viejo se hace atávico y a falta de color, más digno al convertir lo decrépito en antigüedad. El pelaje más intenso, más espeso, o más ralo si así se da el caso. Las plantas ostentan con orgullo de músculo las venas de clorofila en sus hojas y la cicatriz heroica de algún hongo. El blanco y negro se centra en la intimidad. El color en la espectacularidad y la realidad sin piedad: es nuestra visión diaria. Desafortunadamente (afortunadamente para nuestra supervivencia) no podemos ver en escala de grises. El color crea polémica, una batalla de tonos que el cerebro humano debe descifrar debidamente. Lo gris relaja con su uniformidad y los simples claroscuros. Ambas técnicas son la metáfora de la sociedad y su riqueza y miseria: puesto que no hay suficiente riqueza (color) para todos, es mejor repartir la pobreza (lo gris) dulcificándola con un poco de romanticismo. No puede hacer daño. Es una mirada cínica al apasionante mundo de la fotografía, desmitifica los grises y le otorga su crudeza al color. Las cosas como son, por mucho que nos apasione el blanco y negro, es demasiada simplificación; como para perder el rumbo. Las razones para elegir entre el color y la gris monocromía, cuadran con la humana esencia que ha formado una sociedad banal e infantilizada que solo satisface a los lelos: realidad o cuento. Y me gusta la grisentería en la fotografía, me lleva a evadirme. Siempre digo que demasiado color me da dolor de cabeza. Bien, cuando fotografías y obtienes lo que has visto simplificado a una gama de grises, puedes pensar que has visitado un lugar extraño para variar. Todos quedamos perfectos en blanco y negro cuando no hay un color que pueda salir marchito. Técnicamente la dificultad radica en el color, la idónea temperatura de la luz, el contraste mayor o menor de tonalidades, la sombras son más duras e insalvables, requiere más precisión y ser muy selectivo con lo que se pretende destacar. Si dominas el color, dominas la técnica fotográfica. El blanco y negro, requiere más la elección del sujeto: que sea interesante. Porque a la mediocridad de lo gris, no puedes añadir algo más gris todavía. Es más relajante y da un respiro de tanta realidad pura y dura. Una pacífica y amable grisentería para todos los públicos. El color no perdona y la sangre es sangre, como la carne abierta y la carne en descomposición, como las escleróticas vidriadas en rojo. O las uñas blanco amarillento de aferrarse con fuerza a un clavo ardiendo para salvarnos del hastío y se nos escapa de los dedos. Todo puede tener su encanto y su canibalismo.
A veces aparento tranquilidad, pero que nadie se fie. Soy un experimentado y discreto misántropo. Y fumar es bueno, lo recomiendo a grandes y pequeños. Y si además lo combinan con licores, serán gente de pro y ciudad-anos de primera, en verdad os digo.
Si la bici tuviera pezones, a pesar de que parece una serena tarde primaveral de campo, los tendría duros como piedras, como los míos ahora gracias a esta “suave brisa” gélida de montaña. Por eso no me ha salido de las pelotas hacerme una selfi. Con esta “brisa” cabrona, es mejor no hacerse auto retratos para mantener una sana dignidad. Salir con los pezones marcados, solo deben hacerlo mujeres voluptuosas o no, en lencería o con ropa muy liviana y/o mojada. Aunque haga frío, os sienta de maravilla, diosas. ¡Adelante, mostraos!
–Ico, mira que he escrito: La soledad es el estado de equilibrio en el que no necesitas a nadie. Y así el amor adquiere la cualidad de lo desinteresado, sin frustraciones y miedos que lo puedan desvirtuar. –Es perfecto. ¿Estás un poco triste, Jade? –¿Verdad que es difícil estar solos? Tal vez un poco cansada de tantas amigas, de tantas risas. Soy una loba solitaria que no encuentra soledad. ¡Eh, no tengo la regla! Es que hoy me siento existencialista. –El amor es una soledad compartida. Los enamorados dejan el mundo fuera de sí, y se hacen extraños en el planeta. Son uno contra todo. Es difícil, realmente difícil encontrar una soledad de amor, Jade Negro. –¡Exacto! Amar es lo más difícil, Ico. Te lo dice una lobita que ha vivido siglos. –Es un hecho extraordinario, rarísimo; pero a veces sucede que una loba hermosa te arranca el corazón y sangrando la besas. Esas cosas ocurren, Jade. –¡Ladrón! ¿Me amas? –No, es tarde para esas cosas. Pero es difícil no amarte, me pones en un aprieto. –Te muerdo, te hago lobo y ya está; así cuando me emborrache, no te mato. Y te quedas conmigo, porfi. –Has tenido muchos amores, cielo. –Ya, pero tomo mucho vodka, aparece la luna llena y me como al amante. Nunca aprenderé. –No necesitas amar: quieres amar. Quieres estar con una persona todo el tiempo posible y cerrar la puerta de salida al mundo. –¿Y qué más da querer que necesitar? –Si necesitas, corres el riesgo de quedarte con algo como yo. Pero si simplemente quieres serenamente amar, esperas y aparece lo que no necesitas, sino lo que es imposible negar. Si buscas amor por miedo a la soledad, tu miedo e hipocresía serán dañinas. –Vaya, Ico, si llevara bragas se me mojarían escuchándote. Di que me amas. –No. –Un día te morderé y me besarás sangrando. ¡Cómo me gusta! –Estás en celo, lobita hermosa. –¡Ah, cabrón! ¿Te he dicho que no llevo bragas? –¿Dónde has estado, Jade, mientras yo corría veloz hacia la muerte? –No sigas ¿eh? Te morderé.
La sombra perfecta es la que nada la interfiere, se recorta perfectamente en su insignificancia y nada la perturba en la cercanía, ninguna otra sombra humana. Te convierte en cosa negra en el páramo, se prolonga desde ti y en ti se extingue. Es exactamente igual que tú, sin perturbaciones, sin adulterar, tu sombra es exactamente lo que eres, lo que la luz ve de ti. Porque en medio de la soledad, no eres nadie. Y es perfecto. Si fuera medianamente translúcida, estarías muerto. ¿Lo sabes, verdad? Si como individuo no existes, no existes, estás muerto, no tienes sombra. Solo lo sólido, solo lo rudo, solo la hostilidad, solo lo que sangra, solo lo que duele, da una sombra perfecta. No está mal, soy una buena oscuridad, una buena y tangible nada. Felicitaciones a los padres que parieron algo tan oscuro. El color me da jaqueca.