¿Crees en los augurios? Solo creo en la cronología de los hechos y sus secuencias y consecuencias lógicas. ¿Y si no hay lógica, solo basura? Soy perspicaz, lo sabré. ¿Qué le dirías a quien lee tu futuro? Le daría las gracias, algunas monedas sin valor y escupiría con displicencia cuando le diera la espalda. ¿Se han cumplido tus cálculos? Con absoluta precisión; salvo en las grandes distancias que son insalvables para según qué. No he llegado donde debía. ¿Crees que siempre hay tiempo? Mentira. Cuando el soporte vital es viejo el tiempo triplica su rapidez y observas el ataúd en el horizonte, es el único jalón de orientación que te guía.
Yo no busco presencias, busco los cuerpos tridimensionales, opacos, sólidos, parlantes, sensibles, hermosos, voluptuosos en su feminidad arrolladora. No puedo permitirme prestar atención a nubes de formas variadas por muy del más allá que sean y desatender a la belleza palpable, la que se toma, se besa y esperas que cada mañana despierte a tu lado, entre otras cosas para hacer el café. Bueno, siempre hago yo el café; solo pretendía no ser demasiado melifluo y de alguna manera, marcar territorio como macho. Los instintos van en el pack de oferta.
El amor nace en el pensamiento libre, en el odio a normas y cumplimientos, en la ausencia de necesidad. Nace en la miseria y en la pobreza sorpresivamente. Nace entre la cobardía y valentía. Que ciertos amores puedan causar náuseas es una cuestión de gusto. El amor no se puede ni debe justificar. Enamorar o enamorarse para combatir un cansancio, soledad, dolor o miedo es prostitución y deja para siempre un estigma imborrable de indignidad. El amor brota por razones innumerables, que nada tienen que ver con condiciones o necesidades. No se puede evitar que surja del instinto reproductivo, que sea parte del ritual sexual; pero si es así, el amor morirá pronto para convertirse en condena, en otra de esas cosas menos malas que tiene la vida. Cuando muere el amor, no se debe honrar su ataúd, es blasfemia cobarde y rompes con la esperanza de que surja otro de nuevo. Pocos lloran el amor muerto; realmente se llora la soledad y la nueva condición social. Si no hay amor no lo conjures, no lo fabriques; porque será ponzoña para el alma. Todo aquello que se crea por una necesidad de ambición o vanidad, es una infección. Y si te enamoras en tiempos y lugares ajenos a ti en esta época de cercanías meramente electrónicas, exprime lo que puedas del amor, porque es inevitable enamorarse de un pensamiento hermoso, de una voz que viaja como un fluido a través de una red de intrincados e indescifrables semiconductores, de una fotografía que supera en belleza aquella que en tu mente era el paradigma del deseo; pero no te engañes, es un amor de corto recorrido condenado a una muerte súbita. El amor se adapta a todo tiempo y lugar y por ello, a tiempos veloces, el amor nace y muere rápidamente. Con el paso de los años te esfuerzas en no amar. Al final sale mal la constancia y la perseverancia y te enamoras; y a la soledad la tratas como una mierda enviándola al carajo a sabiendas de que llegará el momento que la busques. El amor es un accidente habitual; la química humana es impredecible. Tal vez el error ha sido, desde tiempos inmemoriales llamar amor a la reproducción. No hay mucho más que decir, salvo que no siempre vale la pena perder la soledad por una calentura. Cuando veo una majestuosa escultura, me pregunto si la plantaron para que las palomas tuvieran donde cagar y esa pátina de mierda fuera un efecto deseado. El cinismo siempre da una conclusión grosera a las grandes cuestiones filosóficas.
Lo único que ha funcionado en esta mierda del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, es el ministerio de igualdad que ha puesto a todos a la misma altura con absoluta eficiencia. Ahora no se puede distinguir al perro de su dueño, a Sánchez del perro o al amo de Sánchez. Lo único que los distinguiría sería la sonrisa, al perro maldita gracia le hace el bozal; los otros más felices que mierda en bote con su igualdad de mierda. J(P)odemos unidas y su ministerio con mascarilla, ha cumplido con su función. Precioso…
¡Feliz Año Nuevo de un nuevo, normal y más fuerte franquismo 2021! Y recordad: vacunaos para que los Caudillos que todo lo saben, aquellos que os salvan la vida cada día; no os jodan trabajo, economía y la poca libertad que no han podido arrasar aún. Porque ellos y su bofia sabrán con precisión quien sí y quien no lleva cosida la estrella de David amarilla en el abrigo. Y para celebrar todo lo perdido, aquí una bonita estrofa de canción (de aquellas inteligentes, divertidas y libres que se han ido censurando con paranoico oscurantismo año tras año, gobierno tras gobierno) de aquellos ingeniosos y transgresores Los Toreros Muertos y su Mundo Mágico.
“Es divertido estar aquí, puedes hacer una canción con alcalde y gilipollas, por ejemplo: Alcalde gilipollas Alcalde gilipollas Alcalde gilipollas Alcalde gilipollas. Es fácil. Vivimos en un mundo mágico puedes hacer una canción con fin y con de las fin y con de las… Magic world! Magic world!
Que se metan el puto reguetón y “tú eres mi bebé” en el culo.
Siempre hay errores de cálculo en las “democracias” franquistas/comunistas. Tres ejemplos al azar de los millones que cometen los dictadores y sus caciques:
Cuarentena no significa centuria. Enfermar no es forma de curar. Solo un idiota aplaudiría a las siete de la tarde todos los días a sus represores y carceleros (presidentes, ministros y bofia).
El analfabetismo nunca ha sido una ciencia exacta. De hecho, aunque los fascistas electos no se lo crean, ni siquiera ha sido ciencia.
La ruta de la seda era la internet de la antigüedad: estafas, bulos, robos, pactos hipócritas, sonrisas venenosas y sinceros asesinatos; pero por encima de todo, la máxima expresión de la humana avaricia. La autopista por la que circuló la corrupción, la usura y la esclavitud entre Asia, Europa y África. Que además sirviera para expandir cultura, tecnología e idiomas, fue un hecho secundario e inevitable; nadie pretendió hacer semejante cosa. Hasta el romanticismo facilón tiene un límite: donde el conocimiento de la verdadera idiosincrasia humana dice “basta de estupideces”.
Mis padres follaron con demasiada alegría y despreocupación.
Y por ello tuvieron que cargar con la consecuencia: yo.
Y yo con ellos.
La vida está sobrevalorada.
Demasiados pseudo literatos de retórica fácil se callan muy cobardes y ansiosos de ventas, que la muerte y el dolor son la canastilla del recién nacido.
Lo peor que te puede pasar es nacer fuerte, porque no sucumbes a ningún dolor.
Si eres fuerte, la vida es asaz larga.
Sinceramente, prefiero que pase el tiempo rápido, en un bip-bip que diría el Correcaminos.
Y si hubiera nacido libre de dolores y tristezas concebidas amén, hubiera encontrado la forma de sentirme asqueado en este tiempo y lugar, una consecuencia más de mi aleatorio nacimiento.
Estaba condenado al fracaso.
Soy la consecuencia de una cópula mediocre.
Y si algo no pides o no quieres, se convierte en condena y el mundo en un vertedero.
Todo lo que contiene un vertedero es basura, a mí me contiene también; ergo…
En familia debes tragar cada año doce uvas que son cristales rotos que destrozan las muelas y a ti por dentro.
Hasta que rompes con casa y familia y la cosa mejora un poco; pero tampoco es que sea para tirar cohetes con explosión multicolor y traca final de alborozo.
Cuando al fin te quedas solo, de ser accidente no te libras.
Así que meto la mano entre tus muslos y accidentalmente, cuando los separas húmeda y viscosamente, juego con los filamentos que desprendes y los extiendo por esos labios que palpitan ante el roce de mis dedos ásperos. Cuando los separo y descubro esa belleza de perla que esconden, dura y resbaladiza; al presionarla tus uñas hieren la piel de mi brazo como si quisieras frenarme y a la vez, meter todo eso más adentro de tu coño.
Esa desesperación tuya no es un accidente; pero me roba la cordura y el decoro si alguna vez lo tuve.
Y chupo tus pezones para beberte, los amenazo con los dientes porque te comería. Me haces voraz.
Un voraz accidente.
Un accidente imprevisible que en medio de una frustración decide follarte.
Follarte sin piedad y cerrar la puerta a todo, incluso al aire y la luz.
Será que el corazón a veces baja al pene, se aloja en el glande y hace lo que debe con todas esas venas y con mi instinto accidental, como un jaco en vena que me arrebata de mi propia accidentalidad.
Y cuando te la meto, sin delicadeza alguna, todo está bien. Tu coño cálido se contrae y expande comprimiendo mi carne dura que hierve de presión, haciendo de mí un animal encelado, sin pensamiento.
Todo tiene sentido cuando revienta mi pene y la leche rebosa entre la cópula de tu coño y mi bálano.
Luego, mientras mi mano descansa en tu monte de Venus, a medida que el semen se enfría, vuelvo a mi accidentalidad y te beso como si tuviera que marchar lejos de nuevo, allá donde no pedí estar.
Un pajarito (un pajarito de mierda) me acaba de decir que dios ha muerto. Y no de coronavirus precisamente. Por lo visto, algún gracioso se ha ensañado con el sagrado. Si dios está muerto ¿dónde puedo encontrar a otro para rezarle mis deseos de que mate a mi prójimo, ese que odio profundamente con la intensidad necesaria para que se le seque la sangre en las venas? ¿Qué garantías tengo de que no será un imbécil hablando por un altavoz de profundos graves y con menos cerebro que un excremento seco, haciéndose pasar por deidad? No me apetece hacer el ridículo lanzando mis plegarias a un deficiente mental.
En España y sus particiones taifas no hay inocentes, solo oscuridad y feroz y ferviente represión. Cobardía y estafa. La bofia velando por la imposición y la eternidad de un franquismo resucitado con un resfriado. La bofia apostada venenosa y peligrosamente en cruces de carreteras, patrullando ferozmente por la calles en busca de una multa o detención falsas que los mantenga en la cima de la cadena alimentaria de la carroña en la que han convertido la más mínima libertad. Si pudieran me sacarían ellos la polla para dictar el tiempo que me conceden para mear. La bofia omnipresente patrullando las calles con nocturnidad tóxica, junto a sus colegas de especie las ratas; haciendo de las ciudades prisiones sin permisos carcelarios. Con sus lucecitas azules en los techos de sus coches grises que provocan vómito. La bofia esperando excitada la caricia en el lomo y la galleta de sus amos fascistas y asesinos que no gobiernan, solo asfixian. En España y sus taifas, no hay inocentes, solo enfermos, muertos, presos, negras noches y días grises como los uniformes de aquella bofia del siglo pasado que a tantos asesinó y encerró. Hoy no es día de inocentes ni de bromas; es solo otro día de mierda más, esperando encarcelados, las doce vacunas venenosas de la nochevieja del coronavirus y la prisión de un nuevo y normal franquismo. Hoy es el día de los gilipollas, como cualquier otro.