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Haber conocido día a día la faz más mezquina y cobarde de la chusma, de la masa humana tal y como ha revelado el coronavirus, ha sido la experiencia más nauseabunda que he experimentado. Todo mi desprecio por la masa humana se ha visto aumentado hasta la desesperación por no tener un medio potente para acabar con ella o crear un sufrimiento que lleve a las reses humanas a retorcerse de dolor durante días antes de morir vomitándose a sí mismos, como guantes a los que se les da la vuelta.
Solo es comparable la repugnancia que siento al verlos y sentirlos cacarear su miedo de mierda con esa mezquindad, a la de la primera imagen pornográfica que ves en la infancia y te ofende sin que puedes entender por qué. O el primer olor a carne descompuesta, el de una rata, que te revuelve las tripas hasta llevar el vómito a la garganta.
Así de agria y repugnante es la visión que he tenido y sostengo ya inmutable en mis retinas de la masa humana.
Hasta tal punto que me siento sucio de mezclarme con ellos, de respirar la atmósfera que pringan de mierda con su presencia, con su sola existencia despreciable.
En forma alguna puedo concebir ya la existencia de filántropos a menos que sean ciegos y deficientes mentales. Tal vez el filántropo sea el summum de la repugnancia y por ello cuida de sus semejantes.
Entiendo así mismo, la razón de que los dioses que la propia chusma apestosa inventó, traten a las multitudes humanas como trozos de mierda con sus continuas amenazas de castigos, plagas y extinción.
Si esos dioses existieran, la humanidad haría miles de años que estaría extinta.
Es imposible e inconcebible la dignidad y la ética en cualquier multitud humana.
El mito de Jesucristo y su traición y muerte, es el resumen y la verdad definitiva del género humano como rebaño de pastoreo y estabulación. Jesucristo quiso morir no para redimir de una mierda a ningún cobarde hipócrita; sino para demostrar lo obvio, para que ellos mismos esa multitud repugnante humana se diera cuenta de lo muy cerdos que son cada uno de ellos.
Es lógico que algunas novelas de ciencia ficción conviertan a las grandes concentraciones humanas en carne prensada y luego procesada para alimentar a otros iguales que ellos.
Debido a mi conocimiento acumulado de la historia y la peste que es la multitud humana, nunca como hasta ahora he creído tan necesaria una violencia indiscriminada contra el ser humano en cuanto a multitud y hacinamiento.
Pienso en la necesidad, mientras mueren violenta y dolorosamente, de dosificar anticonceptivos en el agua y otras bebidas de consumo humano para hacer un trabajo definitivo, con el que se garantice el fin de la especie. Y es absolutamente necesario que empiecen a dinamitarse los cimientos de las actuales sociedades, para que los escombros entierren u oculten los cadáveres.
Por lo demás, a los que forman los gobiernos que están pastoreando este ganado con su fascismo, oportunismo, falso paternalismo y robo, les deseo la lepra y que sus órganos genitales se deshagan como una diarrea antes de que mueran.
Esto es lo mejor que puedo pensar de la especie humana. Y con este manifiesto contra la mezquindad, la cobardía y la hipocresía de las grandes manadas humanas; doy fe de mi asco por si la locura o el olvido de mi cerebro podrido borraran en lo que me quede de vida, lo que una vez digna y furiosamente sentí.
No tener empatía alguna con los cerdos es el más grande regalo que pudieron darme mis padres.

Iconoclasta

Los caciques fascistas catalanes han de demostrar en todo momento su férrea represión y mantienen, sin que les tiemble la mano, el toque de queda marcial (con la excusa tonta del coronavirus) una horita más de prisión que el resto de las taifas españolas.
Cataluña y su rabioso fascismo jodiendo a plena potencia todo asomo de libertad, aunque sea solo una puta hora más.

Si tienes verdadera necesidad de amor y lo buscas, no lo encontrarás.
El amor es un animal que caza al acecho a víctimas desprevenidas, como cualquier otro depredador.
Así que, relájate y déjate matar; porque de morir no te libras.

No es habitual recapacitar en lo que no se sabe o ignora, es preferible que otros lo cuenten. Leer y entender lo leído, provoca jaqueca. Como si mujeres y hombres estuvieran menstruando constantemente…

Una vez se ha acostumbrado a la sangre, o lo matas o te joderá durante cuarenta años más. El cerdo ibérico tiene esas cosas del acoso y abuso.

No existen días de gloria porque no hay dignidad.

La nobleza no es popular, la gente se conforma con hacer alarde de su cobardía como lo hacen los neuróticos en sus reuniones anónimas.

Mierda…

Los cobardes enseñan a sus hijos a ser como ellos y mueren los pobres de infecciones porque son como las ratas y carecen de instinto de auto protección: comen donde cagan; lo que no hacen los animales.

Se eterniza lo malo y lo indigno en forma de religiones y tradiciones.

Y tradiciones y creencias están basadas en el miedo y la ignorancia. Las tradiciones sobre todo, es el cáncer de los pueblos, no permiten progresar y se rinde culto a la ignorancia de los viejos.

No todo es tan malo, cada día hay más enfermos de males mortales; esperanzas de que se regenere la raza humana. Aunque se echa de menos una gran guerra que alivie las apreturas en los continentes con más rapidez y dinamismo, incluso alegremente.

¡Psé…! Nada es perfecto.

Puta madre…

Eso me pasa por comprar sin pensar llevado por la voracidad literaria que no sabe de mi cerebro pequeñito.

La preocupación por la muerte también hoy pasa por ser correctamente reciclado.
Me alimento de mercurio por joder.
Por envenenaros a todos al descomponerme, por mucho que me hagan arder como una rueda vieja.