Observando la naturaleza y el mundo rural, de una forma totalmente espontánea y natural te das cuenta de que es más fácil controlar y contar el número de reses humanas que las vacunas. Las humanas están siempre apelotonadas entre sí y las vacas dispersas, a su aire y silenciosas. Con las ovejas no pasa lo mismo, son como los humanos: se juntan una contra otras y balan aburridas. La metáfora despectiva de “borregada” como grupo humano, no es gratuita y totalmente precisa. “El gallinero” también es una buena y exacta metáfora para referirse a un grupo de humanos cacareando. El mundo rural y sus metáforas son apasionantes e hilarantes. Aunque a veces no me río y me pregunto cuando cargaran a las chillonas reses en un camión hacia el matadero.
Es vergonzoso que los padres, en lugar de ánimo, valor y determinación; inculquen a sus hijos cobardía, pereza y servilismo. ¿Qué pensarían aquellos monos de los que descendemos, si un humano de esta repugnante sociedad, se negara a buscar comida por miedo a los leones, lobos y otras bestias? La decadencia es tan grande que encuentro necesaria la extinción humana, es indigno pertenecer a esta especie. Con toda probabilidad, los decadentes endogámicos cagados de miedo, creen que quedándose en casa el coronavirus se irá aburrido a otra galaxia, o a otro país. Porque España, está visto, es el número uno de los países cobardes y mezquinos. Justo por eso, es el más venenoso para la salud; por su cobardía y desidia. El coronavirus se quedará como una enfermedad endémica más, como la gripe, la malaria, la lepra, el ébola… Ser tan cobarde y enseñar a los hijos a ser igual debería estar castigado con castigos corporales y esterilización. La decadencia de esta mezquina sociedad alimenta mi violencia misántropa hasta límites cada vez más difíciles de controlar. Que metan a sus hijos encerrados en bolsas selladas al vacío, no te jode. O tal vez quieran un profesor por domicilio. Ridículos analfabetos palurdos…
Morir es una cuestión aleatoria, nadie puede evitarlo o retrasarlo. Adelantarlo sí, es una de las pocas ventajas de vivir. Así que ¿por qué preocuparse? La obsesión por el miedo a morir es el resultado de una degeneración en el modo de vida humano. La carencia de un lugar y tiempo para que los humanos se comporten como animales, como su naturaleza dicta, los ha convertido en un rebaño pusilánime y sumamente hipócrita. Esta sociedad de ciudades, tecnología y bienestar basado en mercantilismo, está abocada a la ruina y la destrucción. Ya ha habido un avance de como continuará la película con la histeria montada en torno al coronavirus, como si miles y miles de gallinas cacarearan asustadas en la granja donde están hacinadas para poner huevos o ser sacrificadas. Es imposible una metáfora digna para explicar la realidad de esta sociedad repugnante donde me parieron. Los grandes rebaños humanos van a experimentar un hambre y una violencia como jamás se ha visto en su gran número y extensión. Se llevará a cabo una criba genética por medios realmente traumáticos, tanto de simple chusma como de políticos y jefes de estado. Los que sobrevivan (una pequeña minoría) será mejor que hagan las cosas bien y no creen más infecciosas ciudades; de lo contrario la especie humana para suerte o por desgracia, se extinguirá. Puede que no ocurra así, que no haya un violento holocausto de hambre y violencia; pero me lo paso bien soñando cosas buenas; no cuesta dinero y me la pone dura.
El gobierno español de los caudillos Sánchez e Iglesias, junto a sus afectos responsables y sus caciques (presidentes autonómicos); deberían ser acusados y juzgados de secuestro de las libertades más básicas, delito contra la salud pública y genocidio. Además del personal médico, sanitario y del ejército y policía que actuó con complicidad. Y por supuesto, los medios de comunicación y la prensa española, encargados de crear y mantener el pánico y la histeria entre la población con mentiras y desinformación. El fascismo español se defiende de su negligencia y la inutilidad de los cuatro meses de prisión y acoso al ciudadano, alegando que la culpa de los rebrotes es por causa de la juventud y sus botellones. Pero fue la prisión a la que sometió a la población la que debilitó el organismo de los habitantes durante esos cuatro meses de inmovilidad forzada con severa coacción. Millones de personas se estresaron, se creyeron enfermas y no respiraron aire libre ni realizaron sus actividades diarias. Quedaron estabulados como animales de granja durante casi dieciséis semanas. Y su organismo quedó débil e indefenso. Y esos cuatro meses fueron premeditación y alevosía del nuevo fascismo español. Cuando por fin el acaudillado gobierno español instauró La Nueva Normalidad Española, impuso el uso indiscriminado y salvaje de la mascarilla a todas horas y en todo lugar; negando a la población que pudiera respirar correcta y decentemente y por ello, provocando un fulgurante rebrote de contagiados de coronavirus (verdaderos y falsos más que verdaderos). La mascarilla impide que a los pulmones llegue la necesaria flora y fauna microbiana; y por lo tanto, a la sangre. Por si eso fuera poco, la mascarilla empobrece el aire, contaminándolo con el propio anhídrido carbónico que normalmente se espira; si no obligaran bajo amenaza policial a llevar semejante bozal. El gobierno español y sus afectos son los únicos responsables de los “rebrotes” ante su continuo acoso al ciudadano; pero sobre todo, los presidentes autonómicos se han convertido en los talibanes del fascismo del coronavirus, actuando contra las libertades de una forma mucho más radical y fanática. Por otro lado, si la cobardía fuera delito, el gobierno de La Nueva Normalidad Española debería ser condenado a muerte. No, no son los jóvenes, ni los niños los que propagan el virus. El gobierno, sus ministros, sus generales, sus policías y sus médicos tienen la absoluta responsabilidad del deterioro de la salud pública. Y por supuesto, deberían ser acusados de genocidio: negaron el acceso al tratamiento médico y la cirugía de mucha gente grave, sobre todo vieja; que sin duda estaba padeciendo afecciones mucho más graves que el coronavirus (es lógico así que no se realizaran autopsias que los pudiera delatar como asesinos). Por el gran número de muertos, se les puede acusar de genocidio sin ninguna duda. Así como a los altos funcionarios del ejército, policía y sanidad que actuaron con complicidad para llevar a cabo semejante masacre. Que nadie se engañe: que el gobierno de La Nueva Normalidad Española sea juzgado de secuestro y detención ilegal, delito contra la salud pública y genocidio; no podría ocurrir jamás. Ya que el mismísimo poder legislativo, autorizó semejantes crímenes. Abreviando: perro no come perro. Pero lo importante para la propia dignidad, seguridad y salud, es identificar correctamente el timo y a los delincuentes. Porque de justicia jamás la ha habido ni la habrá. La ley es lo más lejano de la justicia. Es incluso un escupitajo a la justicia. Porque ahora, debería ser todo tan honrado y sencillo como: quien tenga miedo, que use la mascarilla y quien no, que lo dejen tranquilo y respeten su libertad. Así los cobardes estarán “protegidos” y los decentes libres. Pero un solo valiente deja en evidencia a millones de cobardes, y la envidia es el peor virus que existe.
Pues lo tenemos crudo los libres pensadores, porque si el comité fascista español, imita también a la dictadura china (como ha hecho robando la libertad a los ciudadanos españoles con la excusa de una epidemia); habrá que ir cerrando voluntariamente blogs para que no te peguen un tiro en la nuca y tiren tu cadáver en el Valle de los Caídos o en cualquier cuneta elegida al azar.
Que no deje de amarte en un mal lugar y tiempo; rodeado y acosado por el fascismo, los cobardes, los hipócritas y los mezquinos; tiene un millón de mérito. Me debes tres mamadas seguidas, tus bragas húmedas y el beso más potente que puedas darme en la noche más oscura, cuando la enfermedad haya aniquilado a toda la puta humanidad. Rabio por tenerte. ¿Ves? No todo es asco por lo que me rodea y asfixia. Acuchillaría seres humanos uno tras otro y te seguiría amando a corazón sangrante. Te seguiré amando a pesar del odio homicida que siento, cielo. Ya sabes, exigiré el pago correspondiente por amarte por encima de todo y de todos.
Si eres tan idiota de meterte en el cine a pasar dos horas con una mascarilla, el riesgo es que te llamen estúpido, amén de salir con el cerebro seco como arena de playa. En una barbacoa, si te arrimas demasiado, corres el riesgo de quemarte los órganos genitales. Y de todas formas te has de sacar la mascarilla para comer ¿no? ¿Entonces a qué viene tanto remilgo, imbécil? Si has sido tan idiota como para hacerte una prueba de coronavirus y da positivo y tu pareja está más sana que un pedo; es que tu pareja no te ha puesto los cuernos como tú has hecho (o ha sido más inteligente), salido cobardica. Si tienes miedo al coronavirus, ni folles, ni respires, ni vayas a una barbacoa, ni al cine a ver el ladrillo de Joker o algo de la misma clase de pseudo filosofía for dummys. Tonto del culo. Más idiotas y nacen de plástico. Dan ganas de castigarlos de cara a la pared con un supositorio de madera astillada.
Aparte de los pelarros que le salen por todas partes sin ninguna elegancia ni glamur; ¿esa mascarilla maricona es legal? ¿Puedo yo llevar una media como si fuera un ladrón de película o un violador y asesino en serie sin que un puto policía de mierda me toque los cojones? ¿O tal vez los maricones, travelos y otras cosas parecidas quedan exentas de llevar un bozal con especificaciones técnicas de mierda (en España, claro)?