Hay que tener en cuenta que la cúpula fascista del gobierno español disfruta de sus selectos prostíbulos con putas y putos de diez mil euros la noche, sobre los que pueden esnifar sus habituales rayas de cocaína todas las noches; emborracharse y pasarse el porro de marihuana como si jugaran al corro de la patata versión hardcore Roma de Nerón. Incluso comparten supositorios. Y todos ellos protegidos por sus fieros policías anti-ciudadanos (una Gestapo a la española) que cuidan de su secretismo e impunidad. Así que no se las den de santos beatos porque soy viejo en el oficio. Del desempleo y el hambre hablaré en otra ocasión. Es que tengo náuseas de leer tanta mentira fascista de la prensa comprada. Al final, no consigo contraer el coronavirus (nunca me dan nada gratis); pero he desarrollado una virulenta alergia al fascismo y la cobardía, en forma de prurito genital. Y los tiros ¿para cuándo?
Cuando sienta que voy a morir haré un último esfuerzo por llegar a la montaña, sea de noche o de día. Tengo cojones para eso. No avisaré a nadie, no dejaré nota alguna. Y me dejaré morir en el bosque duela lo que duela. Porque si algo sé, es que sabes con certeza cuando toca morir. Lo sé de una forma tan rotunda como el respirar. Y sé que duele. Morir duele un millón. Lo único que me preocupa es que no me dé tiempo de llegar a lo profundo del planeta. Y una vez que encuentren mi cadáver, que se busquen la vida. Si morir tiene alguna ventaja, es la impunidad. No pagas consecuencia alguna por tu acto. Que se jodan. ¡Bye, vida de mierda! Jode a otro, hija de puta.
Ellos sí que pueden sentirse orgullosos de controlar, reprimir y castigar a los ciudadanos. Con sus cojones, controlando en la plaza del ayuntamiento, con severidad y ferocidad que todo el mundo lleve su bozal de mierda; y unos meses atrás, que cada paseante tuviera un recibo que justificara porque está en la puta calle que es de ellos, de la policía de la nueva normalidad española de mierda. Policías con cojones para agredir al ciudadano, cobardes como ratas para detener delincuentes. Qué orgullo de policía fascista, el orgullo de sus amos los políticos, claro. Porque no acabo de sentir admiración por ningún perro policía que me acosa y deja libre al asesino. Puta normalidad de putos policías, de putos políticos. De cobardes jefes de estado y cobardes policías y ejércitos. Como es un pueblo, son sus amos y extorsionadores. Siempre ha sido así el fascismo, muchos cojones con los inocentes y chupársela a los delincuentes. Ya se pueden ir metiendo las próximas urnas de puta democracia por el culo. Si fuera la bofia como la de la foto, me dejaría esposar; pero nada más lejos de la realidad y la puta nueva normalidad.
Está cantado, los gallegos deberían recibir la medalla al Mérito Cobarde Ibérico. Y a Castilla y León, Aranda más concretamente, se les debería regalar una gallina de goma (para el baño) como premio de consolación. ¿Los gallegos tienen plumas y cacarean? Pregúntome yo. La Liga Cobarde Ibérica está que arde. ¿Quién dijo que el coronavirus no traería emociones al límite?
Nadie quiere un dios de barro, dura poco, crea moho y con el tiempo adquiere el color de la mierda seca. Pero los de oro… Aunque no hagan milagros, son a-dorados por todos. Y si no, que le pregunten a Moisés lo que piensa de la chusma adoradora de vacas áureas. Toda aquella huida del pueblo israelita cruzando el Mar Rojo perseguido por los egipcios, para al final, acabar adorando una vaca mal hecha que con toda probabilidad era todo estaño pintado. Si algo te enseña la biblia (aparte de la mentiras más falaces) es que la humanidad siempre ha sido mezquina, ignorante e imbécil. La sociedad de hoy día se diferencia de aquella antigua en la forma de vestir y que ahora se dispone de Spotify y no las aburridas panderetas y flautas de pellejo de conejo y madera podrida con la que tocaban músicas que aburrían a las ovejas. La mezquindad y la imbecilidad son las mismas en ambas épocas. Sin embargo, la ignorancia de hoy es mucho más grande y extendida gracias a internet y sus redes suciales, sociales quería decir.
Todo ha sido un cuento para conseguir la obediencia, la fe ciega del pueblo en el estado y el control 5G de la población. El tiránico robo de las libertades, eufemísticamente llamado confinamiento no ha servido para contener la epidemia, ni siquiera estaba pensado para eso. El único fin, y lo ha logrado el nuevo fascismo global; ha sido hacer de la población un rebaño manso, servil y anodino con sus mascarillas salvavidas. Que se siente temeroso, enfermo y dependiente de los grandes timadores que han sido los responsables de la epidemia del coronavirus. Los contagios crecen y muchos son pura sugestión (al estado le va muy bien que los cobardes hipocondríacos cuenten como infectados), y siguen muriendo los débiles. Nada ha cambiado tras meses de prisión domiciliaria; excepto que ya no hay drama porque la chusma está sometida y obediente bajo sus mascarillas y el control policial; pero sobre todo asfixiada por una crisis que los gobiernos mundiales han impuesto. La han impuesto de la forma más descarada, grotesca y evidente que nadie se pudiera imaginar. Si salvas a un cobarde que piensa que puede morir, la crisis es un buen pago por ello. Así que ni siquiera ningún jefe de estado, como el caudillo Sánchez de España, se escondía de decir que lo peor estaba por venir, lo declaraba con orgullo y con fascista amenaza. La cobardía anula cualquier especulación que no esté relacionada con la salud. Es la gran estafa, inmensa, grandiosa y sin necesidad de inteligencia. Para atacar con lo más básico: el miedo a una enfermedad, no se necesitan grandes estrategas ni jefes de estado inteligentes. De hecho, ni jefes de estado se necesitan para realizar semejante timo. Por supuesto, hay países que lo han sabido hacer bien, y otro como España, que no sabe aún como crear una gran y devastadora crisis y tener el control de ésta. También se puede encontrar información sobre la mortandad por hambre: debería estar informado todo el mundo en estos asuntos, porque las crisis traen hambre y más enfermedad. Respecto a los cobardes/as que tienen una fe ciega en su mascarilla por orden de sus timadores amos: si no mueren de coronavirus, morirán de cualquier otra infección que se desarrollará en su sistema respiratorio por lo insalubre de la respiración, incluso envenenados por su propio aliento. Y si aún sobrevive alguno, las balas los matarán, porque al final estas cosas acaban en guerra. El coronavirus es solo eso, un gran timo a escala planetaria y la vergonzosa evidencia de una decadente sociedad débil y ya prácticamente muerta.
Los seres inmóviles tienen también una peculiar agresividad. En las frondosas montañas un árbol empuja a otro a un precipicio o hasta que consigue desgarrar sus raíces. Es un proceso lento; pero evidente. Todos los seres luchan por su espacio y mueren por él. Al fin y al cabo, el lugar es lo que nos contiene y lo que nos da vida, todos quieren más espacio. Y sé que todos los seres son conscientes de su propia agresividad, tengan ojos o no. Y así hay cadáveres de ranas, insectos, roedores, pájaros, grandes mamíferos y árboles. Los cadáveres es lo que más abunda en la naturaleza; o al menos, la muerte se hace más patente que la vida. Al fin y al cabo, nadie puede matar a la muerte, es impune y por ello se deja ver ostentosamente. Pero la vida… La vida debe ser cauta y oculta. Sobre todo la humana que además, se enfrenta a la envidia.
Por supuesto… La cobardía española, su inmovilidad, la prisión llamada «confinamiento» decretada por el gobierno fascista-chino español y las insanas mascarillas; han creado a uno de los pueblos con el organismo más débil del mundo. Otra cosita: Rusia tiene 144, 5 millones de habitantes. España: 46, 9 millones.
La enfermedad que aterroriza al cobarde es la que anuncian por televisión los gobiernos para, obtener su atención y obediencia ciega para realizar un sacrificio “por el bien de todos” de mierda. Cualquier sacrificio en pro de la sociedad, inevitablemente acabará en violencia, porque un sacrificio que se prolonga se convierte en abuso. Los sacrificios en pro de la sociedad o por “la patria”, son mermas y dolores que no compensan y menos se agradecen. Quiero decir que, por la sociedad o el bien de un país no llevaré acabo sacrificio alguno. Si yo estoy bien, todo está bien. Este precepto es el que he vivido y el que he experimentado como la puta realidad. Cuando he pasado malos momentos, se decía que el país iba bien, los políticos satisfechos por la buena marcha de la sociedad, y yo comiendo mierda. Es el precepto más repetido de forma subliminal por todo funcionario, político o jefe de estado. Desde el momento en el que dicen que hay una buena estabilidad socioeconómica, se cagan en los pobres que viven en su mismo país y en su mismo momento. Pues eso, al país o a la sociedad, ni agua; al menos de la mía. Y mucho menos, mi tiempo. No tengo alma de estudiante que recoge mierda en las playas con mascarilla como actividad de vacaciones de una nueva y puta normalidad. Si yo estoy bien, todo está bien; lo dicen los putos políticos votados por los cobardes. Así que el sacrificio que lo hagan ellos con su culo de mierda.