Es pleno verano y como cada año: Mercado Medieval.
Los Mercados Medievales venden absolutamente lo mismo que se vende a lo largo del año en las distintas ferias, solo que se añaden un par de puestos de flechas y espadas de juguete y una decoración medieval en la que han tenido a bien, no dejar que corriera mierda y orina por las calles (eso es solo para las noches de viernes y sábado, en las zonas de bares todo el puto año).
Como soy dado a la introspección, independientemente de la cantidad de carne con la que hay que rozarse para caminar, mi cerebro poderoso no deja de procesar con absoluta obscenidad y libertad.
Y sueño que soy conde y que ellas me pertenecen, todas.
Cada día, con los dedos sucios de grasa de venado, ordeno a un par de soldados que pillen una doncella de buen ver, me la traigan al castillo y así follármela gratuitamente; y si no me lo hace bien, su padre deberá pagarme con las tres cuartas partes de la cosecha.
Ser conde y follarse toda hembra que esté casada, soltera o inconsciente.
¡Qué tiempos aquellos!
Sería el Conde Iconoclasta y el condado (Iconoclastaland) estaría lleno de pequeños iconoclastitos saltarines y maridos que me han mirado mal, cortados en piezas en los puestos de carne tapizados de moscas y orugas.
Y con una notoria erección, me enciendo el trigésimo tercer cigarrillo de la mañana y me detengo. Hay una gran muralla de gente interceptando el paso a otra muralla de gente que respira con la boca abierta y la mirada perdida.
No sé porque; pero el vulgo, chusma o vasallaje, se apiña histérico frente a las creperías. Se comen las creps como si fueran uvas durante las campanadas de año nuevo. Supongo que es más barata una tortilla grande rellena de algo que un buen corte de carne o un bocadillo de embutido. Una de las ochocientas creperías del mercado medieval, tiene trabajo para rato. Decido pasar con gran escrúpulo entre toda esa carne que espera su crep, aguantando todo lo que puedo la respiración. Tomo nota de la buenorra morena de tetas sueltas, libres y pesadas, con pantaloncito-braga que deja ver uno de los labios vaginales con gracia y sensulidad, para que mis soldados la traigan está noche a mis aposentos.
La voy a embarazar de trillizos.
Y si tiene novio, lo mandaré ir a recoger boñigas de vaca a los límites del condado, allí hay una epidemia de peste.
Para ser feliz basta con sentirse poderoso.
Bueno, ya he divagado bastante por hoy.
No vuelvo a salir a la calle hasta que hayan limpiado las calles de paja y leprosos.

La confusión piadosa y absolutamente hipócrita de compañía por amor, es la más extendida del planeta.
La peña busca compañía y así ser cuidada en la enfermedad y la vejez.
Lo primero que piensa la chusma cuando su cerebro ya se ha estabilizado (cuando el sexo ebrio ya no es una necesidad perentoria y semanal) es: ¿Y el día que me pase algo y no tenga a nadie?
Por efectos electoralistas y piadosos para no denigrar demasiado a la chusma y no haya merma en su auto estima (los votantes son más maleables si están cómodos), la cobardía pasó a ser cariño en estos casos de corrupción y prostitución del amor.
No hay culpa en ello, aunque existan velos y confesiones susurradas en templos para ocultar la vergüenza. La cobardía a la soledad es un tara característica de la raza humana, igual que el cáncer, la chepa, las malformaciones congénitas de orejas y nariz, las tetas pequeñas, el culo caído, los huevos que no bajan y los mini penes.

La brutalidad del peso de las gotas de lluvia era tal, que los pájaros caían rotos al suelo. Caminar se hacía peligroso, todas aquellas plumas muertas formaban una capa resbaladiza y mi pierna podrida se resistía a pasar por encima de ellas y romperse. Otra vez…
He pensado en lo oportuno de la situación: un hombre roto caminando sobre rotos cadáveres.
Y he sonreído torcidamente.
No hay romanticismo ni ventaja alguna que consuele en ser un tullido; pero si consigues un alto umbral de tolerancia al dolor y la vergüenza, el sarcasmo cae por su propio peso.
Como esta lluvia apocalíptica.
Si me drogara, me pregunto qué tipo de absurdos escribiría.
Tal vez, si me drogara, no los escribiría.
No lo necesitaría.
Hay pájaros que suenan a patata frita cuando los pisas.

Iconoclasta
201808111932

“Nunca llueve eternamente” (película El Cuervo, 1994).
Ya…

http://manuscritosiconoclastas.blogspot.com/2018/08/a-solas-lluvia-apocaliptica.html

Hay un tremendo e iterativo fallo conceptual en las definiciones y uso del amor: no se puede universalizar. Su propia esencia no admite generalización.
El amor universal es degeneración, mina las bases del amor puro. Lo denigra, lo diluye, lo prostituye y al final, lo convierte en una vulgar religión de tantas de las seguidas por los sectarios.
El amor es intransferible, irrepetible, nace y muere en ciclos vitales. Y excluye todo lo que le rodea y es ajeno.
Cualquier otra consideración de amar no va más allá de una simpatía, cariño o el mercadeo de una cópula. Actos cotidianos que contaminan el concepto real.
Y por ello el romanticismo grita a través de los tiempos y sus románticos, que el amor es tragedia y suicidio.

Sorpresivo e indoloro,
profundo se ha hundido
en la carne de la mano
el filo de un bote podrido.
Parece la mano de un cristo…

De la vagina estigma brota
como reloj de arena sin fondo
harina de cerezas y fresas,
desde venas muertas y secas.
Como leche en polvo
para el bebé lívido del diablo.
Como corazón rallado
en la cocina de un triste loco.

He rezado a la coagulación
de las almas y la vida,
y un semen de cráneos
pequeñitos se me escurre
purulento por las raíces
de uñas melladas,
uñas sin uñas…

Se ha desprendido el alma
como piel de bruja abrasada
en el desierto de la Fiebre.
Y me he bañado vestido
en un arroyo hemoglobínico
de espeso plasma que hiede
lento, ponzoñoso y atávico.
Me he empapado
de ojos muertos.

Con el cuervo forense
y su enojado graznido,
certifico de cuerpo abierto
en una fría mesa de acero
que morí hace demasiado.
Que no queda alegría
tras tanto tiempo coagulando.
Que estoy podrido.

Proceda, Doctor Cuervo.
Yo rezaré por la divina coagulación
y los ojos turbios de un río ciego.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

Hay drogas y otras adicciones.
Intento relajarme, no escribir, no inventar; pero el puto cerebro no tiene freno. Está cansado y no cesa.
Duelen los huesos del cráneo por la presión e insiste en escribir cosas sin sentido, sin utilidad. Mentiras para alimentar un ego.
Prometo no escribir.
Pero la tinta es heroína pura y me aleja de todo lo que me rodea.
Lo que no pedí.
Lo que no soporto.

La más patética prueba del sentimiento borreguil de la humanidad (dejando de lado las manifestaciones que se “disculpan” por algún sueño de mejora social o económica) son los maratones populares.
Todos los que se inscriben en ellos (salvo cinco o seis de los cien miles), lo que buscan es pasear sin prisas, acompañados y en continuo roce con un número en el pecho y otro en la espalda.
Por lo visto les da miedo pasear solos, ya que la libertad asusta a todos los animales condicionados a sus jaulas y granjas.
Es una neurosis como otra cualquiera, como las de guerra y las de creerse inteligente o buen ciudadano votante.
Lucir un número les llena de simpatía y ansía de camaradería hacia el prójimo, posiblemente los judíos se debían sentir igual con sus números cuando los amontonaban en un vagón de tren con destino a un horno crematorio. Mierda…
Los maratones populares son una ocasión ideal para que los amantes adúlteros puedan encontrarse “por casualidad” a pleno día y no en el sucio motel o en el coche donde joden sin elegancia alguna. Suelen ser colegas en el trabajo y así se lo presentan al cornudo del cónyuge (macho o hembra, qué más da) durante la maratón.
Al final, de todos los inscritos solo diez o tres llegan a la meta con dignidad y la camiseta mojada.
Si un león viera por televisión un maratón popular, se le haría la boca agua ante tal magna concentración de cebras y antílopes pastando a dos patas.

En la presentación de la horrorosa Megalodón, película de verano y público poco exigente, Jason Statham dice: “Es una fantasía sobre los peligros del mar”.
¡Olé! Tiene un pico de oro…
Qué orgulloso debe estar su padre.
Si la película hubiera ido de un mamut hubiera dicho: “Es una fantasía sobre elefantes peludos”.

Y ya solo queda mencionar a Televisión Española y el equipo móvil que ha llevado al puerto de Algeciras para cubrir la noticia de la llegada del barco Open Arms con tropocientos refugiados africanos en sus bodegas.
En algo tienen que tirar el dinero en verano y un puerto siempre es refrescante.
La tripulación despidiéndose con besos y abrazos…
¡Ay qué chocho!
No sé si alguien ha seguido la noticia, porque oigo ovejas balar por un aburrimiento desesperado.
Si el barco fuera cargado con conejitas de Playboy, Yo hubiera seguido la noticia sin fingido interés, sinceramente.
El verano es un mal tiempo para las noticias, el cine y la soledad.
Aunque en cuestión de periodismo y noticias, todo el año es patético y falso.

No puedo ir con sutilezas, si quiero ventilar mi pierna podrida debo protegerla del sol con algo más contundente que una crema. Si enfocara su piel con la luz del teléfono se arrugaría como corteza de cerdo en la sartén.
Podría ser más discreto; pero con determinadas temperaturas la discreción podría confundirse con adicción al dolor. Y soy un hedonista convencido.
Me basta con ser exótico.
Podría decir que tengo una pata musulmana por aquello del velo.
Bendito sarcasmo…
Hay momentos para ser absurdo y otros para fumar, ambos son complementarios.

No me gusta, es más de lo mismo.
No hay magia, nunca la hubo.
Al otro lado del espejo no hay nadie que me interese.

Ningún reflejo,
ningún espejo…

¿Quién dijo de fabulosas simetrías contrarias y oscuros pensamientos invertidos?
Me siento desfallecer de hastío y decepción. Refleja exactamente lo mismo, de la misma forma. No hay misterio, solo dolor de cabeza.
El dolor en demasía se convierte en cansancio, agotamiento.
Debe ser eso, me cansa todo…

Es tarde para la fantasía.
Los excrementos secos
se reflejan espantosos
sin variedad tonal alguna.
Los mimos reptan tristes
en la suciedad de la superficie
que me escupe a la cara su fraude.

Lo intento, lucho con todas mis fuerzas por encontrar algo especial, algo inaudito y morir con un secreto…

Hay vómitos en uno y otro lado.
Un perro muerto y
un bebé se deseca al sol
bajo mi pie…
El otro lado no existe.
Solo es una calle sin salida
con grafitis deprimentes.

La vulgaridad me estrangula y germina en mi ánimo como una grama, una mala hierba.
Pienso en el semen de los ahorcados.
Es imposible, solo cuando duermo las dimensiones se desgajan y se hacen irreconocibles. los colores se corrompen y no sé quien soy yo en el sueño.
Las oscuras y profundas dimensiones se encuentran ocultas en rincones de mi cerebro que no puedo encontrar. Es puramente accidental que acceda a una de ellas. Solo cuando me pierdo en mí, entro en una dimensión que me lleva a confundir lo de dentro con lo de fuera.
Pero no es un reflejo, es otro universo, no tiene ninguna similitud. Me inquieta.

Una mujer menstrúa
piernas abajo con obscena indiferencia.

Y el reflejo de lo mismo me deprime…
En mis oscuras dimensiones puedo matar de una forma usual y morir sin pasión alguna.
Mis iris reflejan la fastuosidad absurda de un mundo en grises y rostros indiferentes que flotan muertos.

Morir no duele y además, se reinicia el juego cuando ocurre.
Nadie se mata a sí mismo. Siempre hay idiotas en el horizonte, claro.
Todos son desconocidos; pero pareciera que los conozco desde el momento que nací.
Unos se parecen a los reales; pero la inmensa mayoría son desconocidos.
No así sus voces.
Hay un número limitado de voces en mi universo.
Y siempre es oscura la luz.
En la vida real, al otro lado del espejo hay la misma hediondez. Como quien musita un padrenuestro cada día: el mismo pan y una cabeza gacha que se golpea contra el espejo.

¿Quién puede ver misterio
en un reflejo sucio?
Los desesperados y frustrados,
los aburridos y avergonzados,
los vacíos y patéticos.
Todos buscan un lugar
por donde escapar
de ellos mismos, de esto.

No hay nada mejor ni peor en un reflejo.
El famoso misterio del otro lado del espejo es un timo.
El dolor nunca desaparece con el tiempo se hace cansancio.
Una energía podrida que se transforma…
Estoy reventado.
La vida es una carga que dejó de doler para convertirse en un saco lleno de miseria.
Y entre ella, cientos de añicos de vanos espejos rotos.

¡Añicos para clavar en ojos necios,
vendo añicos para dejaros ciegos de reflejos!

Grito en una de mis oscuras dimensiones.
Sí… Creo que soy yo.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta