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Prosigue la doctrina del miedo, la fe en los jerarcas de las democracias occidentales (sobre todo europeas) convertidas al neonazismo, la mansedumbre, la obediencia y la resignación de la población ante su ruina económica.
Primero con el coronavirus se ablandó a los habitantes; incluso a lo que no tenían fe en el neonazismo: durante dos años los evangelios del coronavirus nazis no han cesado de difundirse en medios de comunicación y redes sociales.
Ahora para que siga blandita la masa amorfa que es la población, le meten la guerra incluso por vía rectal: convierten a los ucranianos en patrimonio de la humanidad (por la Unesco) y cada día hablan de lo muy duro que va a ser vivir con tanta crisis debida ahora a la guerra (que no es más que de Ucrania y Rusia) y sumada a la estafa fascista del coronavirus .
Y así, mientras pasan películas de guerra y peluches preciosos en las noticias; la decadente sociedad obediente y crédula, piensa en adoptar ucranianos, sacude la cabeza con resignación ante la nueva pobreza de la clase trabajadora que están preparando y entre ellos se dicen: “No nos podemos quejar, mira cómo están en Ucrania”.
Y así el crimen perfecto del neonazismo que surgió por medio del coronavirus se extiende en el tiempo como otra mancha de mierda más sobre la faz del planeta.

Hay formas elegantes y elitistas de vivir; pero morir no tiene ningún romanticismo ni sensualidad. Quien fue elegante en vida, muerto será la misma carne fría y cérea que la del mendigo.
Hay cierta poética justicia en ello, contra la vanidad desaforada.

Por si me convirtiera en fantasma tras morir, ya tengo una pequeña lista de hijos de puta a los que atormentar hasta llevarlos al suicidio si no tuviera la suficiente materialidad para decapitarlos.
No son mucho cerdos; pero lo malo es que algunos han muerto y otros morirán muy pronto. Es igual, sabré como torturarlos en el más allá. Y según dicen, allá no podrán morir más de lo que estarán; así que seré su infierno.

Pronto veremos multitud de sábanas colgando con una mancha roja en las ventanas de las casas gitanas y payas.
¿Y ahora que les pasa con la memoria histórica de Cervantes, Mecano y Escobar? ¿Los van a desenterrar y llevar a un vertedero? ¿No tiene trabajo de verdad que hacer el gobierno penitenciario fascista español del coronavirus? ¿Por qué no enseñan a los niños a leer y escribir correctamente de una vez por todas?
¿Prepararán a las niñas payas para sus próximas bodas?
Y esperemos que en el próximo curso, además de aprender a ser gitanos, los niños españoles deban llevar una alfombrilla para orar en dirección a la meca a la hora del recreo, por supuesto con bozal.
Porque la historia universal, mejor no leerla, porque podrían sacar conclusiones, si se les permitiera tal cosa.
Como actividad extraescolar, aprenderán a cocinar mono (o rata) con suela de zapato, una aproximación a la gastronomía africana que los preparará para la nueva crisis del coronavirus/guerra ucraniana.

Incluso los grandes y prestigiosos estudios cinematográficos se han volcado en realizar malos telefilms. De los peores que se han visto nunca en televisión.
Todo lo que no sea superhéroes y animación infantil, o sea, para todos los públicos, está vetado.
Cine, difusión cultural y literatura inteligentes, o al menos para adultos formados intelectualmente, han muerto.
Son vergonzosos los diálogos y fotografía. Los actores son meros aficionados de asociaciones de padres de alumnos.
Toda la industria mundial de cine y televisión se ha volcado en fabricar series televisivas y crean títulos que llenen los menús de ofertas de entretenimiento para que los abonados tengan mucho que elegir entre ingentes cantidades de basura.
Los reportajes han quedado sepultados por una gran avalancha de mierda. El canal Viajar ha desaparecido (de Disney por increíble que parezca; se habrán dado cuenta de que tenían un exceso de cultura) de las plataformas de televisión de pago en España. Sus reportajes eran demasiado buenos (y caros) y en algunos de ellos, se hacían críticas sociales y políticas, exponiendo algunos momentos críticos de la historia del lugar o de algunos de sus personajes más abyectos. Y la pobreza no se ocultaba.
En su lugar han encajado un canal de viajes puramente comercial, de factura casera, de calidad de televisión de barrio realizado por aficionados; donde emiten grabaciones caseras de blogueros que no tienen formación, técnica y ni siquiera vocabulario para comentar lo que mal graban: esos espantosos videos caseros.
La alternativa son los docu-dramas de national geografic, discoveris, canal historia y toda esa mierda que repite la misma escena entre cortes publicitarios constantes. El reality show de la difusión cultural o cultura para mansos sin inquietud intelectual alguna.
¿De verdad no les da vergüenza cómo están prostituyéndose a la mediocridad? Lo cierto es que Disney (el Vaticano de EE.UU.) es una de las grandes corporaciones que apoyan el neonazismo al que se han convertido las democracias occidentales.
De hecho, no son necesarios los censores, los programas de cultura y difusión son tan banales e incapaces de toda crítica que, ya funcionan autocensurándose sin que nada ni nadie los controle. Ocurre lo mismo con la prensa, se ha prostituido tanto al poder del neonazismo que muchos de sus “periodistas” accederán a altos cargos políticos sin necesidad de ser elegidos en votaciones. Se ha contaminado de innumerables blogueros que llenan los espacios en blanco de las ediciones y se usan para ensalzar esta nueva cultura del analfabetismo, consumismo, cobardía, indolencia y mansedumbre de un occidente muerto en su decadencia de circo romano.
Un Occidente que caerá bajo el poder un nuevo Oriente, como indican los hechos de la actual política internacional basada en la conversión de libertad y democracia a un fascismo de control tecnológico-sanitario e ideológico del adocenamiento, gracias a la herramienta perfecta del control de masas: el coronavirus. La globalización siempre consistió en repartir la pobreza, no la riqueza ni la cultura. Consiste en clonar la intelectualidad, comportamiento y necesidades de la masa trabajadora, repitiéndolas en todo el planeta. Y se ha conseguido con bastante acierto y aproximación, crear el ciudadano perfecto que paga (un único pensamiento en millones de reses humanas trabajando) trillones de billetes en impuestos a los jerarcas neonazis en Occidente, o a los burócratas fascistas comunistas de Oriente.
Ahora hay un enfrentamiento entre el fascismo comunista y la incongruencia semántica que es el fascismo-liberal de las viejas y acabadas democracias occidentales.
Por eso ha sido necesario pudrir la información, la cultura y las artes; para que la chusma o plebe, no sepa discernir. Y si se le ocurriera algo semejante al análisis o razonamiento, que piense lo que se emite constantemente.

Iconoclasta

Y aquí tenemos la primera santa del nuevo santoral español del segundo acto de la estafa del coronavirus: la guerra de Ucrania.
La prensa prostituta va a destajo con sus ediciones de catequesis y hojas parroquiales neonazis.

La vieja neonazi Úrsula sirve para todo: para decretar vacunaciones masivas obligatorias en todo el planeta bajo pena de ruina y muerte por hambre. O bien para decir lo que conviene o no en la guerra que el neonazismo ha provocado como segundo acto de la epidemia de coronavirus.
Inteligentes, los neonazis no lo son. Eso sí, muy voluntariosos para meter sus hocicos allá donde puedan reventar cualquier derecho y libertad.

El que la red social permita algo o no, es lo mismo que leer la prensa prostituida al neonazismo europeo; o sea, pasarse por el coño o la polla sus mentiras de puta o sus permisos de publicación, también producto de la prostitución.
Las Santas Redes Sociales de la Inquisición del Neonazismo y sus actos de adoctrinamiento, es algo que no pasará a la historia porque para eso están ellos, para censurarlo todo.
Facebook: el guardián de la doctrina y la obediencia del nazismo.
Es un titulazo aristocrático que te cagas moragas.

El caballo y yo estamos serenos bajo una fina lluvia que no nos molesta.
Y en el papel se forman diminutos puntos que las agujas de agua decoran, es una pena que se borren o sequen porque queda precioso.
Bueno, no sé si es precioso, a mí me gusta, qué cojones.
Yo me diluyo de otra forma más lenta y sé que no puedo evitar ser menos cada día.
Bueno, es una bella desintegración, no me puedo quejar.
He fumado un par de cigarrillos hasta que la gorra ha empezado a gotear por la visera. Monto en la bici y le digo adiós al caballo, que me responde cabeceando de lado a lado y levantando el belfo para enseñarme los dientes en una sonrisa desconcertante, no sé si es amable o simplemente se ríe de mí. No importa, me gusta lo que sea.
Por el camino pasean dos patos anadeando perezosamente, como si ya estuvieran cansados de agua por abajo (el río) y agua por arriba (la lluvia). A punto de alcanzarlos dan un graznido malhumorado que traduzco como un saludo a mi padre y salen volando como dos caricaturas de bombas volantes.
Lo bueno de que llueve, es que hay tan pocos humanos que los animales nos relajamos y nos encontramos en todas partes.
Y mientras el agua nos diluye lentamente como una acuarela abandonada río abajo; no duele.
Que no es poco.
Una lluvia fina es el encuentro sereno de unos conocidos cansados del sol y su ruido.