Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

No acabo de entender el proceso de como un tortugo se la mete a la tortuga. Por otra parte, me parece muy forzada la posición del macho haciendo equilibrios sobre el caparazón de su santa, mientras mueve torpemente las patas en el aire y estira el cuello.
No sé si los deficientes mentales follan así, pero no me cuesta nada imaginarlos con un caparazón haciendo carambolas sexuales con gemidos gangosos.
Qué sordidez… Tengo el cerebro podrido…
Hay reportajes en la televisión que no tienen ninguna gracia.
Y la naturaleza no es para tanto, es más bien algo estúpido. Y es por eso, que no reciclo absolutamente nada, porque parece que «la madre naturaleza» lo ha hecho todo mal, empezando por las bestias y acabando con los humanos.
Es razonable que tire las pilas gastadas al río, alguien tiene que poner fin a esto.

En Telegramas de Iconoclasta.

Malditos sueños. Están plagados de imágenes bellas, aterradoras, violentas, intensas, incomprensibles y tan brutalmente sexuales que despertar es una absoluta decepción.
Pienso que dormir es la verdadera vida, porque despierto y no hay nada que me sorprenda, que me excite con la sucia brutalidad de un sexo sin concesiones a la ternura ni al amor.
Con la muerte se acaban los sueños, es lo más triste que puedo imaginar.

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

 
 
 
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
 

En Telegramas de Iconoclasta.

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

 
 
 
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
 

Ella duerme con esa piel tan caliente, con sus pesados pechos rozando la piel del vampiro, con las piernas entrelazadas tentando a su señor cruel.
Y él intenta romper su sueño y su descanso. Someter su conciencia a su voluntad.
Los dedos del sin nombre siguen y resiguen con insistencia las tiras de un tanga que convergen en un coño hambriento, un sexo húmedo y dormido que espera la caricia que lo ahogue en sus propios humores. La tela es un medio por donde circula el placer, lo amplifica, crea la expectativa, anticipa lo inevitable. Cuando se aproxima a las ingles o a su inmaculado pubis rasurado, la respiración de la hermosa se convierte en algo audible. Su coño exige más oxígeno y sus pezones más sangre para endurecerse.
Los dedos del vampiro tiemblan abriéndose camino entre las sábanas, buscando la piel, la suave carne de la vagina trémula y ardiente que palpita en la oscuridad y alcanzar la seda de los muslos internos, que pretendiéndolo, aplastan una vulva ya exaltada, jugosa y anegada de lujuria.
Es una violación impune en la noche, la invasión de una vagina indefensa ante lo nocturno y el sueño. Es posesión casi predatoria en la oscuridad.
Una violación que el instinto permite, que busca…
Algo atávico.
Orgasmos nocturnos, robados, vampirizados en el silencio de la madrugada, en las respiraciones oníricas.
Orgasmos sin luz ni conciencia.
Placeres que emanan de pliegues íntimos creando temblores incontrolables en las extremidades, desde un clítoris secreto que palpita cuando la conciencia duerme.
Escalofríos de una fiebre incontenible que agitan en un espacio que no hay, (los cuerpos están cosidos entre sí con suturas de deseos y fibras nerviosas) los brazos y las ingles en una agonía pornográfica, silenciando gemidos de placer para ocultarse a la conciencia. Ignorando lo que duerme y lo que invade; no hay control de las manos que se crispan, de los dedos que empujan a la mano invasora más adentro.
Más…
Está poseída.
Apenas rozan las yemas calientes y rudas los labios entre los muslos apretados, hambrientos de recibir castigo; cuando se le escapa el aire en un exhalación prolongada como un desmayo.
Se vampiriza el deseo, robando la voluntad y saciando el coño lenta y metódicamente; provocando un sismo que derrota el control de los brazos y las piernas.
Es una lujuria que anida descarada entre la nocturnidad llenando los oídos con jadeos difícilmente contenidos que solo la bestia puede percibir, amplificados en un glande resbaladizo a punto de estallar.
El vampiro convierte el aire de la madrugada en una niebla profunda preñada de un placer narcótico.
Sexos derramándose sin apenas un roce, la noche y sus pieles ardiendo.
Un vampiro hambriento e impío… Su pene rozándose con ella, latiendo…
«El coño es una víctima sin voluntad y mi pene una estaca temblorosa derramando un semen retenido durante una eternidad en unos cojones inflamados, colmados…»
El vampiro se arranca la ropa y con un puño que duele sacia su hambre derramando una lefa en las sábanas. Una marea blanca y espesa que empapa sus propios dedos, los testículos y la piel deseada allá done la toca.
El semen se enfría al tiempo que vampiro y víctima regulan su respiración para entrar en un sueño profundo.
La conciencia se siente engañada, algo se le ha escapado a su control, la vagina está tan empapada…
Una gota tardía de semen casi transparente, se desliza placenteramente del falo del innombrable al tiempo que sus párpados se relajan y la mano se hunde en el negro cabello que le condena a la luz y a la oscuridad.
Y todo está bien, el sueño no puede impedir lo inevitable, jamás pudo.
Bendita sea la condena de los seres de la noche.

 

Iconoclasta

La religión es inversamente proporcional a a la ética y directamente proporcional a la pobreza.