Posts etiquetados ‘idiotez’

Se escriben reflexiones de lo más ramplonas y aburridas, así como muy buenas y divertidas; sobre el asunto de las mujeres, las feministas y los hombres respecto al asunto de la depilación o rasurado de sobacos, piernas y genitales.
Básicamente me importa una mierda lo que cada cual haga.
Ocurre que como no puedo estar callado, también tengo que decir la mía y como tengo gracia y dominio del lenguaje, entraré a formar parte de la mitología moderna de escritores cerebrales que no se prostituyen por un “me gusta” en las redes “suciales”.
Y por ello digo que mis cojones están limpios, rosados, tiernos y apetecibles porque no tienen un solo vello.
Desde muy pequeño observaba hasta quedar bizco cada naipe de aquella baraja de mujeres desnudas que mi padre guardaba en el cajón de la mesita de noche.
Como me impactó mucho, me preguntaba en mi tierna candidez al ver los sobacos peludos de mi madre, si allí habría también un coño. Mi padre también tenía sobacos peludos; pero como no tenía tetas, carecía de interés alguno para mí.
Luego, con la edad fui subiendo de nivel, sobre todo cuando el puto Franco murió por fin.
Y así la pornografía entró a formar parte de mi vida diaria y cotidiana hasta hoy, en el que felizmente internet regala muy entretenidos videos pornográficos que tienen una utilidad aproximada de veinte, treinta segundos a lo sumo. Una vez he eyaculado, la película porno me aburre hasta el bostezo.
Nunca he tenido conflictos entre masturbarme y follar, da igual el orden.
Y si tenía que ir a trabajar todos los días, ¿qué razón había para que no me la pelara cuantas veces me diera la gana y luego se la metiera a mi santa?
Así que nunca me privo de una buena paja mirando porno lesbiano (es que cuando sale una polla me da asco).
Y como el porno es tan natural en mi quehacer diario y mi pene muy discreto de tamaño, me rasuro los cojones para que la picha parezca más grande.
No hay ninguna cuestión de higiene, es por pura vanidad. Y por otra parte, cuando el semen se desliza calentito por el pubis y los huevos, hay un placer añadido que los que tienen esa araña de pelo afro entre las piernas, desconocen.
Como mi cultura es básicamente pornográfica, adoro los coños rasurados ya que los puedes chupar, lamer, sorber y morder sin que un desagradable vello rizado te provoque una arcada y un vómito.
Además, un coño depilado, hace mi polla también más notoria (que sea efectiva no es consuelo para mí), más grande durante la cúpula. Los vellos restan unos centímetros importantes para mi desmesurada vanidad pornográfica.
Eso es todo lo que me rasuro, no soy un maricón, narcisista o un tonto del culo refinado (o todo junto, que los hay a patadas) que se afeita piernas, brazos, pechos, sobacos y genitales para que sus músculos resalten y se crea que una tía al azar le va a comer el rabo por verlo tan bien depilado.
Si tuvieran algo de cerebro, sabrían que hacer mientras no duermen.
Son tiempos de mierda: mujeres barbudas y bordes, compartiendo espacio con julandrones provincianos sin un solo vello.
A mí, conque la polla luzca bien, me basta. Ya soy suficientemente guapo.
Ya que soy un tanto vergonzoso no aporto una foto de mi pene luciendo en un pubis prístino y diáfano, libre de pelarros. Por otro lado, algún envidioso de mierda censuraría la foto.
Así que dejo aquí como documento gráfico, mi rostro erótico, dulce y trascendente durante el acto masturbatorio o de follar.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Anuncios

“¿Te apetece coger?” le preguntó a su compañero elevando las tetas por el escote al ver un motel de carretera, camino de un pueblucho. Han visto videos porno en la oficina, han fumado mota y van calientes. Detienen el coche en el motel “El salto del tigre”. ¿No es precioso y romántico?
En un sórdido, sucio y polvoriento barracón del servicio médico de una obra, pedía que se la metiera a cualquiera que le decía que tenía unas buenas chichis. Sobre todo si era güero, ario, polaco, inglés…
“Qué tetas tienes…”
“Métemela, te amo” les respondía con palabras y por mensajes de chat.
Y mostraba su título universitario entre los labios de su oscura y rozada vagina.
El burdel de la licenciada… El doctor era el portero y palanganero.
Es internacional su coño. Como el de cualquier puta del tercer mundo. Solo que las putas, tienen dignidad.
Lo malo no es ser una puta que llega a casa a besar a su marido con el sabor de otras vergas en su boca y con el coño sucio. Y sin cobrar…
Lo podrido es pretender ser la gran madre, que redime la podredumbre de su cerebro y su coño con sus hijos, un amor enfermizo y desagradable. Y los alimenta con mentiras.
Lo malo es que su cerebro es tan idiota como su coño ya insensible por tanta vanidad embutida con tantas pollas.
Lo malo es que pide que se la meta a cualquiera, sin pudor. No es cuestión de ser liberal, es una cuestión de una vanidad psicótica para un cuerpo que no vale lo suficiente para ponerlo en venta, solo para donarlo a borrachos e idiotas. A abogados, ingenieros, oficinistas, albañiles, mecánicos y algún mediocre carpintero, siempre y cuando estén suficientemente calientes y borrachos. Gente sin demasiadas exigencias.
Lo podrido, lo asqueroso es aguantar el asco y el rechazo de su marido que la huele como algo sucio. Que le mira su coño empapado con repulsión cuando llega borracha después de una sesión de acupuntura, dice.
Y ella, muy digna, evade esa mirada.
Lo podrido es aguantar la repugnancia y el desprecio de su marido en la casa, en nombre de los hijos y de una prostitución vestida de letras y llanto. Del falso dolor de algún muerto. Porque cuando sale del barracón, del carro o del motel con su agujero y boca sucias, no se acuerda del padre, solo dice: “Qué rico me has cogido” y envía un mensaje a su marido para decirle que lo ama.
Una deficiente mental que cree que todo el mundo lo es.
Su máxima aspiración es mamársela a su jefe… No tiene mucha ambición, la vanidad no deja espacio para eso.
Lo malo es que él le dice que se acabó que no la quiere, que folla con otros y le da asco su coño. Y ella le escribe poemas de amor y grita que no le llega su amor, que es un insensible.
Da golpes de mala actriz en las paredes y en las puertas.
Y dice ver fantasmas de gente que amó para ser más trascendente en su mediocre vida.
Lo malo de ser esa puta, es la hipocresía de serlo por una soledad convenientemente inventada. Cuando es una simple cuestión de vanidad, de enfermiza vanidad. De una egolatría nacida de la estupidez.
Y una borrachera la hace olvidar lo mala persona que es.
La puta lo es en su propia casa; a cambio de unos pesos, aguanta las miradas indiferentes y el desprecio que el marido siente por ella y por sus hijos, porque son la maldita excusa para aguantar a la furcia un día y otro y otro y otro…
No tiene donde ir la idiota. Unas cervezas, vodka y a tragar el desprecio que le espera en la casa de su marido, no por puta, sino por mala víbora.
Lo malo no es que la gran madre, admirada hermana y amiga de miles de seres, cumpla su primer aniversario de follar con otro hombre al que mantiene, y a su vez el aniversario de repugnancia que siente su marido por ella.
Lo podrido es que se cree divina, que sigue exhibiendo su coño, sigue ofreciendo sus chichis a quien mejor las mire y dice ser que es la mártir de la soledad. Con su coño goteando varias muestras de semen. Con el tanga del revés.

Lo malo de la puta es que no cobra y se gasta el dinero y el tiempo de educación que le debe a sus hijos sin ser necesario. Es joven la furcia que todos se tiran. Una joven con arrugas y tetas blandas…
De vientre fofo y nalgas caídas… Un pubis adiposo…
Cualquiera se la mete si omite su decadencia.
Lo malo no es ser puta, lo malo es que desde un coche en el centro de la ciudad, le griten que lo es: “¡Puta!”.
Su cerebro tarado la hace sentirse famosa y divina…
Lo malo no es ser puta, lo malo es ser una mala persona, lo malo es esa vanidad de una fracasada de coño fácil y tetas apretadas en brasiers adecuados. De una vagina oscurecida de tanto usarla, encallecida.
Un coño infeccioso, porque sus trompas están cortadas y el condón ya no es necesario para evitar embarazos.
Lo malo de una mala mujer, porque no es puta, es mala como el veneno; es que arrastre sus infecciones y mentiras durante meses. Lo malo, es que conviva con el desprecio de quien un día la amó y finja ser una mujer rechazada sin razón. Lo malo es la prostitución que hace padecer a sus hijos en su propia casa.
Lo malo son los llantos y la frustración de no ser feliz en su hogar, cuando llega con el olor a semen y babas de otros hombres.
Y a todo eso lo llama depresión.
Es demasiado idiota para follar con muchos hombres que ha escogido y ser feliz en su matrimonio.
Y esa frustración la hace llorar y sentirse la más desdichada.
Lo malo es decir que ama como nadie puede amar a su marido “es mi dios, es el amor de mi vida”. Para que todos crean que es la mujer más romántica y abnegada del universo; pero se mete en el coño la verga de otro, tecleando en su teléfono que enseguida llega a casa, que el tráfico está fatal.
Lo malo, es que miente y no recuerda sus embustes. No se lava las chichis saladas por las babas de otros hombres. Los moretones en sus piernas tras una “buena cogida” que la ha hecho chillar como una marrana.
Lo malo es que se cree inteligente y es un ladrillo.
Lo malo es que cree que engaña y al final llora de rabia e impotencia, no consigue gestionar adecuadamente su puterío.
Lo malo para el hombre es sentir que al final, es una pobre imbécil.
Y sentir lástima por la pobre madre ramera.
La no puta, sabe que quien la amó, le tiene asco y vuelve a casa cada día con su rictus de mujer abnegada y cansada, con su coño fértil, ahora enfermo y tonto.
Eso sí que es ser una mala puta.
No es la madre del año, no es una puta realmente.
Es solo una mala mujer, un mala persona.
Un veneno que nunca debería haber nacido.
Las putas no son malas. Nunca lo han sido.
Y se mira cada mañana en el espejo al alaciarse el cabello dejando caer una lágrima de maternidad, soledad y literatura que la redima de su miserable y mentirosa vida.


Iconoclasta

Los que seáis un poco listos no vomitéis conla introducción, los que sois más de lo mismo, seguid leyendo a ver si aprendéis algo.
Frases de Jorge Bucay.
– El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede.
– Porque nadie puede saber por ti. Nace puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no conoce representantes.
– No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.
Frases de Paulo Coelho.
– Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.
– Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.
– Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
————————————————-
Me parece increíble (es retórica, debido a mi sabiduría y objetiva visión sé todo lo que es posible o no lo es en el ser humano) que un par de iluminados como estos dos hayan vendido libros.
Es un insulto a la inteligencia; pero claro, en un mundo de analfabetos, el que atina a juntar más de tres palabras que sean correctas con los cánones impuestos por el poder y la farisea moral de conducta y respeto, encontrará la editorial para publicar su ignorancia empática con las clases sociales más decadentes: burgueses, funcionarios de ventanilla, letrados y políticos.
Los que tienen dinero y poder (los que esnifan coca bajo palio o se las chupa una niña) alaban una vida que solo conoce uno entre cinco millones de burros. El dinero otorga a pesar de su decadencia, una ignorancia pueril y optimista. Es tan infantil, que ellos mismos se creen ejemplo a seguir.
Los pobres por su parte, necesitan mesías y lecturas de este tipo de escritores-pastores para sentirse afortunados entre la mierda en la que nadan cada día. Su ignorancia es más básica aún que la de los poderosos o los escritores-pastores.
Tanto a pobres como poderosos, es igual de fácil de engañar. Simplemente se trata de darle otro nombre a las heces que forman sus cerebros para que se crean seres racionales y con libre albedrío.
Las editoriales se convierten junto con  la televisión y el cine, en los guardianes y jueces de una sociedad basada en la hipocresía, el arribismo y la esclavitud.
Solo los cerebros muy enfermos de hipocresía  pueden soñar con ser ángeles
y sabios pisoteando o ignorando en su escalada “al poder”, a miles de seres
humanos que son solo piel y huesos, seres que nacen con sesenta o setenta años menos de vida.
Cualquiera que diga que el universo se confabula para ayudarnos a hacer un sueño realidad, es un hijoputa, la peor y más rastrera bestia que pueda uno conocer. Porque afirmar algo así es un crimen y un insulto al orgullo, al sufrimiento y al esfuerzo.
Lo que les ha ocurrido a estos “genios” que afirman que con buena voluntad y optimismo se logra todo, es que se han llevado a la boca el pene del poder y con ello han quedado protegidos de cualquier misil o rayo láser que les disparen. Igual que en las viejas películas de Star Wars o Star Trek en las que los campos de fuerza de las naves son la suprema protección y mientras hacen orgías, la nave es bombardeada por unos enemigos idiotas que no llegan a enterarse.
Por todo esto, cada día resulta más difícil encontrar un buen libro que leer o una buena película. Respecto a la televisión, no hay remedio, es una pura sucesión de basura epiléptica, sea de pago o no.
Es mejor ir al restaurante chino y comprar una galletita de la suerte para tener la misma lectura que nos ofrecen, sale más barato.
En la literatura: follar, polla y coño está prohibido como norma. En la televisión se disimulan las palabras fuertes con aplausos o pitidos, en el cine (el porno es otra historia y carece de hipocresías, aunque sobra deficiencia mental) estas cosas se visten de video clip con rápida sucesión de imágenes. Pero en ninguno de estos medios, se pone de manifiesto la falta de cultura y capacidad de síntesis de la gente para no degradar demasiado a la clientela.
En fin, que me cago en la puta madre de editoriales, productoras de cine y emisoras de radio y tv.
Y es que no hay inteligencia suficiente ni entre ricos ni pobres para alimentar todos los días a la peña. Que nazca alguien inteligente en cada generación es una lotería.
Piara de idiotas…

“Todos los días Dios nos da un momento…”. Hay que joderse con la estupidez.

 

 

Iconoclasta

Diario de un imbécil

Publicado: 29 septiembre, 2010 en Terror
Etiquetas:, ,

No hay inteligencia en mí. Sólo tengo el poder de mi fuerza.

Por eso no entiendo, no consigo comprender lo complicado de vuestras mentes.

Me es imposible determinar el medio por el cual una conexión sináptica, en una micronésima de segundo, puede provocar en las redes neuronales de quien me observa la repulsión más absoluta. No es cuestión de fealdad, no hay motivo.

Supongo que ese mismo sistema límbico gobierna los instintos.

No soy inteligente, no soy simpático, ni tengo empatía alguna.

Pero soy peligroso como un virus, como una gangrena.

Yo creo que los inteligentes tienen cierto instinto que los pone sobre aviso y ven en mi lerda mirada de idiota, algo peligroso, algo a lo que no acercarse.

Pero cuando te miran así, es que están demasiado cerca.

A veces se me escapa una risa imbécil cuando corto la carótida de un ser inteligente. No sé, dijéramos que me siento superior cuando se desangra y yo no. Cuando lo último que ve es mi vida y lo último que ve son sus muertos párpados por dentro.

Los sistemas límbicos son extraños. Como extraño es que alguien pueda ver un neutrino que atraviesa la materia y no puedan ver el puñal que les secciona la yugular.

Matar está bien cuando no hay solución, la violencia es determinante en mi pensamiento consciente como salida a los complicados problemas que la vida me presenta.

Carezco de memoria, jamás podría memorizar una larga lista de teléfonos, me costó horrores aprender las tablas de multiplicar a pesar de mi empeño.

Cuando fallaba en la respuesta, una parte de mi córtex enviaba una señal de alarma que se traducía en un gesto de miedo que el profesor captaba al instante. Lo necesario para que su cerebro diera la orden de pegarme con la regla en la punta de los dedos. Me obligaban a mantener las puntas de los dedos de la mano izquierda unidas mirando hacia arriba.

Era listo aquel profesor hijo puta, sin responder ya sabía que iba a fallar y me pegaba.

Yo tenía pocos, tal vez diez años, y aún no podía dominar el dolor y el miedo. Siempre he sido retrasado.

Así que me dolía de cojones cada golpe y me aterrorizaba la hora de matemáticas.

Al cabo de ciento veintiséis golpes en dos meses, mi escaso cerebro consiguió memorizar lo necesario para salvar la integridad de mis uñas. Los estímulos de dolor es de las pocas cosas que puedo contabilizar y memorizar.

La segunda ley de Kirchoff dice: En un circuito eléctrico, la suma de caídas de tensión en un tramo que está entre dos derivaciones es igual a la suma de caídas de tensión de cualquier otro tramo que se establezca entre dichas derivaciones.

Yo no sé si es cierto, pero cuando una parte de mi cerebro es sometido a sobretensión, el resto de mi cerebro, incluyendo lo más primitivo y básico, también está sometido a ello.

Cumplí dieciséis años, no me acuerdo cuando, ni siquiera recuerdo si me regalaron algo. Mi memoria está hecha mierda. Pero de la cara del profesor no me olvidé. Ese día de mi cumpleaños y encuentro lógico que así fuera, fui al cine con mis padres que son aún más imbéciles que yo.

Y ese gran profesor se puso a mear en el urinario donde yo me encontraba, a mi siniestra (¿siniestra es izquierda? creo que sí). Ni me miró. Sacó la polla y se puso a mear.

Yo debería haberle dicho mi nombre, si se acordaba de mí, y como buen alumno, haber recordado mis tiempos de infancia y aprendizaje con él.

Pero al igual que las matemáticas, la educación es harto complicada. El perdón también requiere demasiada comprensión. Hay demasiados procesos cognitivos y de lógica. Cálculos de probabilidades a velocidades lumínicas. Demasiado para mi cerebro orgánico de sangre y tejido blando.

Mi cualidad más desarrollada es el odio. Un odio frío que me hace ser calculador. El único temblor es mi excitación sexual cuando voy a actuar en consecuencia a mi nula inteligencia. No es que se trate de una perversión, simplemente es un acto reflejo de mi desarrollado cerebro de reptil, una forma de demostrar mi fuerza y agresividad. En fin, marcar territorio. A veces meo en las esquinas de una forma espontánea.

Como el cortejo pre-nupcial de muchas especies, eso es simplemente mi erección, no vayáis a complicaros ahora con profundos análisis que a mí me sudan la polla.

En definitiva y coloquialmente, a mí se me pone dura cuando recurro a la bendita violencia.

Me costó mucho aprender sobre los binomios y polinomios, el cálculo trigonométrico de las corrientes trifásicas y su preciso desfase de raíz cuadrada de tres, me costó meses y meses de dominar.

Pero tengo un don para encontrar cosas con las que hacer pupa.

Llevaba en el bolsillo las llaves de casa. Yo aún estaba meando cuando mi cerebro idiota dio con la solución al problema.

También tuve suerte de que un hombre barbudo y con una barriga de embarazo de veinte meses, acabara de encontrarse la polla entre la grasa, se la sacudiera y saliera de los servicios meneando sus mantecas y dejándonos solos.

Le clavé una llave en el oído derecho, ya que se encontraba a mi siniestra. Soy diestro, por lo tanto di un giro aproximado de ochenta y cinco grados.

Me miro con los ojos enloquecidos meándose aún con el pene fuera de la bragueta y salpicándome. Un tipo con el pelo gris erizado, como un sargento de esos de las películas americanas y delgado como un esqueleto. Podía ver sus mandíbulas apretadas fuertemente por el dolor. Para hacer daño soy rápido. La llave se metió en su glotis doliendo, lo sé por la forma en que contrajo el cuello como medida de defensa instintiva ante la intrusión de un objeto extraño.

Los forenses distinguen perfectamente las heridas post-mortem de las que se dan en vida, ya que la carne queda agarrotada cuando uno muere tratando de evitar que todo ese acero te mate. Y aprietas hasta el culo para evitar que penetre el filo.

Es un acto instintivo, tan básico como mi cerebro.

Lo que me lleva a pensar que a la hora de morir, todos son idiotas.

Mal de muchos, consuelo de tontos.

Yo no busco consuelo, simplemente vivir tranquilo. Si no me joden, no jodo.

Bueno, si se trata de follar, es distinto, mi sexualidad es muy sana. A veces hasta aburrida de sencilla que es. Pero ellas gimen como auténticas zorras con mi “mediocre” sexualidad.

Una patada más y lo metí en uno de los habitáculos con puerta de los inodoros y lo inmovilicé hasta que lo sentí desfallecer, ya que se asfixiaba con su propia sangre.

Le metí la cabeza en el inodoro para que se acabara de vaciar y la sangre no saliera fuera, apoyé sus piernas en la mampara separadora para que se mantuviera en equilibrio y no se vieran los pies y salí de allí bloqueando antes el pestillo de la puerta.

Limpié las manchas de sangre de mis jeans Levis 501 (era mi regalo, ahora que recuerdo) y me los sequé con el seca manos eléctrico.

No me llevó más de cinco minutos y aún pude ver los tráileres de los próximos estrenos completos.

También me quedé con su cartera, que tiré vacía de dinero cuando salí del cine.

Cuando salí del cine, aún nadie sabía que había un muerto en los servicios.

Y esa fue la primera vez que maté.

Luego seguí estudiando y de vez en cuando iba a las discotecas para ligar. Supongo que mi mirada vacía y carente de inteligencia provocaba el morbo en las tías y éstas, cuando se emborrachan se follan lo que sea y cuanto más peligroso, mejor.

Nunca maté a ninguna.

Pero era mi territorio de caza, es una necesidad matar cuando tan solo tienes como recurso la fuerza, porque estás continuamente comparándote con los más inteligentes y uno se siente demasiado imbécil. Y con ello decae la autoestima.

Es necesario hacer algo para evitar hundirse. El movimiento se demuestra andando. En mi caso rajando.

La navaja de afeitar en mi mano era mi nexo de unión con el poco cerebro que tengo, mi neurona para no perder mi propia estima.

Entrar en los lavabos atiborrados de niñatos esnifando o vomitando era una auténtica odisea.

A veces éramos tantos, allí metidos, que nos meábamos en los pantalones.

Cuando les cortaba la femoral a la altura de la ingle, sentían en principio como un pinchazo, algo demasiado rápido y doloroso.

Hay muchos miembros y todos torpes en una discoteca de sábado noche. Así que nadie veía lo que pasaba hasta que resbalaban en sangre y el que se desangraba se dejaba caer en otro como si estuviera demasiado borracho.

La policía ni se preocupaba de buscar entre aquella multitud de testigos alguien con el cerebro lúcido como para acertar a decir su propio nombre.

Cuando llegué a matar así a treinta y cinco inteligentes de mierda, la presión de la policía se hizo demasiado fuerte. Fueron seis meses en los que me curtí más que unas alforjas y me conocí a mí mismo sin necesidad estúpidas disciplinas orientales, que siempre resultan aburridas a menos que se trate de aquella fábula del tercer ojo, el que le trepanan el cráneo a un crío tibetano para llenarle el agujero de hierbas y ver el aura de sus congéneres y convertirse en una especie de detector de mala hostia.

Con casi cuarenta años, puedo decir sin aparentar pedantería, que he matado a ciento setenta personas más inteligentes que yo.

Tengo un método para conocer a los más inteligentes. Es básico, pero efectivo.

Cualquiera es más inteligente que yo, así que por una mera cuestión de azar, los cazo.

Soy ingeniero en sistemas de envasado de alimentos, pero eso no quiere decir que me hiciera inteligente con la edad. Invertí el doble de tiempo que mis compañeros para poder sacar adelante la carrera.

Solo matar era mi forma de sentirme bien conmigo mismo y ponerla en práctica me daba cierta confianza necesaria para poder llevar una vida plena en un border line de mis características.

Mi hijo tiene ahora la edad que yo tenía cuando maté a mi primer listo.

Pero él es más inteligente. A veces tengo que apagarme un cigarro en la muñeca para no cortarle el cuello de un tajo mientras duerme.

Mi mujer es imbécil, no corre peligro.

Pero él… Sabe tanto ya, lee el libro y lo memoriza.

No tiene miedo a los castigos (ya no hay castigos corporales, pero no lo tendría si los hubiera).

Mi instinto es siniestro, me doy cuenta cuando soy una amenaza para el ser que más amo. Cuando me levanto durante la madrugada profunda, con la navaja de afeitar abierta entre mis dedos y dejo caer una gota de saliva en la frente de mi hijo con el filo a escasos milímetros de sus ojos, siento una náusea.

Mi instinto me dice que es mi propia sangre, que no se caza a la propia sangre.

Nene malo, me dice mi conciencia imbécil. Retiro la navaja de sus ojos con los ojos lagrimeándome de odio y lucha interior.

Apenas tengo pezones, los quemo por cada intento de matar a mi hijo.

Saber de alguien tan inteligente en mi territorio es algo que me está pudriendo.

Mi instinto a veces me da razones simples pero válidas para tomar una determinación de no matar. Pero no siempre será así.

Y no quiero despertar pisando la sangre coagulada, gelatinosa de mi hijo.

Es el único que me quiere.

Y además, cuando ayer destripé en el cuarto de calderas de la fábrica al operario de mantenimiento, sentí que me estaba desbocando. Ningún perro caga donde come, dicen.

Yo lo hice ayer.

Hay una teoría de psicólogos forenses, que dice que el asesino, cuando la presión de las muertes es muy grande, busca un medio inconsciente de equivocarse para que lo detengan, afirman que hay un nexo de unión entre cada humano y el resto de sus congéneres. Y crea una especie de remordimiento de conciencia.

Que no me jodan con retóricas facilonas.

Yo no quiero que me detengan. Sólo quiero apartar de mí a los más inteligentes, que me aíslen para que mi imbecilidad no me ofenda a mí mismo.

Sin embargo, cortar esos ojos que un día besé, esa carne que un día cuidé, va contra mi naturaleza. Soy un buen tío en general, alguien bueno con poco cerebro que ha tenido que forjarse un sitio en un mundo repleto de genios.

Nunca había probado en mí mismo el filo de la navaja con tanta profundidad.

Es desgarrador el dolor. Sobre todo cuando pillas un tendón y se retrae doliendo como si arrastrara la carne por dentro.

Esta ha sido la vida de un imbécil.

Punto y final. Sobre todo final.

Hijo mío, conserva este diario, no se lo des a nadie, nunca. Que no sepa nadie que el Asesino Incomprensible, era un imbécil. Guarda el secreto y esconde la navaja. Mancha el cúter de la caja de herramientas con sangre y me lo colocas en la mano.

Y si un día un hijo tuyo nace imbécil, le lees mi diario cada noche al acostarse y le colocas la navaja de su abuelito bajo la almohada, para que asesine al Ratoncito Pérez, que es muy listo robando dientes.

Pero no dejes que ser imbécil lo desanime.

Un beso de papá que a veces te odia. Que a veces te odió.

Ahora que me muero, me acuerdo de conjugar verbos, no te jode…

Iconoclasta

Safe Creative #1009297457596