Murf me mira, aunque no sé si me observa con la curiosidad de un biólogo-psicólogo, hacer las abdominales matutinas. Tengo la jodida impresión de que, con la característica soberbia gatuna, piensa que si estoy tonto o qué. Me encanta la intuición y curiosidad de los gatos; pero su soberbia puede ser muy irritante por lo impertinente. No me extrañaría que un día fuera yo quien usara el arenero.
Murf es una luz en la oscuridad que a veces parece soñar cosas malas o dolorosas y emite pequeños gemidos que me inquietan, provocándome un arrebato de existencial ternura. Es un escalofrío pensar que pueda sentir miedo o dolor soñando, como yo. Que sea consciente de su cautividad, como yo. Que no me quiera, como yo a tantos. Es muy pequeño y suave, no se merece esas emociones. No quiero. Quiero pensar que él está a salvo de esta mierda que creía sólo humana. Que destaque sin malos sueños en la oscuridad con un mullido y relajado brillo de serenidad. Y que sea inmortal. Que viva más que yo.
Mi amigo ronroneante es como un motor bien ajustado que nunca falla cuando se siente querido. Ronronea siempre cerca de mí, muy serio. Orgulloso de hacer un buen trabajo. Un motor de pura serenidad sin envidias o ambiciones latentes y ocultas. Y no sé por qué razón me quiere, pobre…
Tiene su vanidad, le gusta mucho la canción The Lion Sleeps Tonight (Wimoweh), aunque no me lo creo. La verdad es que me gusta más a mí. A él le encanta observar los pájaros que le gustaría cazar y decapitar juguetonamente. No es un vulgar león. Es un tanto vanidoso y el muy felino tiene razón para serlo. Y no le gusta que le molesten cuando duerme. Pinche Murf… También me hace notar que yo no soy más que él. Y estoy de acuerdo, muy de acuerdo.
Pienso en los seres que más quiero y en todo lo que haría por ellos. Y en los que odio y las mil formas que imagino de masacrarlos. Murf me observa con cierto interés, intuye la gran tensión que hay entre el odio y el amor en mi cerebro eficaz y peligroso. Todos los bordes son peligrosos, cortantes. Y si caminas por un filo, acabas herido tarde o temprano. Bueno, más temprano que tarde. De hecho estoy tocado desde hace mucho. Y si ya lo estoy ¿qué puedo perder con un acto abominable? El dolor te hace insano, ergo osado; el hastío, simplemente peligroso. Y puede que algún día, si antes no muero, tenga que hacer algo por ellos por los poquísimos seres que amo con toda mi alma (si tuviera); como masacrar a los que detesto con una cólera controlada, fría y tóxica. Sistemática como un campo exterminio. E inevitable. Tal vez les deje un mundo mejor si descuartizo a cuantos pueda. Extrañamente, puedo amar y odiar con idéntica pasión. Al mismo tiempo en cualquier lugar. Algunos dicen que no es posible, pues sí lo es. Perdónales, Dios, porque no saben lo que dicen. Soy el fracaso de Jesucristo. Las tradicionales mentiras y leyendas religiosas siempre ayudan a dar más dramatismo a mi pensamiento incierto e inapropiado. Y por otra parte, las irreverencias son fuente de satisfacción. Cuanto más quiero a esos pocos, más odio a esos millones. Amor y odio son directamente proporcionales y residen en el mismo lugar. El lugar que mi Murf atisba.