Archivos para junio, 2021

La sociedad no se ha polarizado políticamente, todos votan a la misma mierda, solo eligen la retórica de los timadores que pretenden gobernar y el “me gusta” al tuit que más les emociona, siempre y cuando no exceda de las cuatro palabras y lleve foto o dibujito.
El coronavirus ha puesto de manifiesto, como jamás había ocurrido, a los dos bandos humanos que existen desde tiempos inmemoriales:

Mansos y creadores.
Esclavos y luchadores.
Crédulos y soñadores.
Mediocres y únicos.
Mezquinos y nobles.
Cobardes y despreocupados.
Rumiantes y carnívoros.
Indignos y humanos.
Reproductores y folladores.

Todos los que comienzan por mayúscula son de un bando. Los de los adjetivos en minúscula o segunda columna son el otro bando.
El bando de las mayúsculas es invencible, está formado por tantos millones de reses que los del segundo bando, el de las minúsculas, no tienen oportunidad alguna; morirán asfixiados por la mezquindad y la mediocridad.
Los del primer bando, el de las mayúsculas, gozarán de vacuna y un pasaporte veterinario sanitario. A los del segundo bando les importa una mierda morir de gripe o de cáncer; hacen lo que deben aunque se deban convertir en los proscritos de una sociedad farisea; no nacieron para comer forraje frente al culo de otra vaca en fila india.
Los del primer bando se subirán al camión que los llevará al matadero con pancartas que dirán “Todo irá bien”.
Los del segundo bando deberán ser abatidos a tiros porque no subirán al puto camión.
El bando indigno ganará, eso lo saben los dignos. Saben que hay exterminio contra el individuo, que la masa borreguil odia no ser como ellos y si se elimina lo envidiado, pasa desapercibida la propia mediocridad
La sociedad de los borregos se ha extendido como un hongo por todo el planeta (la globalización ha culminado), un hongo que exhibe su pasaporte veterinario sanitario que certifica su imbecilidad y mansedumbre, el pinchazo de una vacuna y su respiración pobre y sucia de un bozal formado por capas de cobardía e ignorancia en el hocico.
Ha llegado el fin de la especie humana, lo que quedará en breve, es solo una mutación amorfa y sin identidad de lo que era.

Iconoclasta

Es todo silencio, como en el mismísimo espacio.
Cuando la muerte ronda cerca, los seres callan muy astutos su existencia.
Memento mori.
El viento es una azada invisible que tienta la vida del árbol, que silencioso y aterrorizado resiste sus afilados embates.
Y yo espero silente, lejos. Porque sé que no resistiré el golpe cortador de vida.
No soy un árbol.
Memento mori.
No me quedan hojas. Lo perdí todo…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Pues más parece que hablan de una especie de oráculo antiguo, eso de buscar cosas en la mierda de un animal. La escatología elevada a grado de ciencia, sobre todo con murciélagos de por medio, tan vampiros ellos; puede crear muchos adeptos al llegar a la conclusión de que algo de verdad hay en el mito de la maldad diabólica de estos bichos.
Estamos ante los nuevos brujos o chamanes de la era de las redes sociales y el timo del coronavirus.
Acabarán exterminando a los murciélagos; y los mosquitos a ellos, por idiotas.

Salir cuando los humanos se resguardan del frío y la lluvia, a veces tiene premio.
Y te encuentras un hermoso juguete por el camino, una cría de salamandra que se queda inmóvil como un juguetito abandonado.
Te preguntas si estas pequeñas joyas que, al igual que las flores más bellas, fueron creadas por la casualidad; si tuvo a bien calcular la elección del color, la plasticidad y la ternura que produce algo tan pequeño y bello, a pesar de ser producto del azar. Es una antítesis, no puede haber voluntad en el azar, pero cuando algo es perfecto, el cínico piensa donde está la trampa.
Se encuentra a un metro escaso del bosque denso y húmedo, seguro que llegará.
Suerte con la vida, micromachine bonita.