Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Solo heridos

Publicado: 11 abril, 2015 en Absurdo
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Solo heridos

Nada tengo que ver con una artista como Frida. Soy la absoluta oposición a lo que ella era: arte, sensibilidad y emoción.
Solo hay una cosa que podría tener en común: el dolor del cuerpo; pero hasta ese dolor en mí es ridículo comparado con el suyo.
Si insisto en buscar algo común, sería que estamos ambos en los extremos: ella en su universalidad y admiración. Yo en mi mediocridad y ocultación.
Pero eso es una trampa burda que intento por dar algo de importancia a mi existencia, un sofisma.
Solo tenemos en común haber sido heridos.
No puedo evitar al ver su dibujo, pensar que soy una bestia herida en los huesos y el pensamiento. Siento una especial simpatía por ella, herida.
Sé que hay mucha gente dolorida, pero no me interesa esa gente. Es mi intimidad, mi pensamiento. Yo elijo quien está en él. Siempre que puedo. Y en mi pensamiento no existen multitudes, dos o tres seres a lo mucho. Exagerando.
Soy el dibujo de un gato con los cuartos traseros aplastados, maullando en la cuneta de una carretera llena de coches veloces que no prestan atención.
No vivo como quiero, como ella, ni siquiera así padezco.
Solo hago lo que puedo, soy lo que puedo, muy lejos de lo que me gustaría.
Sin clase, sin elegancia, con los dientes rotos de apretarlos al soñar lo que no soy y no seré.
Ojalá su dolor haya cesado, pronto me toca a mí también.

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Iconoclasta

Maldita pierna podrida

Publicado: 9 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Pierna podrida

(Oda al dolor y la fealdad)

Me dueles por cada paso que doy montaña arriba, montaña abajo.
Cochina pierna, a veces deseo que te desprendas y te quedes pudriéndote en el camino. Deberías haber sido amputada.
Eres mi vergüenza y me haces tullido.
Te odio con toda mi alma, por ello te fuerzo, por ello abuso de ti metros y metros montaña arriba; hasta que el tendón del talón parece reventar con un trallazo de dolor y me pagas con una cojera más pronunciada, con un caminar más tullido aún.
Volvemos a salir, ahora. Vamos a subir y bajar las escaleras, hasta que tú te rompas o yo me colapse. O hasta que el ibuprofeno en sangre sea superior a lo que le organismo admita. Si yo muero, tú también, asquerosa.
Hace años que somos dos, hija de puta, tú y el dolor, yo y mi voluntad.
A veces ganas tú, y otras veces simplemente, pierdo menos.
Como te odio, ser repugnante pegado a mí.
Como dueles, como avergüenzas.
(Esta arenga de odio y asco, es normal debido a una excursión de tres horas y media por la montaña, donde he visto huellas de jabalí y nada más. Mañana, más. Que no se crea nadie que la podrida y negra pierna podrá conmigo. Y no quiero hablar de la neurosis que me acompaña, como si fuera el loro en el hombro de un capitán pirata con pata de palo…).

La mujer y el cordero

Publicado: 8 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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No es una parábola de mierda, no es un cuento para niños. Yo no predico, no doy enseñanzas, me conformo con evadirme del mundo cuanto pueda.
Y fracaso como un idiota.
He visto como una mujer daba de comer con dulzura a un corderito que parecía sonreír.
Y he sentido una inexplicable tristeza, porque la anciana lo sacrificará con todo su pesar, como siempre lo ha hecho. Lo veía en su tierna forma de darle de comer y se me ha pegado a la piel toda esta ternura y tristeza como una peste contagiosa.
El corderito comía de su mano con esa feliz ingenuidad que deshecha cualquier idea de muerte o dolor. Con esa ingenuidad que hace del mundo pornografía a mis ojos.
He cojeado rápidamente para alejarme de toda esa pena y tragedia que ha hecho presa en mi ánimo.
Pobre mujer, pobre corderito, tan solos ante la verdad y la ingenuidad.
Respecto a mí, me parecía pertinente cruzar las vías del tren con las barreras bajadas.
Acabar.
Qué triste es la belleza a veces.
Qué mierda.

La luz al final del túnel

Publicado: 8 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Esa maldita luz

Esa debe ser la famosa luz que ven los que dicen haber muerto, esa misma que me apuñala por la espalda y a la que no presto demasiada atención. La que me llama…
Me hace hostil al mundo, me hace escribir cosas que no debiera.
Sería fácil salvarme yo y al mundo con unas persianas.
Si tuviera ganas y humor para bajarlas, claro.

Simpático y cordial

Publicado: 3 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Buen chico 2

Pareceré un hombre simpático y cordial.
Y lo soy, soy un buen tipo en general. Simplemente estoy pensando en mejorar el planeta y hacer algo bueno por la humanidad.
Las tres cuartas partes de homínidos (hombres y mujeres y sus derivados), debería ser deportada a cualquier planeta con atmósfera rica en amoníaco y metano. Y con muy baja gravedad para que cuando salten alegres porque les ha tocado en una feria un smartphone de cartón, salgan disparados al negro y aterciopelado espacio como si fueran colillas de esas que lanzo al aire para que los murciélagos las cacen y se quemen.
De ahí mi sonrisa afable. Lo tengo todo previsto.
Se podrían enviar incluso en naves no tripuladas para abaratar los costes. Si a cada pasajero le das un peluche del pato Lucas o el Diablo de Tasmania aunque no se parezcan, se suben más felices al transbordador que si les regalaran una gorra de propaganda de abonos agrícolas. Además, se les puede financiar la deportación a 36 meses sin intereses, que es lo que podría durar un viaje a un planeta venenoso. Y con el reclamo añadido de que tendrán diez gigas gratis de feisbuc y guasap.
No soy misántropo, lo que pasa es que de humanos hay tan pocos, que es necesario sacar la morralla para dejarles aire que respirar y espacio para hacer su trabajo y reproducirse sin peligro de cruzarse con uno de esos individuos/as que estropean la genética por cuarenta generaciones.
Y así enviándolos allá, al espacio inconmensurable tachonado de estrellas, el asunto de los residuos lo tenemos resuelto, ya que hay agujeros negros por ahí que se lo tragan todo.
Y bueno, está el asunto de la comida para tan largo viaje; lo tengo resuelto, hay cajitas felices que con los regalos luminiscentes que llevan los entretendrá durante mucho tiempo.
Ahora ya solo queda engañarlos, que es lo más fácil y enviarlos a la mierda.
Mirad, me brota una lágrima de emoción al pensar en mi amor por la humanidad.
Precioso…

Pablo reflexiones

He comprado unos guantes y un diccionario. Y caminando he pensado, porque es un mal inevitable pensar.
Y he imaginado morir aplastado por un camión.
Y lo que la gente se preguntaría al ver mis restos: ¿para qué quería usar guantes con el diccionario?
Y yo les respondería desde el otro mundo, que mis pensamientos se forman con palabras y muchas son sucias. Son todo lo sucias que puedo encontrar. Porque hay quien escribe de lo bello y a mí me ha tocado ser el carroñero.
Que está bien así, hay demasiados poetas. Prefiero la minoría aunque me joda, por eso me había comprado unos guantes, idiotas.
Y no por el frío.
Para no envenenarme al fumar con mi propia suciedad. ¿Mejor así?
A veces, imaginar morir es una sorprendente sonrisa.

Adiós al sueño

Ya he perdido la oportunidad, he llegado a la hora sin retorno, cuando irremediablemente el sueño se ha retraído en el fondo de mi cerebro. Como una amante que cansada de esperar, se aleja con la serenidad de lo acabado.
Nunca más, dice su caminar defraudado.
Yo la veo… Se dirige hacia a mí; pero resulta que es a través de mí. Y lloro la inmensa imposibilidad de traspasar ese umbral que parece muerte.
Así ocurre con el sueño, se rinde ante mi poco interés por ceder a él. No sabe que golpeo el aire para decirle que estoy cerca.
El sueño se aleja de mí, porque no consigue descansarme, ha perdido su función básica.
Está herido en su amor propio.
Temo soñar cosas.
Secretos que oculto para no avergonzarme a mí mismo. Hay días en los que el sueño es mi enemigo: me dice la verdad.
No es ético que saque todo eso a la luz. No tengo miedo, como él insiste. Lo tergiversa todo, mi sueño está corrompido por tantos años de vivir entre ellos, entre los otros, los ajenos.
No es miedo, es hartazgo y tedio, mi sueño ha perdido la intensidad, le gana mi conciencia en lo malo y en lo bueno.
No quiero la verdad oculta, ni despejada. Estoy cansado de verdades, de razones, no quiero saber.
No quiero metáforas oníricas.
La ignorancia es un don que me está prohibido. Se fue a la mierda a pasear de la mano con el sueño.
No puedo dormir mentiras ya, he perdido la gracia del hombre, su última inocencia.
Ahora soy puramente consciente todas las horas del día y de la noche, de lo que me rodea.
La muerte se ha quedado sin su halo de misterio, solo es un trámite que a menudo, me encuentro ansioso por realizar. Como si fuera un pendiente que tachar de una lista de tareas.
Es la maldición de saberlo todo.
Por eso el sueño se ha rendido, ya no hay una pesadilla que me haga despertar vomitando, o llorando.
Pobre sueño mío, corrupto y gastado.
El sueño está debajo de la cama, ya separado de mí. Espera que muera para entrar y cumplir con su función, aunque sea unos segundos antes de que se agote la electricidad en el cerebro.
Pudiera ser que estoy viviendo más tiempo del que me otorgaron, y el sueño se ha muerto agotado y corrupto por demasiada vida.
Vete para siempre sueño, no esperes más, no te canses.
No pudiste evitarlo, hiciste lo posible en este mundo grotesco.
Te añoraré lo que me quede de vida.

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Iconoclasta

Desintegración

Desaparecer, no ser, no estar… No hablo de morir, aún no hay suficientes células convencidas de que es la hora. Yo quiero otra cosa, quiero desintegrarme; o sea, desaparecer temporalmente con cierta elegancia.
Y me refiero a este aquí, a este ahora y a mi cuerpo.
Nada tiene una solución por partes, ha de ser completo, todo a la vez. Más rápido que un infarto, más que una bala. Ha de ser a la velocidad de la luz.
Es que el tiempo pasa y me muero.
El cuerpo no se puede abandonar, en ese cerebro está todo lo que quiero, lo que espero, lo que imagino.
Y estas manos tan grandes son para tocarte mejor…
El aquí son unos cables anudados en mis testículos y eso no me deja saltar sin sentir un dolor que no puedo dominar. Pienso que mis cojones no son importantes, no acaba de convencerme la paternidad, porque no soy buena persona, no tengo nada que aportar a un hijo. Con el pene me basta; pero el sistema nervioso no acaba de estar convencido y transmite el miedo al dolor testicular que es el tópico de los tópicos. Me siento como un globo con cordel en manos de un niño que se ha bebido el café de mamá y de papá.
El ahora es una esquizofrenia, una sucesión de visiones terroríficamente desoladoras en su claridad, en su estabilidad: el sol sale siempre por el este, siempre quema mi cerebro al mediodía y por fin se va a tomar por culo por el oeste, tan tranquilo después de haberme hecho sudar para absolutamente nada.
No hay saltos en el tiempo a pesar de haber leído de ellos con ilusión.
Queda desintegrarse, disgregarse o diluirse en el aire, sin morir. Con el organismo intacto.
Lo cierto es que todo se desintegra, el amor, la ilusión, el dolor, el desánimo.
Y luego se integra otra vez, como una broma de mal gusto. Y vuelvo a caminar por senderos de gloria y mierda, sin importar cuantos cientos de veces lo hice.
La gloria está bien, la mierda es el problema principal.
Esas desintegraciones tienen el valor de lo cotidiano, más de lo mismo. Eso son repeticiones simplemente, no se debería abusar de metáforas y eufemismos, hace a la gente idiota.
El truco de la desintegración de todo yo, el aquí y el ahora, es que lleva implícita la integración. Y entonces, una simple hipótesis como una conversación entre solitarios que desean encontrarse o que proyectan cosas de vida y amor, se puede hacer realidad gracias a la posterior integración.
Hablando claro, te integras con esa mujer que deseas y amas . Y la tocas, la abrazas, la besas, la ríes, la tienes… Nos tenemos.
No es difícil de entender, estaría bien dejar de ser solo yo mismo y decir: La hostia… Esa cara hermosa ya está integrada en mí y yo en ella. Ya no soy solo yo mismo.
Programas tu desintegrador marca ACME para ser parte de ella, y te encuentras en otro lugar con ella entre los brazos, como deseabas; pero ya de verdad. Ella ya no está angustiosamente sola, y yo por fin estoy solo con ella. No es difícil de entender el concepto de desintegrarse para integrarse.
No soy un suicida facilón. Tengo planes…
Claro, que soy muy zorro yo y eludo la cuestión de que ella no quiera integrarse conmigo, si no con George Clooney. No pienso decepcionarme yo mismo, tengo mis inquietudes y soy orgulloso.
Y hermoso.
La gracia, es que si te desintegras y falla la integración por algún imprevisto, siempre te aguarda una sorpresa y puedes aparecer en brazos de un orangután que te acepte con todo su instinto reproductivo íntegro y activo y acabes sacándole chinches en los ratos de no reproducción, reventándolas con los dientes.
Al menos sería diferente, cualquier cosa antes que perder el tiempo en monotonías.
Porque no me preocupa la soledad, me preocupa no estar integrado y que todo sea un montón de posibilidades que nunca se hacen posibles. De acuerdo, para esas posibilidades imposibles y dolorosas, también hay venas que abrir. Es un campo inexplorado para mí; pero comporta un dolor, los tendones no se cortan gratis. Requieren el sacrificio de un grito y un dolor cuando se retraen carne adentro.
Hay cosas que no es necesario experimentar para saberlas.
Estoy cansado de dolor. Y cortar venas no soluciona el aquí, ni el ahora. Volvemos a la premisa del principio: ha de ser todo a la vez. Todo al mismo tiempo. Es una ley física que me acabo de sacar ahora de los cojones.
La locura nos convierte en físicos cuánticos sin pudor ni rubor.
La desintegración debe ser indolora. Es lógico pensar que si desintegras nervios y sesos, el dolor no llegará cuando sale de las uñas que se doblan o cuando un clavo las raja, las levanta y queda la carne viva expuesta al aire y expandiéndose, como si la carne hubiera esperado toda la vida ansiosamente que la uña se partiera para poder subir de volumen como una magdalena en el horno. Las uñas me han dado los mayores dolores, las tengo demasiado blandas y malditas. Hay médicos que han girado la cara al ver una de mis uñas reventada.
También me he quemado con la sopa, la lengua escaldada jode lo suyo, pero no como las uñas.
Y no hablemos de cuando cae la tapa de un piano que no tengo y me pilla los dedos, entonces sí que… Joder, se me va la olla.
¿Se entiende porque no debe haber dolor? El dolor te aparta del amor, te aparta de la ilusión. Sacrifica conceptos importantes a cambio de la búsqueda de un simple analgésico.
Me impide soñar con la desintegración.
A veces me río del dolor, para que se joda, para que vea que no me vence.
Estoy en ello, guapísima, ya verás como consigo desintegrarme y aparecer frente a ti íntegro e integrado con una mano en tus pechos de una forma accidental, lo juro.
Al final, soy mucho más sencillo que mi divagar loco, no deseo grandes cosas. Me conformaría con no llorar por dentro. Es angustioso sentir que algo dentro de ti se hace agua y te sujetas el vientre para evitar derramarte a ti mismo. Y no puedes contenerte, te escurres de ansias desesperanzadas entre tus propios dedos.
La verdad es que todo se desintegra a mi alrededor, menos yo.
Solo me queda el cinismo para evitar unas lágrimas de derrota.

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Iconoclasta

Hay un extraño desequilibrio, no acaba el planeta de afianzarse bajo mis pies.
Se remueve inquieto, incómodo.
Lo siento en ese temblor que reverbera en mis rodillas.
Y caminar se convierte en algo incierto, la dirección varía constantemente.
No es mi culpa que la tierra tenga miedo a mis pasos firmes y el apocalipsis que sueño ser.
Me pide que sea un poco más cuidadoso con sus rocas.
Me pregunto si se refiere a que las abrace.
Si insiste, le confesaré que mi pensamiento es atroz; pero mi sexualidad no incluye la litofilia. Le amenazaré con mis brocas y agujerearlo para enseñarle el verdadero dolor. Algo aproximado a una rodilla enferma sometida a un temblor de tierra escala tres millones richter.
Hay días que no se puede pasear tranquilo por la cobardía ajena, aunque sea la de una piedra gigantesca.

Duerme.
Una mierda, que hay sueños que no me gustan, hay pensamientos que no cesan.
Hay cosas que hacer y la impaciencia barre el descanso y lo convierte en angustia. Incluso en esperanzas que me tengo prohibidas.
No quiero llorar al dormir, no me gusta despertar triste. No necesito esas puñaladas traicioneras, las lágrimas se convierten en legañas que duelen al arrancarlas.
Mejor caer desmayado, es cuestión de esperar. Lo malo es ser fuerte. Vendo salud, tengo a chorros, algo de debilidad va bien. Voy a donar salud, y de paso acorto un poco la vida, es demasiada larga y cada vez duermo menos.
El sueño eterno es más sereno, más tranquilo. No hay cosas que esperan y desesperan, está todo acabado.
Necesitas dormir.
Dios también, pero no deja de pensar en mí, por lo visto tampoco duerme.
Es esa impaciencia por vivir a todas horas, tienes que hacer un esfuerzo.
Estoy cansado, todo requiere esfuerzo. Hay gente que duerme sin él.
Estoy maldito.
Estás loco.
Ambas cosas no tienen remedio.
Solo es cuestión de voluntad.
Creo que la voluntad se ha gastado, o la empleo toda en estar despierto, se ha roto algún conducto importante, el conducto soñador.
Morirás, te estás consumiendo en las noches.
Al final acabamos siempre pensando en la muerte yo y yo mismo. Somos unos cabrones locos.
No te rías.
Estoy llorando.
Todos lloran y duermen. Deberías ser más cauto.
Pronto será de día, no vale la pena intentarlo.
Deberíamos querernos más, cuidarnos.
Somos unos fracasados.
No es buen lugar éste, no es fracaso, es decepción.
Como quieras; pero no me gusta que me corrijan.
Vamos a tomar un café y fumar, eso nos une.
Tal vez sí, tienes razón.
Buenos días, yo.
Buenos días, yo mismo.
No te rías.
Sigo llorando, pero es por vicio, tengo los ojos secos.
Entonces es lógico que llores.
¿Ya ha salido el café?
Hace ruido la cafetera, ahora bajamos a ver.
Con mucho azúcar.
Con todo el azúcar.
Se nota el día, nos disociamos cada vez menos.
Moriremos con los ojos legañosos.
Lo sé.
Ya nos entendemos.