Nada tengo que ver con una artista como Frida. Soy la absoluta oposición a lo que ella era: arte, sensibilidad y emoción.
Solo hay una cosa que podría tener en común: el dolor del cuerpo; pero hasta ese dolor en mí es ridículo comparado con el suyo.
Si insisto en buscar algo común, sería que estamos ambos en los extremos: ella en su universalidad y admiración. Yo en mi mediocridad y ocultación.
Pero eso es una trampa burda que intento por dar algo de importancia a mi existencia, un sofisma.
Solo tenemos en común haber sido heridos.
No puedo evitar al ver su dibujo, pensar que soy una bestia herida en los huesos y el pensamiento. Siento una especial simpatía por ella, herida.
Sé que hay mucha gente dolorida, pero no me interesa esa gente. Es mi intimidad, mi pensamiento. Yo elijo quien está en él. Siempre que puedo. Y en mi pensamiento no existen multitudes, dos o tres seres a lo mucho. Exagerando.
Soy el dibujo de un gato con los cuartos traseros aplastados, maullando en la cuneta de una carretera llena de coches veloces que no prestan atención.
No vivo como quiero, como ella, ni siquiera así padezco.
Solo hago lo que puedo, soy lo que puedo, muy lejos de lo que me gustaría.
Sin clase, sin elegancia, con los dientes rotos de apretarlos al soñar lo que no soy y no seré.
Ojalá su dolor haya cesado, pronto me toca a mí también.
Archivos de la categoría ‘Absurdo’
Solo heridos
Publicado: 11 abril, 2015 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, heridas, sensibilidad, sueños, universalidad
Maldita pierna podrida
Publicado: 9 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Ultrajant
(Oda al dolor y la fealdad)
Me dueles por cada paso que doy montaña arriba, montaña abajo.
Cochina pierna, a veces deseo que te desprendas y te quedes pudriéndote en el camino. Deberías haber sido amputada.
Eres mi vergüenza y me haces tullido.
Te odio con toda mi alma, por ello te fuerzo, por ello abuso de ti metros y metros montaña arriba; hasta que el tendón del talón parece reventar con un trallazo de dolor y me pagas con una cojera más pronunciada, con un caminar más tullido aún.
Volvemos a salir, ahora. Vamos a subir y bajar las escaleras, hasta que tú te rompas o yo me colapse. O hasta que el ibuprofeno en sangre sea superior a lo que le organismo admita. Si yo muero, tú también, asquerosa.
Hace años que somos dos, hija de puta, tú y el dolor, yo y mi voluntad.
A veces ganas tú, y otras veces simplemente, pierdo menos.
Como te odio, ser repugnante pegado a mí.
Como dueles, como avergüenzas.
(Esta arenga de odio y asco, es normal debido a una excursión de tres horas y media por la montaña, donde he visto huellas de jabalí y nada más. Mañana, más. Que no se crea nadie que la podrida y negra pierna podrá conmigo. Y no quiero hablar de la neurosis que me acompaña, como si fuera el loro en el hombro de un capitán pirata con pata de palo…).
La mujer y el cordero
Publicado: 8 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Ultrajant
No es una parábola de mierda, no es un cuento para niños. Yo no predico, no doy enseñanzas, me conformo con evadirme del mundo cuanto pueda.
Y fracaso como un idiota.
He visto como una mujer daba de comer con dulzura a un corderito que parecía sonreír.
Y he sentido una inexplicable tristeza, porque la anciana lo sacrificará con todo su pesar, como siempre lo ha hecho. Lo veía en su tierna forma de darle de comer y se me ha pegado a la piel toda esta ternura y tristeza como una peste contagiosa.
El corderito comía de su mano con esa feliz ingenuidad que deshecha cualquier idea de muerte o dolor. Con esa ingenuidad que hace del mundo pornografía a mis ojos.
He cojeado rápidamente para alejarme de toda esa pena y tragedia que ha hecho presa en mi ánimo.
Pobre mujer, pobre corderito, tan solos ante la verdad y la ingenuidad.
Respecto a mí, me parecía pertinente cruzar las vías del tren con las barreras bajadas.
Acabar.
Qué triste es la belleza a veces.
Qué mierda.
La luz al final del túnel
Publicado: 8 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Ultrajant
Esa debe ser la famosa luz que ven los que dicen haber muerto, esa misma que me apuñala por la espalda y a la que no presto demasiada atención. La que me llama…
Me hace hostil al mundo, me hace escribir cosas que no debiera.
Sería fácil salvarme yo y al mundo con unas persianas.
Si tuviera ganas y humor para bajarlas, claro.
Simpático y cordial
Publicado: 3 abril, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Ultrajant
Pareceré un hombre simpático y cordial.
Y lo soy, soy un buen tipo en general. Simplemente estoy pensando en mejorar el planeta y hacer algo bueno por la humanidad.
Las tres cuartas partes de homínidos (hombres y mujeres y sus derivados), debería ser deportada a cualquier planeta con atmósfera rica en amoníaco y metano. Y con muy baja gravedad para que cuando salten alegres porque les ha tocado en una feria un smartphone de cartón, salgan disparados al negro y aterciopelado espacio como si fueran colillas de esas que lanzo al aire para que los murciélagos las cacen y se quemen.
De ahí mi sonrisa afable. Lo tengo todo previsto.
Se podrían enviar incluso en naves no tripuladas para abaratar los costes. Si a cada pasajero le das un peluche del pato Lucas o el Diablo de Tasmania aunque no se parezcan, se suben más felices al transbordador que si les regalaran una gorra de propaganda de abonos agrícolas. Además, se les puede financiar la deportación a 36 meses sin intereses, que es lo que podría durar un viaje a un planeta venenoso. Y con el reclamo añadido de que tendrán diez gigas gratis de feisbuc y guasap.
No soy misántropo, lo que pasa es que de humanos hay tan pocos, que es necesario sacar la morralla para dejarles aire que respirar y espacio para hacer su trabajo y reproducirse sin peligro de cruzarse con uno de esos individuos/as que estropean la genética por cuarenta generaciones.
Y así enviándolos allá, al espacio inconmensurable tachonado de estrellas, el asunto de los residuos lo tenemos resuelto, ya que hay agujeros negros por ahí que se lo tragan todo.
Y bueno, está el asunto de la comida para tan largo viaje; lo tengo resuelto, hay cajitas felices que con los regalos luminiscentes que llevan los entretendrá durante mucho tiempo.
Ahora ya solo queda engañarlos, que es lo más fácil y enviarlos a la mierda.
Mirad, me brota una lágrima de emoción al pensar en mi amor por la humanidad.
Precioso…
Unos guantes y un diccionario
Publicado: 24 marzo, 2015 en Absurdo, Conclusiones, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Ultrajant
He comprado unos guantes y un diccionario. Y caminando he pensado, porque es un mal inevitable pensar.
Y he imaginado morir aplastado por un camión.
Y lo que la gente se preguntaría al ver mis restos: ¿para qué quería usar guantes con el diccionario?
Y yo les respondería desde el otro mundo, que mis pensamientos se forman con palabras y muchas son sucias. Son todo lo sucias que puedo encontrar. Porque hay quien escribe de lo bello y a mí me ha tocado ser el carroñero.
Que está bien así, hay demasiados poetas. Prefiero la minoría aunque me joda, por eso me había comprado unos guantes, idiotas.
Y no por el frío.
Para no envenenarme al fumar con mi propia suciedad. ¿Mejor así?
A veces, imaginar morir es una sorprendente sonrisa.








