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Los que no hemos hecho nada malo, ni siquiera bueno; hemos pasado largas condenas de prisión domiciliaria, seguimos soportando el acoso policial, la prisión nocturna, la imposición asesina y humillante de la mascarilla, la amenaza de la vacuna. El control de la gestapo (la nueva y normal bofia cerduna española) a los accesos a playas y montañas…
¿Se indultará de las multas a los que han ejercido sus libertades más básicas como: respirar decente y sanamente, sin el bozal o salir fuera de sus casas para realizar las necesidades básicas durante la prisión decretada por el nuevo y normal fascismo español?
Habrá indultos para todos si vivimos en ese tan cacareado “Estado de derecho” de mierda ¿no?
Y ahora, el puto nuevo y normal gobierno fascista español del coronavirus va a indultar a unos colegas suyos por puro corporativismo. Porque las serpientes no se envenenan entre sí.
La función última del nuevo y normal gobierno fascista español es envenenar a la gente que no es política o simplemente obrera. Y negar todo indulto a los que no se postren ante los genitales fascistas.
Esto es una gran mierda, el banquete de los hijos de puta meándose en las caras de la chusma que les ha votado.

Tal vez, toda esta prensa fascista, corrupta y prostituida, teme quedarse sin trabajo si las vacunas del coronavirus fueran útiles (como una simple gripe que es).
Es como una de esas parábolas didácticas, atemorizantes y amansadoras de Jesucristo, el buen cabestro.
Y así se inventan X-CélulasMen mutantes capaces de combatir con antigravedad y chorros de rayos láser los anticuerpos.
“Y por favor, continúa leyendo nuestras mentiras, para que nuestro amo el Caudillo, nos siga pagando una pasta por tanta mierda escrita”, dice la prensa puta a sus analfabetos lectores.

Es increíble que hasta en la muerte de los propios hijos, la chusma pueda sacar lo más pío de sí en lugar de desear la peor muerte al asesino y cagarse en el puto dios que lo parió.
Lagrimean visiblemente y luego sueltan un evangelio, algo beato y conmovedor de mierda. Como si tuvieran la sangre blanca, como si fueran angelitos mártires amasados con cera y excrementos.
¿Qué puta utilidad tiene la muerte de los hijos?
Este tiempo es cada día más asqueroso, más repugnante.
Es necesaria una guerra mundial que mate definitivamente lo malo y lo imbécil, lo cobarde y lo mezquino. Y los que sobrevivan, pasen hambre y enfermedad y vuelvan así, por la vía del dolor, a ser humanos decentes y no la mierda que deambula cabizbaja o en rebaño ahora por las calles.

Pues a mí me da la impresión de dos homos haciendo el saludo secreto para acceder a su selecto club y pasar un rato jugando al trenecito. El nuevo y normal saludo fascista del coronavirus decretado por el nuevo, normal y homosexual fascismo español me da escalofríos.
Me hace sentir muy tenso, muy fuera de lugar de su mundo.
Lo que sí es cierto, es que todo fascismo esconde una tóxica depravación, el fascista es una olla a presión llena de complejos (como aquellos nazis jerarcas parafílicos del tercer reich).
Pero además, es que tocarse los codos, los hace parecer aún más subnormales, como si hubiera ahí una seria descoordinación motriz.
Es que siempre se junta culo y mierda, coño.

No soy gris de nacimiento, soy gris por la contaminación humana que me ensució desde que mi madre me escupió por el coño.
La grisentería me aplasta, me hace mierda, solo he podido salvar los ojos; porque tanta lágrima de frustración limpia quieras que no.
Por lo demás, si lloviera mierda, no me extrañaría.

¿Qué ocurre cuando en un sitio detestable y pútrido se encuentra quien amas? Todo se pudre, se rompe y descompone. Es inevitable. No se puede desarrollar nada bueno en un mal lugar.

También somos la tierra que pisamos.
Los detalles son muy importantes, los detalles pueden estropearlo todo.
Y cuando has disfrutado de la soledad, ya no hay vuelta atrás a la piedad. Te has hecho fuerte y egoísta. El tiempo importa tanto como los detalles, aprendes a deshacerte rápidamente de lo que ha dejado de gustarte o lo que no te gustó nunca y debías soportar porque no había otra salida; y eso incluye personas.
No puedes, no debes perder el tiempo en cosas ingratas; no más del estrictamente necesario para la supervivencia.
Humíllate y piensa que llegará el momento de saldar cuentas.
También está la opción de adaptarse, de sonreír al mal tiempo.
Yo no me adapto, no me doblego.
Hay personas y animales que han muerto y he resistido. Puedo soportar cualquier ruptura.
Y si no la soporto me jodo.
Yo no soy un viejo afable; ya no voy a pensar en nada bueno a estas alturas.
No reparo errores porque no hay tiempo. Por otra parte, los errores no se pueden reparar, solo se cubren de polvo con el tiempo.
Si queda poco tiempo de vida no es bueno tirarlo en causas perdidas.
Fue bonito mientras duró…
Ahora dicen que soy frío. Que no pensaban que pudiera ser así. Tan, Tan… Y no saben definirme sin un insulto.
Sonrío con decidida vanidad. Ser lo contrario de lo que se esperaba de ti es toda una victoria. Una medalla con cuya aguja, perforo el glande que cabecea inquieto, nervioso, a punto de escupir llevado por mi atávica animalidad.
Bueno… Nadie ha creído de lo que soy capaz hasta que me han puesto a prueba.
Si no puedes con ellos, jamás te unas.
Mándalos a la mierda aunque tengas que comer gusanos, porque no hay nada que te puedan hacer que no te hayan hecho ya.
Y recuerda, estás absolutamente solo, si algo no te gusta quémalo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Las enfermedades respiratorias son una consecuencia del decreto fascista que obliga a respirar insalubre e indecentemente a los cabestros españoles y sus crías. Y si le añadimos la cobardía, la ignorancia y la obediencia ciega; no hay ninguna responsabilidad que achacar a su “pandemia” de mierda.
Quien no haya aprendido a estas alturas como funciona lo más básico del ser humano: respiración y alimentación, que siga con el bozal y que una vez bien cebado, lo monten en un camión para llevarlo al matadero.
Idiotas…
Víctimas tardías y una mierda. Era absolutamente previsible desde que el fascismo nuevo y normal español, decretó sus condenas de prisión, extorsión y asfixia para los votantes españoles. Y sé que Francia ( y Alemania, Inglaterra, Bruselas, Dinamarca, Suiza, etc…) es otra nueva república fascista; pero como no vivo allí, me suda la polla.

(Valga decir respecto al título, que “poder” referido a la política y la economía, como norma general se escribe siempre con “j” inicial; aunque la RAE es permisiva al respecto)

Lo que no acabo de digerir es que para trabajar envasando canicas se solicita título de ingeniería, y para ser presidente o ministro de una nación, bastan unas semanas de trabajo en una granja de cerdos.
Esto explica también que por cada legislatura de cualquier “democracia” del mundo elegida al azar, se desarrollan tres o cuatro crisis económicas.
Que tantísimos millones de lerdos voten a un mismo criador de cerdos, no es preocupante, es consecuencia lógica de una sociedad mentalmente subnormal y porcina, of course (quería lucir mi inglés, soy vanidoso).
La verdad es que si las actuales sociedades siguen creyendo en las supercherías o religiones que se inventaron tres mil años atrás; cualquier criador de cerdos gobernando un país, es lo menos malo de esta civilización que agoniza entre lamentos de adultos infantilizados hasta parecer maricones.

El nuevo y normal fascismo español del coronavirus es incapaz de sumar correctamente.
Tantas mentiras que contar y tantos muertos por contabilizar que no son por coronavirus, es algo que requiere una gran planificación que ningún fascismo puede ejecutar; porque el fascista no tiene cerebro, solo el símbolo del dólar clavado en su córtex liso.

Esto no debería ser noticia si llevas viviendo en España (o en cualquier país fascista de falsa democracia) dos o tres meses.
En seguida te das cuenta de que va el rollo (los subnormales tardan una semana más, pero se enteran también). Y no es por internet, es que en los barrios más pobres contratan gente de menor cualificación técnica y por lo tanto son más torpes para teclear cosas en el ordenador y mientras tanto, el sanitario que tiene que inyectar las vacunas, entre dosis y dosis habla y folla con el maniquí de primeros auxilios de la cantidad de tiempo libre que tiene.
Si al menos, las oficinistas aprendieran a usar un dedo más para teclear las cosas que no importan, podrían vacunar a doscientos cabestros más por día.