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Pues no.
A pesar de la sectaria publicidad catalana, incluso en prime video, del día del orgullo homosexual, no consigo sentirme feliz. Ni un poco emocionado siquiera.
En definitiva, me la pela, y mucho, semejante festejo étnico-sexual.
Me importa lo mismo que el rabo sucio de la vaca lo que cada cual se introduzca en el recto o en la boca.
Y me pasa lo mismo con los constantes avisos de alerta por temperatura ¡extremadamente alta! Y triangulito amarillo de peligro como liturgia.
No consigo sentirme aterrorizado ni motivado a auto confinarme en mi madriguera.
Debo padecer una ataraxia selectiva hacia estas dos festividades.
No sé…
Lo cierto es que no me preocupa, es simple literatura de ocio, puramente anecdótica. Sin más fin que sosegar el aburrimiento de más de lo mismo viviendo sin vivir en mí y toda esa monserga existencialista de gurú de podcasts nocturnos y charlatanes de blog.
Algo así como las homilías embusteras del fascismo estalinista sanchizta español que no dicen nada, sólo es exposición y catálogo de mentiras; pero que son largas y cansinas.
Pero YO tengo gracia e ingenio y no le jodo la libertad y el dinero a nadie.

El amor pareciera, al igual que los aparatos electrónicos, que tiene una obsolescencia programada.
El romanticismo y la euforia sexual iniciales durante el enamoramiento, nos lleva a jurar un “amor eterno” como cotorras durante semanas. En la práctica sólo los hijos disfrutan de un cariño eterno, el de sus progenitores.
Y es un alivio la elevada mortalidad del amor, porque nos da la esperanza de volver a experimentar la pasión del descubrimiento.
Un amor eterno, de existir alguno, es como una bendición: una pesada carga que hace los días peligrosa y adocenadamente iguales.
Días asépticos de más de lo mismo.
Así que ocurre con el amor como con los reyes que afortunadamente mueren:
¡El amor ha muerto! ¡Que viva el amor!
Además, el amor nace directamente en los órganos sexuales y poliniza o parasita (es subjetivo) el cerebro. Al final, tampoco es algo tan místico como para lanzar cohetes con trueno final, palmera multicolor y lluvia de estrellas crepitantes.
Es noventa por ciento carnal y está sujeto a las normales degradaciones de la carne y sus inapetencias.

Esta cita que define al tren, dada la actual situación de España bajo el régimen Sanchizta Estalinista, viene como anillo al dedo. Al mío y al del narco corrupto gobierno español que se deshace entre victimismos y fariseo martirologio ante cualquier situación que denote su incapacidad, negligencia y dejación.
Y yo que me parto el rabo de risa con semejante coyuntura o más bien componenda del triste estado español y sus “todas y todos” que no aciertan más que a aplaudir en “interiores y exteriores”, en la luz y el apagón o en los trenes cadáver del régimen sanchizta de estas dos últimas semanas, con un encomiable y resignado civismo manso como el Mar Muerto y que es la delicia genital del ayatolá Sánchez I el Arribista; como hoy se ha podido ver y escuchar con su homilía de los beneficios de un apagón (todo son ventajas), las nucleares, el sabotaje, los AVES y el buen talante y civismo ejemplar de “todas y todos” en su congreso de los diputados (de su propiedad).
Mientras tanto “todas y todos”, piensan como antaño con Franco: “Lo único que nos importa es que haya un plato de comida en la mesa”. Los santos inocentes de nuevo…
Basta de cosas patéticas, ahora lo bueno y chachi piruli, la ingeniosa, sarcástica y divertida cita del genial Ambrose; la definición de ferrocarril:

Cuando vi algunas cosas que volvieron a hacer muchos especímenes de la subespecie humana española, sentí deseos de inyectarme algún veneno en la sangre que evitara que un día pudiera hacer lo que tantos hicieron durante la epidemia/timo del coronavirus o el COVID 19. O como hoy 28/05/2025 con el corte de energía eléctrica en toda España.
Cosas como aplaudir o bailar estando encerrados en un tren o abandonados, como basura que son para el estado, en las vías.
Quisiera no ser español, limpiar mi ADN con algún veneno para eliminar la posibilidad de desarrollar el mismo servilismo, cobardía, deterioro mental y la fe en los subnormales y ladrones que nos gobiernan y verlos como la “tita” o el “tito” que nos regalan con su llegada a casa, sus excrementos envueltos en cajitas de regalo.
Quisiera erradicar de mi sangre todo vestigio de la mísera mezquindad, infantilismo y abulia de la sub-raza humana española tan adaptada a todo fascismo y su dictadura que acepta de buen talante, con gran civismo y festejo.
No hay remedio ni esperanza. Cada nueva generación es, con diferencia, más subnormal que la anterior.
Tengo pesadillas en las que algún gen de la subnormalidad española se activa y me lleva a actuar como los insectos y rumiantes humanos que aplaudieron a Franco, Sánchez, la sodomía del coronavirus o COVID 19, la agenda maricona 2030 de la represión, timo y esclavitud o la alegría tan publicitada por el nazismo español del apagón eléctrico de hoy.
No quiero un día obedecer, aplaudir, bailar, reír o llorar emocionado ante el espécimen español fascista del gobierno que me quiere meter la polla o el coño en la boca.
Querido puto diario de mierda, no quiero llevar en el morro el doble bozal nazi de la humillación y el silencio ¡en exteriores! (mascarillas lo llamaban), ni vacunarme con lo que no vacuna, ni aplaudir a los hijos de puta del gobierno y sus sicarios armados de pistolas y jeringuillas que no vacunan; pero envenenan y fijan la ignorancia, cobardía, servilismo y retraso mental como virtudes en los genes de la sub-raza española.
Así que, de alguna forma, querido puto diario de mierda, haz lo que sea para que alguien me descerraje un tiro en la cabeza cuando la degradación genética española me transforme en un animal español que no sabría qué hacer con el conocimiento o la libertad; si tuviera algún día semejantes cosas en España…
Vuélame (o busca quien lo haga) la tapa de mis putos sesos el día que aplauda a los puercos, que cante el “resistiré” o el “yo me quedo en casa”, que me deje chutar una vacuna fascista, cuando separe las pilas usadas de la basura, que diga “todas y todos” o que baile o aplauda como un simio mentalmente podrido cuando me roban la libertad de ir adonde debo desconectando la corriente eléctrica, a pesar del dinero que me roba la mafia del estado español cada puto mes.
Y si te queda tiempo, querido puto diario de mierda, mátalos a todos también acto seguido.
Mata a toda esta caterva española de indigentes mentales.