Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

En el vasto páramo de las letras, sé cuidadoso al pisar.

Las equis te expulsan y las as te pueden amar y abandonar.

Atento porque los dedos corren apremiados por la emoción y el amor es traicionero.

Podrías escribir la historia errónea con la palabra fallida o la indescifrable.

¿Y no querrás eso, verdad? No quieras añadir a la saña con la que te trata el planeta, tus errores. Las emes son de muerte, y las efes de fracaso. Apenas de felicidad si ella no está cerca pronunciando alguna belleza de las suyas. De esas que deja caer suavemente en tu oído y luego al teclado, como las flores de los cerezos tapizan la vida con mantos de nata y fresa.

Cuando camines entre palabras y letras, no te apresures. Te va la dicha en ello. Pulsas por error y se desata el apocalipsis: las tristezas transmiten un temblor a los dedos, el miedo a pisar la tecla/mina que ahora pudiera ser fatal, la que aunque borres de la pantalla, quedará grabada en tu retina como un mal presagio.

Y piensas en sus dedos con esperanza, ella te guiará por el desierto de las letras que las lágrimas de una tristeza tan vieja como tú desenfocan. Porque sus dedos son precisos y preciosos y un día siguieron el camino de tu rostro. Resiguieron sensualmente tus labios. Sellaron tras el beso su conjuro de amor: “¡Shh… No digas nada amor! Solo ámame”. Fuiste condenado a amarla y la buscas en todas las cosas, en todas las palabras, en todas las letras.

En todas las teclas peligrosamente desenfocadas.

Es la más hermosa condena de amor jamás contada.

Y escribes: ¿Cómo lo hago para describir mi sonrisa si la pena me come ahora? Y el miedo a que una letra me devore una falange, para que no te pueda enviar el amor necesario de una forma tridimensional y tangible, que trascienda las sutiles frecuencias del amor al aire mismo que respiras.

Te hamo.

¿Has visto amor? Peligro es mi apellido. Estoy seguro de que si lo repitiera, si te “hamara”, de alguna forma la vida me golpearía furiosa como aquellos maestros cuando era niño.

Y las teclas me arrancarían los dedos…

¡Te hamo!

¡Shhhh…! Que se jodan las teclas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El panfleto de pseudo prensa viene a decir de una forma clara y concisa que el nuevo y normal gobierno fascista español del coronavirus, va a controlar cómo, cuándo y dónde se folla.
Que esto no ha acabado con la gripe del coronavirus, que habrán tiempos de más represión, cárcel para los inocentes y acoso policial por parte del Caudillo, sus jerarcas nazis y los Caciques Autonómicos.
Aquí no folla nadie si no se decreta, hijos de puta.

No he podido acabar de ver la película El viejo y el mar.
Ese mensaje continuo de que los viejos se han de relegar a un lado, que son incapaces de realizar el trabajo de alimentarse y ganarse la vida; es desmesuradamente machacón.
Dice la película que por mucho empeño que pongas, la vida se preocupará de acabar con todo tu esfuerzo para conseguir al final, nada. Y es verdad; pero no a ese nivel de mártir beatitud.
Añade además, que tu larga experiencia no sirve para una mierda. Mejor te dedicas a la mendicidad cuando llegues a viejo.
Y por supuesto, acepta que cuanto más pobre eres, la vida más te hunde en la miseria. Es cierto; pero que la vida te convierta en un tarado mental, es algo que ocurre en según qué genéticas.
Desde luego no siempre es así; sin embargo la película y su novela (con toda probabilidad) dan el mensaje inequívoco de la inutilidad de la vejez. Hay unos cuantos intelectuales (de los que no ha conseguido asesinar la globalización dictatorial del imbécil) que en la vejez siguen exhibiendo un musculoso cerebro.
Sin embargo, todo ese tremendismo machacón, cansino e incluso ingenuo, no es lo malo. Lo realmente agresivo es que se ensalza la ruina y la incapacidad para elevarlas al grado de virtud, como una santidad de quien las “goza”. La herramienta: el niño que lo cuida, lo alimenta y lo acompaña, demostrando así que hasta un crío es más válido que un viejo. Vamos, lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano es llegar a viejo con un cerebro podrido e incapacidad para alimentarse.
Es una especie de catecismo enseñado a base de mártires muy sufridores; pero en laico. El argumento ideal junto con el miedo, para amansar a las masas de votantes de las falsas democracias actuales.
Y ni que decir tiene, que hay viejos que son auténticos hijos de la gran puta. Que nadie se crea que todos los seres humanos merecen llegar a la vejez.
Si es que la miseria que ha alcanzado la sociedad actual, venía de muchos años atrás fraguándose traidoramente.

Lo que importa es lo que hace la guarra de tu madre y si tiene de oferta las mamadas en horario nocturno, subnormal.
Nada más faltaba que un pseudo periodista vaya de profesor fascista a ver quién obedece o no. Tarado…
La hostia puta de mierda… Este nuevo y normal fascismo español del coronavirus me ha llevado setenta años atrás en el tiempo.
Pues eso, a ver si la puta de su madre se comporta bien.

El viento es malo, no te fíes de él.
Sopla como un abrazo que pasa de largo.
Un beso que se deshace antes de rozar la piel.
Una palabra hecha jirones.
Una piel arrancada, una mirada desenfocada, un latido perdido, la lágrima robada, un pecho indefenso, unos ojos desesperados, un cristal esmerilado…
Y aun así, a pesar de todo ese drama, mi mente invencible sueña que un día te traerá hasta a mí.
Cuando en la montaña ruge el viento entre la fronda del bosque, sueño que escucharé tu voz, todas las veces, todos los segundos.
Y cuando eso ocurra estaré preparado.
Llevaré en mi espalda el más potente de los ventiladores para provocar otro viento opuesto que lo contrarreste y jamás te vuelva a llevar lejos de mí.
Sé que parecer que arrastro un ultraligero le resta algo de glamour al encuentro, cielo.
Pero solo hasta llegar a casa, unos minutos. Y allí también te liberaré de las cadenas que te sujetarán a mí…
¡Que no! No te ocultaba lo de las cadenas. Es que con este asunto del jodido viento y el ventilador me he acordado ahora. Es otro detalle sin importancia; pero si el ventilador se averiara, al menos podría mantenerte cerca de mí hasta llegar a cubierto.
Es que ese viento pérfido me lleva por el camino de la amargura, cielo.
Además, me mola verte encadenada.
Que no, nada de látigos ni cosas raras, imagínate que soy un voluntario de protección civil y ya está.
¿Sabes, cielo? También he soñado que esa risa tuya pasaba rápidamente ante mí y se convertía en un velo triste en mis ojos. Esa misma risa que me desespera no besar.
¿Sabes qué? Mejor construyo un refugio allá donde sopla el viento más fuerte y cuando te traiga, te agarro en un abrazo y te fol… te meto en casa rápidamente.
No te rías, no puedo besarte, mujer del viento.
Bye, amor.

Iconoclasta

Cuando pasas tanto tiempo viviendo bajo un régimen fascista-bozalista y encarcelador, siempre se te acaba pegando algo quieras que no.
Al menos me callo quienes son los inferiores; pero en unos días no sé si podré.
Incluso sudo copiosamente y busco en Amazon maquetas de campos de exterminio en oferta flash.
Es que la ideología fascista es tan edificante…
(Y también me gusta el porno amateur)
¡Me cago en la hostia puta! Tendré que hacer la foto de nuevo, me he olvidado del bozal, negro a ser posible.
Bueno, ya mañana, hoy no tengo tiempo.

No se puede acosar a nadie tanto tiempo y pretender que todos sean unos muertos de hambre y cabestros obedientes. El bozal es una mala cosa, humillante y dañina; así que es normal que la gente se defienda del fascismo, con insultos o a tiros si tienes la suerte de disponer de una bendita arma.

Si fueran higos o cualquier otra fruta madura, lo entendería. Pero aunque no tuvieran mucho cerebro con toda probabilidad, no eran higos.
La teoría más plausible es que llevaran un tremendo colocón, ya sea borrachos, esnifados, acidificados, mariguanados, e incluso, con un buen jaco de caballo en vena y decidieran dar un paseo volando para despejar la neurona que aún les podía funcionar.
La otra hipótesis sería que en plena madrugada, se dedicaron al cortejo reproductivo practicando judo como danza ritual con la ventana abierta y pasa lo que pasa.
Pero lo que está claro, es que el forense en los cadáveres colgará de los dedos gordos de los pies una etiqueta de “muerto por la covid 19”.

No se trata de ningún efecto, solo es un azar. Las sentencias “a todos los tontos se les aparece la virgen” o “todos los tontos tienen suerte”, son dos auténticas joyas de la sabiduría más profunda y centenaria de los pocos humanos con cerebro que una vez existieron y uno o dos que aún vagamos por el mundo.
Que un tarado que juega con una pelota sea capaz de influenciar sobre tantísimos millones de subnormales como para afectar a la bolsa, viene a decir que esos seres humanos, y por tanto todos en su gran mayoría (estamos en un planeta democrático), son imbéciles de una forma natural, genética.
No pueden hacer nada por remediar su descoordinación mental, su imbecilidad. Ni nadie los puede ayudar. Vale la pena aprovecharse de ellos pues, ya que no sirven para otra cosa. Ya que los tienes, los usas.
Quiero decir que son absolutamente subnormales sin saberlo. Como he dicho siempre, es lógico que una estafa como la de los fascismos con sus prisiones a la población aniñada y aplaudidora, y el uso religioso del bozal (mascarilla o mascareta según la región del planeta) se debe a esa tara mental que, a falta de coronavirus fascista o de un deficiente que juega a pelota, no se había podido detectar y probar con precisión hasta la fecha.

Pues a mí me da la impresión de dos homos haciendo el saludo secreto para acceder a su selecto club y pasar un rato jugando al trenecito. El nuevo y normal saludo fascista del coronavirus decretado por el nuevo, normal y homosexual fascismo español me da escalofríos.
Me hace sentir muy tenso, muy fuera de lugar de su mundo.
Lo que sí es cierto, es que todo fascismo esconde una tóxica depravación, el fascista es una olla a presión llena de complejos (como aquellos nazis jerarcas parafílicos del tercer reich).
Pero además, es que tocarse los codos, los hace parecer aún más subnormales, como si hubiera ahí una seria descoordinación motriz.
Es que siempre se junta culo y mierda, coño.