Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

No soy gris de nacimiento, soy gris por la contaminación humana que me ensució desde que mi madre me escupió por el coño.
La grisentería me aplasta, me hace mierda, solo he podido salvar los ojos; porque tanta lágrima de frustración limpia quieras que no.
Por lo demás, si lloviera mierda, no me extrañaría.

¿Qué ocurre cuando en un sitio detestable y pútrido se encuentra quien amas? Todo se pudre, se rompe y descompone. Es inevitable. No se puede desarrollar nada bueno en un mal lugar.

También somos la tierra que pisamos.
Los detalles son muy importantes, los detalles pueden estropearlo todo.
Y cuando has disfrutado de la soledad, ya no hay vuelta atrás a la piedad. Te has hecho fuerte y egoísta. El tiempo importa tanto como los detalles, aprendes a deshacerte rápidamente de lo que ha dejado de gustarte o lo que no te gustó nunca y debías soportar porque no había otra salida; y eso incluye personas.
No puedes, no debes perder el tiempo en cosas ingratas; no más del estrictamente necesario para la supervivencia.
Humíllate y piensa que llegará el momento de saldar cuentas.
También está la opción de adaptarse, de sonreír al mal tiempo.
Yo no me adapto, no me doblego.
Hay personas y animales que han muerto y he resistido. Puedo soportar cualquier ruptura.
Y si no la soporto me jodo.
Yo no soy un viejo afable; ya no voy a pensar en nada bueno a estas alturas.
No reparo errores porque no hay tiempo. Por otra parte, los errores no se pueden reparar, solo se cubren de polvo con el tiempo.
Si queda poco tiempo de vida no es bueno tirarlo en causas perdidas.
Fue bonito mientras duró…
Ahora dicen que soy frío. Que no pensaban que pudiera ser así. Tan, Tan… Y no saben definirme sin un insulto.
Sonrío con decidida vanidad. Ser lo contrario de lo que se esperaba de ti es toda una victoria. Una medalla con cuya aguja, perforo el glande que cabecea inquieto, nervioso, a punto de escupir llevado por mi atávica animalidad.
Bueno… Nadie ha creído de lo que soy capaz hasta que me han puesto a prueba.
Si no puedes con ellos, jamás te unas.
Mándalos a la mierda aunque tengas que comer gusanos, porque no hay nada que te puedan hacer que no te hayan hecho ya.
Y recuerda, estás absolutamente solo, si algo no te gusta quémalo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

(Valga decir respecto al título, que “poder” referido a la política y la economía, como norma general se escribe siempre con “j” inicial; aunque la RAE es permisiva al respecto)

Lo que no acabo de digerir es que para trabajar envasando canicas se solicita título de ingeniería, y para ser presidente o ministro de una nación, bastan unas semanas de trabajo en una granja de cerdos.
Esto explica también que por cada legislatura de cualquier “democracia” del mundo elegida al azar, se desarrollan tres o cuatro crisis económicas.
Que tantísimos millones de lerdos voten a un mismo criador de cerdos, no es preocupante, es consecuencia lógica de una sociedad mentalmente subnormal y porcina, of course (quería lucir mi inglés, soy vanidoso).
La verdad es que si las actuales sociedades siguen creyendo en las supercherías o religiones que se inventaron tres mil años atrás; cualquier criador de cerdos gobernando un país, es lo menos malo de esta civilización que agoniza entre lamentos de adultos infantilizados hasta parecer maricones.

Es que esas tetas son de infarto, y esa cara que ha tenido a bien de no cubrirse con el bozal.
Su actitud soberbia, voluptuosa la hace prácticamente follable aunque tenga que pagar.
Es la virgen María personificada; pero en versión playmate del año del fascismo español del coronavirus (lástima de bozal de la papada, es lo único que objetar).
Y el tarado del articulista o pseudo periodista hablando del estado de alarma fascista y su bofia fascista y sus multas.
Ser idiota, vale; pero además ser maricón ante semejante diosa, es algo que no se puede indultar.
Es que me he enamorado del pibón, en el fondo soy un romántico.

Hay momentos en los que Jade está ida, ausente. Y es tal la potencia de su ancestral pensamiento de licántropo que siento el aire denso y a la vez sereno.
Me fascina Jade Negro, su alma. Su belleza despreocupada.
Jamás le preguntaré que piensa, puedo intuirlo. Y porque no nos gusta que nos lo pregunten.
Tenemos nuestros secretos.
Nunca pensamos en una cosa, siempre hay una vorágine de imágenes, palabras, sonidos y emociones superpuestas. Simplemente están ahí girando, y a veces no podemos quitar la vista de ellas.
Si nos preguntan en que pensamos mentimos, o callamos respondiendo “en nada”.
¡Se le satura la belleza cuando está a solas consigo misma! Su propio silencio la envuelve, la acaricia, la ama…
Escribiendo estas líneas en la libreta, me habla.
–¡Ico!
–Dime Jade.
–¿En qué piensas? –ríe divertida, con astucia.
–¡Puta! –le respondo con toda mi risa, con todo mi cariño.
Y nos reímos los dos.
¡Qué genialidad la de Jade!
Mientras ella lee mis palabras, le preparo un café porque se lo merece.
Más que yo.

Es esperanzador, pareciera que un alto tribunal defiende las más básicas libertades de supervivencia y convivencia; pero podría haber trampa.
Que nadie se fíe.
El actual Caudillo del Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus, en connivencia con sus ministros, altos funcionarios y caciques autonómicos, podrían crear un decreto para fulminar la sentencia del Tribunal Supremo.
Incluso, se podría pensar que lo que ha sentenciado el tribunal, es solo una mascarilla de maquillaje para dar un aire democrático al actual régimen dictatorial sin más recorrido que un spot publicitario.
Así que idea y titular, es lo acertado, lo correcto, lo decente; pero todo indica que el golpe de estado fascista que robó toda libertad básica usando un coronavirus, no permitirá semejante tipo de libertades y si ha de eliminar al Tribunal Supremo, lo hará. El decreto que impide respirar decentemente sin bozal, no es ninguna broma; sigue vigente.
Esto es una república bananera y tras año y medio de vivir acosados policial, militar y políticamente por un cártel fascista, nada indica que esta sentencia sea motivo de euforia.

La sociedad no se ha polarizado políticamente, todos votan a la misma mierda, solo eligen la retórica de los timadores que pretenden gobernar y el “me gusta” al tuit que más les emociona, siempre y cuando no exceda de las cuatro palabras y lleve foto o dibujito.
El coronavirus ha puesto de manifiesto, como jamás había ocurrido, a los dos bandos humanos que existen desde tiempos inmemoriales:

Mansos y creadores.
Esclavos y luchadores.
Crédulos y soñadores.
Mediocres y únicos.
Mezquinos y nobles.
Cobardes y despreocupados.
Rumiantes y carnívoros.
Indignos y humanos.
Reproductores y folladores.

Todos los que comienzan por mayúscula son de un bando. Los de los adjetivos en minúscula o segunda columna son el otro bando.
El bando de las mayúsculas es invencible, está formado por tantos millones de reses que los del segundo bando, el de las minúsculas, no tienen oportunidad alguna; morirán asfixiados por la mezquindad y la mediocridad.
Los del primer bando, el de las mayúsculas, gozarán de vacuna y un pasaporte veterinario sanitario. A los del segundo bando les importa una mierda morir de gripe o de cáncer; hacen lo que deben aunque se deban convertir en los proscritos de una sociedad farisea; no nacieron para comer forraje frente al culo de otra vaca en fila india.
Los del primer bando se subirán al camión que los llevará al matadero con pancartas que dirán “Todo irá bien”.
Los del segundo bando deberán ser abatidos a tiros porque no subirán al puto camión.
El bando indigno ganará, eso lo saben los dignos. Saben que hay exterminio contra el individuo, que la masa borreguil odia no ser como ellos y si se elimina lo envidiado, pasa desapercibida la propia mediocridad
La sociedad de los borregos se ha extendido como un hongo por todo el planeta (la globalización ha culminado), un hongo que exhibe su pasaporte veterinario sanitario que certifica su imbecilidad y mansedumbre, el pinchazo de una vacuna y su respiración pobre y sucia de un bozal formado por capas de cobardía e ignorancia en el hocico.
Ha llegado el fin de la especie humana, lo que quedará en breve, es solo una mutación amorfa y sin identidad de lo que era.

Iconoclasta

Es todo silencio, como en el mismísimo espacio.
Cuando la muerte ronda cerca, los seres callan muy astutos su existencia.
Memento mori.
El viento es una azada invisible que tienta la vida del árbol, que silencioso y aterrorizado resiste sus afilados embates.
Y yo espero silente, lejos. Porque sé que no resistiré el golpe cortador de vida.
No soy un árbol.
Memento mori.
No me quedan hojas. Lo perdí todo…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Salir cuando los humanos se resguardan del frío y la lluvia, a veces tiene premio.
Y te encuentras un hermoso juguete por el camino, una cría de salamandra que se queda inmóvil como un juguetito abandonado.
Te preguntas si estas pequeñas joyas que, al igual que las flores más bellas, fueron creadas por la casualidad; si tuvo a bien calcular la elección del color, la plasticidad y la ternura que produce algo tan pequeño y bello, a pesar de ser producto del azar. Es una antítesis, no puede haber voluntad en el azar, pero cuando algo es perfecto, el cínico piensa donde está la trampa.
Se encuentra a un metro escaso del bosque denso y húmedo, seguro que llegará.
Suerte con la vida, micromachine bonita.