Europa ve la reforma del poder judicial español demasiado parecida a la polaca. Y es que si algo tiene el fascismo español, es que absorbe lo peor de cada país, como ocurre con sus estados de alarma por coronavirus que calca de la dictadura china y de los asuntos judiciales que calca de los polacos. El gobierno español se alimenta de excrementos.
No hay un día mundial del miedo, y en los tiempos que corren debería designarse uno. Un día en el que los cobardes hagan marchas, orgullosos de serlo. Muy juntos para sentirse protegidos y abrigados de norte a sur y de este a oeste. Con bozales para no respirar cosas malas, con manga larga para evitar picaduras de insectos, con gafas de sol super polarizadas para cuidar los ojos que tienen la virtud de la envidia, con sus hijos atados con cuerdas para no perderlos, con orejeras para mirar siempre al frente, formando largas colas en los comercios para no sentirse solos… De hecho, todos los días son celebraciones del miedo, simplemente basta con institucionalizar uno al azar.
El pecador hace algo contra su fe. Yo no creo en nada, ergo estoy libre de pecado. Los pecadores tienen la enorme ventaja de ser perdonados si se comen una hostia. Yo no puedo ser consolado con ningún rito supersticioso, y en cualquier caso, el que administrara las hostias sería yo.
Y esto apesta a otra de esas mentiras bíblicas de amenazas y catástrofes divinas que en la biblia ponen en boca de Yahveh continuamente. Es de una tremenda ingenuidad, con toda probabilidad de la misma calidad intelectual que el pueblo español. “Postraos con vuestros bozales ante los caudillos y sus caciques porque ellos os salvarán de todo mal. Y ahora, mamad, hijos míos.” Si se gastan el dinero en comprar tantas mentiras, es porque esperan distraer a la chusma (atemorizándola aún más) de su estafa para hacerse con el dinero que recibirán de la UE que (teóricamente) recibirán como ayuda de rescate tras arruinar a España concienzudamente. Botín que se repartirá el gobierno fascista español de la nueva normalidad del coronavirus en las respectivas cuentas de paraísos fiscales de sus miembros y miembras. La marihuana, la imbecilidad y la estafa son los únicos que causan niebla y diarrea mental, para todo lo demás mastercard de mierda.
Siempre es tarde cuando la dicha es buena. O sea, cuando te toca la lotería a una semana de morir no es como para tirar cohetes. Son cosas que pasan a menudo y que mandan a la “dicha” a tomar por culo, salvo por algunos casos aislados, de esos que siempre se dice “todos los tontos tienen suerte” o “a todos los tontos se les aparece la virgen”. Para todos los demás, insisto, la dicha siempre llega tarde.
España es un país al que le espanta el trabajo, tanto a los fascistas dictadores de la nueva normalidad española del coronavirus como a sus esclavos y productores. Y además, si consiguen que los propios ciudadanos se encarcelen y autocastiguen con objetos contundentes, se ahorrarán la contratación de más personal para ejercer la represión, el robo de libertades y derechos. Y además, los miedosos les harán una buena mamada (sin mascarilla, claro) agradecidos por esa libertad de autojoderse que les han otorgado.
Sí, ya sé que son tiempos de coronavirus o covid 19. Sé que hay mucha angustia humana por la posibilidad de contagio y sus consecuencias: calvicie, caída de pies o manos, amputación más concretamente (como la propaganda televisiva que el fascismo español transmite de vez en cuando para potenciar el miedo de la chusma), rotura de uñas, muerte, muerte, muerte e incluso toser y estornudar mocos. El simple catarro deprime y aterroriza a los millones de cabezas de ganado humanas que portan su bozal personalizado o de molón diseño. Pero no es mi preocupación, soy un metafísico que reflexiona sobre cosas serias de verdad: ¿Por qué la pinche tortilla de patatas está tan requetebuena en la montaña? Mucho más que en casa, que incluso la acompaño con los putos tomatitos Cherry que no saben a nada; pero son tendencia como se le llama ahora a la moda o mediocridad. Igual es que soy un poco susceptible con el asunto de la libertad y me sugestiono… Pero no, mi inteligencia es perfecta bien entrenada e inasequible al mimetismo con la chusma. Soy de otro planeta, resumiendo. Incluso he pensado que el buen sabor se debe a que se ha contaminado con esas bolitas erizadas e invisibles que son las cargas víricas, esas que flotan horas y horas como drones premium ante las narices de los miedosos y aguantan la respiración para no quedar impotentes o frígidas (otra secuela del coronavirus, fijo). Si es así, no me puedo quejar, no pueden ser más malas esas bolitas del coronavirus que el hummus. Pinche tortilla… Está que te cagas, moragas.
– No las mires, están lejos. Tan lejos que deberías tener la edad del universo para llegar a la más brillante. Si insistes, tu mente quedará congelada, allá, en una de esas estrellas.
– Mirar el cielo me da paz, no intento llegar.
– Alguien dijo que se ve lo que se observa y se observa lo que ya está en la mente.
– Bobadas incomprensibles. En mi mente está todo, lo que jamás he visto ni veré, lo posible y lo inasequible, lo observado, intuido y adivinado. Y tú también, un Pepito Grillo que se encarga de guardarme de mí mismo.
– Yo no existo, solo soy tu paranoia.
– No importa, si te observo, si te escucho y te hablo; eres en mi mente. Lo digo yo. ¿O soy algunos? Cuando muramos, tú no dejarás cadáver. Quisiera ser paranoia, no quiero que duela.
– Cuando llegue el momento, me coloco detrás de los ojos y tú te haces paranoia.
– Me parece bien… Miraba las estrellas pensando en como sería besarla en el espacio, sin un solo sonido, sin voz alguna.
– La amas tanto que quieres que desaparezca La Tierra para quedarte solo con ella.
– Sí. Solo ella y yo, como si fuéramos un amor cuántico capaz de atravesar planetas y atisbar agujeros negros y sus vergüenzas, que tanto esconden.
– Sigue soñando, yo te sujeto.
– Gracias, no tardaré. Cuida del cuerpo, aún nos tiene que contener un tiempo más, no mucho; pero es mejor que estemos cómodos mientras existamos.
– Descuida, soy una paranoia eficiente. Bésala cuanto puedas allá arriba, o allá en lo profundo del cosmos silencioso. Ámala hasta la desintegración.
Es justo lo que ocurrió durante el estado de alarma que impuso la dictadura de Sánchez e Iglesias, mataron a más gente que el coronavirus al dedicar hospitales y recursos solo a los acatarrados por coronavirus. De ahí que les fuera incómodo realizar autopsias, ningún dictador se carga sus crímenes a sus espaldas.
No es necesario ser epidemiólogo para llegar a esta conclusión sobre la pandemia del coronavirus, basta el sentido común y moderar la intensa cobardía de una población y gobierno decadentes hasta el vómito. Es la primera noticia en la que se critica con fundamento médico el confinamiento, al fascismo se le ha debido pasar por alto censurarla.