La humana no es la única especie imbécil del planeta.
Cada vez que tocan las campanas de la iglesia, las aves que reposan o anidan en el campanario o muy cerca, salen en desbandada. Asustadas y cabreadas se las oye decir entre blasfemias sonrojantes para un melindroso: “Joder con las putas campanas, se las podrían meter en el culo”.
Pero al cabo de un rato vuelven, ya no se acuerdan de que es un lugar molesto.
La chusma humana actúa igual. La estafan, sodomizan, engañan, y esclavizan; pero vuelven a votar a los mismos hijos de puta en los mismos lugares.
Pájaros bobos con plumas, sin plumas y con soriasis…
No hay suficientes depredadores para hacer de la humanidad algo mejor, no hay selección natural.
A menos que una epidemia deje estériles a todas las hembras y machos y se extingan graciosamente.
Bueno, yo ya nací y viví y concluyo que soy inmejorable.
Y sinceramente, me importa una mierda si los pájaros bobos evolucionan, involucionan o se hacen sonrosados, de cuatro patas y un pequeño rabo rizado que no llega a cubrirles el culo que, agitan nerviosamente en una charca llena de su propia mierda (estos arranques bucólicos míos…).
“En boca cerrada no entran moscas”.
No es una metáfora de listillos de taberna y sabios beodos. Es literal.
Se podría decir que Yo y las moscas compartimos el mismo gusto por los lugares.
Precioso…. Soy deprimentemente singular.
Cuando veo cielos tan enormes siento un deseo suicida de hacerme un punto, desaparecer en el horizonte, aunque fuera para siempre.
Tal vez por eso soy un tullido, para que el dolor me frene, me detenga. El cuerpo se protegió de mi mente en algún momento, cuando supo que no habría final feliz.
Es tan grande el mundo y mi pierna tan mierda…
Es tan bello el cielo y mi pierna tan negra…
Sí, ya sé que la salud de las abejas mide la calidad del ecosistema; pero si me vuelve a pasar otra abeja bajo las napias, la aplastaré sin piedad.
La abeja Maya fue otra (como La casa de la pradera) de tantas cosas insustanciales que han hecho de mí el insensible incrédulo que hoy soy; con una vanidad tal que, no me libraría del infierno si existiera.
Bueno, no solo la abeja Maya… También los cómics para melindrosos en los que no muere nadie y visten los calzoncillos por fuera, como Superman, Batman y todo el melifluo y gay universo Marvel.
Doy gracias a la existencia de Milo Manara y cómics como Creepy, Vampus, Dossier Negro, 30 Días de noche, Sin City, El arte de la guerra, etc…
Sin ellos, no sería el animal que soy.
¿Sueñan las feministas atómicas y recalcitrantes con acosos, discriminaciones, tocamientos, violaciones y con ser madres por culpa de un espermatozoide salido de pene? ¿Sueñan con todo eso para luego hacer un tuit ilustrado con pelos de sobaco que sea la hostia puta de retuiteado y con miles de likes? (De la misma forma que, por ejemplo nacionalistas, soberanistas o independentistas de territorios con una economía más o menos de bienestar y demasiado tiempo libre; sueñan con ser subyugados u oprimidos y llamar así a Robin de Locksley para nada; por puro capricho de niño bien con un buen coche y una universidad que le vende un título.)
Benditos los caracoles, su autosuficiencia sexual, su casa a cuestas y su absoluta falta de electricidad para lloriquear.
Y por favor, borrad esa sarcástica sonrisa del rostro. Los caracoles además, no son transexuales, son otra cosa que no os voy a decir porque no quiero ser maleducado e incorrecto. Eléctricos borregos de eléctricos tiempos de eléctricos mensajes. Con lo fácil y refrescante que es decir: “Vete a la mierda”.
“Cuando los ángeles del cielo caigan y abran sus alas como palomas. Hermanos y hermanas caminaremos de la mano por la tierra prometida”. (Promised Land, de Joe Smooth) Me gustaría creer en ángeles y demonios para poder escribir cosas a las que se pudiera imprimir un ritmo musical tan bueno, tan energizante y danzante. Tan optimista; pero soy un sórdido insalvable. Y arderé en un infierno sordo.
El buitre vuela muy alto y no sabe nada del bebé muerto aún enganchado a un trozo de placenta, abandonado pérfidamente bajo un coche estacionado. El buitre planea alto, lejos de la puta que vendió su coño y su boca por un papel en una película o por un tiempo de fama. Y ahora vende con lágrimas de mierda su “violación” por más dinero. El buitre no mira abajo por los fanáticos patriotas que claman tierras que no les pertenecen, que sufren el complejo patológico de ser hijos de ella, de esa tierra. Patriotas asesinos de libertades… El buitre busca cualquier cosa que le sirva de comida. Tal vez el bebé, si no estuviera bajo el coche… El buitre planea ajeno a todo lo que no sea comida y altura. Yo soy un buitre con la extraña habilidad de caminar por la puta tierra y hacer mosaicos legibles con trozos de mierda. Soy el buitre que piensa sin asomo de moral o juicio, en la madre que parió al bebé y lo tiró. En mi mundo, hay madres de otras especies que devoran a sus hijos o los dejan morir de hambre, por las razones que sean. Si te sirve de algo vivir, si acumulas experiencia; no es extraño, no es antinatural que una madre mate a su hijo. Por otra parte, los genitales están desligados de la voluntad del cerebro en gran parte de la chusma o población humana. Es una conclusión un tanto escatológica fruto de la aburrida experiencia de estar entre ellos. De soportarlos. Sobrevuelo con curiosidad por encima de la cabeza de mamá asesina, intentando picotear su miedo y soledad. Como querer saber para nada, como quien ve una película. Hay tiempo para ocuparse de ociosidades si eres un buitre hábil. No me importan los patriotas juzgados y los frustrados, en ellos simplemente hay una ambición tan vulgar y mórbida que siento deseos de vomitar. A la puta que llora su falsa violación, simplemente me la follaría solo por saber si vale la pena tanto dinero que ha cobrado por su coño torpe. Así que soy el buitre que caga sobre las putas oportunistas y las emotivas patrias y lo que contienen. Sobre jueces, mandatarios y sus decisiones que arruinan vidas. Solamente picoteo cosas que son realmente dolientes y el bebé produce cierta desazón que trasciende más allá del bostezo: su sangre mezclada con aceite de motor y la mierda de la ciudad. Apetece la metafísica de la muerte tierna, tiene morbo. Más interés, definitivamente. Es una buena performance en un mundo tan vulgar. Siempre es mejor lo malo intenso que lo bueno anodino. Lo sórdido suele tener una expresión artística mucho más impactante que una bandera de mierda o una puta que mal actúa. O los que lloran su repugnante poder. Al fin y al cabo, los buitres comemos mierda, carroña. Queramos o no. Seguramente lo mismo que come la madre asesina, seguramente lo que hubiera comido el bebé muerto. Todo encaja… O tal vez, la madre no quería dejar de teclear el móvil y vivir una eterna adolescencia cobarde y miserable. Hay hembras humanas infinitamente menos nobles que las de otras especies y venderían un hijo por unos miles de “likes” mierdosos a su “selfi”. Son tiempos de protagonismo para los idiotas envanecidos por ninguna razón. Luego, los que no son buitres, debatirán en programas televisivos para deficientes mentales, la necesidad de reglamentar el parir y su edad, se hablará del aborto y de la situación social y económica de algunas de las reses de las ciudades pocilgas. Mientras tanto, en algún poblado miserable, una mujer joven se lanza al suelo de nalgas desde unos metros para desprender el feto que lleva en el vientre sin necesidad de permisos ni espectáculos. Y en soledad. Posiblemente muera, la picotearé si estoy cerca. Soy un buitre que ve cosas, no juzgo si son buenas o malas, yo solo vuelo aburrido; como mi colega que cuelga a un millón de metros sobre mí. Asisto a una mala película porque no puedo hacer otra cosa mientras espero la muerte. Me alimento de carroña; pero no me gusta. Es mi puta idiosincrasia e ineludible vida: comer mierda y restos. Todos los días. Porca miseria…