Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

En Telegramas de Iconoclasta.

A veces me asusto porque parece que se le ha caído o perdido la cabeza. Es un histérico durmiendo.
Si mi naturaleza me dejara, dormiría tan resguardado del mundo como Murf (en la foto, es un gato).
Por poco que se me doble un poco el cuello durmiendo (además de babear), al despertar quedo tan doblado, con tanta torticolis, que parezco un amante de los cuadros de Nicoletta Tomás.
Incluso es capaz de respirar toda esa maraña de pelos. Gatos y su flexibilidad…
Cochina envidia.

Siento una tremenda comezón cerebral. No puedo asimilar esos rebaños de 10, 15 o 20 individuos humanos de todo rango de edad que pasean juntos por las montañas y los caminos.
Me chirrían los engranajes del hostil pensamiento.
Llamadme cabrón si os sentís mejor, yo lo haría si alguien me faltara el respeto como hago con la ralea humana, sinceramente.
Me la pela. Escribo y sufro/disfruto sin pudor alguno. Me joda o no.
No puedo aceptar vivir en una ciudad apestado todo el día por la chusma y cuando llega un momento en el que podría disfrutar de libertad, seguir con ellos, con esa plaga.
Qué cobardes son.
Qué poco valen como individuos.
Es lógico que cuando un pastor llama a las reses a manifestarse, acudan en grandes manadas adonde se les manda.
Solo sé que respiro aliviado de estar solo, de respirar libre soledad y ser absolutamente independiente de cualquier ser humano.
Si fuera como ellos y en algún momento de lucidez me diera cuenta de mi gregarismo bovino y cobardía, me suicidaría.
Los grupos y colectivos, son la humana indignidad de la sociedad. Solo el individuo es digno y susceptible de no ser exterminado.
Deberían leer esto con una navaja en la mano y clavarla profundamente en el cuello. Los cortes en la muñeca no suelen ser muy efectivos: cuando cortas un tendón (entre ellos están las venas) duele un millón. Es insoportable y el corte no acaba de profundizar
No es digno ir en rebaño en plena naturaleza, es el mayor acto de cobardía que se comete cotidianamente en todos los putos fines de semana.
El mejor día de la semana es el lunes. Los animales y los árboles respiran aliviados de tanto cobarde ramoneando en grupos gritones y sin elegancia.
Los lunes hay un silencio especial que no se parece en nada a ningún otro día de la semana. Mis pensamientos parecen hacerse audibles fuera de mi cráneo y me gusta esa potencia intelectual.
Por primera vez en mi vida, adoro los lunes desde que soy libre.
A veces me retrato a mí mismo para asegurarme que no soy como ellos y que realmente estoy solo y no loco.
Espero ansioso que llegue mañana y su gélido silencio.

En Telegramas de Iconoclasta.

Y es que los muertos siempre están callados.
No tienen nada que decir.
No tienen cuerdas vocales, ni lengua, ni labios. Ni siquiera un pequeño cerebro. Y si tuvieran algo de ello, estaría podrido o descompuesto.
Alucinados y esquizofrénicos creen oírlos. E ignorantes y supersticiosos (o las dos cosas a la vez que es muy frecuente), también.
Quieren creer que los oyen y que pueden manifestarse los muertos por un miedo atroz a morir y ser nada.
Ya sabéis: cuando veas las barbas de tu vecino…
No os importa lo que haga el puto vecino, coño.
A la muerte (y a los muertos) cuanto más se celebra, más cobardía hay.
Y cuando más cerca ocurre, más pánico les entra a los familiares del cadáver.
Realmente no se celebra el día de muertos y su recuerdo. Se celebra para engañar el miedo a acabar como ellos.
El miedo a que la muerte es realmente el fin de todo. Sin otra vida, otra energía, otro lugar o dimensión.
Yo he conocido unos cuantos muertos, lo sé absolutamente todo de la muerte.
Y es tan poca cosa la muerte, que es un acto de pedantería provinciana jactarse de ese conocimiento. Como si alguien afirmara con gravedad que una ballena es grande.
No… La muerte no tiene secreto alguno, es lo más simple del mundo. Es el acabose simplemente.
De lo contrario no cabríamos todos en el planeta. Y morir no tendría gracia ni utilidad alguna.
Feliz día de vivos cobardes.
Resurrección… No mames, que diría un mexicano.

Cuando llegues a tu destino, busca un lugar bonito para que tu montura disfrute paciendo.
Deja que se relaje y dale agua de beber.
Porque no es solo tu culo el que sufre, el lomo del caballo agradece que de vez en cuando le des un respiro, notarás que no te insulta con tanta vehemencia. Al fin y al cabo, lo que suda tu culo, lo recoge su pellejo.

Dale algún puñado de forraje con tus propias manos mirándolo directamente a los ojos, que haya contacto visual de igual a igual.
Y déjalo en paz un rato mientras fumas.
Ahora estoy pensando que con este frío, debería llevar una manta para echársela por encima y no se le enfríe el sudor repentinamente.
También he visto unas riendas trenzadas en cordura y keblar, que son una maravilla.
Me acercaré a Bicicletas Casa Vilà a comprarlas. Y un nuevo cepillo para las crines.
Qué faena me da mi montura… Es un sinvivir.
Debería comprarme una bici.
Sí, es verdad, yo también pienso que los cigarrillos que me fumo podrían contener algo más que tabaco.
Listo, cuando haya comprado las cosas de mi montura, iré al estanquero para que me informe si son cigarros de la risa o qué.
Tengo miedo de despertar un día y no saber mear.

Primeras nieves del invierno que anuncian gélidos adioses y muertes blancas.
Unos cruzarán el invierno, otros se quedarán en él eternamente. Y el día de muertos, cuando se aparezcan ante sus seres amados u odiados, deberán explicar que el infierno no es necesariamente fuego.

Hay algo revelador y fascinante en esta foto. No se trata del paisaje, no es por la composición, la técnica, el color o la calidad.
La magia de esa foto es que no hay nadie más que yo en ese instante. Estoy absolutamente solo.
He visto lo que es el mundo conmigo muerto, conmigo dentro de él.
Y he sonreído sinceramente por primera vez en muchos años, en toda la vida, tal vez.
Porque así ha estado perfecto. No hay nada ni nadie que necesite.
Es una revelación.
He sonreído con un frío intenso que el viento empujaba por los intersticios de mi ropa. Con las orejas doloridas, con los labios casi resquebrajados. A pesar de ello, he sonreído…
Ser viejo y solitario ha sido mi meta durante años de frustración, ha sido una certeza como un fogonazo. Amar, odiar o follar solo eran píldoras antidepresivas poco efectivas contra mi tristeza vital; esa que hace grises y oscuras todas las mañanas al despertar.
Y me pregunto si de verdad he llegado a amar alguna vez.
Amar bien podría haber sido un rumbo erróneo en la búsqueda de esta foto, de ese momento.
He sonreído por primera vez en cientos de años.
He sonreído satisfecho y completo, porque el frío viento y la luz húmeda me han fusionado con los árboles, la tierra, y los animales.
Estaba todo lo que debía estar ahí: yo en algún en algún lugar, como un cuervo oculto entre las zarzas.
O como un gusano en la tierra, me da igual. Ser un viejo solitario es precioso tengas la forma que tengas.
No he sentido siquiera un poco de lástima por lo que decía querer hacía apenas unos segundos.
Y así no importa que sin ninguna razón, clave la navaja en la corteza de un árbol o en la corteza de un corazón humano. Me da igual…

Porque soy lo que quería y libre de cualquier consideración moral o romántica.
Los viejos acumulamos conocimientos que apenas sirven para nada más que para algo literario. Ahora esos conocimientos ya no pesan no importan.
Se han derramado como arena entre los dedos dejando más espacio para respirar dentro de mí.
Si se te pudre el cerebro con la edad, no es preocupante, es incluso un alivio; porque si tu cerebro es operativo al final de tus días, la sabiduría presiona las paredes interiores del cráneo y duele un millón.
Así que clavo la navaja sin importar dónde; si en el amor, en el odio, en un hijo o en un hermoso coño. Da igual, no importa, no necesito respetar, adorar, soñar o ambicionar. Ser libre es eso ¿no?
Estoy yo en algún lugar de toda esa soledad y es suficiente, es todo lo que necesitaba.
Y sonrío a pesar de que los labios se agrietan.
Seré cabrón…
Y al final, el amor nunca existió.
Seré sincero, siempre pensé que dañar gratifica más que amar.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Fotos de Iconoclasta.

A: Tenía la ilusión de que al arrancarle la hoja al árbol, se quejaran por un dolor alguna de las partes ante la tragedia de la amputación.
B: Por un momento pensé que las gotas en la hoja pudieran ser sangre. Eran agua. Simple lluvia.
C: A pesar de lo incruento del color, es bello y su textura cálida. Como si aún le quedara sangre en movimiento.
D: Está visto que los mejores resultados para realizar la foto de una cruenta tragedia de otoño, se obtienen con la amputación traumática de extremidades de seres vivos cárnicos, preferiblemente sin demasiado pelo en las extremidades.
E: No hay magia alguna en el planeta. No hay bellas tragedias. Demasiada simplicidad para mi gusto.
F: Tengo unas ganas de largarme… Me aburro.