
Posts etiquetados ‘Iconoclasta’
Labios y rosas
Publicado: 30 julio, 2013 en ReflexionesEtiquetas:arte, fotografía, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, sensualidad, Ultrajant
El valor de una vida
Publicado: 30 julio, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
No tiene demasiado valor una vida si no hay un interés económico o político tras ella. Por lo tanto, con un buen respaldo económico (o político que es lo mismo), uno puede acceder a la compra de una buena colección de humanos para esclavizarlos, desguazarlos o para obligarlos a participar en esos videos idiotas que tanto éxito tienen en yutup.
Por ejemplo, le compras su bebé hembra a la china que la va a tirar al arrozal, le metes algún polvo en la nariz y que ría, le pones una música ñoña a la grabacion y a salir en la tele.
Voy a por la lavadora vieja para cambiarla por mi primer elemento de la colección.
Tiempo e indiferencia
Publicado: 27 julio, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
El tiempo pasa y arrasa con la esperanza. Es bueno que también mitigue el dolor.
Lo malo es que no es una vacuna y los dolores se suman. Se amontonan caóticamente.
La indiferencia es la mejor arma; pero es difícil de usar y calibrar. Causa demasiados daños colaterales.
Dios rana
Publicado: 25 julio, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Dios es una rana molesta en boca y oídos de muchos. Es cansino por iterativo y rompe la serenidad de la noche sin dar consuelo. Con las ranas, ergo con Dios, solo queda resignarse.
Y claro, ante la carencia de potencia intelectual, cualquier rana cuenta una parábola ininteligible que da consuelo a los palurdos.
De ahí el éxito de la famosa rana Kermit de los teleñecos.
(Philosophia intertesticular iconoclástica).
Buscando el amor
Publicado: 17 julio, 2013 en Amor cabrónEtiquetas:amor, Amor cabrón, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, sexo, Ultrajant
No estoy de acuerdo con el tan explotado beso de amor.
Ni siquiera con el amor.
El beso es solo una muestra de libido con la que se busca algo de trascendencia a todo ese apareamiento con un romanticismo de novelucha de quiosco.
Yo solo sé, que si hubiera amor, residiría en su sexo. Por ello lo busco y me trago su coño entero.
No entiendo el amor si no es a través de su vulva elástica, viscosa y hambrienta.
Succiono su clítoris hasta que la presión de mis labios lo hace enorme, hasta que sus labios íntimos se abren tímidamente como alas de mariposa recién salida de la crisálida, así de húmedas… Y puedo aferrar con los dientes esas alas sintiendo la cabeza de la mariposa presionar contra mis incisivos. Su clítoris es una pura muestra de deseo, sin estupideces de amor.
Si tuviera alma o amor, no residiría en su corazón, está en su coño. Lo sé porque ese espíritu de amor se derrama en una viscosidad que crispa las venas de mi pene y suaviza mis cuerdas vocales cuando mi lengua la desliza por la garganta.
Su coño es la esencia de la vida. De la suya.
A veces de la mía; aunque no importa cuantas veces lo haya sido, no importa siquiera si nunca lo ha sido.
Devorando su coño, estas cosas no se plantean.
No en el corazón, no en su privilegiado cerebro. No se aloja ahí la esencia de lo que busco.
No me preocupa que me ame, ni me preocupa amarla. Solo investigo y busco.
Soy curioso, soy espeleólogo.
Todo son mentiras de literatura barata para disfrazar el deseo sexual y hacernos importante, inteligentes, psíquicos…
Soy científico desbaratando mitos y falsos delirios de amor ultrahumano.
Por ello también hundo mi dedo en su coño para dilatarlo. Y luego meto otro, y otro… Hasta que le quepa el puño entero lubricado por su deseo y pueda dar así, con la existencia del amor.
Y tal vez tomar una muestra para analizarla en algún erotomicroscopio.
Sin embargo, me entretengo en lamer mis dedos untados de su esencia viscosa y lechosa como el león limpia sus garras después de abrir a su presa: sabe a mujer y su coño es lo que es, no hay nada más que un deseo desmedido. Una vagina hambrienta, tanto como mi pene balanceándose frente a lo que desea invadir.
Eso no es amor. Tal vez el amor solo pueda identificarlo el enamorado… Tal vez no me corresponde descubrirlo.
Sigo buscando dentro de ella, aunque a veces solo siento placer y eso entorpece y hace lenta mi búsqueda. Metérsela es como resbalar por un vertiginoso tobogán no encuentro dirección ni sentido, se me pierde la horizontalidad y la verticalidad de la vida dentro de su coño.
Puedo sentir en mi glande henchido de sangre su placer, su tremendo éxtasis. No importa en quien piense, la jodo y ya está. Es el único hecho tangible.
Ella con su coño lleno y yo con mi pene arropado, nos alejamos de la cordura por el camino del placer, cada uno con su locura. Cosa que no importa, el placer no es bueno discutirlo, es un regalo de Dios. Y Dios ahora mismo está en mi glande y en su clítoris.
Preciosa la comunión de la carne…
Vuelvo a su coño porque me enloquece lo que pudiera esconder y lo que se le escapa y derrama. Aspiro, lamo y bebo. No importa por quien sea toda esa parafernalia de placer, sabe bien.
Su pelvis presiona contra mi boca, se mueve salvaje buscando el roce brutal; aún a costa de mi respiración. Tal vez sea eso el amor, esa fuerza intensa, ese buscar por todos los medios el placer; cuando se agita hasta para dañarse contra mis dientes.
No me ama, a pesar de que su coño está lleno de amor.
Está bien, es bueno. Es importante no hacerse ilusiones pueriles.
No es por mí toda ese deseo que nace de lo profundo. Soy un medio de desahogo. Solo soy una boca y una polla. Cosa que no importa, soy un buen científico, soy un espeleólogo.
Y mientras explota el placer nos hacemos animales, nos olvidamos de respirar para gemir roncos.
Follar es más intenso que morir e igual de sencillo.
No… Los besos son una pobre muestra de amor. Ni siquiera se le debería llamar amor. Una buena mamada llega mucho más profunda y es sincera y es real y es una pelvis enloquecida…
Los besos solo son el pago a cuenta de dos seres ambiciosos de devorarse y penetrarse, cosa de adolescentes a los que aún no se les ha desarrollado todo el vello.
Enciendo el cigarro. Me doy cuenta de que no he encontrado el tan buscado amor. Pienso que debe estar más profundo y que me falta longitud de pene para llegar allí.
O simplemente no sea yo el que pueda encontrarlo, tal vez el coño sabe a quién ama y qué le entrega.
Me conformo con lo que me toca, ya habrá tiempo después para perder la curiosidad.
No está tan mal investigar, la ciencia me pone cachondo.
Hay búsquedas y estudios que proporcionan un placer no solo intelectual o el tan mitificado reto a la inteligencia. No todo va a ser angustia, para variar.
“Un regalo de Dios…” No jodas… Menuda estupidez.
Qué chocho…
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Iconoclasta
La comunión de la carne
Publicado: 16 julio, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Ella con su coño lleno y yo con mi pene arropado, nos alejamos de la cordura por el camino del placer, cada uno con su locura. Cosa que no importa, el placer no es bueno discutirlo, es un regalo de Dios. Y Dios ahora mismo está en mi glande y en su clítoris.
Preciosa la comunión de la carne…
Un par de zapatos viejos
Publicado: 12 julio, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Miras el par de zapatos viejos y piensas en el desgaste, el tiempo y la decadencia.
Y te los pones porque es lógico y combinan bien con tu piel.
Todo cuadra.
Solo se dicen idioteces; no hay que ser bueno. La bondad deriva directa, rápida, y groseramente hacia la estulticia.
Basta con ser lógico.
Y calzarse de una puta vez los zapatos. Llevo demasiado tiempo meditando para una cosa tan simple.
La amabilidad y la cordialidad
Publicado: 11 julio, 2013 en TerrorEtiquetas:666, dios, enfermedad, Iconoclasta, locura, Pablo López Albadalejo, terror, Ultrajant
Estaba agonizando, Dios estaba casi muerto convulsionándose débilmente tirado entre dos coches. Las puntas de sus dedos estaban cárdenas como si la sangre se retirara hacia atrás, como si ya no quisiera regar la carne.
Que fuera Dios, lo supe porque lo decía una placa de identificación barata que se encontraba en el suelo prendida por la cadena de bolas, como la de los tapones de lavabo, de su cuello:
DIOS CREADOR TODOPODEROSO
RH: DIVINO. GRUPO: CÓSMICO
DOMICILIO: OMNIPRESENTE
—Tú no eres Dios, eres un fraude.
—Siempre lo has creído así, es tarde para convencerte. Eres mayor.
—Nunca me has visto, no me conoces.
—Soy Dios.
—Te mueres, no eres nada, ni nadie. Los dioses no pueden morir porque no existen. Es así de fácil.
—Deberías ser Dios, todo lo sabes.
—Yo no sé nada de mierda. Solo afirmo. ¿De qué estás muriendo?
—El cuerpo humano no soporta tanta divinidad, la sangre se seca por el calor de mi poder.
—Y una mierda. Eres el drogadicto que el martes me pidió un cigarro. Te has metido una sobredosis o bien el sida te está pudriendo.
—Estoy muriendo en este cuerpo. Si soy un drogadicto, alguien que muere, podrías ser más cordial.
—No estoy de humor para cordialidades. La piedad es una cuestión moral que no me afecta. No creo en Dios, ni siento amor por el prójimo. Solo hago lo necesario para que la vida sea cómoda. Y la muerte es tan vulgar como todo lo que me rodea.
— ¿Te quedas conmigo hasta que muera?
—No, tengo prisa.
—Verás a mis ángeles ayudándome a desprenderme de esta carne.
—Mira, si quieres te doy un cigarro y me largo. Me espera una tía buena en el motel y voy justo de tiempo.
No respondió nada. Sonrió, cerró los ojos y dejó de temblar como un maldito gato mojado. Quedó muerto.
Cuando lo toqué no había ningún exceso de calor por divinidad alguna en su piel.
Seguí mi camino tras escupir en su infecto pecho. Giré por la calle en la que se encontraba el motel y me crucé con tres tipos con alas en la espalda. Los tres muy altos y corpulentos, muy rubios. Toda esa mierda de nórdicos y modelos maricones que no me impresionan ni aunque sangren. Ni siquiera me hubiera fijado en ellos de no ser por el disfraz.
Di media vuelta y los alcancé.
—Vuestro amigo está entre aquellos dos coches.
—Gracias. Un vecino que lo conocía nos ha llamado al hospital. Nos ha dicho que se había caído y que un hombre le hacía compañía. Es usted muy amable —dijo uno de ellos sacándose la peluca para lucir una generosa calva bronceada.
—Un huevo —pensé.
—Es inofensivo. Está muy mal y se ha escapado del ala psiquiátrica con el ajetreo de una fiesta de pacientes —añadió otro de los ángeles, también quitándose la peluca que le hacía sudar copiosamente.
—Pues ahora es más inofensivo que nunca. Está muerto —respondí sin ningún tipo de teatralidad ni emoción.
—¡Pobre Enrique! Vaya día de cumpleaños ha tenido —se lamentó el tercer ángel.
—Estaba ya consumido por el sida y deliraba. Gracias de nuevo por acompañarlo en el final.
—Ya he conocido sus delirios. Me ha contado que vendrían unos ángeles a recogerlo. Yo iba a llamar a la policía cuando me he encontrado con ustedes —les mentí sin entusiasmo.
Les di un número de teléfono falso con prisa y volví a ponerme en camino hacia el motel Salto del Tigre.
En la recepción pregunté por Valeria Gutiérrez.
—En la 314 —respondió con desgana un tipo gordo y sudoroso.
—Has llegado un poco tarde —me dijo cuando entré la potente morena de larga melena rizada.
—Me ha entretenido Dios muriendo.
—¿Sabes? Cuando ayer nos conocimos, a los pocos minutos me enamoró ese sarcasmo tuyo tan cruel —decía acercándose hasta que me besó la boca.
—Y a mí me la pone dura tus tetas y tu boca. La mamas bien, fijo.
—Puedes estar seguro, Sr. 666 —respondió sensualmente acariciando mi escarificado tatuaje.
La desnudé y la obligué a que se metiera la polla en la boca agarrando un mechón de su cabello con el puño.
No le gustaron mis modos.
—No soy una puta ¿eh? Podrías ser amable.
—Ni con Dios si existiera.
Le pegué un puñetazo en la mandíbula y quedó aturdida. La desnudé de cintura para abajo, la obligué a apoyar los brazos en la cama y tras separarle las piernas con las mías, le rasgué el ano penetrándola.
Unos segundos antes de eyacular entre sus excrementos, le hundí el filo del cuchillo en el cuello hasta que las vértebras frenaron el avance.
Me quedé en la habitación de ese asqueroso motel observando con amabilidad y cordialidad como se vaciaba de sangre. Mi pene aún sufría espasmos por el orgasmo cuando la hermosa Valeria dejó de hacer ruidos líquidos intentando respirar.
Me limpié la mierda pegada en el glande con las sábanas y me largué de allí.
Al recepcionista le saqué un ojo.
A la mierda la educación y la amabilidad.
Ya os contaré más cosas de urbanidad, buenos modos y piedad.
Siempre sangriento: 666.
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Iconoclasta
El misterio de la vida
Publicado: 10 julio, 2013 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
El misterio de la vida.
Despertar es un proceso lento, misterioso y puramente psicológico.
Es decir, nunca tengo claro si enciendo el cigarrillo antes de mear, durante la meada o incluso antes de ponerme los calzoncillos.
Debería tener la grabadora de video conectada para desentrañar mi gran secreto.
Lo de la molesta erección no me preocupa, el pene es otra cosa, otra existencia ajena a mí.
Mi único gran misterio.
Me cago en la trascendencia de la existencia.
Nada es perfecto
Publicado: 7 julio, 2013 en AbsurdoEtiquetas:desamor, dolor, enfermedad, engaño, hastío, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Ultrajant
Nada es perfecto, ni siquiera la enfermedad.
En una pata podrida lo lógico sería que también los nervios estuvieran llenos de gusanos.
No es así y el dolor va al cerebro pasando previamente por los cojones.
Menuda novedad…
A veces lo podrido se cae, y con ello todos esos putos nervios vivos.
Eso espero; pero parece que no se desprende nunca, que no hay consuelo.
Es mejor ponerse en movimiento e irse, huir de los lugares ya monótonos y sin esperanza para conocer otros diferentes y distraer este dolor chirriante de una rodilla infecta.
Pero creo que el error es la pierna, y ya me he cansado de llevar esta mierda colgando de mí.
Un hachazo y que el miembro fantasma haga de las suyas: doler de la nada; pero lo hará sin corrupciones. Es un desahogo, es bueno.
Aunque sigue sin ser perfecto.
Es que no me gusta el dolor, soy alérgico.
A mí me gusta que me la chupen.
Y a pesar de todo, aprieto el cinturón hasta que pienso que no puede circular más sangre por ahí.
Muerto el perro se acabó la rabia.
Y la morfina es una diosa que me acaricia los huevos para acabar masajeando mi glande.
Porque los nervios que recorren un cáncer y una carne tumefacta lo pudren todo: el pensamiento, el semen y el amor si alguna vez lo hubo.
El dolor te hace cobarde e insoportable a ojos de cualquiera. E incómodo, porque una pierna negra es una avance de la muerte, de lo corrupto, de lo finito.
Está tan negra como el amor…
Bueno, el amor no duele cuando se pudre, ya tengo bastante con la pierna.
Y si he de ser sincero, a estas alturas del dolor, me importa una mierda el amor.
Las mentiras siempre han sido una constante, para la esperanza de la pata podrida, para el amor y el cariño. Pero se está bien entre ellas, lo malo son las verdades que no es necesario conocer si no aportan un mínimo de comodidad.
La verdad emerge como una repugnante y tóxica medusa quieras o no.
Voy a vomitar…
Cuando se observa bien al cojo, resulta antipático, porque el dolor a veces tuerce sus sonrisas y follar no es del todo cómodo y placentero con una pierna-mierda.
Hay que tener cierta agilidad para disfrutar de una buena follada.
Aburre a cualquiera ser jodida y joder con una pierna así; más que nada porque es difícil mantener la hipocresía de una sonrisa o amor ante quien vive la miseria de la podrida carne.
Aunque esos nervios operativos de la carne casi corrupta, no son solo los responsables. Tal vez hagan de antena y capten las ondas de falsedad que los rodean.
Tal vez mi podredumbre y yo, somos receptivos a la mierda.
El hastío, el aburrimiento, los errores, las mentiras, el amor falso… Todo eso sube por los nervios aún vivos de la pata podrida y lo empeora todo.
Hay que romper con ello…
Ya habrá tiempo para una buena mamada después, hay mujeres que disfrutan con los muñones, con el fetichismo de la ortopedia. Aún puedo follar y pagar.
Tal vez me debería haber tatuado un corazón (para que hubieran creído que he llegado a creer en el amor), una tarta de cumpleaños (por aquello de la diversión) y un beso tan de plástico que nadie creería en él (por un asunto de provocación y esas cosas de escritor).
Mejor no la adorno, además, la estoy cortando y ya no tendría gracia.
Cuando me deshaga de esta pata asquerosa, lo demás se convertirá en una pesadilla más, en unos errores cuya vergüenza se diluirá con el tiempo, o tal vez con el resto de mis tejidos en un ataúd.
Si algo aprendí es a inyectarme; es lo más fácil de todo y la morfina hasta me hace reír cuando corto la carne. Es una buena risa, sincera, aunque no es perfecta tampoco: le falta cordura.
Cortar el hueso es un poco más penoso, se me han partido ya tres hojas de sierra y me cago en la virgen.
He tenido que caminar con la pata arrastrando para encontrar otro cinturón con el que frenar la sangre.
No hay nada fácil.
No hay nada perfecto.
El mendigo que rebusca en las basuras apenas hace caso de la pernera de mi pantalón chorreando sangre cuando me acerco dando saltitos sobre la pierna sana, ayudado de mi bastón con mango de plastimierda.
—¿Va a tirar esta pierna aquí?
La llevo bajo el sobaco, como quien lleva una barra de pan. Pesa mucho lo podrido, y sudo.
—Está podrida, ya no la quiero.
—No es lugar para tirar estas cosas. Las ratas lo infestan todo.
—Tampoco pedí nacer y aquí estoy de mierda. Métetela en el culo si no te gusta —le respondo muriendo un poco.
No sé en qué momento siento frío y debilidad, no sé si he caído o el mundo ha girado noventa grados a la derecha. El puto mendigo me ha tirado la pierna encima con desprecio.
Y a mí me suda la polla, ya no duele y por fin estoy solo y no mal acompañado.
Me río como un deficiente mental, seguramente por la morfina, cosa que me parece bien.
Seguramente porque me importa una mierda morir.
Los hombres con un par de cojones, no lloran. Y que yo sepa, no me los he cortado.
No es perfecto nada lo ha sido en la vida; pero este momento se asemeja a un buen sueño.
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