Idolatrados los sentimientos, queda luego admitir la realidad. Lo que somos y si somos merecedores de esos sentimientos inhumanos.
Mejor no seré sincero conmigo, no tengo un especial interés en sentirme mal.
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Sin sinceridad
Publicado: 17 enero, 2015 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Lo difícil es morir
Publicado: 16 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
No es nada sencillo morir. Hay que vencer todo ese instinto de supervivencia insertado en las células del cuerpo.
Morir requiere convencerlas, una tarea faraónica porque están sectariamente convencidas de que la vida se ha de mantener al precio que sea. «Oye, deja de dividirte, ¿es que no ves que esto es una mierda?. Ellas me miran con sus membranas completamente idiotas sin entender.
Son duras de convencer las hijaputas. Y el tiempo que se emplea en convencerlas de que no es malo dejar de dividirse, es tiempo para que las cosas empeoren aún más a tu alrededor. Y así llegas a la vejez para acabar como era de esperar y haber sufrido de más: muerto.
Y las células, estúpidas como siempre, dale que te pego. Obcecadas en multiplicarse aunque el cadáver empiece a descomponerse.
Es una mierda que el pensamiento esté disociado del organismo. Hablando en plata, que mi pene vaya por libre independientemente de lo que siento.
Que incómodos son los despertares erectos…
Sí, yo también me pregunto que tiene que ver una erección con los deseos de morir y las células…
Cumple años Shyla Jennings
Publicado: 16 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Actos de fe y vergüenza
Publicado: 15 enero, 2015 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Una cosa es creer, porque aceptas una posibilidad, le das forma y un método para realizarla. Le das una entidad. La vistes de ilusiones.
Sin embargo, la fe es aceptar lo inconcebible, lo imposible y lo dañino. Es un desprecio a los sueños propios y acatar una orden que jamás comprenderás.
No puedo entender los actos de fe. Hay esqueletos de dinosaurios que no explica la biblia. Y hay un amor por los hijos que ningún dios puede superar.
Los actos de fe solo caben en cráneos vacíos.
Siento vergüenza ajena por los humanos.
Malditas y divinas deidades
Publicado: 15 enero, 2015 en Absurdo, Amor cabrónEtiquetas:absurdo, amor, Amor cabrón, deidades, deseo, erotismo, humanos, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, pasión, sensualidad, Ultajant
Deidades…
No son lo buenas que se creen.
Esas deidades son como gigantes que toman un bebé con la punta de sus dedos, con cariño y ternura; pero aplastan su pecho y lo matan con su desmesurada magnitud y fuerza.
Las deidades creen que como ellas aman y sienten, aman los humanos. Y les echan al rostro y a la mente toda esa sensualidad y erotismo sin ser conscientes de que los doblan como si recibieran un puñetazo en la barriga. Crean con su poder divino un universo que no está al alcance de los no sagrados.
Sonríen radiantes y nosotros pensamos en como es posible querer tanto en tan poco tiempo, porque no somos dioses como ellas. Sonreímos porque nos contagian; pero hay un profundo amor serio como la muerte en algún punto de nuestro pecho; un dolor de no poder alcanzar, de no ser suficiente para todo esa pasión y deseo que destilan las diosas por cada poro de su piel.
No creía en seres divinos capaces de con el silencio, transmitir su divina existencia. Con sus palabras fulminar mi paz e independencia y convertirme en su devoto amante pequeño.
Infinitesimal…
«Yo soy Dios», quisiera decirle con convicción a la diosa; pero sé que sonreiría con cariño y ternura, como si fuera una pequeña réplica graciosa y barata de un tótem.
Una figurilla coleccionable.
La deidad me quiere; pero no imagina el impacto que tiene en mi pensamiento y organismo. No calibra la magnitud de su ser frente a un humano.
No tienen necesidad de ello, ya hacen bastante con mostrarse con toda su divinidad ante nos; están libres de escrúpulos, son diosas.
Su grandeza las define.
Se convierten sin saberlo, con una exquisita inocencia, en seres crueles que nos enamoran sin ningún reparo. Con toda su belleza inexpugnable.
Tal vez no, sean crueles, pero no puedo ser ecuánime. No soy justo juzgando cuando el mundo lo cubre mi diosa y todo es ella.
Te hacen sangrar el corazón con sus palabas, con unos puntos suspensivos prendidos de sus santos labios…
Hay un cigarrillo consumiéndose en el cenicero al que no hago caso porque la diosa está presente. No es momento para la banalidad, podría morir en cualquier momento, no soy divino. Debo administrar bien mi tiempo.
Yo un ateo convencido, soy ahora un sacerdote pagano.
Soy demasiado viejo para esto… Las deidades son inmortales y su eterna juventud nos hace viejos cualquiera que sea la edad. Ellas marcan las épocas.
Escribo y describo lo inexplicable con suficiente precisión, pero no hay consuelo.
Tal vez quede una esperanza: ¿los dioses nacen o se hacen? Es un problema en el que estoy trabajando.
Me centro en la segunda opción, estoy harto de imposibles.
Si pudiera ser tan solo un poco dios, le haría sangrar los labios con un beso de furiosa y desbocada lujuria. El dolor del amor desatado, desbocado. Una venganza de amantes.
Tal vez no debería ser dios, no tengo medida alguna como hombre.
Porque le mostraría mi polla palpitante y una gota de fluido que se descuelga desde un glande cárdeno por la congestión sanguínea que provoca su cuerpo divino.
¡Ah… La sagrada obscenidad!
Apuñalaría el espiráculo de un delfín sonriente para mostrar que mi crueldad es equiparable al amor que me dobla por ella. Para demostrar que cualquier vida importa menos que amarla.
Mataría hombres que eran tan humanos como yo, para demostrarle mi violenta divinidad. Como un reproche a la esclavitud a la que me tiene sometido.
Aplastaría con mis pies los dedos de un niño que juega en el suelo…
Tal vez no le gustara, pero soy su obra. Tiene que ser consecuente con lo que provoca.
Malditas y divinas deidades…

Iconoclasta
El árbol humano, una novela de Iconoclasta
Publicado: 15 enero, 2015 en Libros, TerrorEtiquetas:arte, árboles, El árbol humano, fantasía, hombres, Iconoclasta, literatura, novela, Pablo López Albadalejo, soledad, terror, Ultrajant
«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)
Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta «touch»
Publicado: 15 enero, 2015 en Humor, Lecturas, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, lecturas, manuscritos, obsequio, Pablo López Albadalejo, provocación, Reflexiones, Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta, Ultrajant
Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…
Envidia y cobardía, en Binibook
Publicado: 14 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:binibook, descargas, escritor, lecturas, literatura, Pablo López Albadalejo, Relatos de Iconoclasta, Ultrajant
Amebiasis de amor
Publicado: 14 enero, 2015 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
El amor es una especie de ameba que evoluciona por el espacio ajeno a la gravedad, que se afianza en el corazón y en el vientre de los amantes. Los parasita, los hace dependientes de aquello que adoran, que ansían.
Es una ameba que se fija en algún nervio y obliga a las manos a acariciar el aire, buscando lo amado.
Y es por ello ese cansancio que siento al amar, esa dulce desidia que me debilita, que me aturde.
El amor fagocita mis fuerzas con una deliciosa narcosis.
Los enamorados al abrazarnos parecemos cansados, casi derrotados.
Posiblemente así sea de verdad; pero qué extraño que a pesar de esa debilidad, abrazo con la fuerza de un titán.
Nos da un aire romántico y trágico ese desfallecer.
Y una hermosa sonrisa cansada… Estás preciosa cuando tus labios apenas abiertos, toman aire bendito y tu piel brilla con un sudor que parece rocío.
Es precioso mirar el cielo con los ojos cansados y el alma ardiendo. ¿Ves el amor? Si observas el aire fijamente, ves esas amebas transparentes que cambian y flotan ingrávidas.
Necesitamos descansar, yacer abrazados unos instantes, o una eternidad.
Una vez recuperados, te penetraré el cuerpo y el alma. Y tú me harás esclavo, me robarás mi voluntad.
No existe un cansancio tan grande que lo pueda impedir.
La libertad y el cráneo
Publicado: 13 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
¿Los que tienen una gran capacidad craneal son más libres? Yo quiero un cráneo grande aunque sea ridículo el tamaño de mi cerebro. No me importa que al morir lo pesen y se rían. Importa no estar oprimido.
¿Los ciegos se sienten oprimidos? Seguro que no, porque no se pueden imaginar el poco espacio que hay en el mundo.
¿Qué ocurre cuando sabes de memoria dónde está cada mancha de la pared? Hay sabidurías que humillan.




