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La libertad está por encima de toda consideración ética y legal.
Por encima del dinero y poder que ambicionan los corruptos presidentes y ministros electos de las dictaduras europeas, extintas democracias degeneradas y decadentes para ser más preciso.
Por encima de cualquier vida sea cual sea su edad.
Si eres humano, no perteneces a un rebaño, a menos que estés castrado, cabrón.
La libertad está por encima de cualquier miedo y el mezquino que lo padece hasta el punto de prostituir su más básica capacidad de movimiento.
No existe nada que valga más que ella, porque todo lo que no es libre, es animal sin cerebro, no es humano. Los esclavos son bestias de carga y máquinas sexuales para los actuales políticos demócratas de mierda.
Cualquiera que robe una libertad, es un criminal, alguien susceptible de ser asesinado. Cortarle la cabeza y pincharla en un poste de una plaza, como antaño, es lo único que puede saldar el crimen del robo de la libertad.
No me engaño, no ha habido suerte en la historia con este tema, salvo con el Duce, en Italia. Las buenas cosas no abundan; pero solo pensar en la decapitación del cerdo, sinceramente, se me pone dura.

Las cosas se rompen por enfermedad, malformación, accidente, asesinato o por vejez.
Si una cosa tiene muy mala suerte, morirá de muchas causas.
La muerte es como el follar que, por ser las actividades más realizadas cotidianamente en el planeta por las cosas humanas; siguen teniendo miedo y vergüenza de pronunciarlas a pesar de los miles de años de evolución, de las reproducciones y sus muertes.
Las cosas humanas son como figuritas de barro sucio incapaces de aceptar lo que son, simples y vulgares carnes sin más trascendencia. Incapaces de usar un cerebro sobrevalorado hasta el asco, producto de una injustificada vanidad.
Dicen que el camello no ve su propia giba, las cosas humanas no ven sus genitales ni su cara ajada por la edad en el espejo.
El padre regañará a su hijo por ir con putas, como él hizo a su edad. “Haz lo que digo y no lo que yo hago”, es tradición idiota. No pueden estar sin mal meterla demasiado tiempo, como si lo que les faltara de cerebro lo tuvieran en la polla.
Y los viejos, invariablemente, al morir son siempre aún jóvenes. Unos chavales, claro…
Mierda.

Pues nada, que no hay manera.
Me he sentado en un banco a 0º C de temperatura, a las 19:08 de una tarde que es noche. He comido unos churros y me he chupado los dedos, he fumado un par de cigarrillos con cierta impaciencia, he sacado la mascarilla del invierno pasado del bolsillo y me he limpiado los mocos con ella; y en todo ese rato no ha aparecido el coronavirus.
O soy un super macho, o simplemente tengo mala suerte; porque ni algo gratis como el coronavirus me toca.
Estoy tentado de dejar que me caigan los mocos y entrar en el ambulatorio (antes habré acercado el humo del cigarrillo a mis preciosos ojos para irritarlos) y decir además que me duele la cabeza cosa mala y me cuesta respirar por el culo. Así al menos tendré un certificado de ser un humano tan mediocre como todos, y sentirme un poco menos solo en este mundo de mierda.
Y si de paso me chutaran una vacuna sería precioso.
Si no hay que pagar, me metería lo que fuera. Igual me convierto en un mutante de esos con poderes tan extraordinarios como la teletransportación y la invisibilidad para tener sexo impune y vicioso con total anonimato.
Es que siento que antes de morir, debería experimentar ser uno más del rebaño para intentar imaginar lo que sienten las ovejas.

De un coche patrulla de la bofia se bajó el madero e interrumpió mi relajado paseo.

– ¡Señor! Debe usar mascarilla – díjome con autoridad y evidente hostilidad, a pesar de que con la mascarilla parecía un poco retrasado hablando.

Le dan trabajo a cualquiera que tenga un buen  enchufe, como siempre.

-Mi abuela era puta en Barcelona- le respondí con cordialidad y una sonrisa.

-¿Y qué tiene que ver…? -preguntó con evidente malhumor.

Pero no le dejé de acabar la pregunta, mi cerebro es muy rápido procesando.

-Que igual tu abuela y la mía trabajaban en la misma calle, lo que nos hace paisanos- le respondí con rapidez, poniendo en jaque su única neurona que rebotaba dentro de su gran cráneo, como una pelotita de aquellos antiguos juegos de tenis electrónico de los bares de los setenta.

Me recetó una buena multa  que, cada vez que la muestro a amigos, conocidos e incluso enemigos, nos partimos el pecho de risa.

Hasta los buenos momentos requieren de cierto poder adquisitivo.

La epidemia delacovid tiene cosas buenas y jocosas además de aliviar de peso humano al planeta.

Y dicen que hasta a las focas en el Polo Norte y la Antártida, se las ve más relajadas gracias al efecto cagadero del coronavirus.

Confirmado, la nueva dictadura española, se ha constituido en la más represora, cruel y estafadora de toda África, incluso de Europa.
El nuevo y normal fascismo español liderado por Sus Caudillos y sus secuaces (ministros y caciques autonómicos de los distintos taifas que componen el estado español), ha dado ya carácter definitivo a la destrucción de la democracia (o ese conato que era). Recién estrenado el año 2021, han decretado y cometido una batería de medidas represoras y extorsionadoras contra la libertad y la economía de los habitantes españoles; como son los nuevos decretos de prisión para la población, perpetuar el toque de queda, la toma en propiedad de todos los medios informativos y la usura con una batería de subidas de impuestos; esto último, con toda probabilidad se traducirá en que su “la Covid” (la del gobierno fascista español) dejará de tener importancia frente al hambre y la violencia consecuente en muy pocas semanas.
El hambre matará más gente que sus gripes. Ya lo dice el refrán: más puñaladas da el hambre.
Como siempre, los caudillos, ministros y caciques autonómicos del nuevo y normal régimen dictatorial, disfrazan de medidas sanitarias sus abusos y robos de libertades incrementando las estadísticas de las tasas de contagio del coronavirus con los datos de catarros, gripe, fibromialgia, neumonía, hepatitis, diabetes, jaqueca, etc.; y accidentes de tráfico y laborales. Con estas componendas estadísticas, consiguen meter el pánico en el cuerpo a una españolidad vieja, deteriorada, decadente, supersticiosa e ignorante. De esta forma, el robo de la libertad, la prisión a la que se condena al pueblo español y la próxima ruina de obreros y trabajadores autónomos, será vista por la chusma como un mal menor.
Así que estrenamos el año con la feroz bofia del fascismo patrullando traidoramente las noches y de día sancionando sin pudor para que la idea de sometimiento al nuevo régimen dictatorial, forme parte del pensamiento español como ocurrió con el franquismo.
Así se ha instaurado en España una de las dictaduras más lesivas para la salud y la libertad de toda África y Europa; y a sus habitantes como el rebaño de castrados más mansos, temerosos y crédulos a nivel mundial.
Como es ya proverbial: Cuando el cerdo (el nuevo y normal fascismo español) prueba la sangre (la dictadura o el fascismo), ya no quiere otra cosa.

Lo han hecho todo mal, todo se fabrica con y para la mediocridad; y los seres sobresalientes mal vivimos en medio de medidas y calidades despreciables.
Por ejemplo, los inodoros. Cuando cago he de hacerlo con un cubo entre las rodillas, puesto que mi pene no cabe dentro del inodoro; y si me esfuerzo por mantenerlo vertical, rozo la porcelana con la consiguiente inquietud y frío para mi ánimo y bienestar.
¿No podrían medir veinte centímetros más de longitud los cagaderos?
Es difícil, incluso, limpiarse el culo. He de asir el pene en vertical para que no caiga contra en el agua. Le deberían haber dado otros veinte centímetros de profundidad.
Pero lo peor llega cuando aprieto. Lo normal es mear ¿no? Pues por eso el cubo, porque como el pene reposa horizontalmente como una venosa serpiente albina, apoyado en el asiento del minúsculo inodoro, el chorro sale directo contra el armarito de las toallas y condones. Hay instantes de urgencia que ni el cubo sirve para nada.
Por que si vas con prisa o diarrea, no te da tiempo de apretar, mear y a la vez mantener el cubo en la línea del caño de orina. Hay días que salgo estresado y agotado después de cagar.
Cuando era pequeño, recuerdo el momento de soltar los truños como una dulce y relajada intimidad mientras me la pelaba con las guías de televisión y sus anuncios de ropa interior de mujeres: las modelos luciendo braguitas. No se les veía la cara, pero siempre me ha importado el rabo de la vaca el color de ojos de la maciza que lucía la minúscula y tersa prenda, realzando sus tan maravillosos muslos y el vientre liso y deseable con un perfecto ombligo, colocado con precisión en la justa perpendicularidad de la raja de su sexo, Siempre observaba detenidamente si en alguna foto se podía ver un asomo del vello del monte de Venus; pero nunca tuve suerte hasta que encontré una baraja de póker de mi padre con tías en pelotas y las piernas tan separadas que me mareaban. No tenían vello; pero era innecesario para mi trabajo.
Como iba diciendo, en esta sociedad mediocre de medidas y accesorios más mediocres aún, para cagar preciso de una logística comparable a la de Amazon y sus envíos.
Masturbarme, sin embargo, es dulce y suave. Uso el cubo porque ya que está, lo aprovecho; pero no soy melindroso con la leche si me cae en los pies o en los muslos y a veces en mi pecho cuando pierdo el control durante el orgasmo. Vaya donde vaya la lefa, siempre me hidrata graciosamente. Además, es ácidamente dulce, cosa que la orina no.
Insisto, el tamaño de los inodoros es una vergüenza para alguien especial.
Y vamos a ver, el tamaño de la ducha no es como para tirar cohetes; pero si me sitúo en un extremo de la diagonal, puedo mantener una distancia de seguridad, un par de centímetros libres hasta el extremo opuesto y así, no tener que pasar el glande por las baldosas continuamente con la consiguiente irritación que ello conlleva. El problema es que en cuanto meto un pie en la ducha, me sobreviene inevitablemente una erección, cosa que es buena porque facilita la higiene íntima y lo que después será incontenible durante el suave, metódico y jabonoso roce.
Ser sobresaliente en una sociedad mediocre, es incómodo por decir poco; por decir lo mínimo.
Es el drama de la excelencia, qué le vamos a hacer…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

¿Crees en los augurios?
Solo creo en la cronología de los hechos y sus secuencias y consecuencias lógicas.
¿Y si no hay lógica, solo basura?
Soy perspicaz, lo sabré.
¿Qué le dirías a quien lee tu futuro?
Le daría las gracias, algunas monedas sin valor y escupiría con displicencia cuando le diera la espalda.
¿Se han cumplido tus cálculos?
Con absoluta precisión; salvo en las grandes distancias que son insalvables para según qué. No he llegado donde debía.
¿Crees que siempre hay tiempo?
Mentira. Cuando el soporte vital es viejo el tiempo triplica su rapidez y observas el ataúd en el horizonte, es el único jalón de orientación que te guía.