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La fotografía en blanco y negro es una bella metafísica de la mediocridad. Una gama de grisentería que hace de los colores más apagados un misterio y a los más radiantes roba su protagonismo y vanidad.
Tal vez el blanco y negro, además de su facilidad para revelar por cualquier aficionado en los tiempos anteriores a la foto digital; tiene su encanto en que es una visión extraña del mundo, más simple; pero hace de las texturas las grandes actrices estelares. Lo viejo se hace atávico y a falta de color, más digno al convertir lo decrépito en antigüedad. El pelaje más intenso, más espeso, o más ralo si así se da el caso. Las plantas ostentan con orgullo de músculo las venas de clorofila en sus hojas y la cicatriz heroica de algún hongo.
El blanco y negro se centra en la intimidad. El color en la espectacularidad y la realidad sin piedad: es nuestra visión diaria.
Desafortunadamente (afortunadamente para nuestra supervivencia) no podemos ver en escala de grises.
El color crea polémica, una batalla de tonos que el cerebro humano debe descifrar debidamente. Lo gris relaja con su uniformidad y los simples claroscuros.
Ambas técnicas son la metáfora de la sociedad y su riqueza y miseria: puesto que no hay suficiente riqueza (color) para todos, es mejor repartir la pobreza (lo gris) dulcificándola con un poco de romanticismo. No puede hacer daño.
Es una mirada cínica al apasionante mundo de la fotografía, desmitifica los grises y le otorga su crudeza al color. Las cosas como son, por mucho que nos apasione el blanco y negro, es demasiada simplificación; como para perder el rumbo.
Las razones para elegir entre el color y la gris monocromía, cuadran con la humana esencia que ha formado una sociedad banal e infantilizada que solo satisface a los lelos: realidad o cuento.
Y me gusta la grisentería en la fotografía, me lleva a evadirme. Siempre digo que demasiado color me da dolor de cabeza. Bien, cuando fotografías y obtienes lo que has visto simplificado a una gama de grises, puedes pensar que has visitado un lugar extraño para variar. Todos quedamos perfectos en blanco y negro cuando no hay un color que pueda salir marchito.
Técnicamente la dificultad radica en el color, la idónea temperatura de la luz, el contraste mayor o menor de tonalidades, la sombras son más duras e insalvables, requiere más precisión y ser muy selectivo con lo que se pretende destacar.
Si dominas el color, dominas la técnica fotográfica.
El blanco y negro, requiere más la elección del sujeto: que sea interesante. Porque a la mediocridad de lo gris, no puedes añadir algo más gris todavía.
Es más relajante y da un respiro de tanta realidad pura y dura. Una pacífica y amable grisentería para todos los públicos.
El color no perdona y la sangre es sangre, como la carne abierta y la carne en descomposición, como las escleróticas vidriadas en rojo. O las uñas blanco amarillento de aferrarse con fuerza a un clavo ardiendo para salvarnos del hastío y se nos escapa de los dedos.
Todo puede tener su encanto y su canibalismo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Ya lo digo yo, que se pueden ir metiendo su democracia de mierda junto con sus putas leyes y decretos por el bullate, por el ojete, por el ojo del culo; que les encanta meterse cosas.
Las serpientes no solo no se envenenan entre sí, sino que se apoyan cosa mala.
Así el cerdo protege al cerdo (ambos ricos, poderosos y sobre todo políticos).
Y el cerdo aplasta al pobre o ciudadano.
Que para eso existen las leyes, para proteger al cerdo y sus intereses y hundir al inocente de cualquier delito. Al ciudadano.
No seré al único que alguna vez la puta democracia le embargó el jornal, por en tiempo de crisis, no poder pagar los autónomos. Sin putos indultos de mierda, so hijoputas.
Los indultos solo son para puercos y entre puercos.
Que un mal ébola los mate a todos, a los que están fuera y dentro, que caguen sangre; esta es mi voluntad.

Está bien, no puede ser más cara la tontería que viajar a La Luna o soñar con llegar vivos a Marte.
Son cosas que pueden hacer con el dinero que no se destina a la pobreza, banalidades propias de quienes más que trabajar, cobran por pasarlo lo mejor posible con el mínimo esfuerzo.
Ciertamente, donde nació el arribista y lameculos de reyes, el tal Colón, me importa lo mismo que el rabo de la vaca si está limpio, sucio o si sigue o no pegado a su culo.

Un par de críos de entre seis o siete años jugaban en la acera, frente un parque infantil del barrio. Llevaban el bozal bajo la barbilla. Cuando estaba suficientemente cerca, a punto de rebasarlos, dejaron de perseguirse, se situaron en el parque dejando la acera libre y ajustaron sus bozales a sus hocicos casi en posición de firmes. Me miraban detenidamente a ver si hacía yo lo mismo. Y una mierda.
Pero sí que sentí cierta pena por no llevar en esos momentos unos snacks de gato, de los que le doy al mío porque me sale de la polla en cualquier momento.
Les hubiera tirado unos cuantos al suelo como premio a su buen adiestramiento.

Encima de estar extinguidos, los dinosaurios tienen que soportar que les metan cosas en sus fosilizadas tripas.
Más que pasión por los dinosaurios, se trata de una auténtica fobia que pretende extinguir lo que ya está extinto. En España no hay inteligencia, pero tienen voluntad por hacer las cosas, independientemente de si saben o no hacerlas y si las hacen bien o mal.
Como el nuevo fascismo chino español ha censurado los toros porque tiene que ver con el valor y la determinación (cosas absolutamente prohibidas en la nueva, normal y fascista España), hay que joder a los pobres dinosaurios rellenándolos de cosas tóxicas y otras podredumbres.

Como la prensa española ya se ha inventado todas las noticias o mentiras posibles desde la instauración del nuevo y normal fascismo chino en España, en lugar de noticias escriben efemérides, recordatorios de lo que todo el mundo sabe.
Desde el primer día que el nuevo y normal fascismo español decretó epidemia y su prisión para la ciudadanía, se sabía que estaban asesinando a mucha gente por negarles tratamiento y atención médica.
Y aún hoy día continúa igual, solo que mueren menos, como es lógico. Si el fascismo español no decreta otra cosa, los muertos no resucitan y por lo tanto no pueden volver a morir, en definitiva: cuantos menos quedan, menos mueren.
Son cosas que hay que decir, porque algunas (muchísimas, asaz) gentes que tienen problemas de comprensión de lectura, se les puede escapar este detalle. Y más ante la confusión que provoca año y medio de mentiras constantes de la prensa española.
No es noticia, es pura cháchara para llenar página.

Con la boca pequeña, con un hilo de voz, el fascismo dice que si tienes suficiente fuerza para realizar una actividad física, si tus pulmones están fuertes y ejercitados; no es necesario usar mascarilla en espacios abiertos. Porque simplemente puedes combatir el coronavirus, y tal vez, ni siquiera contagiarte.
El coronavirus es el precio que ha pagado una sociedad sedentaria y estabulada, que se mueve de casa al coche, del coche al bar y de nuevo del bar al coche. Es pura enfermedad de la decadencia.
Llegados a este punto, lo malo no es el virus, lo malo es el ganado humano debilitado por una forma de vida perezosa y de un aburrido consumismo que se ha tomado como deber de fin de semana. Esos pulmones no pueden soportar una gripe.
Es el gran “secreto” del coronavirus.
El nuevo y normal fascismo surgido de la cobardía y el ansia de poder con el coronavirus, ha encarcelado (confinado, dicen los hipócritas fascistas paternalistas) a gente que no debía, asesinado ancianos y negado el tratamiento a enfermos graves por un pornográfico deseo de dominación y la misma ignorancia que la del pueblo que acosa, encarcela y arruina.
Nadie debería llevar mascarilla si no quiere, es básica la libertad de respirar; obligar a una pobre e insalubre respiración y a un confinamiento salvaje, son crímenes de lesa humanidad porque atentan contra la salud del individuo y su sustento. Lo que ha hecho el nuevo fascismo ha sido crimen, crimen nacido de la ignorancia, ambición y corrupción.
Han encarcelado y acosado a quien no debían porque conocen la envidia de sus mezquinos votantes. Como si fuera el puto rey Salomón, el nuevo y normal gobierno fascista español ha decretado mierda indiscriminadamente para todos y así de paso, sentirse Generalísimos, Caudillos; son unos hijoputas. Han dado gusto a los más miserables de la sociedad (mayoría votante): “¿Por qué él no lleva mascarilla y yo sí?”, se preguntan los cabestros cobardes con sus piojosos bozales bien ceñidos en los hocicos.
Los nuevos fascismos surgidos con y por el coronavirus, son una banda de criminales ignorantes, corruptos e imbéciles.
Y este tipo de gobierno debe ser masacrado. Es algo que destruir porque va la vida de mucha gente en ello. Y gente que vale la pena que respire decentemente, hijoputas cobardes.
Los que tengáis miedo, no os quitéis el bozal, a nadie le importa una mierda, nadie os envidia, gilipollas miserables.

Iconoclasta

No sé si los chinos habrán sido honrados con la causa de la muerte de los atletas, pero es que de China te puedes creer lo mismo que de la antigua URSS o del gobierno fascista español: nada.
La cuestión es que esas muertes en España, serían debidas al coronavirus: “¿Qué cojones frío? Aquí no hace frío”, diría el forense propiedad del nuevo y normal gobierno fascista español.
Y a etiquetar los pulgares de los pies con la Covid 19.

A veces aparento tranquilidad, pero que nadie se fie. Soy un experimentado y discreto misántropo. Y fumar es bueno, lo recomiendo a grandes y pequeños. Y si además lo combinan con licores, serán gente de pro y ciudad-anos de primera, en verdad os digo.

Eso es morir por nada.
Es para arrancarse los ojos al verlo. No puede ser peor, no es decente morir por tanta banalidad. La decadencia de una sociedad debería medirse también (si alguien se preocupara de ello) por la estupidez de sus muertes, no solo por la mental.