Y ya están pensando en el excitante fetichismo de Semana Santa, de encerrar, acosar y coartar todo tipo de libertades los dos Caudillos de España, sus secuaces y sus caciques autonómicos. Es pura viagra la represión, abuso y ruina para los que forman el gobierno del Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus.
Si estás lejos de todo y eres capaz de mantener la entereza en la oscuridad hasta dudar de tu existencia, sin que importen los sonidos que como acechos te llegan cercanos de lo oscuro; adquieres la dimensión de lo irreal. Y nada te impide ya imaginar cómo es la muerte y serlo; aunque sea para ti mismo, pero si no existes ya, qué más da. Un jabalí con sus movimientos nerviosos agita ruidosamente la vegetación en algún lugar, oscuridad arriba. ¿Cree que soy la muerte? ¿O teme que la oscuridad que me ha comido lo devore a él? ¿Qué ocurrirá cuando llegue a la luz? ¿Tendré una guadaña en mis manos y haré el trabajo que me corresponde? Aunque temo que seré la misma mediocridad que la luz desenmascara todos los amaneceres. Me quedaré aquí no existiendo, que el jabalí me tema. No tengo otra cosa que hacer. Me siento irrealmente poderoso. Bye, vida.
Ya está cantado, el cambio al fascismo más radical y opresivo de las democracias occidentales marcha a toda máquina. Todo el engaño, la parafernalia teatral y los meses de represión, acoso y prisión a la población por una gripe llamada coronavirus o la covid 19 y los asesinatos cometidos (genocidios por negar asistencia médica a los enfermos graves con el pretexto de su covid 19) por los gobiernos del coronavirus para inspirar terror en sus rebaños; ha dado su primer fruto: el pasaporte sanitario, la cartilla veterinaria para personas. Me pregunto si será verde como la de los perros para viajar. Si alguien ha acudido a votar últimamente es hora de que se sienta idiota por el tiempo que ha perdido. Porque es la única libertad que le queda, ver venir al monstruo del fascismo arrollándolo todo, cubriendo con mierda cualquier libertad individual. Y lo próximo, será implantar el chip a cada niño que nazca y a cada viejo antes de morir. Que nadie se piense que esto quedará así, tienen aún mucha gente a quien asesinar y someter. No hay teoría de la conspiración porque no es teoría. No para personas con un nivel intelectual medio y con cierta y natural independencia del rebaño y de ideologías fascistas, sean comunistas o nacionalsocialistas que pretenden acabar con cualquier tipo de libertad que los borregos pudieran tener dentro de su cercado. Los excrementos que durante siglos han corrido bajo las calles de las ciudades, han sido el caldo de cultivo de esta nueva ola fascista que se ha alimentado de esa mierda para instaurar sus dictaduras, nunca mejor dicho, infecciosas.
Siempre me ha intrigado esa manía, ese deseo desaforado de la especie humana por cantar y bailar. No creo que haya arte en estas cosas, salvo para algunos y raros genios de tales aficiones. Quiero decir que de modo general se puede decir que cantar y bailar no es una disciplina humanística. Es simplemente instinto. Un largo, aburrido y alcohólico ritual de apareamiento. Salvo en los cantantes y bailarines que cobran una pasta por sus espectáculos, no he visto a nadie que no estuviera borracho cantando y bailando. Yo no tengo paciencia para tantos preámbulos, me gusta más follar con naturalidad, sin histerias, prejuicios, sobrio y con esposas. Cuando una tipa le hace un perreo a su macho bailongo, a mi acertada y verdadera forma de ver, pierde un tiempo precioso que podría emplear en hacerle una buena mamada. Porque tras tanto perreo y bailoteo, las mamadas no son tan intensas: las chicas están cansadas y a menudo deben dejar el trabajo para tomar aire. Y dan ganas de “Insert coin” en la oreja tres o cuatro veces para que reanude el ritmo. Y conste que me gusta la música, pago cada mes rigurosamente mi espotifai para asegurarme de que no aparecerá ni una sola canción reguetonera en mis listas de reproducción. Me preocupa mucho que por un error pudiera sonar alguna de esas deplorables canciones. Pareciera que por lo aquí expuesto, en las cuestiones del follar pudiera parecer de carácter cerebral, incluso intelectual. Que nadie se fíe, soy muy sucio. Soy más del chapoteo obsceno, jadeo, insulto y esas lógicas blasfemias al correrme que, de la danza y la musicalidad. Y no me puedo quejar, afortunadamente hasta la fecha, no he tenido que hacer el ridículo durante horas para follar o hacer madre a una maciza (carita sonriente ruborizada).
Si los zombis (los de las películas, no los reales que votan por simple vicio a cualquier imbécil) existieran, celebrarían su día orgulloso. Y en cada película y serie televisiva, al igual que pasa con los maricas, tortilleras, feminazis y transformers; aparecería uno muy gracioso e ingenioso que haría las delicias de los tolerantes idiotas de las redes sociales. Y por supuesto, comerían sesos de tofu, nada animal, claro.
Pareciera que la luna tiene sus días buenos y malos. Un día aparece serena, flotando suavemente, iluminando las cosas inanimadas fría y tétricamente. Y otro día parece desgarrarse en una lucha contra las nubes que la quieren asesinar en un desgarro tormentoso por pura maldad. Y ahí abajo, invisible para el universo, un poca cosa como yo observa con un cigarro y cierto cinismo la gloria y el drama nocturno. La luna no puede explicarme nada que no sepa yo. Ni las nubes. Ni siquiera el universo. Ni siquiera dios.