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Y ahora que a la chusma le han privado de sus amadas e incruentas manifestaciones socio-festivas semanales, les han quitado las fallas, se van a cancelar partidos de fútbol y viajes ¿Qué harán?
¿Qué pasará con las grandes manadas estabuladas que trashuman en masa hacia la playa los fines de semana?
¿Se sumará al coronavirus una gran y liberadora epidemia de depresiones y sus necesarios suicidios? Si es así ¿cuándo?
Esta impaciencia mía es un sinvivir.
El coronavirus debería llamarse “La peste de las redes sociales (PRESO)”, porque aunque no se propaga por internet, tiene la misma velocidad de contagio que la imbecilidad, la ignorancia y la mentira en las redes sociales (incluidas las grandes congregaciones de ganado en eventos culturales, políticos o sociales de mierda).
Es precioso cuando todo cuadra.

Y es que si me están tocando los cojones (irritándolos) a todas putas horas con el coronavirus, yo también tengo lo mío que denigrar. Y además con donaire, verbigracia, gracejo e ingenio.

Gracias al coronavirus, las grandes manadas humanas de manifestantes que estaban fuera control, ahora miran con ojos aterrados a sus pastores pidiendo salvación.
Esas ratas cobardes que se han apresurado a acaparar grandes cantidades de comida en los supermercados…
Gracias también a las redes sociales y la inmediatez de la potente información carroñera, podemos admirar en todo su esplendor, y en streaming, la mezquina cobardía humana acaparadora.
Es tan fascinante ver a todos esos avariciosos cobardes roedores de dos patas, como ver las tan cacareadas y raras lunas de sangre; esas que dicen que se forman cada mucho tiempo, y sin embargo en las noticias aparece alguna cada dos meses.

Sigo pensando que esto del coronavirus es muy oportuno. Al poder y a los supermillonarios les ha proporcionado la excusa ideal para declarar otra crisis económica y robarle el dinero a los trabajadores y así, acaparar más poder y riqueza con el beneplácito del silencio de los corderos temerosos del carajovirus.

Y no deja de tener cierta apariencia de oráculo aciago, al estar próximas las fiestas religiosas de la semana santa.

En las fallas de Valencia arderán como en la edad media montañas de cadáveres. Soy único imaginando películas distópicas.

Afortunadamente los solitarios están razonablemente a salvo de las epidemias globales.

Tal vez el coronavirus sea también una buena herramienta de la naturaleza, para que los valientes solitarios dejen su mensaje genético con más fuerza.

El coronavirus tiene un remedio eficaz al igual que todas las enfermedades contagiosas: mantener una distancia digna e higiénica de otros seres humanos. La soledad, además de hermosa, es profiláctica.

Si sometes el camino a un análisis bajo visión infrarroja, observarás las huellas ensangrentadas a lo largo de los tiempos. Y no será entonces, el bosque lo que no te deje ver el camino.
Será el camino el que difumine el bosque y la vida.
Porque la muerte es fascinante en su terror y su conclusión. En su quietud.
Ya no apartarás la mirada de las huellas de los muertos y de los que aún sangran. De tus pasos de muerte, los más recientes y brillantes si miras atrás.
Hubiera sido mejor que los árboles hubieran mantenido oculta la via morta ¿verdad, carajo?
Pinche camino…
Que los árboles oculten el camino y la certera muerte.
Nos dejaron caminos anegados de sangre, es la única enseñanza bajo la luz enferma de lo infrarrojo. Del inframundo…
Es la única sabiduría bajo cualquier luz.
Vivir es un continuo sacrificio que alimenta el bosque.
Todos los caminos conducen al mismo lugar; y no es la puta Roma.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No vale la pena un gran esfuerzo y su dolor para conseguir algo.
Cuando has pasado por toda clase de penurias, acabas cuestionando si de verdad ha valido la pena “eso” para tanto sacrificio.
Y ocurre con todas las cosas orgánicas e inorgánicas por las que se lucha.
Los dolores y los sacrificios prolongados convierten en frustración lo que se ansiaba.
Es la ley de la decepción y el tiempo perdido.
Y yo soy el Verbo.

¿Soy inadecuado? Y si lo soy ¿para quién?
Inadecuados son gran parte de los que me rodean, una mayoría aplastante. No pasa nada si los inadecuados me consideran así. Bien al contrario, me place. Es bueno ser molesto para otros, pagar con la misma moneda, y con mayor cantidad a ser posible.
Donde las dan las toman ¿no?
Nunca es suficiente el resarcimiento que obtengo por ser inadecuado. Pido la pena máxima y una fuerte indemnización por tener que estar rodeado de la mediocre estulticia.
Ha sido siempre así: enfermando, doliendo, peleando, despreciando, engañando, driblando, follando sin alegría, respirando con hastío, escribir con saña escarificando el papel…
La crueldad es defensa, no es siempre ataque. Es justificable.
Que haya crueles que deben morir, lo saben hasta las ratas. Yo no soy uno de ellos.
Todo son matices de mierda. Matices que me dan dolor de cabeza y estropean juicios rápidos. Matar es puro, no hay medios tonos en la consecuencia de asesinar en defensa propia de la dignidad. Es legal.
Respecto al mal follar con esas putas que se creen diosas del sexo… Mejor masturbarse. Ya sabes, si quieres un trabajo bien hecho…
Esto no puede tener un buen final, aunque tampoco necesito buenos finales. Me conformo conque morir no sea doloroso, estoy harto del dolor.
Tal vez por eso lo de la masturbación y las putas…
Soy asombrosamente consecuente y lógico. ¿De dónde habré salido? Mi padre no era tan inteligente ni tan inadecuado. Murió sin conocerme, tal vez fuera mejor así.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Han pasado muchos años desde la última vez que vi Apocalypto, y durante ese tiempo he maldecido que en ninguna cadena de televisión fuera emitida alguna vez, o que en ninguna plataforma de películas y series, estuviera catalogada.
La sociedad ha virado hacia la censura y la castración intelectual de padres, madres e hijos; promoviendo incruentas y festivas manifestaciones pacíficas, donde las reses humanas se apiñan unas contra otras como las vacas en los pasos estrechos entre montañas, convirtiéndose toda esa chusma en un rebaño de igual características que el vacuno ya mentado.
Se han desterrado de emisoras y plataformas multimedia de pago, las series de televisión y las películas más violentas (las que son auténticamente para adultos formados, sin concesiones).
Puta época de mierda ésta…
Y mira por donde, Amazon Video la ha incluido en su catálogo con dos cojones o con dos ovarios para ser inclusivo de mierda.
Es una película de acción ultraviolenta; la violencia más brutal y primitiva. Fastuosa en sus adultas agresiones sin espacio para un acto de piedad.
Por supuesto, es ficticia; no está basada ni por asomo en hechos reales; aunque transcurra en plena decadencia y ocaso de la cultura maya. Es una aventura lógica y natural que parte de un certero entendimiento de la historia de la especie humana. El mensaje desmitificador de Mel Gibson es claro y contundente: no existe ni ha existido una sola civilización en la que sus jefes políticos o religiosos, no hayan asesinado, robado, esclavizado y masacrado a la gente que gobiernan. Y entre las reses gobernadas, la forma de vida se basa en robos, pereza, acusaciones, asesinatos, etc… Es decir todo aquello que promueve la envidia y el miedo al esfuerzo del trabajo.
No importa si las razas humanas viven, como dice la patética expresión: en comunión con la naturaleza. Son todos unos hijos de la gran puta a grandes rasgos.
Mel Gibson dice: toda civilización es igual de violenta, envidiosa y corrupta por sus mandatarios y su populacho, la máxima de que todo pueblo tiene el gobierno que se merece, es infalible. Si unos pocos conquistadores pudieron dominar toda una civilización se debía a que esa gente estaba más preocupada en matar y esclavizar a sus vecinos que en luchar contra los invasores.
Apocalypto jodió a muchos, porque no idealizó la cultura maya. La mostró decadente, depravada y apestosa. Mel Gibson ni siquiera intentó idealizar a Jesucristo, es un genio contando apasionantes medias mentiras.
La peli dice que si quieres libertad, has de matar al que te esclaviza. Es la esencia humana, matar lo que te quiere esclavizar o denigrar. También demuestra que los sacrificios cruentos, son la forma más efectiva de mantener a la chusma atemorizada y mansa.
Los que no tienen valor, mueren esclavos gritando en manifestaciones festivas los lemas que les han obligado a memorizar.
Por no hacer caso a esta esencia, es por lo que la sociedad ha llegado a este grado de decadencia, cobardía, servilismo, inmadurez e ignorancia.
Todas las razas humanas son malas, venenosas para si mismas y otras especies, en cualquier región del planeta que habiten.
El pacifismo, al final, es la dominación doctrinal de las masas, que persigue un abaratamiento en los gastos de control.
Y no hay mejor forma de engañar y adoctrinar a la chusma para que se conviertan en cabestros que, censurar cualquier obra artística, literaria o cinematográfica que ponga de manifiesto la idiosincrasia violenta (una buena y necesaria característica para la supervivencia y evolución), repugnante, envidiosa y cobarde de la especie humana.
La envidia y la avaricia son los motores que crean y hunden civilizaciones; y solo el individuo alejado de la masa, puede ser creativo, noble y valiente.
No sé si Amazon es consciente de su alto grado de libertad y su burla al sistema al haber incluido Apocalypto en su colección cinematográfica; pero ahí va mi admiración hacia ese acto de rebeldía contra la asfixiante e hipócrita censura global que infecta todas las artes, políticas y economías.
El mensaje de Mel Gibson es de una contundencia que avergüenza a los actuales buenistas y su preocupación por el adoctrinamiento y castración globales de sus esclavos o productores.
Mi admiración a Mel Gibson y Amazon en estos momentos en los que la hipocresía y la censura son tan asfixiantes como lo eran los regímenes fascistas y comunistas del siglo pasado, desde la gestación de la Segunda Guerra Mundial a la posguerra que se extendió hasta bien entrados los 80.

Iconoclasta

Si intentas entender el espíritu insectil de las masas, no le des demasiadas vueltas.
La chusma ha demostrado definitivamente que no tiene la más mínima noción de cosas como: criterio propio, ingenio, creatividad, dignidad y mucho menos justicia.
Lo lógico es que reciban el trato que se merecen: un tuit que los entretiene y lo comparten un millón de veces en el termitero donde habitan.
Al patriotismo y la religión, que son los pilares básicos para conducir un rebaño de borregos por el camino deseado, ahora se suma la violencia de género indiscriminada y de prensa amarilla, el clima, la mariconería, el lesbianismo, el travestismo y el transexualismo para tenerlos entretenidos mientras les das de comer cucharadas de mierda que tragan relamiéndose los labios mientras miran sus pantallitas. Todo ello amenizado con cosas como la eutanasia o el coronavirus; según si es invierno o verano.
Por cierto, ahora que son carnavales: ¿para qué cojones quiero ver los espectáculos de los bujarras drags queen, cuando hay una cantidad indecente de tías buenas y deseablebleblebles, meneando con gracia y exotismo sus tetas y culos de mujer tan mujeres?
(Cuanto me alegro de que mis padres, siendo yo pequeñito, no me llevaran a esos carnavales de gallinas con plataformas y tetas de plasticolene. ¡Buf…!)
Lo cual me lleva a concluir que todo aquel que disfruta con los drags, es inequívocamente maricón o bollera. Si no lo es, roza peligrosamente los límites de Anolandia.
El problema para muchos hoy, no es salir del armario. Si no abrirse paso para salir del contenedor de setenta toneladas apilado en el puerto de Elegetebelandia y del que miles de raros allí metidos están deseosos de salir, como los africanos de las pateras ser recogidos en el mar por alguna ong de buen corazón y ansias de protagonismo y dinero.
Y ahora recordad lo que en verdad os digo: los niños de hoy educados en el buenismo, serán los lelos del mañana muy útiles como ceniceros de moto.

Iconoclasta

Muerte en frasco

Publicado: 6 febrero, 2020 en Conclusiones, Humor, Reflexiones

Si la muerte se vendiera, la gente la compraría por simple vicio. Con toda probabilidad, para usarla contra sus más antipáticos seres.
Con esa esperanza la comprarían, pensando que al abrir el frasco y siendo de su propiedad, serían inmunes. De la misma forma que son inmunes al hedor que despiden ellos mismos y con el cual, impregnan el aire que he de respirar.
No me gusta la caridad; pero con gusto le regalaría muerte a todo aquel que no tuviera dinero para comprarla.
Hasta arruinarme.
Serían pocos desgraciadamente; pero siempre es seguro invertir en muerte.