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Entrevista realizada por JUAN CARLOS VÁSQUEZ.

 

Revista Almiar.

 

Y yo nací ayer… ¿Tolerancia y basura patriótica? No jodas…
¿No es divertido que los actuales enamorados de sus patrias, se sientan los mejores seres y más privilegiados por ser de una determinada nacionalidad y además vayan con el cuento de la tolerancia, cuando en sus fueros internos piensan que todo lo que no es de su sociedad es basura?
“Yo respeto todas las culturas”, dicen creyéndose su propia mierda.
Porque ellos son mejores que nadie. Lo proclaman a cada momento que pueden y luego se meten un jaco o inyección de tolerancia hacia homos, travelos o inmigrantes.
Porque eso es auténticamente lo que se lee cada día en los diarios y en las redes sociales, la caricatura aumentada de la analfabeta e hipócrita sociedad.
La historia se repite sin que varíen las interpretaciones, los actores viven y mueren; pero todos dicen absolutamente lo mismo.
Por eso, tras tres mil años de civilización moralista, follar es feo decirlo; pero no hacerlo.
Es lo mismo que un puto borracho esté mejor considerado que un fumador.
Mierda para los patriotas putos.

Este asunto tan de moda sobre la futura y actual inviabilidad del sistema de pensiones, es la mentira más falaz, repugnante y obvia de cuantas circulan por parte de los poderes políticos y económicos.
No existe tal problema con ellas, es una cortina de humo tan facilona que insulta la inteligencia de cualquiera que sepa contar cuatro números seguidos.
El gran problema de la sociedad occidental reside en la multimillonaria nómina que pagan los países en funcionarios y cargos políticos.
Diputados que cobran; pero no están, eurodiputados (diputados duplicados), representantes de la ONU, inspectores de los inspectores de los inspectores, maestros que sustituyen al sustituto del maestro, policías y militares por triplicado de brazos cruzados, jueces decorativos inoperantes… La nómina es trillonaria.
Esa nómina de trabajos inservibles y regalos políticos, es la que pone en peligro y destruye las pensiones y las ventajas sociales que los países deberían dar a sus ciudadanos.
Ocurre que las pensiones es el asunto más fácil de atacar, puesto que el trabajador carece de apoyo o protección alguna ante el abuso del poder económico, político y legislativo.
Y bueno, todos esos cargos regalados, diputados triplicados y representantes que no representan nada (incluye la nómina miles de traductores y administradores), llegarán a ser jubilados y cobrar su pensión.
Lo bueno, es que el trabajador, al ser chusma, muy listo no es. Y nadie habla del asunto de las nóminas regalo y privilegio de trabajos inservibles que sí constituyen un gasto superlativo en todo país.
El problema de las pensiones no reside en ellas, reside en el funcionariado.
Así de sencillo, sin concienzudos análisis económicos de mierda.

Hay que ser prácticos y evitar sentimentalismos anales.
Si los humanos pudieran comprarse y venderse (no necesariamente para ser esclavos), la especie humana mejoraría y las malas madres y padres no causarían tanto daño a sus hijos.
Hay que empezar a invertir en buenos ejemplares de crías humanas y sus reproductores.
Porque dejando de lado moralismos falaces e hipócritas (como lo son todos desde que el hombre tuvo la infeliz idea de votar en una piojosa urna buena para nada, que instaló alguna hija de puta- en inclusivo-): ¿Por qué no comprar y vender seres humanos en lugar de torturarlos, esclavizarlos, violarlos, aplastarlos, machacarlos, quemarlos, matarlos, arrancarles las uñas o educarlos para ganado llorón, víctima hasta el martirio, pacífico, manso y de buen talante obediente?
El comercio es mucho más humanitario que cualquier gobierno que haya existido, exista o existirá.
Porque si quieres vender hay que cuidar el producto (los productos de bazares chinos no encajan con esta filosofía, es una rara excepción que triunfa dada la pobreza del trabajador).
¿Para cuándo un adolescente sin granos, de buena genética y con un cerebro medianamente operativo por dos mil novecientos noventa y nueve euros en cuarenta y ocho meses sin intereses? O un rollizo y simpático bebé de tres años para usarlo en videos de juegos tiernos entre animales y niños, de esos que a la chusma se le cae una baba espesa mirándolos. Los bebés tal vez sean más caros; pero triunfar en yutup, aunque sea efímeramente, bien lo vale.
Incluso habría una sección de saldos: padres y madres que han matado a sus crías a palos, o bien los han cebado con droga y veneno hasta tornarlos azules o violetas. Se podrían vender a precio de leña para usarlos en las hogueras de San Juan en las verbenas familiares. La leña grita ardiendo y junto a los sonidos de los petardos se crea así una noche mágica. Es una cuestión de saber vender, hasta la mierda se vende. Precioso…
Qué emoción, estoy hasta nervioso.

 
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Eso de no fumar en el coche…
¿De verdad se puede pensar alguien que en mi casa y mi coche no haré lo que me salga de la polla?
Idiotas, chapuceros Gran Hermanos de mierda…
Patéticos dictadorcillos.

Diplomáticos y políticos de exteriores son los actuales sacerdotes de la secta farisea.
No entiendo (sí que lo entiendo: dinero por un trabajo que no es tal, solo un divertimento banal para ambiciosos hijos de ricos) porque tanta algarabía de retórica sentimentaloide por Idlib, ciudad de Siria atiborrada de yihaidistas.
Es bueno que mueran los malos, los yihaidistas.
Muy bueno.
Tal vez, a las familias de esos arribistas ambiciosos de falso talante progre y tolerante, respetuosos hacia toda vida por cerda que sea; las debería atropellar un subnormal conduciendo un camión o camioneta gritando que el puto Alá es grande.
Cosa que les encantaría, porque les daría un empujón a su carrera política otorgándoles un halo de santidad que explotarían pidiendo paz en nombre de sus hijos muertos.
Qué puta mierda…
Hay que leer La Torá y observar la estricta y correcta ejecución de la ley del Talión. Es la única que puede reparar los daños que se han hecho y declarar a los vencidos muertos y a los triunfadores trabajando de una puta vez. Sin más discusiones inacabables que dan dolor de cabeza y aburren a las ovejas que balan desesperadas porque no pueden apagar la puta televisión.
Confío en los judíos y su sincera capacidad de odio y venganza.
Eso es talante y lo demás es mierda.
La política eterniza las guerras, y también el afán de ser el más bueno y piojoso tolerante en las redes sociales y medios de comunicación.
Parafraseando a Jesucristo con aquello de “Dejad que los niños se acerquen a mí”: Dejad que yihaidistas y otros musulmanes se maten entre sí.
Porque lo malo es bueno que muera.
Y lo que es más importante: en mi casa hago lo que me sale de la polla, independientemente de a quien le guste o no. Es justamente lo que están diciendo mientras matan tan ricamente.
Como siempre, no es mi problema; pero si todos dicen sus imbecilidades, yo también puede decir mis absolutas e inquebrantables verdades.
Y además, no cobro ni un cochino céntimo.
Me deberían felar largo y tendido por ello.

En Telegramas de Iconoclasta.

Consiguen ser más vacas que las vacas, más rebaño, más mansas, más manejables, más predecibles, más sacrificadas y sacrificables; para luego comer mierda en cuchara de palo sin lijar. No hay ninguna razón o indicio a lo largo de la historia y de mis conocimientos de que no sea así.
Veo dentro de los rebaños de vacas de cuatro patas, reses solitarias que precisan distanciarse de las otras.
Millones de vacas de dos patas gritan enfervorecidas con puños en alto exactamente las mismas palabras. Todas las reses al mismo tiempo.
Los votantes son una manada sin vacas solitarias.
Es deprimente…
Porque las han asesinado, las vacas bobas iguales les han robado el aire a las pocas solitarias.
Lo gracioso es que gritan libertad al tiempo. No sabrían que hacer con ella si se la concediera su pastor, su amo.
Es la misma escena repetida a lo largo de los años, la misma turba que aupó al poder a Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Milosevic, Pinochet, Gandhi, Trump, Degaulle, Churchill…
Grandes asesinos que firmaron con la alegría festiva de las vacas bobas, la producción de millones de muertes de enemigos y adoradores. De gente con pensamiento libre.
La chusma, las vacas humanas cada treinta o cuarenta años precisan un nuevo pastor, un nuevo amo que les diga qué gritar y pensar. Que su dedo les indique el camino hacia una nueva puerta al matadero.
He visto a las vacas lamentar la muerte de su amo en un llanto cobarde, preguntándose: “¿Qué va a pasar ahora?”
La chusma son como los perros que viven en los tejados de las casas mexicanas: sienten terror a los grandes espacios, no saben que hacer ante tanto territorio.
Esa misma vacada llorona, continuará años adelante, mostrando su añoranza por su amo, reflexionando que con él se vivía mejor. A pesar de que se comía a sus hijos y asesinó a sus padres.
Vuelven las vacas a aupar otro pastor para que las guíe por el recto y claro camino del sacrificio; todos los millones de vacas bípedas a una sola voz sincronizada en distintos basureros humanos del planeta.
Está ocurriendo ahora, siempre ocurre en algún lugar.
Y es cíclico, periódico, inevitable, apestoso, un insulto a la libertad, la inteligencia y la dignidad.
Las vacas de dos patas, con banderas sobre sus lomos y puños en alto, tienen el inconfesable deseo de hacerse mártires ante su amo, por una aberrante consigna y conducir, si así se lo ordenan, con rostro sonriente a sus hijos a un campo de exterminio o entrenamiento. Es lo mismo, ambas cosas son mortales.
Cuanto más grande es el rebaño, más me alejo de la sociedad, más inhumano me torno. Más odio a las reses bípedas, más me ofenden. Más aborrezco su proximidad maloliente.
Lo que tiene más votos y más reses prevalece. La voluntad de las vacas es lo peor que pueda suceder.
Lo que elige la chusma es el error y la estupidez.
Es historia en estado puro. Lo dice mi experiencia y mi conocimiento, del que no puedo evadirme.
Me sobrevienen arcadas al imaginar que un día las coloridas vacas se me acerquen o me rodeen y deba pasar segundos entre ellas, como si fuera de su rebaño, como si me hubieran absorbido como la compresa a la sangre de la menstruación.
Es inconcebible mi pensamiento como vaca, es un insulto a mi dignidad, a mi inteligencia, a mi espíritu predador, vanidoso y egoísta.
Porque no soy un santo de mierda, no soy vaca bondadosa y obediente.
Donde hay millones de seres humanos gritando por la libertad, hay un tirano que les ofrece sus genitales para que lo acaricien como santo protector de sus vidas.
Lo que la gran mayoría exige o vota, es muerte, esclavitud, ignorancia y decadencia.
Millones de bocas no solo están equivocadas, si no que ni ellas mismas entienden lo que sus bocas mierdosas pronuncian.
No puedo abrir libros de historia o periódicos y ver a todas esa gente alzando los brazos hacia un iluminado o sacerdote para convertirlo en su único pastor y dios. No puedo abrirlos sin vomitar.
Es una pesadilla que se repite en el tiempo. Se repite solo a ojos de quien sabe leer y comprender, quien tiene cierta memoria histórica hacia la mediocridad, el engaño y la esclavitud de la ignorancia. Y por lo tanto ha aprendido a conocer a la papilla cerebral humana. E identifica sus movimientos de rebaño colectivo como lo peor para la libertad: encumbrar en el reinado de sus patéticas vidas a un rey zángano paria de su colmena.
A los becerros humanos les han enseñado de muy pequeñitos a ignorar su espacio vital de seguridad, condicionando su comportamiento por medio de festivales musicales y eventos culturales o lúdicos que los obliga a rozarse entre ellos. Hasta tal punto, que ya no distinguen su propia piel de las otras vacas que se rozan con ella. En dichos actos públicos, los que están más alejados no ven u oyen al cantante o protagonistas, solo perciben las vibraciones de la colonia y se sintonizan por efluvios químicos.
Una vez han sido condicionados a perder su intimidad, valentía y libertad, se convertirán en unos fervientes seguidores de toda manifestación, sea del signo que sea, que agrupe a muchas vacas de dos patas. Hasta que mueran de una forma u otra.
Las vacas de dos patas están castradas intelectualmente.
Los han habituado a vivir todo el tiempo cagando y paciendo unos al lado de los otros. Esnifando sus propios hedores orgánicos y robarse la respiración entre todos, bien apiñados en espacios abiertos, que convierten en prisiones.
Han dejado de ser libres desde muy pequeños, porque son hijos de esclavos. Y así, cuando crecen, sacrifican el tiempo libre de sus trabajos en encumbrar a idiotas con suerte o vendedores de mierda envuelta en paquetitos preciosos, como regalos.
Siento suciedad en mi piel cuando imagino que yo hubiera podido acabar como ellos: rozándome como una vaca sucia y mugiendo la misma consigna.
Es imposible que ocurra, soy único; pero me gustan las novelas y cuentos de terror.
Espero alcanzar a ver como su nuevo amo los convierte en abono para alimentar los prados; y que alguna meditabunda vaca solitaria, se alimente de ellos.
Hay que nacer servil, crédulo y con el cerebro podrido para dedicar el poco tiempo libre que deja la esclavitud y la prostitución, a aupar a un nuevo mesías, asesino o tirano.
Los libros están llenos de fotos de vacas desfilando con banderas y puños en alto, con alegría idiota en sus rostros al estar cerca de su amo. Quemando a otras vacas que no son de su color.
Otra vez…
Ha comenzado a repetirse de nuevo, estoy casi dentro de ello.
Y es fascinante ver la mierda reptar y moverse, es fascinante en su repulsión.
Como observar el pus rezumar al reventar un grano.
Otra vez…
En el fondo me gusta, toda esa vacada que muge lo mismo me hace más único, especial, libre… Me aleja de esta mierda de lugar en el que tuvieron a mal mis padres, concebirme y parirme.
Es algo que no puedo evitar reprocharles.
No puedo asimilar el amor a la “tierra”, porque las tierras son muy pequeñas para mi gran capacidad de libertad. Al contrario que a las vacas coloridas de lomos abanderados y puños en alto, mi conciencia se expande ilimitadamente y el planeta se convierte en una pequeña plaza de barrio abarrotada. Así de triste…
Tal vez soy hijo de serpientes, por eso odio a las vacas de dos patas. Por ello siento un asco infinito e inabarcable hacia las grandes concentraciones humanas. Carezco de empatía hacia ellos, los que gritan y ocupan grandes espacios haciéndolos angostos.
Miles de flamencos cagando sobre una pata en un lago africano…
Solo que son vacas cagando sin elegancia en asfalto y vertederos de basura.
En las sucias y opresivas ciudades granja.
Es imposible desarrollar una mínima simpatía por esa vacada gigantesca que grita libertad con un aro de acero apretándoles el cráneo y el cerebro si lo tuvieran.
Pobres…
Los electrocutarán y luego desangrarán en serie, como ha sido y será siempre.
No existen épocas sin vacas bobas y simplonas.
No existen épocas sin uno o varios pastores hijoputas.
De alguna forma, la masa humana precisa de algún mecanismo de autocontrol.
Un control de plagas temporizado.
Está ocurriendo, no ha dejado de ocurrir.
Otra vez.
Es igual que una película que emiten cada dos meses en la tele, solo que no tiene arte, no tiene gusto y su decorado es bostezante y sórdido en su mediocridad.
He visto una vaca mugir sola en el bosque, lejos de las otras.
Le sonrío, me gusta mi amiga preciosa.
Lo han conseguido, lo juro: son más vacas que las vacas.
Ya tocaba de nuevo.
Viví la muerte de un cabrón y estoy viviendo el nacimiento de veinte cerdos como el que murió, de millones de vacas como las que también murieron imponiendo su ignorancia y su necesidad de esclavitud.
La desproporción es desesperante, muere uno y nacen veinte, con sus millones de vacas con el rabo lleno de mierda.
Fascinante.
Que los jodan a todos y todas.
No hay drama alguno en las muertes de las vacas que son más que las vacas, porque renacen.
Puedes observar fotografías de setenta u ochenta años atrás y verás los mismos rostros e idénticas miradas bovinas que las de hoy.
Las vacas que son más que la vacas, al igual que el judío errante, están condenadas (aunque ellas no lo sepan) a lamer siempre los sucios pies de su amo.
No existe otra forma posible de vivir, las vacas que son más que las vacas dictan quien es su próximo amo. La vacas buscan el electrodo en la cabeza y el cuchillo en la garganta.
Cualquier otro concepto de sociedad, es imposible dado el carácter colonial e insectil de las reses coloridas y chillonas.
Estoy abandonado en este planeta-vertedero.
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Iconoclasta

 

Es la eterna disputa: el idiota ¿nace o se hace?
Para mí no hay discusión: el idiota nace porque en sí mismo, cualquier espécimen (salvo algunos extraños individuos) es idiota por definición; es la cualidad más notoria de la especie humana en cualquiera de sus variadas razas o subespecies.
Otra cuestión que se podría discutir sería si el humano puede alcanzar mayor nivel de imbecilidad con el tiempo o la desarrolla toda en sus primeros años de infancia y se mantiene plana a lo largo de su vida como el electrocardiograma de un cadáver o el encefalograma de alguno de tantos cerebros que, gritan acalorados un gol o se les mueven las orejas al ritmo de un reguetón vulgar.
Yo digo que tienen una infinita capacidad para ser más idiotas cada día, que son buenos en lo suyo, muy buenos.
Se llegan a hacer tan idiotas que no saben distinguir entre las ganas de cagar o mear. Sencillamente, se confunden de orificio gracias a su capacidad de ser idiotas a “full time”.

Hay un imbécil con manos chapadas en oro puro que pide sacrificio a los pobres, a los idiotas, a los crédulos, a los ingenuos, a los ignorantes, a los esclavos, a los que sonríen a todo sin ser necesario y a los que acarician con elaborada ternura repugnantes gusanos vomitivos, en nombre de la tolerancia y la bondad intrínseca del ser humano. Su espiritualidad de mierda es tan solo una pose astuta para recrear un sentimiento de ingenuidad y santidad en la conciencia insectil humana.
El sacrificio es la maldición que a lo largo de la historia hace crónica la miseria y la esclavitud. El sacrifico enriquece y hace las tierras más valiosas a los grandes amos de posesiones inmuebles, de grandes extensiones, de montañas y prados plagadas de putas alambradas que instalan con codicia esos ambiciosos puercos y pervertidos.
Para que sus posesiones sean más valiosas, se han de abonar con muerte y pobreza.
El cuento del sacrificio lo escuché en una clase de catecismo impuesto por aquella cultura dictadora y asesina. Pretendía que sacrificara mi vida o lo que contenía, para honrar a un puto dios y sus sacerdotes o a un viejo militar asesino y maricón con gafas de sol que, no podía hablar sin cagarse encima.
Cuando escuché el cuento de Dios ordenando a Abraham que sacrificara a su hijo, lo entendí todo. Y pensé: una puta mierda.
A los diez años entendí la basura que me querían meter en la cabeza una gente mucho menos inteligente que yo. Identifiqué el gesto envidioso de mi profesor, cuando mis compañeros de clase escuchaban con interés y risas mi redacción sobre los perros.
No me hizo falta follar para hacerme hombre perdiendo la inocencia en un coño. Aquellos dos momentos de comprensión en la escuela prisión me provocaron una náusea, y devolví el vómito que me subió a la boca, al estómago de nuevo. Así que a los doce años me fumé mi primer cigarro y no dejé de hacerlo; porque para tragar mierda, elijo yo.
Cuando oigo “sacrificio” siento aquella náusea infantil de nuevo. Al ver la envidia en ojos ajenos, busco una navaja para pincharlos.
No ha cambiado nada de la humana miseria en los cuarenta y pico de años que han pasado desde mi inicio a la madurez intelectual, solo el decorado.
Siguen apareciendo hijos de puta predicando sacrificios, mesura, paciencia y obedecer sus designios repugnantes. Sus ojos porcinos ansiando la inteligencia que no tienen y las palabras que no saben colocar. Les viene grande el lenguaje y la cultura.
A la chusma se la pone dura o se le empapa la entrepierna ante un crucifijo, una virgen, un himno, una bandera o una sonrisa rastrera y carroñera.
Es como vivir un bucle, siempre la misma mierda.
Es cíclico.
Frente a un botón rojo para hacer estallar mil bombas nucleares, mostraré complacido en que consiste mi espíritu de sacrificio.
Si no consiguieron engañar a un niño de diez años, tampoco podrían sobrevivir a mi torva mirada y mi puño pulsando con un golpe, toda la muerte posible.
No quiero un mundo mejor, quiero morir en un mundo sin ellos. Sin iluminados, mesías y generales con gafas de sol color mierda.
Quiero ver sangrar las uñas de las manos que se entrecruzan encima de los genitales ante discursos repugnantes que insultan mi inteligencia. Esas manos que pretenden demostrar la más repugnante bondad mentirosa, el más sucio paternalismo.
Quiero una última cena en una mesa llena de armas humeantes con un cristo arrodillado ante mí y apóstoles sangrando.
El único sacrificio que podría satisfacerme tras estos años de vida, es el de millones de idiotas deshaciéndose en las calles y esos miles de iluminados, derramando los intestinos sobre sus pies.
Cualquier otra consideración de espiritualidad y sacrificio de un futuro mejor, es pura cháchara sin gracia e ingenio.
Alguien debería detener toda esta cíclica e iterativa mediocridad.
Una extinción sería deseable.
También me gusta follar con una o tres mujeres voluptuosas y golosas como yo; pero ya es otro tipo de retórica más amable y familiar.

 

 

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Iconoclasta