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Mensajería independentista catalana

¿De verdad que los medios de comunicación, políticos, politólogos y ciudadanos se creen y asumen el montaje sectario independentista catalán de los dichosos mensajes captados con una cámara de TV, como reales?
¿De verdad nadie es capaz de ver el teatro de la secta independentista catalana?
¿De verdad cree algún ingenuo que un fugitivo experto como cualquiera en el uso del teléfono va a exponer su pantalla con total claridad y durante el tiempo suficiente a las decenas de cámaras de periodistas que tiene a sus espaldas?
¿De verdad nadie piensa que cuando una secta no puede sobrevivir en un medio legal y democrático, llama al sentimiento de sus fanáticos con mensajes de sacrifico y martirio sufrido?
Si los mensajes que publicaron los medios de comunicación dijeran: “Deberían sacrificar a sus hijos para que Europa se dé cuenta del acoso al que nos vemos sometidos”, desde ayer habría una nueva ronda del famoso Día de los Inocentes del Nuevo Testamento.
Y los fanáticos de la secta, con gusto hubieran metido a sus hijos en una picadora de carne.
En definitiva, si Charles Manson hubiera cometido sus asesinatos llevando un teléfono multimedia, hoy día sería preso político a ojos de la chusma.
¿De verdad la ingenuidad y la decadencia de la población puede digerir tantas pastillas de mentiras con sabor a mierda y pensar que come chocolate?
Es tan obvio de una forma tan burda…
Claro, que cuando de fanatismos o sectarismos se trata, la sutilidad no es necesaria.
La violencia… Esa sí que deja las cosas en su sitio de una vez por todas y limpia la humanidad de cosas que no deben reproducirse.
Me refiero a un oportuno terremoto o cataclismo a falta de suficientes balas.

El puritanismo

No me parece bien ni mal que hayan anulado la presencia de modelos y azafatas en las carreras de F1. Es una de esas idioteces, como cualquiera de tantas a las que estoy acostumbrado a tener que oír quiera o no.
Como se dice coloquialmente, me suda la polla. No me ponen nervioso las mujeres-publicidad; podrían poner cerdos (de cuatro patas) en el pódium y me reiría con ganas.
Solo me parece puritanismo fariseo. En un tiempo en el que los autorretratos de mujeres usuarias de redes sociales (cuanto más sensual y sexi mejor, aunque no desnudas) se han impuesto y promovido como un medio para captar más visitas y actividad, el asunto de prohibir modelos y azafatas es de una espantosa hipocresía.
Tal vez, lo que quieren es monopolizar la exhibición de mujeres hermosas hacia canales de pago. Nada más.
Las mujeres guapas no solo despiertan “deseos impuros”, lo peor es la envidia.
Las grandes firmas de moda pronto tendrán que usar maniquís de madera (sin pechos) en pasarelas móviles para lucir sus creaciones.
En un mundo idiota, solo pueden ocurrir idioteces.
La vanidad forma parte de la genética del ser humano (como la envidia), así que no jodan con estupideces, porque solo están robando la libertad de las mujeres, la de mostrarse como quieren.
Y como si sobrara trabajo, las consecuencias económicas, aportarán su granito de mierda a esta montaña de hipocresía barata y populachera.

Conocimiento e incontinencia

Adquirir conocimiento es desarrollar la decepción.
La decepción es la absoluta uniformidad, lo monótono y predecible.
Lo predecible y monótono es el pensamiento colectivo y común.
Y solo por medio del dolor es posible evadirse de ese pensamiento común que pudre la dignidad.
Si el dolor es ajeno conducirá a una inevitable, deliciosa y perversa satisfacción.
A veces se me escapa el semen sin pretenderlo y sin placer. Una incontinencia obscena.
No es patológica, tan solo una inmoral reacción a la decepción.
Si Dios fuera un tumor, yo sería un bisturí extirpándolo del colectivo pensamiento.
El conocimiento lleva a la decepción y a mi autodestrucción, porque no existen dioses ni bisturís extraordinarios.
Las madres deberían considerar las posibles decepciones antes de parir.
Mi madre pecó de egoísta y frívola al parirme.

Mia Rose

En Telegramas de Iconoclasta.

Un día magnífico peq

Se ha encontrado con ella en la silenciosa intimidad de la madrugada, ha sido un fogonazo de luz en su cueva-casa y en su hosco cerebro encallecido.
Se ha masturbado lánguida y tristemente, porque pareciera que las palabras de amor azotan directamente su pene. Ella es orgánica, pone en guardia todo su músculos y emociones.
Y ha sido magnífico.
Cerebro hosco… Es correcto. ¿Se puede nacer viejo, con el pensamiento ya cansado de más de lo mismo?
¿Es legal semejante mierda?
Luego, ha paseado por las montañas y ha visto águilas volando bajo, con sus alas sólidas que apenas se mueven, son salvajemente amenazantes en su silencio letal. Cazaban, acechaban silenciosas en prados y montañas flotando en el aire.
Cuando se elevaban, lanzaban chillidos; tal vez blasfemias, tal vez triunfos. No importa, él lo haría también sin ninguna razón.
Ha pensado que deben tener hambre tras días de hielo y frío.
La garza inmóvil y en pie, se dejaba calentar por los rayos del sol, mientras subían jirones de vapor del prado helado. Siempre se encuentran diariamente en los inviernos.
Y es magnífico.
No ha pensado en el calendario social, en el tráfico o el precio de la mamada de una puta barata.
Se ha dado cuenta de que se ha desgajado absolutamente de la vida urbana. Como si todos aquellos grises años, fueran un lejano mal sueño.
Ha fumado sentado en un banco de maderas retorcidas, sabiendo que, en unas semanas comenzarán a brotar hojas en las ramas desnudas y el polen se acumulará como blanca ceniza peluda en los bordes de los caminos.
Son los únicos eventos que le interesan.
Y no necesita saber nada más de calendarios humanos.
No importa quien sufre, muere, ríe o nace. No siente responsabilidad moral o empatía alguna más que por sí mismo y por los que ama; pocos, poquísimos.
Suficientes.
El daño que ha provocado, sufrido o aún pueda sufrir, no importa tampoco; está donde debía y lo demás quedó en el pasado, inservible, desperdiciada la vida.
Hay un liberador y revanchista arribismo en su pensamiento hostil.
No siente curiosidad ni necesidad de moverse a otro lugar, le basta con intuir cada sonido y movimiento que pueda captar a su alrededor, lejos de todo lo que está fabricado, rueda o ciega el horizonte.
Y cierra los ojos ante la sinfonía del viento y los sonidos de vida.
Uno hace lo que debe en el momento que puede, porque a menos que nazcas millonario de mierda, perderás años de vida encerrado en la humana granja, engañándote con conceptos artificiales de posesión, comodidad y compañía (cuanta más, mejor de los cojones). Evitando concluir que solo eres una cabeza de ganado más.
No todo el mundo está preparado para ser libre, para asumir la belleza de la íntima soledad y sentirse insignificante ante la grandiosidad de la naturaleza.
Hay quien con los años, se condiciona y asume su lugar en la pocilga. Él con los años, se pudría.
Se conmueve que la muerte sea tan aplastante en ese pequeño pájaro caído al pie del árbol. Son bellos los pequeños animales muertos.
Es un hecho: si hay tanta vida, hay tanta muerte.
Pero algunos seres son muy pequeños. Pobrecitos …
La muerte parece cubrir con luz sedosa los cadáveres; cuida el decorado, la hija de la gran puta.
Se le ha enfriado el culo en el asiento frío y húmedo.
Le parece bien, le gusta.
Mea y camina.
No tiene porqué hacer otra cosa.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Sueños y vigilia

De verdad un presidente Puigdemont telemático

O sea, que claman los sectarios por un Puigdemont, un presidente o un funcionario que sin aparecer en su lugar de trabajo cobre su grandiosa nómina y con plena impunidad para saquear las arcas públicas o cometer cualquier tipo de negligencia u omisión de su trabajo. A salvo de cualquier pena legal.
¿Trabajará desde un locutorio belga o desde un hotel de cinco estrellas con una «modelo» flamenca de lujo como “consellera”?
Yo también hubiera querido ser un obrero “telemático”.
Además, soy más guapo, adorno con más clase la pantalla.
Y soy listo como una ardilla.
Margaritas a los cerdos…

 

Caídas

—Y si vas a caer ¿por qué no paras?
—Porque entonces, siempre debería detenerme. Y no quiero, la inmovilidad lo daña todo.
—Puedes morir (podemos).
—Ocurrirá inevitablemente. Es el final, siempre morimos.
—Yo lo decía por tener algo de tranquilidad.
—Muertos estaremos tranquilos, la muerte es quietud. Mientras tanto, caigamos. No tenemos otra cosa que hacer mientras se nos acaba la vida.
—Es lógico, aunque un tanto temerario. La cuestión del dolor es importante.
—No seamos tan cobardes. Caer y levantarse hace el tiempo más rápido y ameno. ¿O quieres morir frustrado?
— ¿En un sillón frente a un televisor? Eso es pudrirse antes de morir.
—Entonces, sigamos cayendo y deja de tocar los cojones.
—Yo solo quería filosofar, tener un pensamiento trascendente.
—Bueno, entre caída y caída, siempre hay tiempo para un orgasmo. Eso sí que es trascender. Deja las chorradas metafísicas para los que no caen, tienen tiempo.
—Sea como sea, jodemos o nos joden.
—C’est la vie!

Ingenuidad y mentira

«El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito. Si aprecias lo que haces, tendrás éxito.»

Albert Schweitzer.

 

Mentira. Pura ingenuidad, pura oratoria de beato para consolar y regalar los oídos y ojos de sus lectores.

Amo lo que hago, pero no tendré éxito jamás. Ni lo considero.

Me basta y me llena con ejercer obscenamente mi vanidad.

¿Éxito? No en este planeta, ni en este tiempo.

No nací ayer.

Y la felicidad es un estado de idiocia, un trastorno como otro cualquiera.

Un tiro de gracia

Lo mejor de las fiestas de bondad navideña es hoy, el último día: reyes.
Heme aquí para clavar el puñal en la nuca de los que sufren. ¡Ja!
El descabello…
La montaña estaba tranquila a la mañana, no hay luces ni gente, es igual que siempre, en todo momento. Los jabalíes y otras bestias cagan en el camino y no se nota que hayan comido cosas raras.
La tarde, ya de noche, ha dejado las calles vacías y las bolas y campanas de luces, cuelgan tristes como los cojones de dios o los de un líder; como un mudo arrebato que llama al final, así se mecen por una perezosa brisa.
El ganado se ha quedado en sus casas, intentando ser felices viendo a sus hijos abrir regalos y jugar con ellos; pero no lo consiguen. Están cansados de derrochar lo que no tienen, les acosa el ridículo de una sensiblería farisea de la que han hecho gala estos días. No encuentran ahora la razón de tanta mierda. Cerebros meramente funcionales que se sobrecargan ante lo que no saben definir; pero intuyen.
Los asientos de los cafés están libres, vacíos; como si fuera yo un superviviente que se siente así de bien. Por un momento me hago la ilusión de que no existen, no están.
Espero que no salgan de sus madrigueras, incubando esa depresión formada de hipocresías y banales excesos que han cometido porque así lo ha establecido alguien por ellos.
No importa, pronto les darán otro momento para que se vean obligados a disfrutar: el carnaval.
Mientras tanto, que se jodan.
Sí, lo sé, la empatía es algo que no considero.
Una carencia que no me molesta, una buena deficiencia.
Asumo mi naturaleza misántropa y despótica.
Me ha tocado ser el malo.
Alguien tenía que serlo.
No sé si reír o reír.