Los franceses no son como los españoles o pobladores de la península ibérica, no les gusta que se les robe su libertad. Esta es la razón de lucir el ejército y no la mierdosa mentira de realizar maniobras militares ante una hipotética guerra contra otro país. El presidente gabacho saca al ejército para avisar a los franceses: “Vosotros, hijos de puta, os vais a meter en vuestra puta casa cuando yo diga. Y llevaréis la puta mascarilla hasta enfermar y debilitaros al nivel que yo diga u os mato a todos, hijos de puta”. Quien quiera entender otro mensaje melifluo o edificante de mierda, o creer la noticia tal como se lee, es que de verdad necesita un dictador para que le enseñe lo que debe pensar y lo que debe decir. Y sobre todo, que le diga cuando debe ir a dormir o meterse en su casa. España y su nuevo y normal caudillo del coronavirus hace lo mismo; pero como es infinitamente más pobre, ha vuelto a sacar los serenos franquistas para perpetuar sus noches oscuras de prisión y la mascarilla para enfermar, debilitar y acobardar a los españoles crédulos, y ante todo mansos añorantes del franquismo, su “seguridad”, su semana santa ortodoxa y su represión analfabeta. Toda la mentira completa de la noticia en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20210330/6616738/fuerzas-armadas-francesas-preparan-guerra-alta-intensidad.html
Se acabó, si no tienes un blog no podrás ejercitar la literatura con las palabras que elijas sin castrar tu obra. Todas las redes sociales, con especial hincapié en tuiter y feisbuc son las guardianas del nuevo fascismo que ha surgido como una infección paralela con el coronavirus (en caso de no haber sido el coronavirus la herramienta para robar cualquier asomo de libertad individual). Toda palabra que consideren malsonante sea en el contexto que sea (no importa si es literatura de ficción, humor o ensayo) será censurada. Las redes sociales se han colocado en primera fila para acabar con cualquier libertad de expresión y juzgan qué palabra les gusta y cual no. Me parece bien, es su puta casa. Yo en mi casa hago lo que me sale de la polla. Así que a la mierda con los “me gusta”. Mientras tenga humor servirán las “suciales” redes para llenar mi espacio con los enlaces de lo que publico en mis blogs; cosa que más pronto que tarde, me aburrirá. Cualquiera con un nivel medio de capacidad lectora sabe que el fascismo se apoya en una ignorancia y una espantosa falta de creatividad e imaginación. El fascista no tiene de esas cosas. Es simplemente un imbécil (sea comunista o capitalista) envidioso que odia el arte o el ingenio que otros pueden tener. A ver si va a resultar ahora, que el cochino Franco era un premio nobel de mierda; cuando su innombrable libro debería estar en los cagaderos de los burdeles para limpiarse el culo con sus hojas en caso de emergencia, como en tiempos franquistas se usaban los listines telefónicos en los bares. Las redes sociales han regulado su nivel de expresión, al nivel de la ignorancia de sus usuarios, promoviendo y acelerando la castración intelectual; tal y como ha ocurrido con el cine, que lo han convertido en un espectáculo siempre para adultos menores de cinco años mentales. Afortunadamente aún quedan Netflix y Amazon Video creando cosas serias para adultos formados. No sé cuánto durará; pero mientras tanto, mis respetos para estas dos compañías. El cine murió antes que la literatura, porque era más visual y enganchaba a mayor número de cabestros. Leer es algo más marginal si pretendes algo bueno. Porque catedrales del mar, pilares de la tierra, crepúsculos, sinsajos, potteres, etc… No es literatura, es adoctrinamiento puro para conducir a los borregos a la ignorancia más elemental. Se trata de manuales de superación tipo: “Consiga ser un perfecto mediocre en 15 días”. Nadie me puede prohibir escribir “maricón”, “puta”, “follar”, “tortillera” o cualquier otra lindeza que se me ocurra. Si existen las palabras, las uso y si no, las invento. El lenguaje es lo más sagrado de la comunicación, cualquier censura sobre el mismo, es el mortífero veneno contra la imaginación, la creatividad y por supuesto, la más esencial libertad: la de expresión. Los arribistas políticos, jueces, policías, militares, editoriales, cadenas televisivas y plataformas sociales en internet, se han erigido en los máximos censores de las palabras. En las dictaduras fascistas o comunistas de siglos pasados se quemaban y prohibían libros. Los nuevos fascismos van directamente a por las palabras. Y la RAE, dando entrada a ridículas nuevas voces y regulando los parámetros ortográficos a la ignorancia imperante, se ha constituido en la gran puta de todos los censores. Que descanse en paz la literatura, el arte y la historia. Ha llegado la extinción de la inteligencia, la intelectualidad y la libertad creadora; pero ante todo, ha desaparecido todo asomo de ética y honestidad. Todo se ha prostituido a la cobardía y al servilismo de un rebaño de tarados mentales en plena fase de muerte por decadencia. La cobardía rige el nivel de expresión y los fascismos del oscurantismo (actual ignorancia) son los que plasman el sello de “Censurado” en cada palabra. Si alguien hoy quisiera escribir y publicar una novela como La Naranja Mecánica o realizar un corto como Un Perro Andaluz (“perro” no se permitiría, ni siquiera en Francia donde se realizó), serían obras censuradas y masacradas por las redes sociales, los ministerios de inCultura, los políticos, las editoriales, los curas, los militares, los policías, los alcaldes y los ignorantes profesores de escuela. En serio, el cine murió hace una década y ya no puedes comprar un solo libro que tenga la categoría mínima para no ofender tu inteligencia.
Y además, están excavando en Jerusalén para encontrar un evangelio apócrifo que hable de la peligrosidad del coronavirus y la obligación de los cabestros a triplicar el número de bozales que llevan el hocico y ofrecer sus futuras pensiones para el bien y gloria del nuevo régimen normal y fascista español del coronavirus. Los caciques autonómicos dan gracias a Dios elevando también sus manos repletas de billetes al cielo gritando ¡Hosanna, Hossana! (estribillo del reguetón fascista español).
¿No es precioso que un conocido actor sea detenido por la Gloriosa Guardia Civil del Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español? Y tan oportuno y edificante como Jesucristo fabricando panes a toda hostia de velocidad para unos cuantos muertos de hambre. Si es que los fascismos no destacan por su ingenio, y mucho menos por su sutilidad e ironía. Y es que los cabestros políticos que están cobrando impunemente más que nadie, no es por una cuestión de valía, es cuestión de suerte. A todos los tontos se les aparece la virgen de la misma forma que al conocido actor se le aparece oportunamente un batallón de guardia civiles ferozmente armados para que pague por su maldad contra el régimen español. Qué puta mierda de cerebros.
Siento vergüenza ajena, incluso se me pone dura por ello. No entiendo como pueden escribir esas mentiras infantiles y luego no suicidarse por una imbecilidad mórbida.
Tras unos años de remodelación, el vertedero que es España y sus taifas, tan afanosamente excavado por Franco, vuelve a operar a pleno rendimiento para Europa y el norte de África. Los cerdos del nuevo y normal fascismo español querían más y ahora ya casi lo han conseguido todo. Es tan triste como repugnante.
¿Hasta cuánto tiempo aguantarán las reses sorbiendo su propio aire pobre y viciado respirando a través del bozal? Aguantarán hasta morir envenenados de si mismos. No hay nada que indique de que el bozal los incomode. Tienen una absoluta, leal y ciega fe de que el bozal les está salvando la vida. Esa fe que les llevará a dejarse marcar el lomo con un hierro al rojo vivo como vacas, para seguir bajo la protección del fascismo o democracia del coronavirus. Otra cosa muy cómica, es cuando una rata corretea por la calle con el bozal bajo la papada y está próxima a cruzarse con otra; con gesto mezquino se colocará el bozal en el hocico haciendo alarde de una cobardía e indignidad que a mí me avergonzaría. Son tiempos difíciles y no por una epidemia de gripe que han creado, si no por la ofensiva faz de la miseria humana que ha dejado al descubierto la gripe. Tal vez, algunos también usen el bozal para ocultar su mísera cobardía. Pasear hoy día por las calles del fascismo y su enfermedad, es igual que caminar bajo una lluvia de excrementos. Es de libro de jardín de infancia: la cobardía de un dirigente político baja hacia las capas sociales aumentando exponencialmente; y así se encuentra que la clase votante u obrera (la más baja de las clases o castas sociales), es veinte veces más cobarde que su presidente o caudillo. Si a ello le sumamos un analfabetismo intelectual y una decadente indolencia, nos encontramos ante el perfecto e inagotable alimento para grandes felinos, orcas y tiburones y otros depredadores que sí se merecen seguir viviendo en el planeta.
Como si no fuera bastante con soportar al fascismo y sus cobardes, se aproxima el cambio de horario a verano, para que las gallinas tengan más horas de luz para poner más huevos. Porque la cuestión del ahorro, es la mentira más vieja desde que se empezó a medir la historia por antes y después de Cristo, oficializando que el cuento era real. Da risa; pero todo lo relacionado con el fascismo del coronavirus en España, deja sabor a mierda en la boca por mucha mascarilla que uno lleve. La puta hora de adelanto y la de atraso, pueden metérselas ya por sus culos de sodomitas. Hay días que no ganas para disgustos.
Algo así como esas que los amos les pegaban a sus esclavos negros.
Así se debe tratar a los delatores, sobre todo si son afectos al nuevo y normal fascismo español.
Sangre con sangre se paga.
Por lo demás, la noticia tiene todas las probabilidades de ser una mentira pagada por el fascismo español, para ejemplificar conductas y toda esa mierda que tanto les gusta adoctrinar como parábolas de mierda.
De cualquier forma, cualquier chivato, se merece una buena paliza.