Posts etiquetados ‘persecución’

Se acabó, si no tienes un blog no podrás ejercitar la literatura con las palabras que elijas sin castrar tu obra.
Todas las redes sociales, con especial hincapié en tuiter y feisbuc son las guardianas del nuevo fascismo que ha surgido como una infección paralela con el coronavirus (en caso de no haber sido el coronavirus la herramienta para robar cualquier asomo de libertad individual). Toda palabra que consideren malsonante sea en el contexto que sea (no importa si es literatura de ficción, humor o ensayo) será censurada.
Las redes sociales se han colocado en primera fila para acabar con cualquier libertad de expresión y juzgan qué palabra les gusta y cual no.
Me parece bien, es su puta casa. Yo en mi casa hago lo que me sale de la polla. Así que a la mierda con los “me gusta”. Mientras tenga humor servirán las “suciales” redes para llenar mi espacio con los enlaces de lo que publico en mis blogs; cosa que más pronto que tarde, me aburrirá.
Cualquiera con un nivel medio de capacidad lectora sabe que el fascismo se apoya en una ignorancia y una espantosa falta de creatividad e imaginación. El fascista no tiene de esas cosas. Es simplemente un imbécil (sea comunista o capitalista) envidioso que odia el arte o el ingenio que otros pueden tener.
A ver si va a resultar ahora, que el cochino Franco era un premio nobel de mierda; cuando su innombrable libro debería estar en los cagaderos de los burdeles para limpiarse el culo con sus hojas en caso de emergencia, como en tiempos franquistas se usaban los listines telefónicos en los bares.
Las redes sociales han regulado su nivel de expresión, al nivel de la ignorancia de sus usuarios, promoviendo y acelerando la castración intelectual; tal y como ha ocurrido con el cine, que lo han convertido en un espectáculo siempre para adultos menores de cinco años mentales. Afortunadamente aún quedan Netflix y Amazon Video creando cosas serias para adultos formados. No sé cuánto durará; pero mientras tanto, mis respetos para estas dos compañías.
El cine murió antes que la literatura, porque era más visual y enganchaba a mayor número de cabestros. Leer es algo más marginal si pretendes algo bueno. Porque catedrales del mar, pilares de la tierra, crepúsculos, sinsajos, potteres, etc… No es literatura, es adoctrinamiento puro para conducir a los borregos a la ignorancia más elemental. Se trata de manuales de superación tipo: “Consiga ser un perfecto mediocre en 15 días”.
Nadie me puede prohibir escribir “maricón”, “puta”, “follar”, “tortillera” o cualquier otra lindeza que se me ocurra. Si existen las palabras, las uso y si no, las invento.
El lenguaje es lo más sagrado de la comunicación, cualquier censura sobre el mismo, es el mortífero veneno contra la imaginación, la creatividad y por supuesto, la más esencial libertad: la de expresión.
Los arribistas políticos, jueces, policías, militares, editoriales, cadenas televisivas y plataformas sociales en internet, se han erigido en los máximos censores de las palabras.
En las dictaduras fascistas o comunistas de siglos pasados se quemaban y prohibían libros. Los nuevos fascismos van directamente a por las palabras.
Y la RAE, dando entrada a ridículas nuevas voces y regulando los parámetros ortográficos a la ignorancia imperante, se ha constituido en la gran puta de todos los censores.
Que descanse en paz la literatura, el arte y la historia. Ha llegado la extinción de la inteligencia, la intelectualidad y la libertad creadora; pero ante todo, ha desaparecido todo asomo de ética y honestidad. Todo se ha prostituido a la cobardía y al servilismo de un rebaño de tarados mentales en plena fase de muerte por decadencia.
La cobardía rige el nivel de expresión y los fascismos del oscurantismo (actual ignorancia) son los que plasman el sello de “Censurado” en cada palabra.
Si alguien hoy quisiera escribir y publicar una novela como La Naranja Mecánica o realizar un corto como Un Perro Andaluz (“perro” no se permitiría, ni siquiera en Francia donde se realizó), serían obras censuradas y masacradas por las redes sociales, los ministerios de inCultura, los políticos, las editoriales, los curas, los militares, los policías, los alcaldes y los ignorantes profesores de escuela.
En serio, el cine murió hace una década y ya no puedes comprar un solo libro que tenga la categoría mínima para no ofender tu inteligencia.

Iconoclasta

Los gobiernos de la globalización del coronavirus forman una corporación de delincuentes y dictadores que les caracteriza a todos ellos una retórica meliflua, dirigida a la infancia de entre los ocho y doce años, justo la edad mental de sus votantes.
Ningún escritor imaginó jamás una sociedad tan maligna y tan tóxica como la actual. Esta que ha robado la libertad por medio del coronavirus y el terror que produce en los castrados humanos o ciudadanos.
Cuando todos esos millones de votantes deficientes sean conscientes de la mierda que comen cada día y que la cobardía los ha llevado a la ruina y además a la indignidad, será tarde.
Porque la retórica venenosa de falso proteccionismo paternal, cambiará drásticamente; en lugar de ser ciudadanos, pasarán a ser ya sin eufemismo alguno: tarados y taradas que no se pueden valer por sí mismos sin sus líderes fascistas (sean de derechas o izquierdas, es la misma mierda). Conducidos por mano firme, esa que jamás les temblará a los tiranos del coronavirus y sus secuaces, la bofia, los militares y los jueces.
Es el peor escenario que podría haber sido posible.
Y el reinado de estos políticos degenerados durará generaciones y generaciones. Tantas que en cinco o seis, las crías de los tarados y taradas (añadir el toponímico que corresponda) ya nacerán castrados gracias a la endogamia, una selección genética enferma que hace de la imbecilidad una característica cualidad humana. Ya no necesitarán los tiranillos orar su mierdosa retórica de adoctrinamiento institucional y mansedumbre.
Destaca Europa, un continente tan decadente como viejo; cosa que lo convertirá en la sede de la dictadura mundial. Una triste y peligrosa cueva de Ali Babá y los cuarenta ladrones (sí, ya sé que serán muchos más, coño); pero sin ninguna gracia.
Pero tampoco será tan fácil para nadie, son demasiado idiotas para llevar bien sus repúblicas bananeras y ocurrirá algo terrible y de muchas muertes; tantas que las reses humanas añorarán el coronavirus y la feria que montaba la bofia para tenerlos contentos todas las tardes, confinados en su miedo y miseria.

Iconoclasta