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Si la mentira fuera verdad, tal vez la seguridad ucraniana invierta en una página de porno amateur, dada la calidad de las cosas que espía ¿no?
Desde luego, que la guerra ruso-ucraniana es un auténtico circo romano de Nerón.
Un chorro de mentiras y cuentos imparables para niños. Y un adoctrinamiento feroz hacia la obediencia y la fe en los gobiernos neonazis instaurados con el coronavirus, con especial virulencia en Europa y otros países de pseudodemocracias de corte capitalista occidental; educando con denuedo a la población calzada con bozales a pesar de la ruina en la que la han sumido y ahora, gracias a la guerra, eternizan.
Lo del soldado y su novia, bien, pues se lo pueden meter en el culo con sus zanahorias anti carne, que ya tengo mi edad y conozco bien la maquinaria ideológica del fascismo y su prensa puta.

Pues parece que el Socialismo Fascista Penitenciario Español, pronto abrirá relaciones diplomáticas con la albóndiga dictadora de Corea del Norte; porque son afines los hijoputas.

España es sin duda alguna un nicho de fascismo que abrió la temporada de caza a la libertad un 14 de marzo del 2020 y aún está trabajando en arruinar todo concepto de libre albedrío, dignidad y por supuesto libertad.

Bueno, los que llevan bozal se sentirán felices como mierda flotando en el agua, bien en una cloaca, bien en la playa; pero es sucio ese conformismo, es mezquino.

España es un territorio endémico de fascismo, algo sucio y repugnante en el planeta, como una cloaca a cielo abierto; donde se reproducen todo tipo de repugnantes y asesinos dictadores; y además los más longevos.

Lástima que la ley seca no se les convierta en cuellos de botellas rotos metidos en sus anos maricones y fascistas de mierda.

Cualquiera que sea un admirador de la película El Jovencito Frankenstein 1974, automáticamente habrá pensado: “A estos hombres de entre 40 y 50 años, les han implantado el cerebro de un tal A. Normal”.
Y seguro que entre sus actividades de masculinidad, se encuentra la búsqueda de sus propios clítoris, identificarlos y tocarlos una y otra y otra y otra y otra vez.

Soy adicto a lo que me sale de las pelotas; pero no soy un tarado que recurre al fascismo nazisanitario para imponer su mierda ideológica empolvada en farlopa, hijoputa, presidente de mierda.
Hay una ola de nazis de maneras mariconas y beatas con deseos de prohibir, que está abocando a la irremediable violencia.
Desde que se implantó el fascismo en España aquel 14/3/2020, cualquier cerdo abre la boca para prohibir; se han reproducido como malos hongos.

Seguro que conducía Homer y Bart de artillero.
Si es que leer la prensa es una constante historieta.
¿A que es gracioso lo de los trompos? Inverosímil pero gracioso.
Es como el chiste aquel:

-En una panadería han hecho un pan de 300 Kg.

-Pues no tiene gracia.

-Pero tiene mucha miga.

Los jerarcas y burócratas (decenas y decenas de centenares de miles) del comunismo estalinista o nazi chino, además de ser unos criadores de cerdos sin titulación alguna más que la corrupción propia de toda dictadura; son básicamente una panda de alcaides de prisión que gobiernan con mano férrea a miles de millones de chinos encarcelados por el capricho de una jerarquía aristocrática decadente, vieja y corrupta.
Cuando la población decida que es mejor morir usando la violencia o la guerra que de hambre, las cosas empezarán a cambiar para bien.
Porque ciertas indignidades, abusos y acosos, solo se pueden reparar con la violencia y la muerte que lleva.

Porque parece que la sonrisa de la nariz empolvada aún le dura.

Es más feliz que mierda en bote.

Y es que estos evangelios edificantes del neonazismo del coronavirus, más que pueriles, son terapia de enfermedades mentales. La prensa prostituta no descansa, temen que el coronavirus desaparezca y deban trabajar de verdad en lugar de inventar noticias teletrabajando cómoda y mentirosamente.

Es auténticamente impermeable, incluso hermético a la vergüenza.
Nunca antes un gobierno dictatorial en España había tratado al pueblo como si lo hiciera con una pandilla de disminuidos mentales, como lo hace el nuevo y normal estado penitenciario fascista socialista español del coronavirus y la guerra ruso-ucraniana.
El Caudillo Arribista y Magnate de la Prostitución de la Prensa y Medios de comunicación del estado español ha dicho: “¿Veis? A mí también me han espiado y no pasa nada. Tontos, venga, vamos a seguir estafando tranquilamente que se nos podría acabar el filón. Ya arreglaremos esto con un par de decretos. ¡Eh! Y si alguno tenéis hijos o sobrinos en edad de trabajar, que pase por la moncloa, que les regalamos un cargo”.
Increíble-ble-ble-ble-ble el timo y el rostro que le echan estos trepas.
¡Que viva España y que viva la Revolución! (talmente como en México).

La estrategia no es el coronavirus cero de mierda, coño.

Se trata, mientras Rusia hace biombo con la guerra de Ucrania, de que el fascista estado comunista chino, ahogue las economías de las decadentes sociedades occidentales consumistas del coronavirus.
Primero terrorismo biológico con el coronavirus y ahora el ataque a la economía. Con una economía arruinada no hay armamento ni guerra que se pueda mantener con el que se dispone.
Y sin piezas de fábrica mucho menos, listillos.

Con la última película de James Bond, Sin tiempo para morir, 2021; se ha conseguido hacer del agente secreto una especie de Tintín al que George de la jungla 1997, de Disney, supera en violencia, aunque no en comicidad. Las muertes en las películas de Bond, se han hecho tan dulces como beatos los disparos sin sangre ni su color. Es un tanto triste, sobre todo si Fleming viviera para ver la cosa piadosa y monacal en la que han convertido al castrado y asexuado 007.
Desde aquel James Bond de Casino Royale 2006 hasta la actualidad, han conseguido en quince años hacer de las películas del agente secreto una especie de saga de héroes tan sosos y repetitivos como los de marvel, dirigido exclusivamente al público infantil y adolescente. Y eso se debe a que las productoras audiovisuales solo realizan obras que coinciden con el nivel intelectual del gran público, es algo básico para obtener beneficios.
Esto quiere decir que la calidad del cine se ha situado a la altura del público. Y si el gran público tiene una mentalidad de entre cinco y 16 años, el cine adulto ha muerto definitivamente, es obvio.
Pareciera que en las películas de adultos, ya disparan con pistolas de juguete con lo que los actores tienen que hacer ellos el ruido del disparo o la onomatopeya, como hacíamos los niños cuando no se nos prohibía jugar como queríamos, con aquellas pistolas de plástico tan peligrosas ahora para las dictaduras de las falsas democracias socialistas o liberales de mierda, en su idioma nazi.
Lo que no debería pasar inadvertido a la chusma, por muy deficiente mental que sea, es que en las películas cuando alardean de que censuran el consumo de tabaco, no se censura la ingesta de bebidas alcohólicas, que son el gran daño sanitario y sociofamiliar de las actuales sociedades.
Con las películas de James Bond en este caso, porque la censura ha infectado todo el cine adulto; es exactamente lo que ha ocurrido con el neonazismo surgido mediante el coronavirus en las podridas y decadentes democracias europeas y de corte occidental: las estadísticas sobre el nivel intelectual de la población confirmaron que era el momento de encarar la dictadura ya que sería acatada, obedecida y adorada por el noventa por ciento de la población, que a su vez es exactamente el mismo porcentaje que se ha vacunado incluso hasta cuatro veces a pesar de que no había vacuna de nada. Y a su vez es el idéntico porcentaje poblacional que ostenta ese intelecto entre infantil y adolescente; o sea que la población adulta ha descendido peligrosa y graciosamente hacia la deficiencia mental.
Han corrompido el cine, la literatura, la historia, la educación, la inteligencia, el ingenio, la madurez, la dignidad, el valor, el esfuerzo, la creatividad y la determinación; con lo cual ya puede decirse que la especie humana se ha extinguido. En las guerras y pandemias ya no mueren seres humanos, solo son vacas sin ningún valor intelectual intrínseco.

Iconoclasta