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La libertad es muy peligrosa cuando hace calor también. Y por ello has de pagar el impuesto de protección mafioso al estado.
Los fascistas del coronavirus están en pleno lanzamiento de una nueva campaña de terror y adoctrinamiento por medio de las olas de calor. Que prácticamente son tratadas como emergencias nucleares que requieren incluso, refugios. Y toda clase de medidas de hidratación y ventilación, amén de la urgente instalación de aire acondicionado y su incremento de gasto de electricidad.
Todo cuadra…
Como si los cabestros del coronavirus, sus aplausos y bozales, hubieran vivido siempre en el Polo Norte y este fuera el primer verano de sus vidas.
Este año el calor se ha adelantado dos o tres semanas; pero la temperatura es la misma, de lo más normal.
Sin embargo, los que usaron bozal a full time, tienen todas las pautas de la vacunación que no vacuna y las futuras, aplaudían su encarcelamiento y exhibían con orgullo ario su brazalete nazi o pasaporte veterinario de vacunado covid; todos éstos ahora están aterrados por el calor que hace ahora. Pendientes de la tele y su teléfono móvil con la esperanza de que el estado nazi los encarcele (confine en jerga nazi) de nuevo en sus casas y cuándo va a comenzar la campaña de vacunación contra “la calor”.
Y a los niños, sobre todo, hay que meterlos en una urna de cristal con aire acondicionado, no se fuera a dar el caso de que no les importara mucho el calor y al verse libres se desintegraran, se volatilizaran en el aire por un calor.
Es importante que no se hagan fuertes y se atrofien para que el estado pueda tener el control de sus miedos y mansedumbre. Como si de una nueva variante de coronavirus se tratara.
No entiendo como existe infancia y viejos en África y zonas saharianas con este nuevo calor nazi.
YO me reiría aún más si les obligaran a meterse de nuevo en el bozal en el hocico, verlos asfixiados y sudorosos vagar por la calle, sería una fiesta de videos que subir a yutup.
Todo esto de las olas de calor obedece a un fin: el estado nazi español (en este caso, porque toda Europa es territorio nazi desde marzo del 2020) va a decretar tal cantidad de impuestos de cambio climático contra las clases bajas o trabajadoras, que ni siquiera en los tiempos de posguerra se habrá visto tanta pobreza y miseria. Y las clases bajas, ya debidamente domesticadas por el nazismo con el coronavirus, aceptarán cualquier decreto de usura y robo de libertad y su ruina que el estado decrete, aplaudiéndole y agradeciendo esa usura a los jerarcas y burócratas fascistas y delincuentes que les salvará de morir achicharradas por estas olas de calor que si tu cerebro funciona bien, se vienen repitiendo toda la vida. Toda la puta vida.

Iconoclasta


Es hora de escapar de Cataluña, de este gueto nazi y mafioso al que el Gobierno Central Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, le ha concedido “patente de corso” para llevar a cabo con impunidad los actos de extorsión, robo, fraude y violación de libertades a todo habitante no asociado a los clanes mafiosos catalanes de corrupción y estafa, también conocidos como Generalitat o Generalato de Cataluña.
Si te demoras demasiado en escapar, por ley, por decreto, pronto cerrarán las fronteras para no perder población a la que robar y extorsionar. Corre si puedes. Porque la libertad ya es una mecha corta que apenas da tiempo a un par de pasos.
No ha servido de nada durante todos los años de tu vida que te hayan robado y sigan haciéndolo en concepto de basuras y limpieza; ese dinero se lo quedan los clanes mafiosos catalanes que están en el poder, cada día inventan una nueva extorsión. Un nuevo tributo de protección a comercios y ciudadanos que no sean catalanes puros.
Y dejan las calles llenas de mierdas grandes que abultan como un millón de colillas.
Lo siento por los que no tienen medios económicos para escapar de este lugar, porque su futuro pasa por limpiar con sus manos las sucias calles de Cataluña, ante sus propios hijos. Sucias calles porque la corrupción catalana no ha permitido que el dinero recaudado se dedique a ese fin.
Sucias porque todo lo que pagas va a un agujero negro de usura y corrupción, de nazismo y caciquismo. Cataluña pertenece a cuatro o cinco familias y el dinero de los catalanes pertenece a la mafia catalana.
Y ahora quieren más, como de los refrescos, de los coches, más de reciclaje y de independencia de la mafia catalana.
El Gobierno Central Español está tan podrido, que le lanza una sonrisa cariñosa a sus colegas catalanes de criminal talante nazi que forman el estado o gobierno de la Generalitat.
Lo siento por los catalanes que tienen un abuelo murciano, por ejemplo, porque al igual que yo, en Cataluña son catalanes sucios; por eso no podemos asimilar el grado de fascismo y de extorsión en Cataluña como un bondad. Hay que nacer puro ario catalán para soportar a esa mafia extorsionándote, obligándote a agacharte a que recojas la basura del suelo a pesar de haber pagado impuestos de limpieza. Y aplaudirles luego…
Quieren el acto de tu humillación si necesitas que te devuelvan lo que te han robado por unas caladas de sosiego. Que les pidas limosna. Al fin y al cabo, una escoba barre un papel y una colilla. ¿O tiene orden el basurero de dejar las colillas para que las recojan los catalanes que no tienen dinero para comprar la cocaína que la Generalitat consume despachos adentro?
Hay que nacer especialmente puro, limpio, atleta, beato, obediente, santo, mártir… Catalán de “de debó”, no un sucio catalán charnego; para sentir afecto a esa Generalitat que se empolva con farlopa la nariz y luego se limpia con ella los dientes, en sus despachos y burdeles, en sus palacios y chalets. Y dicta sus órdenes de extorsión en lugar de administrar un país.
Y pronto también, deberemos marchar de España, porque al final, es el gobierno español el que permite el nazismo, lo aplaude y lo subvenciona. Pero primero de Cataluña, antes de que cierren las fronteras. Y luego, sin perder mucho tiempo, salir de España y su fascismo que durará más de lo que muchos vivirán a día de hoy. Como duró aquella bestia inmunda, aquel cerdo llamado Franco.
Lo siento por los que no tienen dinero para emprender una nueva vida en otro lugar, porque morirán indignos en la vejez, si llegan a ella. Humillados y avergonzados de sí mismos ante sus hijos y nietos por tener que caminar con mierda en las manos a cambio de alimento.
Porque para el siguiente acto exigirán las peladuras de fruta y pieles de pollo para que te devuelvan un dinero robado.
Agradezco que de alguna forma compré sin pretenderlo, para bien o para mal, mi libertad gracias a una pierna podrida llena de cáncer y sangre sucia. Y cojeando puedo marchar donde quiera, sin depender de nadie. Y otros se deben quedar en esta prisión.
Pobres…
Lo siento porque muchos deberán agacharse al nazismo de la mafia catalana y rogar por lo que es suyo, humillados, con la dignidad quebrada.
Insisto, tuve suerte con mi pierna doliente y podrida de enfermedad y miseria.
Y tuve suerte porque me duele más la pierna que el nazismo, y escribo fría quirúrgicamente por ello.
Lo siento porque llegará el día que les dirán a los padres que su hijo catalán ya tiene su futuro decidido, porque las pruebas genéticas solo le permiten ejercer de reponedor de supermercado.
Lo siento de veras, pero debo escapar de Cataluña.
Y una vez asentado en una escasa libertad, estoy seguro de que el resto de España se tornará irrespirable.
Y diré desde el avión ¡Qué viva México!
Si no he muerto ya.
Lo importante es escapar, ser refugiado en tu propia país.
Escapar de Cataluña antes de que sea tarde, antes de que mueras ahí.

(Fotografiaron a una triste mujer recolectando colillas en la playa, como ejemplo de la libertad catalana, la que se merece, su futuro)

Iconoclasta

El Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español, en connivencia con los cárteles fascistas autonómicos, trabaja exclusiva y afanosamente para eliminar toda libertad y todo pequeño placer de la población.
Este acto de asfixia del estado requiere una respuesta de ira y violencia.
Y es ya prácticamente inevitable la lucha y la muerte.
Los criadores de cerdos (el estado español, en este caso concreto) han podido constatar con el coronavirus, la cobardía, sumisión y mansedumbre del pueblo español y han decidido cargar contra él como una apisonadora con la cruz gamada como insignia.
De hecho, las libertades han sido ya arrasadas junto con las necesidades puramente biológicas humanas. Prohibir o negar (censura y oscurantismo dogmático en educación, arte, cine y literatura entre otras cosas) los pequeños placeres (fumar, moverse libremente por la naturaleza, paseos nocturnos) será la culminación de un totalitarismo feroz que solo puede erradicarse con una guerra abierta, por supuesto, decididamente letal.
España, con sus taifas y caciques autonómicos de corte neonazi, ya es zona de guerra, aunque la gran mayoría española aún no lo sabe. No lo sabrá hasta que los criadores de cerdos (el estado) les arranquen a los cerdos o habitantes a sus hijos de los brazos en el momento de nacer para, decidir si al bebé se le mutilan los genitales o es apto para la reproducción.
Los próximos que nazcan van a ser castrados genitalmente bajo supervisión socialfascista, es decir, eligiendo la cría a no emascular según la mansedumbre y afección al fascismo de los progenitores (imprescindible el brazalete nazi o pasaporte covid). Después serán vacunados con el virus de la cobardía y mansedumbre: el coronavirus o covid 19 que ya administraron hace más de dos años los gobiernos nazis o falsas democracias (preferentemente occidentales) del planeta a su ganado porcino humano.
Yo lucharé en el bando de la libertad, aunque dure solo un segundo. Un segundo de vida en el que no moriré como un manso de mierda.
Que no sueñen estos nazis hijoputas que les voy a comer la polla o el coño ni por un momento.
La libertad bien vale la muerte, porque esta mierda nazi no es vida. Es esclavitud, cerdos en una pocilga hacinados (la población de las grandes ciudades) y unos criadores sin escrúpulos (los jerarcas y burócratas gobernando) ahogándolos en sus propios purines, con las instrucciones y asesoría de unos veterinarios corruptos y traficantes de drogas (sanidad nazi, OMS).

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Con la última película de James Bond, Sin tiempo para morir, 2021; se ha conseguido hacer del agente secreto una especie de Tintín al que George de la jungla 1997, de Disney, supera en violencia, aunque no en comicidad. Las muertes en las películas de Bond, se han hecho tan dulces como beatos los disparos sin sangre ni su color. Es un tanto triste, sobre todo si Fleming viviera para ver la cosa piadosa y monacal en la que han convertido al castrado y asexuado 007.
Desde aquel James Bond de Casino Royale 2006 hasta la actualidad, han conseguido en quince años hacer de las películas del agente secreto una especie de saga de héroes tan sosos y repetitivos como los de marvel, dirigido exclusivamente al público infantil y adolescente. Y eso se debe a que las productoras audiovisuales solo realizan obras que coinciden con el nivel intelectual del gran público, es algo básico para obtener beneficios.
Esto quiere decir que la calidad del cine se ha situado a la altura del público. Y si el gran público tiene una mentalidad de entre cinco y 16 años, el cine adulto ha muerto definitivamente, es obvio.
Pareciera que en las películas de adultos, ya disparan con pistolas de juguete con lo que los actores tienen que hacer ellos el ruido del disparo o la onomatopeya, como hacíamos los niños cuando no se nos prohibía jugar como queríamos, con aquellas pistolas de plástico tan peligrosas ahora para las dictaduras de las falsas democracias socialistas o liberales de mierda, en su idioma nazi.
Lo que no debería pasar inadvertido a la chusma, por muy deficiente mental que sea, es que en las películas cuando alardean de que censuran el consumo de tabaco, no se censura la ingesta de bebidas alcohólicas, que son el gran daño sanitario y sociofamiliar de las actuales sociedades.
Con las películas de James Bond en este caso, porque la censura ha infectado todo el cine adulto; es exactamente lo que ha ocurrido con el neonazismo surgido mediante el coronavirus en las podridas y decadentes democracias europeas y de corte occidental: las estadísticas sobre el nivel intelectual de la población confirmaron que era el momento de encarar la dictadura ya que sería acatada, obedecida y adorada por el noventa por ciento de la población, que a su vez es exactamente el mismo porcentaje que se ha vacunado incluso hasta cuatro veces a pesar de que no había vacuna de nada. Y a su vez es el idéntico porcentaje poblacional que ostenta ese intelecto entre infantil y adolescente; o sea que la población adulta ha descendido peligrosa y graciosamente hacia la deficiencia mental.
Han corrompido el cine, la literatura, la historia, la educación, la inteligencia, el ingenio, la madurez, la dignidad, el valor, el esfuerzo, la creatividad y la determinación; con lo cual ya puede decirse que la especie humana se ha extinguido. En las guerras y pandemias ya no mueren seres humanos, solo son vacas sin ningún valor intelectual intrínseco.

Iconoclasta

Las decadentes “democracias” occidentales y sus débiles y cobardes líderes, por medio de la epidemia del coronavirus han jugado a convertirse en dictadores, en nazis. Su control absoluto sobre quién respira, dónde se mueve y cuándo, la continua catequesis de una vacunación que han convertido en comunión obligatoria del neonazismo, y la mansedumbre de una sociedad acomodada, cobarde y decadente, han dado paso a la competencia.
Es decir Asia (China, Rusia, India, Corea…) han visto la debilidad occidental, su cobardía e inmovilismo. La estrategia del avestruz.
Y es una ley tanto biológica como histórica (el ser humano es animal territorial) que cuando un territorio es débil debe ser invadido y tomado en posesión.
Dentro de todas las teorías políticas, de sociólogos infectados de la misma decadencia, prevalece el sentido común y práctico, el conocimiento del ser humano como animal que es, sin las alas de ángel con las que él mismo se ha disfrazado: unos dirigentes occidentales con ansias mesiánicas que han esclavizado y arruinado a su población por una gripe, se enfrentan ahora a una civilización, la asiática, infinitamente más combativa; con el permiso y autoridad que le ha dado la historia de ser la cuna de las civilizaciones.
Lo pensé y escribí cuando España ( y todo Occidente) decretó hace casi dos años enterrar la cabeza bajo tierra por miedo a un resfriado: si un país quisiera invadirnos, lo haría ahora, tras vislumbrar la cobardía, abulia, infantilismo y mansedumbre absoluta de Occidente.
Y Oriente (Rusia me parece una marioneta de China) pide ser, tras años de esclavitud al consumismo occidental, quien dicte economía: tasas de mercancías e impuestos propios a la población. Y política: nuevos territorios, nuevas sedes mundiales donde ellos sean anfitriones.
Es algo que estaba llamado a ocurrir; pero la indecente Europa y el resto de sociedades occidentales y su decadente infantilismo e ingenuidad: “En estos tiempos no puede haber una guerra, una guerra no interesa a nadie”; han precipitado lo que debía ocurrir tarde o temprano.
O hay guerra, u Occidente deberá doblarse ante Oriente.
Ser cobarde y demostrarlo, nunca ha sido una buena estrategia.
Y Occidente, al pasar de una democracia a un neonazismo con el coronavirus, ha provocado un verdadero desafío hacia otros líderes nazis: China y Rusia.
Ahora hay una guerra por demostrar quién es más nazista o fascista.

Iconoclasta

(Policía patrullando en las vacías calles de la España Nazi de los días y noches de cárcel para la población)

Australia es una república islámica fundamentalista sometiendo a su ciudadanía a la prisión y asfixia por el cuento del coronavirus. Tiene el récord de ser el país más cobarde del mundo.
China podría serlo; pero como es una dictadura con muchísimos años ya, lo que más la define es genocida, porque le es más fácil matar un chino que curarlo.
España es una alumna avanzada de China; pero debido a ser un país de gran tradición dictatorial y un folclore propio, los jerarcas actuales o gobernantes nazis españoles pertenecen a las generaciones sucias y son de otras maneras de acosar y encarcelar a la población; aquellas generaciones cuyos padres, abuelos y bisabuelos, decían que con Franco se vivía bien.
Aquellas generaciones de españoles que eran decididamente alérgicos al trabajo (la corrupción de Franco era descendente, empezaba en él y bajando por todos los jerarcas, contagiaba al obrero en su indignidad y desidia; se premiaba lo oral en lugar del trabajo); y al: “Bueno, si lo han metido en la cárcel, lo han torturado o lo han fusilado, algo habrá hecho”.
Mi principal “síntoma” de coronavirus consiste en una inflamación de la memoria: las noches grises del nazismo del coronavirus y sus serenos son idénticas a las del franquismo con sus grises asesinos y sus serenos delatores.
Y la actitud de la gente con su miedo a cuestionar los decretos de prisión y asesinato, también es la misma que en la gloriosa era franquista (para ellos): “Si no se vacuna, que lo maten o lo metan en la cárcel”.
Con Franco estaba prohibida la palabra “comunismo” y con el Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista Español del Coronavirus (también conocido con el eufemismo de presidente español), están prohibidas “libertad” y “respirar”.
De hecho el lema universal de la Nueva Normalidad es: La libertad es enfermedad y respirarás como tu Caudillo decrete.
Franco y el presidente nuevo y normal tienen el mismo fin: el poder absoluto y eternidad ejerciéndolo sin importar los muchos muertos, enfermos y hambrientos.
Hay millones de españoles que no quieren ver el golpe de estado que el Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, cometió a mediados de marzo del 2020 en una aparición televisiva, maquillado teatral y burdamente con ojeras; decretó que no le temblaría la mano para poner freno al coronavirus y a los que no obedecieran a los decretos de prisión, acoso y represión del Nuevo Régimen Español.
Se impuso el bozal (vulgarmente mascarilla) con la aberración de que fuera obligatorio para respirar a cielo abierto. El bozal tiene tres fines: dada la dificultad que conlleva expresarse con bozal, no solo fonéticamente, sino por la ausencia de las líneas de expresión del rostro; es el método más eficaz para evitar que los españoles entre sí, pudieran criticar el nuevo régimen nazi, o hacerlo en menor medida. Y por otra parte, llevar bozal es inculcar el miedo en la población y hacerla sentir que la rodea la muerte. El miedo es la otra herramienta más eficaz. La que queda, la humillación es la más obvia; un pueblo humillado es la prueba de sumisión a su amo. Sin lugar a dudas, el bozal (vulgarmente mascarilla) es el saco de alfalfa del burro (la población) y sus riendas: no deja hablar, no permite donde ir libremente.
El Nazismo Español es líder mundial en prohibir la respiración y con ello enfermar a su población que respira sus propios deshechos biológicos en todo momento. Un resfriado se convierte así, automáticamente en coronavirus o algo peor.
Y ahora, los que se abrazaron acobardados a las rodillas del Nuevo y Normal Caudillo, no pueden dar marcha atrás en su indigno y mezquino desprecio a la libertad, ya que fueron también los primeros en aplaudir al dictador en las tardes de los días de prisión que siguieron al golpe de estado nazi: la policía acudía a los barrios para jalear a la población a que eufemísticamente, aplaudiera a los sanitarios y a sus mismísimos carceleros como protectores de sus vidas. Fueron tantos los que aplaudieron que era imposible esconderse de la vergüenza que luego llegaría y conduciría a sentir un odio feroz hacia los no vacunados (como los alemanes a los judíos) porque aquellos les delataban con su libertad, la miseria y cobardía de servidumbre profesada al nuevo régimen instaurado.
Esa vergüenza de la cobardía y sumisión de una sociedad mayoritariamente decadente en su cobardía e infantilismo, la Nueva Normalidad Nazi gracias sobre todo a una potente y e inescrupulosa red nacional y regional de jueces corruptos, la combatió psicológicamente con el pasaporte sanitario-veterinario de vacunación de coronavirus. A la mayoría se la dotó de una nueva identidad y su código que les permitía, tras mostrar con orgullo patriótico su obediencia al régimen, acceder a lugares vetados a los disidentes o no vacunados (por la razón que fuera). Un “pasaporte” que es ni más ni menos que la copia de la cartilla de razonamiento y cupones de ahorro del franquismo. Si no estabas de alguna forma inscrito en el sistema franquista, no podías acceder al alimento o su ahorro. Simplemente cambia el formato de analógico, al actual digital mediante teléfono móvil.
Y así, nuevamente, se creó una moral que canibalizó todo asomo de ética, como ocurrió con la Santa Inquisición y sus festivas torturas y cremaciones de personas en las plazas de los pueblos y ciudades, atiborradas de mezquinos sedientos de muerte.

Tal vez, en un futuro no muy lejano, el pasaporte sirva también para reclutar con diligencia y precisión individuos aptos para las próximas guerras que se avistan en el horizonte. Porque realmente, en el momento en el que se escribe esta historia de la Nueva Normalidad, la geopolítica está tendiendo hacia un controlado y motivado belicismo (expulsar de sus poltronas a viejos dictadores ineficaces en el nazismo sanitario) para reajustar a los Nuevos y Normales Caudillos a una nueva organización mundial más eficiente.
No tan notoria, dura y millonaria en seguidores como en España; pero así se relata la vuelta al nazismo de las democracias, sobre todo europeas y occidentales.
Al final la Unión Europea se ha convertido en una federación de dictadores y la todopoderosa OMS (la Sanidad Nazi Mundial), es el órgano de arbitraje y recursos para la implementación del nazismo del coronavirus; así mismo reparte proporcionalmente (más o menos, según la amistad) el botín monetario de los contratos con las farmacéuticas inventoras de las vacunas entre los dictadores guardándose su comisión. Usa recursos como, por ejemplo, hacer de los que han optado por no vacunarse los monstruos que buscan la perdición de la humanidad. Y de los vacunados, los mártires beatos que han dado incluso su vida por los demás (el Papa elevó a acto de fe y santidad la vacuna y prometió el cielo a los vacunados a mediados del 2021), es literal, así como suena. Los vacunados forman ya una gran hermandad que cree profundamente ser auténticos ángeles protectores de la humanidad (es necesario este ejercicio de fe para distraer la atención de una mansedumbre y cobardía indigna mostrada a sus líderes nazis); como si vacunarse no fuera un acto personal y único de protección que protege al vacunado y a nadie más; se ha elevado a rango de filantropía beata. La OMS sabe cómo hacer las cosas y vender su saber hacer a los líderes fascistas adscritos a ella.
Negar estos hechos ya históricos sería (ahora sí, con todo academicismo) negacionismo.
A los mal llamados negacionistas que no se han vacunado, que son disidentes por definición (el negacionismo que proclama como herejía el nazismo del coronavirus es una grosera ostentación de analfabetismo) les espera el hambre o que sus cadáveres aparezcan en las cunetas de las carreteras secundarias con un tiro en la nuca (la OMS calla los datos que pueda haber al respecto), como ocurría en las carreteras franquistas.
Porque todo fascismo vive inevitablemente gracias al asesinato, el hambre y la analfabetización de la población.
Solo hay que leer la historia; pero los hay que en lugar de leer (la inmensa mayoría que ha votado al Nuevo y Normal Caudillo como votarían a Hitler) han preferido aplaudir los simplones mensajes de la catequesis nazi del coronavirus, su profilaxis y sus consignas de “libertad es enfermedad” y con un bozal (vulgarmente llamado mascarilla por el régimen) en la boca, besar la mano del Caudillo con un pinchazo en el brazo de una vacuna que no vacuna y necesita muchas, muchas más dosis de refuerzo semestralmente.
Vacunarse debería haber sido un acto tan cotidiano y relajante como no vacunarse; pero en cuestiones de fascismos, es necesario demonizar a unos y santificar a otros, según le vaya bien al Caudillo en el momento que crea oportuno: crea sectas y vencerás. Y así ha sido fácil y de una lógica fascista aplastante, implantar una segregación racial (por la brutalidad) contra los disidentes.
El Neonazismo del coronavirus se ha globalizado gracias a una prensa y medios de comunicación prostituidos y absolutamente volcados a la implementación del cariño y sumisión a los líderes de un nazismo homicida que exhibe un rancio paternalismo, al que han llamado Nueva Normalidad. Un fascismo tan dañino, moralista, represivo y asesino, que incluso ha sublevado los ánimos de la ultraderecha.
Valga decir por último que el viejo nazismo, el de Hitler, tardó casi quince años en implantarse. La Nueva Normalidad Nazi, se ha implantado tan solo en veinte meses. Los golpes de estado a las libertades comenzaron globalmente a mediados de marzo del 2020.
Y está ya tan arraigado en las decadentes sociedades occidentales que solo una gran y devastadora violencia podría devolver las mínimas libertades biológicas que han sido robadas.

Iconoclasta

El Nuevo y Normal Nazismo del Coronavirus se extiende a idéntica velocidad y proporción que la cobardía humana y su connatural ignorancia.
La sociedad ha vuelto dócil y alegremente (con aplausos) a la época en la que se quemaba gente inocente acusada de brujería; un espectáculo hipnótico para una sociedad podrida.
Realmente el nuevo nazismo es el coronavirus.
Y como todo fascismo sienta sus bases fundacionales militares y legales en su propio analfabetismo y endogamia. El fascismo florece entre las castas humanas genéticamente defectuosas y corrompidas sanguíneamente, abanderando la envidia hacia libres pensadores y creadores y, líneas genéticas limpias.
Es de cajón: si eres un tarado necesitas extinguir a los buenos individuos para que no destaque tu podredumbre genética y por lo tanto, intelectual.
Y en esta fase se encuentran ahora las pseudo democracias mundiales que han adoptado ese aforismo fascista de “nueva normalidad” a su gobernanza de control ganadero y veterinario de la población. Es un momento histórico idéntico al del esplendor de Franco, Stalin, Hitler, Mussolini, etc… Pero con una población sumamente decadente, cobarde e infantilizada. Y por supuesto, el Nuevo y Normal Nazismo Mundial posee además con la potencia del 5G, una cobertura impensable para aquellos artesanos genocidas dictadores ya mentados; para propagar su catequesis de la obediencia ciega, el miedo, la extorsión, el acoso, el encarcelamiento y la ruina de sus habitantes. La avalancha de noticias diarias de decretos de prisión y acoso contra la población suman cientos de miles diarias bombardeadas a cada segundo contra el imaginario patético de sus habitantes. Noticias de prensa, internet y televisión que son auténticos loas o libelos de amor y sumisión a los actuales líderes políticos nazis en el poder.
Ahora cabe esperar cuando, oficialmente, será declarado extinto el último ser humano libre y decente. El que afea a millones de indecentes.
Y esto no es una previsión, es una crónica de rigurosa actualidad, a tiempo real y a pleno 5G (eso dice el teléfono que me muestra continuamente las noticias del nazismo).
Cualquier titular de prensa y cualquier decreto de un gobernante de cualquier país elegido al azar lo corrobora.
Y sobre todo, los muchos millones de humanos que lucen con orgullo patrio ante los camareros o gorilas de discoteca, su brazalete nazi o pasaporte covidiecinueve con pauta completa.
La libertad es enfermedad y todos temerosos, enfermos y obedientes por igual; son las directrices básicas ideológicas de la “nueva normalidad” del Nuevo Nazismo del Coronavirus.
Si un policía te ve comer por la calle cualquier cosa, con toda seguridad se sentirá ofendido y posiblemente te pida documentación (lo sé por experiencia) porque no demuestras estar suficientemente acobardado.
Y mientras tanto, solo queda verlo venir, esconderse de la policía cuanto sea posible y escribir porque es mi placer y mi inteligencia convertida en tres dimensiones, en el papel, con una costosa y lujosa pluma que marca la diferencia con la vulgaridad, fuera de todo alcance del nazismo que todo lo ve.
Luego diré: este mensaje se autodestruirá en cinco segundos y pulso “publicar”.
¿Habéis visto como no he negado nada? Soy un “afirmacionista”.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Vivir en Cataluña es volver a los 50 y 60 del siglo pasado, donde en Berlín, circulaba la peligrosa Stasi, la policía política hermana de la KGB soviética.
Por mucho que le quieras echar romanticismo no hay encanto alguno, con esa policía circulando lentamente, silenciosa y con perfidia buscando con avaricia ciudadanos sin el bozal (vulgarmente mascarilla) obligatorio del régimen fascista español y catalán. Es el juramento, la aceptación del Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español del Coronavirus.
Debes llevar bien visible el brazalete nazi de identificación (un certificado veterinario de vacunación) para entrar ya en muchos lugares. O mejor ni acercarse a ellos para no ser identificado y ser deportado a un campo de exterminio.
Pero sobre todo, sus noches de prisión masiva, son las más grises del mundo. Cuando sales a pasear de madrugada, debes ser muy cauto con la Stasi: porque la noche es prohibida, la noche es del fascismo catalán; para que sin testigos, puedan cometer sus actos indignos de acoso y asfixia a la población.
Debes ser muy cuidadoso con los balcones y ventanas, hay ciudadanos cooperando con el régimen para delatarte en nombre de la Sanidad Nazi que todo lo pervierte y todo lo prohíbe.
De hecho, Cataluña ya es un lugar de destino turístico para gente que quiere emociones fuertes y vivir una dictadura como las de hace decenas de años que no se vivían. Unos van a Chernobil y otros se deciden por el Nuevo Berlín Este: Cataluña.
Pero maldita la gracia cuando vives todos los días en la penitenciaria catalana, tener que pasear controlando a la pasma continuamente.
Bueno, es lo que toca. Cuando algo se prohíbe, no se debe obedecer si tienes un mínimo de amor propio. Cueste lo que cueste, porque al final, podrías morir con esa sucia sensación de haber sido humillado y no hacer nada por quitarte la mierda de encima.
Sería una mala forma de morir.
Si obedeces te conviertes en esa cosa amorfa que mira temblorosa la ciudad desde una ventana, con una cortina mal ocultándola.
Un roedor cobarde e inquieto…

Iconoclasta

Ciudadano -1 se despierta, consulta en el móvil la predicción del tiempo y cagando, da un repaso a las noticias.
Es día de elecciones generales. No hay avisos de una mutación nueva del coronavirus. Y decide que irá al colegio electoral pronto, una vez haya desayunado.
Y en efecto, tras elegir una mascarilla oscura estampada con copos de nieve (es invierno), sale de casa para dirigirse al colegio electoral. Durante el recorrido revisa que su brazalete nazi o certificado de vacunación veterinaria del coronavirus, luzca en verde el código QR.
Porque para acceder a la sala de votación, primero debe presentar el brazalete nazi antes de cruzar las rejas del colegio y las alambradas de espinas de seguridad.
Dos soldados con máscaras herméticas antigases y armados con subfusiles protegen la reja de entrada al colegio y tras ellos, se encuentra el presidente de la mesa electoral, que con su móvil en la mano, da el visto bueno o no a los ciudadanos que presentan su brazalete nazi y los soldados se separan o no para permitir o negar el paso al interior del colegio.
En una zona de aparcamiento adyacente al colegio, hay una tienda de campaña militar con una cruz roja, es un centro de vacunación móvil rápida para los votantes cuyo brazalete nazi esté caducado o luzca rojo.
El Ciudadano -1, tranquilo y orgulloso de que su brazalete esté en orden y su bozal sea el correcto según las especificaciones del Gobierno Penitenciario Autonómico de su Región Militar, se acerca hasta los dos soldados armados.
El presidente de la mesa electoral asoma la cabeza entre los subfusiles que mantienen en alto los militares:
–Muestre su brazalete nazi, por favor.
Ciudadano -1 eleva el móvil hasta la altura del rostro del presidente electoral que con su propio teléfono móvil escanea el código QR.
–Su brazalete nazi no está actualizado con la última pauta.
Ciudadano -1 observa el código QR ahora en rojo.
–Le aseguro que hace menos de tres minutos, estaba en verde.
–Acaba de decretarse la 9ª revacunación de invierno –responde el presidente de la mesa electoral indicándole con la cabeza que se dirija al centro militar de vacunación.
Ciudadano -1 se apresura como perro de ocho patas hacia el centro de vacunación veterinaria militar para evitar que entre alguien antes, tiene prisa para acabar el trámite del Buen Ciudadano.
Al cabo de veintiocho segundos vuelve a la entrada del colegio con el móvil en alto.
Por un momento los soldados le han apuntado el pecho hasta cerciorarse de que solo alzaba un teléfono.
El presidente de la mesa, escanea de nuevo su brazalete nazi.
–Perfecto, yasvotao.
–Oiga, ni siquiera he entrado en el colegio –replica -1 sudando copiosamente por la reacción de la vacuna.
–Sí que ha votado. La novena vacuna tiene efectos secundarios como breves lagunas mentales, amnesia. Nada grave.
– ¿Y a quién he votado?
–No lo sé, su voto ha sido secreto.
– ¡Oh! Está bien. Adéu!
–¡Eh, Ciudadano! ¿Acaso no quiere votar? –le increpa el presidente de la mesa electoral cuando -1 comienza a alejarse.
– ¡Pero si ya he votado! Me lo acaba de decir.
–Yo no –le responde el presidente con semblante serio.
–Me acabo de pinchar la novena vacuna del invierno.
–No señor, eso fue ayer, en las pre elecciones. La vacuna, con toda probabilidad, le provocó un fuerte shock.
Ciudadano -1 respira agitadamente por ansiedad, y le muestra temblorosamente el brazalete nazi al presidente para que lea el código QR.
–Está caducado –le responde malhumorado el presidente de la mesa electoral–. Vaya al puesto de vacunación y haga lo que cualquier ciudadano ejemplar del régimen haría.
Ciudadano -1, de nuevo se encamina confuso hacia el centro de vacunación militar. Es un día soleado, aunque la periferia de su visión forma una zona oscura que parece hacerse más grande por momentos.
Una vez pinchada la décima vacuna, se acerca de nuevo al acceso de entrada al colegio electoral.
–Ya tengo la pauta completa de la vacuna –le dice al presidente de la mesa electoral mostrándole el brazalete nazi.
El presidente escanea de nuevo.
– Molt bé! ¡Yasvotao!
– ¿De verdad? ¿A quién?
–A nuestro Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista del Coronavirus.
–Yo pensaba votar a Unidas Jodemos…
El presidente con displicencia le muestra en su móvil un video de una mujer votando al Nuevo Caudillo Fascista.
–Esta era usted hace apenas quince minutos.
– ¡Es una mujer!
–Exacto, era usted con los efectos secundarios de la décima dosis.
–¡Vale! –exclama con cansancio y desánimo Ciudadano -1– Adéu!
Ciudadano -1, aturdido camina paralelo a la valla del colegio electoral, dirección a su casa. Cuando de repente tose.
Los micrófonos unidireccionales instalados en la valla, recogen el sonido de su tos. De la tienda médica militar, emerge un soldado con un fusil de precisión con mira telescópica. Apunta cuidadosamente a la nuca del Ciudadano -1 y dispara.
Al presidente de la mesa electoral se le escapa una risotada al ver el impacto de la bala en la nuca de -1.
Cuando su rostro toca el suelo, no queda nada de conciencia en él.
La mascarilla se ha rasgado con el impacto. Junto al tejido textil y cerebral, en el suelo, en forma de estela, se puede también observar restos de huesos, parte de la nariz, medio labio y varios dientes, algunos rotos. Hora de la muerte por coronavirus: 11:14.
Las noticias de las 11:15 anuncian a través de mensajes a móviles, radio, televisión y boletines impresos con urgencia por los ayuntamientos que, en pleno día de elecciones generales en la Nueva y Normal España Penitenciaria Fascista del Coronavirus, se ha detectado la primera víctima mortal por coronavirus kappa (-1) -en honor al primer ciudadano que ha muerto infectado e intubado en un hospital militar con esta nueva variante o cepa del coronavirus-.
Se decreta el uso indefinido de la triple mascarilla en exteriores y el encarcelamiento diurno y nocturno por estado de alarma en toda España y sus taifas autonómicas. Se prohíbe así mismo y se castigará severamente cualquier acto por procurarse el sustento vital mediante ejecución pública con un disparo en la cara.
El Nuevo y Normal Tribunal Sanitario Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, avala la destrucción de los mínimos derechos biológicos y sociales (año 13 de la Nueva y Normal Era de la Dictadura Penitenciaria Fascista Española del Coronavirus).

Iconoclasta

La violenta represión contra el pueblo catalán, el encarcelamiento colectivo y acoso que ejerce su propio gobierno; tiene unas enormes posibilidades de que acabe en un estallido de violencia que, posiblemente cause los primeros muertos en la Nueva y Normal España Penitenciaria del Coronavirus. Esto es aplicable (y un hecho) al resto de las pseudodemocracias europeas y occidentales.
De esos muertos a que se complique la situación hasta desembocar en una guerra civil, no hay mucho recorrido.
Si durante décadas no se hubiera pervertido la educación, y naturalmente la historia, muchos lo sabrían.
Y para mayor inri hay un error en la estrategia de instauración de la dictadura en los nuevos líderes neonazis de las pseudo democracias occidentales, tal como ha hecho el Gobierno Nazi Catalán y el Gobierno Penitenciario Español (el francés, el australiano, el italiano, el austríaco, etc… Una plaga de nazismo planetario apoyado en el resfriado del coronavirus).
El error, el craso error radica en que han asaltado los derechos biológicos de la población: le han prohibido la respiración y el movimiento para el sustento vital por la fuerza, con policía, ejército y mediante chantaje económico y racial. Y no se sostendrá semejante nazismo, porque va directamente contra la naturaleza humana, su biología más básica y necesaria.
El tiempo que se puede poner en jaque la biología, si no se ha sobrepasado, está a punto de llegar al límite. Y el límite lo marca el hambre y el instinto más básico de vivir.
Los actuales líderes neonazis, son víctimas de la ignorancia u oscurantismo que se ha llevado a cabo durante décadas para convertir a las masas de personas en masas de herbívoros rumiantes. Su ignorancia llevará a un nuevo fracaso político social que costará muchas vidas y hambre.
La biología se rige por los caminos de la supervivencia y la violencia, son cosas que van necesariamente de la mano e inevitables cuando se ataca la básica naturaleza humana y su mantenimiento.
Toda retórica política se ha convertido en una patética liturgia y eucaristía digna del nazismo más pervertido fundado por Hitler.
La segregación de los no vacunados (pensamiento libre) es exactamente la racial. Y ahí los líderes neonazis han cometido otro error: entre los no vacunados hay “puros arios” que no asumen conformismo o mansedumbre alguna.
Se puede morir de muchas maneras; pero hoy día la que va tomando forma con más rapidez, es morir por los disparos de un policía adoctrinado (fanático) y acobardado por el resfriado del coronavirus narrado por la prensa del nuevo neonazismo y sus instituciones. Con lo cual, ese psicópata en potencia disparará contra cualquiera que no lleve mascarilla, no guarde una distancia de seguridad o tosa. Porque le han enseñado que si mata la persona, mata la infección y así ayudará a la especie humana a superar el resfriado.
El lema del neonazismo planetario del coronavirus: “la libertad es enfermedad”, es el más dañino y religioso con el que se haya adoctrinado jamás a los jueces, ejércitos y policías.
Ya es tarde, aunque desaparezca la enfermedad quedará el nazismo que seguirá atacando la biología, la naturaleza humana y contra eso, la única vacuna es la defensa, la violenta defensa de los acosados, encarcelados y asfixiados.
Si una canción decía: “antes muerta que sencilla” que dirá la canción de los que están encarcelados en sus casas y además, no se les permite la respiración libre.
Todo nazismo es una orgía de analfabetismo.

Iconoclasta