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Posiblemente, la película V de Vendetta, 2005; sea hoy día una de las películas más censuradas por la Unión Europea, puesto que con la epidemia del Covid 19, ha resultado ser profética en la descripción de la actual sociedad ante el maligno y peligroso viraje que han practicado hacia el Absolutismo los gobiernos de los países de la UE. La película es el reflejo exacto de la actual sociedad Covid 19.
La OMS tiene la función principal de transmitir el virus del Nuevo Nazismo o Absolutismo a todos los puntos del planeta.
El pasaporte o certificado Covid se ha erigido a una velocidad lumínica (son tiempos de doctrinas y mentiras informatizadas) en un auténtico brazalete nazi de aceptación y lealtad de la ciudadanía a los nuevos fascismos surgidos con rebuscadas, falsas y victimistas proclamas sanitarias y paternalistas que han borrado cualquier tipo de libertad básica como el respirar libremente y la movilidad para el sustento diario (o la prohibición directa al sustento al cerrar por decreto los puestos de trabajo y arruinar al obrero).
Para llegar a que una población acepte de buen grado, en tantos países y tantos millones de habitantes, el fascismo y su acoso, represión y ruina, las sociedades deben estar sumidas en una gran decadencia.
Y por decadencia se entiende: banalidad, ignorancia, consumismo, indolencia, miedo, infantilismo y exaltación de la fe en los fascistas líderes políticos, y gurús religiosos, gurús científicos o multimillonarios con complejo de realeza.
El robo de las más básicas libertades que han cometido impunemente los líderes de las naciones con el exhaustivo y eficaz apoyo de la UE y la OMS, contra la ciudadanía ha quedado ya como leyes o decretos irreversibles, sin fecha de caducidad. Porque el coronavirus no desparecerá, se ha convertido en una gripe más, en una enfermedad de temporada.
Por ello, los gobiernos de los países europeos han cometido el crimen perfecto de lesa humanidad contra su ciudadanía al robar la escasa libertad que podía quedar, la que les daba el derecho a respirar y por tanto a vivir. Y aún peor, han sido aclamados por ello, por sus víctimas. Es verdaderamente escalofriante el ver a las falsas democracias de la UE reptar por encima de sus habitantes como una serpiente venenosa.
Los pasaportes de vacunación son ya los nuevos brazaletes nazis de los ciudadanos, un certificado que prueba su juramento de fidelidad al Nuevo y Normal Régimen Fascista del Coronavirus o Covid 19 (ya se les quiera llamar fascistas, comunistas, capitalistas o simplemente dictadores; es simplemente una distinta sintaxis para una misma semántica).
Los que no dispongan de su pasaporte Covid, serán los judíos perseguidos y segregados.
Luego llegará el momento de exterminarlos de una vez por todas.
Para aquellos lerdos indolentes, ignorantes y atemorizados gallinas, súbditas del nuevo y normal fascismo, aunque resulte como echar margaritas a los cerdos; hay que aclararles que la decisión de no vacunarse y luchar e inmunizarse contra el virus de una forma natural, confiando en la capacidad defensiva del propio organismo, no solo es un derecho legítimo, es biológico. Un derecho que solo un nazismo genocida y estafador se siente movido a robar.
Unos años atrás la ciencia estaba a salvo de la influencia de las doctrinas fascistas de acoso y represión; y afirmaba que las personas debían pasar por las enfermedades inherentes a su especie, por si mismos, sin influencias externas, y así desarrollar un correcto y natural sistema inmunológico; sobre todo en la infancia. Así fue como decenas de generaciones hemos pasado sarampión, paperas, varicela, gripes, catarros, etc…; y todo ello sin morir.
Y sin ser infectados por el virus fascista del miedo y la decrepitud social; la cobardía y el oscurantismo institucional de la nueva dictadura europea preñada de falsos paternalismos y oportuno amor por la salud pública. Trileros embaucadores es lo único que son los nuevos líderes de los países de la UE.
Los que han elegido la opción de no vacunarse, ya saben que el nazismo no les permitirá movilidad alguna, o acceso a algunos lugares como los restaurantes.
Y lo peor llegará cuando no les permitan la entrada a los supermercados o tiendas de alimentación, o a sus hijos a la escuela.
Porque de esto se trata el pasaporte Covid; su finalidad es acabar con cualquier conciencia aún libre, capaz de sostener su propio criterio, han convertido en asesina a la libertad. Han decretado que la libertad es enfermedad; superando así a V de Vendetta y su distopía.
A los no vacunados les será vedado el acceso al mundo laboral. De hecho, posiblemente la semana que viene.
No es ciencia ficción, es la realidad de unas dictaduras que como se está viviendo en este instante; sus acobardados habitantes piden con fanatismo islámico que se destierren, encierren o eliminen a los no vacunados que han tenido la osadía de ejercer su libertad en base a un criterio propio y al conocimiento y/o convencimiento de su naturaleza o genética. Al convencimiento de tener una buena y autosuficiente salud. Es pura biología.
Es en este punto, en el que la masa humana que luce el brazalete nazi, no puede permitir que los libres de vacuna circulen entre ellos por causa de esa envidia endémica que forma parte los seres más mediocres.
Debo insistir que un solo individuo ejerciendo su libertad y determinación, delata a millones de reses humanas como cobardes patológicos.
A la chusma, a pesar de que reconoce su propia ignorancia y cobardía, no le gusta que la dejen en evidencia. Que nadie les pueda recordar lo muy bajo que han caído en la cadena trófica.
Quien tiene inquietudes intelectuales y éticas, también es celoso de su libertad; y a menos que su organismo se encuentre comprometido, no sentirá la necesidad de vacunarse y figurar así como nazi colaboracionista.
La Unión Europea y la OMS están trabajando febrilmente para eliminar a los no vacunados, independientemente de si son inmunes. Erradicarlos por el problema que supone en un nazismo la libertad o el libre albedrío.
Los que ostentan con orgullo de ciudadano ejemplar su brazalete nazi o pasaporte covid, que ni por un instante se crean libres con sus jerarcas fascistas: se crearán nuevas infecciones para el mantenimiento y longevidad de los nuevos fascismos y el control ganadero humano. Se les exigirá constantemente test, actas, certificados y declaraciones de estar al corriente de las pautas de vacunación de cada cepa y de cada virus nuevo, que por ley se decretarán con la frecuencia que el nazismo crea oportuna.
Y a cargo de sus jornales y pensiones, se creará el Ministerio de la Vacunación y Salud Colectiva y sus santuarios.
Vacunarán a sus hijos al nacer, cualesquiera que sean las consecuencias que conlleve.
Y no sabrán que cosa les inyectan, ni a ellos ni a sus hijos. Porque es básico saber y es de jardín de infancia, que los dictadores mienten y cometen genocidio constantemente.
Y de la misma forma que les obligan a inyectarse cosas sin saber de qué se trata; les señalarán y acotarán la cantidad exacta de metros cuadrados que el nazismo dicta que precisan como habitantes. Y según su cargo, según su jornal y según su obediencia.
El destino profesional de sus hijos estará marcado por los funcionarios del nazismo y sus ministros. Los padres no decidirán ni orientarán el futuro de sus hijos. No en un país de la UE.
Para entonces no quedará un solo ser humano libre, los habrán matado a todos con hambre, a tiros o con torturas.
Y la especie humana tendrá entonces un valor inferior al de un termitero.
Si han sido capaces los líderes nazis de erradicar cualquier concepto de libertad a un nivel casi planetario, es fácil de ejecutar lo que aquí se enumera. El infantilismo crea una ceguera mala para la propia vida.
En este punto, quien aún no puede ver hacia donde derivan las actuales dictaduras confederadas europeas del coronavirus (las antiguas falsas democracias); se merece incluso diez dosis de vacuna contra la covid en una sala VIP de los ya tan folclóricos vacunódromos nazis.
Respecto a los no vacunados, ya saben que sus oportunidades laborales se encuentran en el robo, el asesinato a sueldo y en el terrorismo; pero ellos ya saben, qué cojones… Adelante con ello.
Es por todo esto que ya ha empezado a ocurrir, que la película V de Vendetta, tenga la gloria y el orgullo de ser una de las películas más censuradas en el decadente universo de las sociedades Covid 19.
Como última reflexión, dentro de los países de la Unión Europea, y en vista de su viraje al fascismo, entre la gran cantidad de bulos que producen al día, he podido intuir que los productores de ciudadanos nazis más potentes son Francia (hace unos meses atrás qué revolucionarios eran y ahora qué cabestros mansos), Reino Unido y Alemania. España es más del folclore propio (del franquismo y el falangismo); pero es una potente productora de ciudadanos fascistas que en nada tiene que envidiar a los que van en cabeza.

En Ripoll, a jueves día quince de julio, del año de la epifanía del nazismo del coronavirus, dos mil veintiuno (Año 1 de la nueva era fascista).

Iconoclasta

El fascismo, cuando llega, arrancarlo para quitarse de encima ese cáncer, requiere violencia. La libertad no se consigue esperando que mueran de viejos los hijoputas dictadores, sus caciques, ministros, jueces y bofia. Si esperas eso, te conviertes en una cosa gris esperando que lleguen otras nuevas generaciones de los mismos puercos para que te indiquen cuando dormir, cuando despertar y como respirar.
España es el ejemplo perfecto, modélico de nido de dictaduras. El coronavirus se ha erigido así, en la puerta grande y abierta de la indecencia humana.
El fascismo, sea capitalista, comunista o religioso, es tan comúnmente aceptado por la población (como en España) porque dispensa a toda esa masa votante descerebrada de pensar y tomar decisiones. Porque pensar y decidir en libertad es algo que supera, angustia e incomoda a la mediocridad que habita las naciones (como se puede ver, inmensa mayoría siempre); su mecanismo es tan sencillo como una pelota: ¿Para qué me sirve la libertad si borracho y en bodas y bautizos lo paso genial?
Y en consecuencia, el mecanismo del fascismo es tan elemental como accionar el interruptor para apagar o encender una lámpara, razón por la cual, cualquier tarado endogámico llega a dictador.
A una masa poblacional de X millones con cerebro liso, le corresponde un puerco dictador Y con el cerebro también liso. Más que una proporción, es una constante universal como la de la gravedad.
Cualquier otra consideración de índole político-social es pura cháchara sin fundamento intelectual.
Vamos a ver, seres humanos creativos e inteligentes nacen muy pocos, en frecuencias de largos periodos de vacío intelectual que nos dejan abandonados a la chusma y sus amos o criadores de cerdos.
Al cabo de unos meses de vivir semejante mediocridad, concluyes que violencia y muerte son todo ventajas.
Las dictaduras no matan a sus chusmas si no es estrictamente necesario, la razón es que un gobierno necesita cosas que exprimir y que paguen impuestos para poder seguir viviendo entre lujos y por supuesto; sin dar un palo al agua (algunos casos de países orientales como China o India, no importan algunas muertes de los contribuyentes, porque son tantos millones de habitantes que la muerte de dos o tres millones, no afecta a sus arcas).
Así que es mejor aterrorizar, enfermar y humillar; para luego salvarlos dándoles una protección vital a cambio de libertad. Con esta praxis, los fascismos anulan los instintos naturales de supervivencia y convierten a los habitantes de las ciudades, en un conjunto de lelos obedientes y dependientes incapaces de tomar decisión alguna.
Gracias a la necesidad de “un gran respeto” que propagan como dogma las redes sociales y las cadenas de televisión (los mastines de todo dictador) que colaboran en el fortalecimiento del nuevo y normal fascismo global; las masas han perdido toda capacidad de crítica sobre todo a sus soberanos amos; y adquirido un gran temor a cualquier tipo de confrontación (hoy día observan a un hombre embarazado, y se les empañan los ojos con lágrimas emocionadas ante tal obscenidad). Y por supuesto, se sienten pornográficamente bien con solo clicar en un “me gusta” o “no me gusta” en las publicaciones de las redes sociales, como el máximo alarde de libertad y determinación que tienen a bien usar. Y ese es el concepto (pequeño como un grano de trigo) por el que creen con fe supersticiosa, que viven en una democracia.
El resultado, el buen resultado de los fascismos instaurados por medio del coronavirus (“covid 19” para la masa temerosa, ya que “virus” tiene connotaciones malignas) entre sus votantes, se debe a que el neofascismo ha hecho creer a todos esos analfabetos funcionales que, realmente son intelectuales politólogos, economistas, sociólogos y además ya, consumados epidemiólogos. Y todo gracias a un par de lemas que les han obligado a memorizar repitiéndolos machaconamente (como en un episodio de Barrio Sésamo) por los medios de comunicación y prensa que se han prostituido al neofascismo: “Yo me quedo en casa”, “Todo irá bien” (esta daba mucha risa), “Libertad es enfermedad”, “Tu libertad es mi enfermedad”, “Sin mascarilla te mueres y si no obedeces también”, “La ruina es inevitable, qué mala suerte; pero estamos vivos”, “Mis aspirinas son más venenosas que la vacuna”; y poco más que recitan como un salmo y sacan en cualquier conversación para demostrar su gran conocimiento del “dramático” momento que están viviendo.
Si además, aparece el Caudillo por la tele felicitando la obediencia y la mansedumbre ejemplares del pueblo español, y los aplausos a los carceleros y otros cómplices del fascismo, la ciudadanía votante adquiere un halo de santidad quieras que no y ellos mismos se colocan una medalla al mejor ciudadano del mundo mundial.
En definitiva, todo fascismo es un timo y un letal y criminal ataque a la libertad más básica, como la de respirar y la dignidad.
Y cuando se han exprimido a fondo a todos los idiotas, solo queda una salida: la violencia. Y esto es también tan sencillo como: “Para morir de hambre o arruinado, que me maten a tiros y si puedo, me llevo por delante a todos los que pueda conmigo”.
Es el ciclo político-social de los grandes rebaños humanos, sobre todo los estabulados en grandes ciudades. Es válido durante todas las épocas históricas tanto que pareciera un mecanismo regulador de la naturaleza para matar el exceso de mamíferos que hacen peligrar el ecosistema.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Franco demostró que tras matar a millones de personas en una guerra y cometer crímenes cotidianamente, imponer la corrupción política, judicial y religiosa; la ignorancia y convertir España en una gran cárcel anulando toda básica y elemental libertad como forma de gobierno; era posible erigirse en un líder querido, amado y respetado por ese pueblo sometido y asesinado. Un pueblo que saliendo de la posguerra aclamaba en multitud a Franco y sus sicarios asesinos en desfiles y visitas oficiales.
Un pueblo cobarde a pesar de que los muertos aún casi apestaban en las calles, demostró un afecto desmedido vitoreando y aplaudiendo a aquel puto, degenerado y homosexual que era el depravado dictador y trozo de mierda Franco, el Generalísimo.
Lo que ha hecho el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus, ha sido tomar el relevo de Franco y seguir su ejemplo, su lección. Sin recurrir a una guerra que hubiera puesto en peligro la integridad del patrimonio y riqueza de los que gobiernan actualmente, ha instaurado la dictadura del miedo lanzando cargas de profundidad repletas de explosiva ignorancia y adocenamiento; consiguiendo, al igual que Franco, el aplauso de los españoles.
La lección de Franco sobre la mansedumbre y servilismo del pueblo español, es toda una tesis que ha pasado a los anales de la historia política y social de la humanidad.
No ocurre en ningún otro lugar del planeta, que una dictadura pueda eternizarse casi cincuenta años. El caso de la ciudadanía española es excepcional, no ha existido jamás una dictadura tan sangrienta y acosadora y un pueblo que la aplaudiera tanto, por encima de sus propios muertos.
El nuevo y normal gobierno fascista español, ha sacado provecho de ello merced a una gran y acusada decadencia de una sociedad débil y cobarde, sin valor para enfrentarse a un resfriado y mucho menos a una nueva dictadura asesina y represora hasta en la intimidad de los hogares (hoy día, dogmas y preceptos entran sin permiso en las casas y en los cerebros de los ignorantes con una facilidad que hace cuarenta años no se podía imaginar gracias a haber dotado a la población de telefonía móvil con internet).
Otros países no lo tienen tan fácil para imponer la dictadura del coronavirus, Francia recientemente ha tenido que recurrir a realizar maniobras militares para amenazar con el ejército a una población que no es lo mansa que la española. La presidenta alemana tuvo que pedir disculpas a la ciudadanía tras intentar imponer más prisión al pueblo con el cuento del coronavirus en la semana santa.
Salvo los chinos sometidos por el fascismo del comunismo en una férrea dictadura, actualmente no hay parangón en mansedumbre, obediencia y servilismo en ningún otro lugar del mundo como el que luce el pueblo español.
En estos instantes, el gobierno central fascista español discute con sus caciques autonómicos (presidentes de las distintas taifas del territorio español), prolongar la cárcel, la represión y el acoso de la ciudadanía por más tiempo, incluyendo el uso del malsano bozal al que llaman “mascarilla”; y arruinando al pueblo con total impunidad (“estado de alarma” usan como eufemismo). Todo ello con la venia y los aplausos de una ciudadanía indolente y acobardada hasta el paroxismo.
Es teatro para dar imagen de democracia a los decadentes y temerosos mansos que añoran los tiempos de Franco y aquella felicidad, y que son aún muchísimas generaciones activas. No hay debate judicial alguno, es mentira. La corrupción alcanza a todo lo que forma el gobierno, y por supuesto, al poder judicial (que no es ningún poder es simplemente otro departamento más, otra nómina de funcionarios que saquean cualquier opción de prosperidad económica).
Realmente, cada taifa (llamada autonomía) tiene asignados los jueces corruptos necesarios para dar aire de legalidad a los decretos de represión, acoso y encarcelamiento que dicten los caciques autonómicos (llamados presidentes). Si al pueblo ignorante le dices que un juez democrático ha autorizado la cárcel nocturna, la diurna y el uso de un bozal enfermizo, los mansos suspiran resignados por la bendita democracia, mientras los políticos se limpian el culo con las papeletas recolectadas en urnas de mierda.
Además de los jueces, hay una serie de falsos y corruptos “epidemiólogos”, falsos y corruptos “médicos” y falsos y corruptos “periodistas y presentadores de televisión” que aportan sus dotes de actores para inducir como dogma y verdad todas las mentiras del fascismo como: estadísticas, efectos de las vacunas, número de contagios, número de muertes (en España no existe otra forma de morir que no sea por coronavirus o la covid 19) y la idea tan enraizada ya de que “Libertad es enfermedad y sin bozal te mueres, lelo” o “La juventud es el verdadero coronavirus” (esto es una mentira de las más gordas, cualquiera que pasee por cualquier calle española, verá que los jóvenes son tan cobardes como cualquiera, ya que llevan sin excepción, el bozal en el hocico a “full time”). En definitiva, el mensaje del fascismo es claro: “Es precisa la férrea dictadura para salvarnos de morir por la gripe”. “Es preciso que a pesar de los trombos, os vacunéis, porque la aspirina sí que es mala de verdad, de verdad de la buena”.
La ignorancia hace creer esto último a la población a pies juntillas. Cuando la verdad es que la aspirina se administra como prevención a personas con graves riesgos de trombosis y otros problemas cardiovasculares.
Pero el anodino pueblo español, vistiendo su bozal en el hocico y el certificado ganadero-veterinario de vacunación sellado bajo el sobaco, aplaudirá al nuevo caudillo y sus caciques hasta que le duelan las manos y la boca de sonreírles.
Se aproxima una nueva orgía de fascismo desatado con el cuento de una gripe como el coronavirus. España lleva ventaja en esta carrera mundial por la instauración de la dictadura, por las causas ya mencionadas anteriormente, y que se podrían resumir con la reflexión: un pueblo manso es el paraíso soñado de todo dictador.
El Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus, es el legado de Franco.
Fin (de todo).

Iconoclasta