Como cada año, me veo inmerso en la vorágine navideña de la luz y el color; pero ya soy viejo y mi visión se ha hecho monocromática.
Y es un alivio para mí y para el mundo; porque un año más y hubiera padecido un ataque agudo de fotofobia maligna que, sumada a mi fascinante y encantadora misantropía, me habrían convertido en un auténtico Santa Cruel en tan put… señaladas fechas.
Mi genética, además de relajarme, protege a la humanidad.
Deberíais besar por donde piso.
De alguna forma el planeta me lo hace entender, me quita toda esperanza con la sencilla metáfora de la naturaleza. Lo hace sin maldad, sin pasión, sin odio. Me dice: “Es lo que hay”. No hay un espacio donde poder caminar entre el hielo y la calidez. Si caminas demasiado al borde, puedes helarte. O pasar de la brillante a la luz a la tenebrosa oscuridad. Todo o nada. Es como si hubiera dos planetas: uno de luz y color como una oasis, y otro helado como una hermosa y letal luna. No hay una zona media entre los extremos que nos permita abrazarnos. Nos separa una dimensión insalvable que tal vez no mida ni un milímetro de ancho. Tú eres de un cálido planeta y yo exhalo por mi boca el vapor del frío. Hay una tristeza crónica con la que me despierto todas las mañanas. Y lo único que crea sonrisas en mi rostro, es cuando nos comunicamos confidencial y secretamente con emisiones invisibles, besos imposibles y un amor que rasga los tejidos por dentro y hace llorar la carne de desesperación. Tu eres única, una hermosa extraterrestre en el planeta Tierra y yo me encuentro abandonado en la Galaxia Gris. Donde solo estoy yo y algún oso que me mira torcidamente. Mi bella alienígena, tal vez… Tal vez algún día aparecerá una franja de amor entre el frío y la calidez donde poder realizar la comunión del amor. Tal vez antes de que muera, porque en mi gélida galaxia, el tiempo corre a velocidades lumínicas. Hoy se ha empeñado el planeta en darme malas noticias. Te espero, y anhelo tus secretas palabras para sonreír en este día.
gTodos quieren sacar un bocado de la carroña. La sociedad humana es la misma que la de una bandada de buitres. Sin metáforas, es literal. Asesinan a una mujer y se apresuran a apuntarse el cadáver a su bando. Todos quieren ser Laura, la muerta, en estos tiempos de piedades virtuales, oportunistas y virales. Dicen no tener miedo a correr y se apuntan a la congregación de las santas corredoras, los restos corruptos de un cuerpo asesinado. No la mataron por correr o practicar deporte. La han asesinado por el motivo humano más viejo: envidia de posesión. Y el deseo sexual de un retrasado mental con incontinencia. Al asesino hijo de puta le importa una mierda si su presa practica deporte. Sin embargo, los buitres se calzan zapatillas para correr de noche y tener un sórdido y mediocre protagonismo. Y así, banalizan la muerte y el verdadero horror de un crimen. Y dicen que fue por correr… Oportunismos tan mediocres, como mediocres son los días que me obligan a vivir en esta sociedad de mierda. A ver quien hace el cartel más llamativo y consigue más “retuits” y “me gusta”. No todas y todos son Laura, no existe tanta bondad en el mundo, es solo más de lo mismo.
Sucumbimos a los más altos instintos en la vorágine carnal. Como animales… Lo carnal es hermoso y sublime. E irremediablemente las almas se encontraron, se reconocieron y se lloraron la una a la otra en el cárnico encuentro. Porque las almas habitan en la carne, en lo más profundo. En los intersticios de piel, carne y hueso. No hay alma sin carne, no hay carne sin alma que no sea cadáver. Follar es la absoluta comunión. Solo que, en demasiadas ocasiones follamos carne errónea. Y mientras vivimos, buscamos la carne correcta porque no hay otra cosa que hacer cuando hambre y sed se han saciado. Como animales… Y cuando sacas un billete para pagar la carne en una banal y vacía transacción, tus genitales segregan flemas incapaces de trascender y permear ningún tejido. Y los cerebros acaban oliendo a fracaso y frustración. Como cadáveres… Es por ello que cada día doblan las campanas sin descanso, por los millones de cadáveres que pululan la tierra.
Si años atrás el puto generalísimo Franco paseaba bajo palio como un obispo maricón, la historia se repite con distinto atrezo; en esencia la misma mierda.
El Torra (presidente del gobierno de Cataluña), la semana pasada se montó un teatro paranoico donde el ambientador de la platea olía a rancio y añejo. El tipo en cuestión tras pedir que los catalanes se sacrificaran en una guerra al estilo esloveno, se escondió en el monasterio de Montserrat, que es ni más ni menos, el Valle de los Caídos de los catalanes; y la virgen Moreneta pues, viene a ser el Cristo de Lepanto español.
Bueno, hasta aquí todo normal, porque ya se sabe que todos los iluminados son alérgicos al sacrificio y al dolor que ellos mismos predican.
Dijo el Torra muy pillo él: “voy a ayunar en Monserrat solidarizándome con los pardillos que están en la trena”.
Torra y yo sabemos que no ayunó, y que cambió la sosa ratafia por un buen vino de verdad, con solera y de alto precio.
Es que no nací ayer.
¿Por qué todos los fascistas, falangistas y racistas se acogen a Sagrado? Muy sencillo, se creen ellos mismos unos enviados y que donde mejor están es con los curas y su iglesia, a salvo de palos, tiros, hambre y enfermedad.
Se han de conservar sanos para luego, poder abusar de los que queden vivos.
Iglesia y totalitarismo son siameses, a los que no se puede separar, solo aniquilar juntos.
No hay mucho más que decir. Los que queden vivos tras una guerra que no pidieron serán salpicados por el hisopo de un obispo y a su lado irá un presidente de rostro grave y compungido pero; con la tripa a reventar de embutidos y licores.
Mierda para los dictadores muertos, los vivos y los futuros.
Esto es una porquería iterativa en bucle infinito.
Los putos condes, marqueses, abades y toda la parafernalia del oscurantismo vuelve a asomar su rostro mierdoso con absoluta impunidad.
Los días de niebla, con una visibilidad de doscientos metros, son una gozada. Ideales para, en lo profundo del bosque, acosar, violar, torturar, matar y descuartizar a cualquier ser vivo, sea primate o no. Macho o hembra, joven o adulto. Lo recomiendo. Dios os creo a vosotros, monos y al resto de los animales, para que os despedace y os viole el alma y el cuerpo vivos o muertos. Si nos encontramos entre la niebla, entenderéis sin duda alguna la naturaleza del mal. Feliz día de muerte impune. Siempre sangriento: 666.