Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

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Forman una bella tristeza estas palabras que no son mías:

«Cuéntame todo de ti.
Hace frío, llueve fuerte y una bandada de aves parece un dragón que te trae a mí.»

Quisiera tener arte y sensibilidad para escribir algo tan hermoso.
Tan fulgurante y demoledor como un rayo de luz que me arranca de las sombras.
Exclamar con tan pocas palabras la tragedia de amar.
Antes de morir…

Los muertos no son envidiados
No celebro el día de muertos, me costó mucho olvidarlos.
Y como los recuerdo la última vez que los vi, no me gustó.
La piel cerosa, pálida y fría. La carne átona, la nariz hinchada.
Enfriaban el aire.
No hay belleza alguna en los muertos por mucho que los decoren.
¿Por qué se empeñan en celebrarlos por mucho que fueran queridos?
Porque temen que al morir los abandonen. Que se queden solos en sus tumbas.
Como si no murieran, en definitiva.
La celebración de los muertos es un acto interesado que busca la compañía en la muerte propia.
La tradición está formada por dos partes de miedo, una de ignorancia, otra de usura y otra de ingenuidad, de inmadurez.
Aceptar que los muertos no viven, no oyen, no ven, no hablan; es aceptar la muerte con serenidad, una consecuencia natural.
La cobardía es incompatible con la serenidad y la naturalidad.
La cobardía engendra inquietud y usura sentimental y económica.
La humana hipocresía es la cara oculta de la envidia. Esa envidia que hace odiar en vida a una persona y cuando el envidiado muere, es a veces admirado.
Los cadáveres no son víctimas de la envidia, aunque murieran por ella.

La caída de los muros

Si las redes sociales desaparecieran se crearía una profunda tristeza en todos esos anodinos y prescindibles que cada día dejan su saludo de buena esperanza y buen rollo a nadie.
Esos a los que no les basta papel y tinta se deprimirían. Incluso habría suicidios.
Me encantaría vivir un momento tan trágico e importante como la destrucción de las redes sociales en internet.
Si creyera en supersticiones, rezaría por que ocurriera hoy mismo, ahora mismo.
¡Ya!
Ya están tardando…
¿Y bien, ineptos? ¿Aún no sabéis dónde está y cuál es el botón de apagado?
¿Tendré que ir yo?
Gilipollas…

 

sin motivo sin necesidad
Leyendo sobre la Guerra Civil Española, comparo tiempos pasados: tiranía de los ricos (caciques, terratenientes, empresarios sin escrúpulos, catolicismo fanático), esclavitud laboral adulta e infantil, analfabetismo, hambre, represión, abuso e injusticia a finales del siglo XIX e inicios del XX).
Y el presente comparado con lo pasado: consumo feroz (saturación de coches, teléfonos móviles, prendas costosas) condiciones laborales aceptables -dentro de lo que se puede mejorar-, entretenimiento banal casi a diario, móviles, super información -aunque falsa e indigerible-, festividades por cualquier causa, la embriaguez etílica socialmente aceptada, etc…
Me parece bien el presente, no quisiera vivir en tiempos como aquellos.
Es imposible no comparar la actual crisis política de la independencia de Cataluña y el caos de los tiempos de la 2ª República eliminada por Franco y la posterior anulación de las pocas libertades que había mediante asesinatos y una tiranía feroz, criminalmente represiva.
Concluyo que cuando hay un largo periodo de paz y cierto nivel de vida acomodado, se crea un pensamiento facilón y una pauta de conducta ingenua en gobernantes y ciudadanía que los lleva a la dejadez. A una vergonzosa falta de análisis predictivo e histórico.
Hay una decadencia, una vuelta a la inmadurez, a un cándido optimismo.
La sociedad para progresar, precisa mantener una tensión constante en los bandos político-militar y la ciudadanía; con esta tensión se evita el aburrimiento y la decadente ingenuidad de toda la sociedad.
Esta tensión, ya sea en forma de crisis económica o amenaza de las libertades, es necesaria en las sociedades desarrolladas donde mayoritariamente, las cuestiones laborales y sociales (trabajo, justicia, sanidad, vivienda y servicios) se encuentran a grandes rasgos, resueltas. Quiero decir que no son motivos de una preocupación perentoria.
Donde hay bienestar inevitablemente se crea aburrimiento, ya que la humanidad no tiene suficiente capacidad intelectual para usar en los momentos de ocio y monotonía. Al ser humano le falta masa cerebral aún, como si el cerebro estuviera a medio hacer, medio cocer.
La evolución no se consumó con el hecho de que los monos dejaran de caminar arrastrando los dedos de la mano por el suelo.
Este aburrimiento sumado a una ignorancia bien construida por los gobiernos mediante demagogia y un exceso de información que lleva a la dispersión de las ideas centrales, crea la decadencia y el deseo infantil e inmaduro de cambio sin ser necesario.
Así es fácil que un ciudadano se sienta repentinamente al despertar una mañana, oprimido.
Repentinamente no, lo cierto es que ha habido un gran trabajo de publicidad subliminal (adoctrinamiento) por parte de fuerzas políticas y sociales durante años.
Que es exactamente lo que ha ocurrido con dos millones de catalanes ilusionados por una república independiente que pensaban conseguir con flores y canciones. En una irresponsable ingenuidad, soñaban con vivir en una nueva nación de la noche a la mañana.
Cuando por ética y libertad las fronteras se deberían eliminar, no crear.
La independencia de un territorio se consigue con guerra (la historia y la lógica de la territorialidad instintiva lo afirman). Y la guerra, además lleva destrucción y hambre.
La ignorancia y la dejadez de esos dos millones de catalanes no es alarmante, es la natural, la lógica en una sociedad acomodada. Solo hay que retroceder unos años para encontrar el mismo fanatismo (en cuanto a fervor, no en su criminalidad) en la ciudadanía de la Alemania Nazi, incluso en la propia sociedad española ante el hipócrita y psicópata paternalismo de Franco y la negación o ceguera de tantos crímenes y torturas por parte del pueblo, cuando muchos decían (y aún dicen) que con Franco se vivía mejor.
Franco vivió demasiado, tardó cuarenta años en morir, fue desesperante.
Sin embargo, el pueblo no tiene memoria histórica y vuelve a escuchar a un iluminado que se erige en adalid de justicias que no existen con una demagogia tan paternalista como la fascista.
Lo único que me tranquiliza, lo que me hace ver la libertad, es la pornografía en los quioscos de prensa. Porque es la verdadera muestra de libertad: si no quieres no la ves, no la compras; pero está ahí por si te apetece un día.
Esa es la pura esencia de la libertad: elegir sin que nadie te susurre una consigna al oído.
Cuando deje de ver publicaciones pornográficas en los quioscos, me preocuparé seriamente y buscaré otro lugar mejor donde vivir.
Cualquier otra consigna de libertad, es pura cháchara en este tiempo, en este lugar.

 

ic666 firma
Iconoclasta

Náuseas y extinción

Es normal que a veces piense en catástrofes e innumerables e indiscriminadas muertes humanas.
Estoy escupiendo desde hace dos kilómetros y aún siento náuseas. Como si estuviera desesperadamente sucio por dentro de mí en mí mismo.
La vida (la ajena) se empeña en ofenderme a cada momento, me acosa.
Un tipo se encontraba revisando el motor de su segunda polla (el coche) y mostraba de una forma nauseabunda tres cuartas partes de la raja del culo (la imagen superior es vagamente parecida), que se apreciaba a través de unos calzoncillos translúcidos, como una prenda de puta (en este caso de maricón).
Se podía apreciar inevitable y atrozmente el pelaje de su culo.
Y yo sigo escupiendo, deseando que me hubiera quedado ciego antes que ver esa mierda.
Deseando la extinción humana.
Deseando haber podido contemplar en vivo la imagen inferior. Carezco de suerte alguna.
YO serviría para ser dios y su ira.

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El teatro de la independencia de Cataluña ha quedado un tanto pobre en su atrezzo, a pesar de lo lúgubre de su himno Els segadors.
Ha faltado un escudo con un compás y una escuadra.
Y que llevaran capirotes.

Mini Cataluña

Filosofía de cine 6

Vanessa Mae

En Telegramas de Iconoclasta.

Humillación

Pienso en ti y me pongo caliente, necesito tocarme soñando que te lamo toda, que entro en ti. Tu coño se contrae y a mi bálano oprime y estrangula, muy adentro.

Como un indecoroso abrazo.

No es una banalidad, hay una tristeza infinita en la leche que se enfría entre mis dedos.

Si fuera simple obscenidad, no me sentiría tan desdichado al correrme.

Podría explicarte las infinitas veces que pienso en ti a cada instante; pero no sería tan impactante como la humillante imagen de un hombre eyaculando en soledad, escupiendo el semen sin alegría.

Sin placer.

Avergonzado de mí mismo.

El cigarro se ha pringado de leche entre mis dedos y crepita la indecencia humillante al quemarse.

No son palabras de amor romántico, es mi propio castigo vejatorio ante ti.

Es la sangre que se agolpa furiosa donde mi instinto animal dicta. Estoy abandonado a mi animalidad.

No sé porque me castigo, no tengo clara la causa; pero algo malo que no recuerdo he debido hacer si la vida no me permite despertar a tu lado.

Sé muy bien que no he cometido un acto tan grave para pagar con semejante condena: estos amaneceres sin ti.

No puedo evitar buscar e inventar causas que me expliquen porque este semen no se escurre por tu coño con tus gemidos y respiración entrecortada.

Tal vez hice algo muy malo en otra vida, si eso fuera posible: vivir de nuevo.

No quiero esperar a vivir de nuevo, es demasiado tiempo para tenerte.

Es un engaño, no hay segundas oportunidades.

Un engaño para los frustrados, una esperanza pueril.

Solo que no es pueril penetrarte y oír tus obscenos gemidos.

La frustración no me engaña, soy un hombre que se corre amándote con una tristeza infinita. Es lo que hay, lo único.

Morir con los dedos húmedos del lácteo deseo…

Es lo que toca, es mi futuro.

Mi humillante final.

Y te amo.

Impúdica y profundamente te amo.

 

ic666 firma

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.